UN VIAJE SIN RETORNO VII


vIAJE SIN

 

V

Sus ojos están desparramados como nubes algodonosas por  un espacio indefinido y desde allí contemplan la caída de su cuerpo desde lo más alto del edificio. El cráneo abierto deja ver los sesos ensangrentados. Allá abajo, en el asfalto de la calle ya no queda nadie, ni siquiera un  coche aparcado junto a la acera. Recuerda vagamente cómo dos chicas  no hace mucho rato se encontraban charlando junto a un coche aparcado, pero ahora  todo está desierto y silencioso. Sigue cayendo lentamente, abre la boca para gritar pero no es capaz de hacerlo porque en ese momento comprende que ya está muerto.

Abre los párpados aterrorizado, no está muerto pero poco debe haber faltado porque se encuentra tumbado encima de una cama de hospital. A su derecha y sobre un soporte metálico una bolsa de suero gotea  en su muñeca. Se toca la cabeza, un espeso vendaje la cubre casi por completo a excepción de los ojos. Como en una pesadilla recuerda lo sucedido, no siente ningún remordimiento, al contrario está muy satisfecho de haberse librado de sus padres. No le gusta perder el control pero por una vez ha merecido la pena. Ya no volverá a verles hasta que el juez tome su decisión, esto llevará al menos unos meses. Intentará no volver con ellos, tal vez encuentre algún trabajo y pueda empezar a vivir solo en cualquier sitio, lo más lejos posible. La idea de que puedan encerrarlo en una cárcel como un delincuente no entra en sus cálculos, puede ser un enfermo o un loco pero nunca un delincuente. El deber de la sociedad es curarle, no quiere ser un marginado que se rebela contra todas las normas sociales.

VIAJESIN

Al poco tiempo una enfermera entra en la habitación, viéndole despierto le pregunta si tiene hambre y enseguida vuelve con una bandeja llena de apetitosos platos. Saborea la comida  que es mucho más sabrosa que la del psiquiátrico, pero no tiene mucho tiempo para pensar en nada más porque un doctor le visita anunciándole que será  trasladado de nuevo, han tenido que darle una docena de puntos, ya se ha recuperado y no existe ninguna razón para seguir allí.

Por la tarde le introducen en una ambulancia y sin tiempo para mentalizarse se encuentra de nuevo en su cama donde dos celadores le atan otra vez  con  las correas, no está presente el gigantón a quien echa de menos. Llega la monja y le pone un calmante. Su comportamiento es tan serio y frío como siempre. Le recrimina su comportamiento con sus padres que se han marchado deshechos en lágrimas, un hijo así era un castigo del cielo aunque aún tiene una posibilidad de regenerarse, debería aprovecharla. “Tu madre gritaba que prefería verte muerto –le dice- cuando una madre dice algo así de su hijo es que ya ha perdido cualquier esperanza. Un verdadero loco no puede evitar comportarse como tal, pero tú no lo eres. El doctor se ha visto obligado a dejar la terapia de sueño que tenía prevista y ha decidido tratarse con electroshocks  te aseguro que no te van a quedar más ganas de hacer el payaso. Ahora duerme, te vendrá bien”. Le dejan  solo en la habitación que le sigue resultando tan extraña como el primer día. La mente da vueltas a los mismos recuerdos como un tiovivo descontrolado hasta que le coge el sueño, un sueño artificial que genera constantes pesadillas. Incapaz de despertarse va enlazando una tras otra como en una sesión de tortura aunque en este caso no exista el menor rastro de sus verdugos.

*                           *                           *

Despertar en una inquietante oscuridad. Recordar y situarse en un espacio-tiempo. El grito se tambalea en la garganta, la necesidad imperiosa de que alguien encienda la luz o suba la persiana. La oscuridad le hace daño, diluye el concepto de tiempo, de ahí nace toda angustia. El día y la noche mezclados, la vuelta al caos primigenio, encontrar un resquicio de luz. No se oye ningún ruido ni siquiera lejano, el silencio resulta inquietante para una mente que no cesa  de desvariar al margen del tiempo y el espacio como un navío arrastrado por la tormenta hacia un mar ignoto donde todo es posible, donde lo cotidiano puede llegar a transformarse en secuela de  la peligrosa y maléfica magia negra. La sensación de estar viviendo constantemente fuera de la realidad, asomarse al abismo con un vértigo incomprensible, caminar sobre el  filo de la navaja que separa el ser de la nada, todo ello abre una misteriosa herida en el alma que nunca termina de cerrarse.

Algo en su interior explota y la onda expansiva le lanza hacia terreno prohibido, más allá de la línea que los niños atraviesan un día  ingenuos y felices, la línea que los hombres nunca confesarán haber vuelto a pisar. Solloza sin control durante largo tiempo como no recuerda haber hecho en años. Su llanto hace presente al niño sensible que fue un día contemplando incrédulo el diminuto ataúd en el que reposa el bebé de un matrimonio vecino al que gustaba visitar con un amiguito, sobrino de la madre. La incalificable maldad de un dios que se llevó aquel indefenso cuerpecito hizo brotar en  su interior un espasmódico llanto que nadie pudo enjugar en los  años que siguieron ni la vida podría encontrar ya medios para hacerlo ya nunca.

