Mes: febrero 2018

LA VIDA SEGÚN LOS ESCRITORES XVII


SOBRE EL DESAMOR Y OTRAS CUESTIONES

SAUL BELLOW

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR

-En cada pecho hay un glacial que ha de ser derretido, de lo contrario el amor no puede circular.

-Son más los que mueren de desamor que por radioactividad atómica. Sin embargo, no hay movimientos masivos contra el desamor, ni manifestaciones contra él en las calles.

-Me parece que el arte tiene que ver con lograr la quietud en medio del casos(Entrevista).

-La misericordia que permite que continúe el fluir de la vida. Si alguna vez se detuviese, ¿dónde estaríamos?

-Blake, Como ve un hombre, así es. El modo que a uno le parece el mundo, clasifica su mente. Suponiendo que la imaginación tenga un poder plástico independiente, de alcance casi divino.

FIODOR DOSTOIEVSKI

CRIMEN Y CASTIGO

-¿No es cierto, caballero, que cada persona necesita tener un lugar donde le traten con cariño?

-Cada cual piensa ante todo en sí mismo y el que más se divierte es el que mejor sabe engañarse.

JULIEN GREEN

LE VISIONNAIRE

-On ne parle d’espoir qu’a un hombre en danger.

Solo se habla de esperanza a un hombre que está en peligro (traducción propia).

HERÁCLITO

-La personalidad es el daimon del hombre.

HOBBES/LEVIATÁN

-La vida de los hombres es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.

LORCA

POETA EN NUEVA YORK

-Y hay barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos (Luna y panorama de los insectos).

-Y los muertos se van quitando un traje de sangre cada día (Cementerio judío).

-Tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios (Pequeño poema infinito).

-No duerme nadie por el cielo, nadie, nadie (Ciudad sin sueño).

CARMEN MARTÍN GAITE

CUADERNOS DE TODO Y DE NADA

-No dejarse alcanzar por el infierno de los otros.

-De otra persona interesa no lo que pueda ser ella misma, sino lo que significa para uno, o sea: la relación.

-Uno tiene su tiempo en esta vida, no tiene otra cosa.

-El hablar mismo está en otro plano, se produce, no juzga ni condena ni ensalza a nadie, se puede borrar luego, sí, no tener fidelidad a esa persona ni despreciarla tampoco. El hablar ocurre, vale en sí.

HENRY MILLER

-Para ellos la vida es un cuento relatado por un idiota y no significa nada (Los libros de mi vida)

-En mi breve experiencia como lector de la palabra escrita, me ha sido dado presenciar maravillas que superan toda comprensión. Aunque no fuesen otra cosa que imaginación de escritores inspirados, su realidad no es impugnada de ninguna manera. En este día vivimos a las puertas de un mundo en el que nada de lo que los hombres se atrevan a pensar o creer es imposible.

-La casa es una condición, un estado de la mente.

-Soy la soledad que toca el xilofón para pagar el alquiler.

-La literatura es un mecanismo de defensa social…La vida es un embrollo, lleno de niños grandes, que se van haciendo más estúpidos, menos despiertos y resistentes y nadie sabe qué es lo que les hace funcionar, en conjunto o en cualquiera de sus partes, pero nadie lo dice nunca. Henry Miller lo dice. (Kennet Rexroth, Prólogo a El puente de Brooklyn).

-Pero comprendí que haría falta una revolución para cambiar el estado de cosas de forma apreciable y cuando digo “una revolución”, me refiero a una de verdad, algo mucho más radical que la revolución rusa, por ejemplo. Sigo pensándolo, pero política o económicamente, no creo que se pueda hacer. Los gobiernos no pueden llevarlo a cabo. Solo individuos, cada uno de ellos trabajando a su modo callado. Debe de ser una revolución del corazón. Debemos cambiar fundamentalmente nuestra actitud para con la vida. Debemos pasar a otro nivel desde el que podamos abarcar la Tierra entera de un solo vistazo. Hemos de disponer de una visión del planeta, incluidos todos sus habitantes… hasta los hombres más humildes y primitivos.

El puente de Brooklyn. El excombatiente alcohólico y con cráneo en forma de tabla de lavar.

NIETZSCHE

-En este mundo sólo hay un camino que solo tú puedes caminar. ¿A dónde lleva? No preguntes, empieza a caminar.

– El hombre necesita de lo que en él hay de más maligno para conseguir lo que en él hay de mejor.

-No hay criatura más terrible ni más repulsiva que el hombre que huye de su propio genio.

-Mi fin está en mis comienzos y mis comienzos en mi fin.

ANAIS NIN

-Se matan quienes son débiles emocional y sexualmente.

-¿Si vives, sabes dejar vivir!

-Esa es la diferencia, el encanto de poseer lo que nunca hemos tenido. La riqueza de los pobres.

