LA VIDA ES PURA SENSACIÓN III


La vida es

El nuevo patrullero MT-21 era una perfecta máquina, de una sofisticada simplicidad, perfectamente blindado podía hacer frente a una turba de gamberros disparando toda clase de proyectiles; su ordenador de a bordo, en permanente contacto con Lucy, era capaz de llevarse en automático a cualquier parte de la ciudad y devolverle a comisaría en tiempo record en caso de emergencia. Esa posibilidad había terminado con el compañerismo en el cuerpo de patrulleros, ahora todos lo hacían en solitario.

A velocidad de código azul-1, una de las más bajas del libro de códigos, el vehículo recorrió lasa desiertas calles. Smyte se fijó en que el sol parecía estar ganando su batalla diaria contra la contaminación que en todas las ciudades del planeta precía una gran burbuja de cristal protegiendo sus perímetros. A pesar de llevar ya dos décadas a nivel verde, los paises más ricos no eran capaces aún de librarse de las terribles secuelas de su etapa de desarrollo contaminante. Esto, unido al cambio climático que el resto de paises pobres, en pleno periodo de desarrollo contamiante, no lograba estabilizar, convertía al planeta en una especie de manzana putrefacta que apestaba a la legua. Los océanos, gigantescas bañeras de desechos, tardarían siglos en ser depurados lo suficiente para que pudieran ser repoblados con alguna especie de pez superviviente nato como los que aún nadaba en los gigantescos acuarios y piscifactorias de los paises ricos.

Smyte recordó la última visita realizada al océano, dos años atrás. Se le ocurrió pasar unos días de vacaciones en uno los los pocos hoteles que aún sobrevivian como casas fantasmales al lado de las playas más de moda unas décadas atrás. Allí el olor era tan espantoso que se vio obligado a utilizar las mascarillas que los hoteles ponían a disposición de sus huéspedes con la recomendación de que las utilizaran con la mayor frecuencia posible. Se acercó a un acantilado y contempló la puesta de sol, por un momento llegó a creerse el protagonista de algún serial de exploración espacial de los que nunca se pasaban de moda. El jefe de la exploración a algún lejano planeta con su escafandra reglamentaria contemplando una hermosísima puesta de sol sobre el planeta muerto.

El resto de planetas, montañas y llanuras entre urbes no estaban mucho mejor. Todo era un basurero maloliente tan solo visitado por científicos locos o aventureros melancólicos enfundados en trajes aislantes. La naturaleza, tal como fue onocida por anteriores generaciones, solo podía contemplarse en los documentales de las cadenas arrendatarias de los canales de la gran pantalla TX-24, pero casi nadie los veía,la nostalgia del pasado era considerada una enfermedad peligrosa. De quedar un rincón virgen en todo el planeta Smyte se hubiera apoderado de él con violencia si hubiera sido necesario, pero en la misma situación se encontraban un grupito de nostálgicos cada vez más recudido. Incapaz de transformarse en un vegetal absorvente  de sensaciones como hacía la gran mauyoría desde sus bunkers, decidió convertirse en patrullero para tener una actividad que le obligara a salir de casa. Eso le producía algunos créditos extra con los que adquirir algo más que la ración usual, alimentos, vivienda y pantalla de TX, que era todo lo que poseía la gran masa. En los paises ricos todo estaba informatiado y robotizado, eran pocas las actividades que un ser humano podía ejercer. Tan solo seguían activos los políticos con sus tejemanejes y campañas lectorales lvirtuales; los cuerpos de seguridad y defensa, los ingenieros informáticos y un recudido grupo de expertos en mantenimiento, unos cuantos científicos locos buscando utópicas soluciones; la gran burocracia sanitaria y sobre todo los guapos mozoos del lSIF, el servicio de inteligencia federal, que cada día se mostraba más activo. Corrían rumores de que un grupito de intelectuales había creado una sociedad secreta con el fin de derrocar al gobierno y sacar a la masa de su incercia intentando ponerla a trabajar en la limpieza y transformación del planeta. Smyte no creía en nada capaz de cambiar el futuro, le bastaba con su actividad de patrullero, subusqueda de documentación sobre un pasado muerto y de vez en cuando la relación amorosa con alguna mujer, de las pocas que aún se atrevían a salir de casa buscando alguna nueva experiencia.

Habían llegado frente al edificio donde tenía que echar un vistazo, el vehículo se detuvo silenciosamente y él levantó sus manos del volante intentando imaginarse lo divertido que debió ser en el pasado conducir en mitad de un tráfico hirviente, sorteando vehículos con precisión. Comunicó a Lucy la llegada y se bajó del coche. Sacó su arma de la pistolera comprobando que todo estuviera en orden. Caminó con un ligero bamboleo hacia la casa. Adoraba las reconstrucciones del antigüo mito del Oeste a que dedicaba su programación las veintricuatro hroas del día el canal 12. Se imaginó como un pistolero avanzando por un pueblo abandonado con sus casitas de madera, viejas y bandonadas, dispuesto a encontrar al bandolero allí escondido. Se rió para sus adentros, todo lo que esperaba encontrar era un cadaver ya putrefacto.

El edifico era de reciente construcción, el nuevo estándar promovido por el gobierno. Seis plantas de material plástico especial contra la contaminación ambiental. Un jardincillo a su alrededor remedando el clásico jardín con unos cuantos árboles, un seto a lo largo de todo su perímetro y algunas flores de laboratorio con las que algún loco científico experimentaba la posibilidad de repoblar basureros. En el quicio de la puerta un portero automático a prueba de bromas con los llamadores digitales y el ojo sofisticado de la cámara de vídeo.

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