No quiere renunciar a seguirse considerando el hombre de acero capaz de resistir a todos los huracanes. Durante un tiempo se había engañado llegando a sentirse un hombre inquebrantable pero aquel llanto le recuerda su fragilidad ante la dureza de la vida. Rememora aquel episodio de su niñez que se ha estado ocultando durante años. Su padre era muy proclive a la cólera. La mañana de aquel sábado presencia una grave discusión entre sus padres. Su madre aunque no le gustara admitirlo era lenguaraz como pocas, capaz de hacer perder los estribos al mismo demonio y su padre, aquel día como algunos otros, está a punto de sacudirla con ganas. Incapaz de soportar la tensión se marcha de casa, regresando por la tarde hambriento y angustiado.  Su padre está preparando la cena con cara sonriente, no encuentra a su madre por ningún lado. No quiere comer el plato de garbanzos que le han guardado, antes necesita encontrar el cadáver de su madre y se pone a buscar en todos los rincones de la casa. Busca debajo de las camas, en los armarios, en el cuarto de baño, hasta en los cajones. Su padre, intrigado le pregunta qué busca, cuando le responde que a su madre se carcajea jovialmente, acercándose le acaricia el pelo y le comenta que está en la peluquería poniéndose guapa. Ella hace esto tan pocas veces a lo largo del año que puede considerarse un extraño acontecimiento, de ningún modo previsible. El no cree en tan peregrina excusa y sigue buscando con más disimulo. Es un niño muy imaginativo, la fantasía le lleva a suponer que lo ha descuartizado y escondido en algún lugar a la espera de que se haga de noche para deshacerse de la prueba del delito.

Intenta reconstruir lo sucedido. Al marcharse él su madre sigue zahiriendo a su padre, es incapaz de contenerse como le sucede siempre, no se controla ni cuando recibe el primer bofetón, luego vienen los puñetazos, finalmente una cuchillada y otra y otra….La sangre empapa el suelo de la cocina, el cuerpo de su madre permanece inmóvil con el rostro sin vida mirando hacia el techo. No puede soportar tanta angustia  y sale corriendo de casa teniendo cuidado al cerrar la puerta de que su padre no  le oiga. Camina por el pueblo como un muerto viviente. Solo es consciente del lugar al que se dirige cuando lo tiene a la vista. Camina por un sendero de tierra, al fondo, entre los chopos, puede ver las blancas tapias del cementerio. Las puertas están cerradas por lo que se sienta en el suelo, sobre la tierra desnuda y comienza a dibujar con un palo en la tierra del camino. Dibuja el cementerio y la tumba donde enterrarán a su madre. Se imagina su carne devorada por los gusanos, los huesos mondos, nadie podrá ya devolvérsela. Llora angustiado por su orfandad, aunque las relaciones con su madre siempre han sido  bastante frías; un niño no se imagina solo, abandonado de los suyos, lejos de aquellos que siempre han formado parte de su primer recuerdo. La muerte se le aparece en toda su brutalidad; nos arrebata por sorpresa y ya no hay segundas oportunidades, no se puede volver de cualquier lugar al que los muertos vayan. Esta idea le marcará para siempre. Comienza vivir en su fantasía el día siguiente. Se levantará de la cama pero nadie le habrá preparado el desayuno, se vestirá de cualquier modo para ir a la escuela y  allí se verá obligado a poner buena cara, ni sus compañeros ni el maestro deberán sospechar nada. Cuando se levantó aquella mañana todo funcionaba normalmente, se había sentido un poco triste, angustiado por la falta de cariño entre sus padres, pero eso podía entenderlo, formaba parte de la vida, lo que resulta imposible de asimilar es la desaparición de un ser vivo. Ahora  una persona está delante de tus ojos, ahora ya no, ha desaparecido; es  la más terrible magia que brujo alguno osó imaginar. Nunca olvidará las interminables horas pasadas al lado del cementerio, ningún ser humano soportará nunca tanta angustia. Cuando cae  la noche regresa a casa y encuentra a su madre, alegre como unas castañuelas con su nuevo peinado. En aquel tiempo tendría unos seis años, a partir de aquel día se le aparecerá rostro de la vida como una calavera, pelada, huesos descarnados y fríos enterrados varios metros debajo de la tierra.

VIAJEsin

Una presencia le saca de su ensoñación, un celador al que no conoce ha encendido la luz y le quita las correas. Otra vez es libre para deambular por los pasillos sin objeto ni meta. Un intenso sentimiento de cólera se apodera de él, golpea la cama, la mesita, el armario, todo lo que tiene a su alcance. Hasta que una formidable patada en la puerta retiene su tobillo en el boquete que ha conseguido abrir. Golpea con los puños la madera  hasta oír apresurados pasos por el pasillo, mientras le atan de nuevo ya no puede ver nada, la venda roja aprieta sus ojos.

 

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