DIARIOS AMOROSOS

BOOTH TARKINGTON

ALICE ADAMS

-La juventud cree firmemente que lo que es agua corriente es una cristalización permanente y que el tiempo se halla detenido en un momento determinado.

LEON TOLSTOI

-La belleza se puede conocer y amar en una hora y desamarla igual de rápido, pero el alma hay que conocerla.

CARTAS

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LA VIDA SEGÚN LOS ESCRITORES XVI


LA COMEDIA HUMANA

-El azar es el más grande novelista del mundo: para ser fecundo no hay más que estudiarlo.
Prólogo a la Comedia humana

-Un hombre nulo es algo espantoso; pero hay algo peor, y es el hombre anulado.
-Hacer del exceso la vida misma. ¿No es como vivir enferma?
Memorias de dos jóvenes esposas.

-¿Nuestros sentimientos no están, por decirlo así, escritos en las cosas que nos rodean?
-¿Acaso no es mejor la esperanza que el recuerdo?
-¿Acaso no son los sentimientos la parte más brillante de nuestra vida?

La bolsa.

-La mayor parte de los dramas nacen de la idea que nosotros mismos nos formamos de las cosas.
-Olvidar es casi siempre acordarse.
-En el naufragio de la embriaguez se puede observar que el amor propio es el único sentimiento que sobrevivirá.

Modesta Mignon

-No existe, o más bien existe raras veces, un criminal que sea completamente criminal. Por ello también es difícil encontrar una falta completa de honradez. Puede uno aprovecharse de su amo, pero aunque se constituya un capital por medios más o menos lícitos, hay pocos hombres que más que por curiosidad, por amor propio, como contraste, se permitan algunas buenas acciones. Aunque no fuera por casualidad, todo hombre ha tenido su momento de hacer bien; lo llama su error, no lo repite; pero ofrece su sacrificio al Bien como el más torpe le ofrece a las Gracias, una o dos veces en la vida.

-El orden moral tiene sus leyes, éstas son implacables, y uno se ve siempre castigado por haberlas infringido. Sobre todo hay una a la que incluso el animal obedece sin discursos y siempre. Es aquella que nos ordena huir de cualquiera que nos perjudica una vez, con o sin intención, voluntaria o involuntariamente. La criatura de la que hemos recibido daño o disgusto, nos será siempre funesta. Sea cual fuere su categoría, sea cual fuere el grado de afecto por el que nos pertenezca, es preciso romper con ella, porque nos ha sido enviada por nuestro genio maligno. Aunque el sentimiento cristiano se opone a esta conducta, la obediencia a esta ley terrible es esencialmente social y conservadora…Hay en nosotros una vista interior, los ojos del alma, que presiente las catástrofes, y la repugnancia que experimentamos hacia ese ser fatal es el resultado de esta previsión; si la religión nos ordena vencerla, nos queda la desconfianza, cuya voz debe ser incesantemente escuchada.

UNA ENTRADA EN LA VIDA

EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES XXV


LA MONSTRUOSIDAD DE ESCRIBIR

MÁS SOBRE FLAUBERT Y LA ORGÍA PERPETUA DE VARGAS LLOSA

-“En una carta a su amiga Mme. Roger des Gennettes, Flaubert le explicó algo que resulta evidente a queines escriben novelas, pero que les cuestas más trabajo comprender a los otros; la intervención decisiva que tiene, en la elección del tema, el factor irracional, aquel dominio al que la voluntad y la conciencia no mandan, sino obedecen, y desde el que ciertas experiencias claves, almacenadas allí y , a manudo, olvidadas, operan secretamente sobre las acciones, pensamientos y sueños humanos, como su remota raíz, como su explicación profunda. A ello se refería Flaubert al afirmar que el escritor no elige libremente sus temas… Esto significa que el novelista no crea a partir de la nada, sino en función de su experiencia, que el punto de partida de la realidad ficticia es siempre la realidad real tal como la vive el escritor. Ciertos temas se le imponen, igual que el amor y el sufrimiento, los deseos y las pesadillas. Esto no quiere decir, naturalmente, que la “inspiración” baje hacia él como un efluvio celestino, sino sencillamente, que tiene un pasado y un presente, una suma de experiencias, algunas de las cuales le sirven de materiales de trabajo. Ciertos asuntos tocan fibras profundas de su ser, excitan su sensibilidad, provocan en él la voluntad de crear, y otros, en cambio lo dejan indiferente… Resulta sintomático que el más racionalista y premeditado de los escritores, aquel que fiaba todo el proceso creador a la voluntad, señale la concordancia entre tema y temperamento como el secreto de la obra lograda. Lo cual significa también, que la discordancia entre ambas cosas, el autor que, por ejemplo, se impone por razones morales o políticas un tema irrito a su temperamento, pueda explicar en muchos casos el fracaso de una obra”.

-“Su primera operación de novelista consiste en un pillaje sistemático de todo lo que está al alcance de su sensibilidad…Y es también lo que quiere decir la otra célebre frase suya… que el novelista sólo inventa historias a partir de su historia personal. El grado de conciencia que tiene el novelista de sus hurtos varía, claro está, y no es raro el caso del autor inconsciente del saqueo que sustenta su obra. En cambio , es difícil que un novelista llegue a tener conciencia cabal de todo lo que ha usado para crear, porque este pillaje no solo es multitudinario sino también extremadamente complejo. Una novela no resulta de un tema sustraído a la vida, sino, siempre, de un conglomerado de experiencias, importantes, secundarias e ínfimas, que ocurridas en distintas épocas y circunstancias, empezadas al fondo del subconsciente o frescas en la memoria, algunas personalmente vividas, otras simplemente oídas, otras más bien leídas, van de manera paulatina confluyendo hacia la imaginación del escritor, la que como una poderosa mezcladora, las deshará y rehará en una sustancia nueva a la que las palabras y el orden dan otra existencia. De las ruinas y disolución de la realidad real surgirá entonces algo muy distinto, una respuesta y no una copia, la realidad ficticia.

-Flaubert es uno de los escritores más lúcidos respecto a este proceso de conversión de lo real en ficticio. Desde muy joven sostuvo, con toda claridad que su vocación, no solo le permitía considerar el mundo como una cantera, sino que lo exigía. Tenía 21 años cuando le dijo a su compañero Ernet Chevalier que para él las personas eran nada más que pretextos para libros, y que esa curiosidad incidía por igual sobre lo “bueno” y lo “malo” pues la verdad estaba en todo. Vale la pena leer con cuidado esta cita juvenil, contiene tres elementos precoces de su teoría de la novela: (1) que el escritor se sirve sin escrúpulos de toda la realidad; (2) la ambición totalizadora y (3) la idea de que la novela debe mostrar, no juzgar.

-La convicción de que la realidad es ólo un material de trabajo se manifiesta, por supuesto, en esa manía de documentación llevada por Flaubert a extremos titánicos. Pero no son solo los libros, periódicos y los especialistas que consultas, las fuentes de su trabajo. Él convierte en literatura todo lo que le va ocurriendo, su vida entera es canibalizada por la novela.

-…No hay cinismo en esto. Flaubert irá al entierro porque siente esa muerte y porque quiere hacer un buen gesto hacia su amigo. Al mismo tiempo, sabe algo irremediable: es posible que la ceremonia le sea útil. Una novela se hace mediante sustracciones de ese género. Si son inevitables, no hay por qué avergonzarse, es preferible asumirlas como un elmento necesario de la creación.

-“Lo cual significa que en el escritor hay un desdoblamiento constante, que en él coexisten dos hombres: el que vive y el que mira al otro vivir, el que padece y el que observa ese padecimiento para usarlo. Esta duplicidad del novelista, éste vivir y compartir la experiencia humana y al mismo tiempo ser un frío y codicioso explotador de la vida propia y ajena, es algo de lo cual Flaubert tomó conciencia durante su viaje a Oriente. La condición del creador, hombre que participa sin participar, que está en la vida sin estar, le pareció una “monstruosidad”.

COMENTARIO PERSONAL

No soy el único escritor al que algún lector le ha dicho cosas sobre sus textos que a él le parecen insólitas e incomprensibles. Las citas de Vargas Llosa sobre Flaubert explican muchas cosas que los escritores comprendemos pero no así los lectores. Esta duplicidad de ser al mismo tiempo persona y escritor es algo que todo escritor debe asumir en algún momento de su camino como escritor o de otra forma nada de lo que escriba merecerá la pena. Es lo que Henry Miller llamaba “explotar como escritor”. Cuando te sientes tan agobiado por los problemas éticos de escribir que no puedes formar una frase sin plantearte cómo la recibirá el lector, si es ética, si se ajusta a la verdad absolutamente, si la realidad debe ser expresada de una determinada forma o exige ser reflejada como en un espejo, si la utilización como modelo de tal o cual persona real a la que conoces o de la que te han hablado, si es ético utilizar ciertas confidencias, ciertas intimidades, como material para tu novela, si te pasas toda tu vida de escritor sintiendo remordimientos por esto o aquello que has escrito, si te angustia haber utilizado a personas queridas para conseguir un determinado efecto en una determinada novela… más vale que dejes la escritura y te dediques a otra cosa, porque nunca serás un escritor, la realidad que describes será ñoña, será un cuadro naíf en el que la vida son niños ingenuos jugando en jardines del Edén o graciosas figuritas de adultos paseando del bracete por largas avenidas. Si sientes miedo a utilizar tu propia experiencia vital, transformada cómo y hasta donde tú consideres conveniente, si te aterroriza pensar lo que los lectores podrían llegar a creer sobre tus ideas, tus sentimientos, tu supuestas experiencias, que confundirán lo ficticio con lo real y a tus personajes malvados con la personalidad del autor, si piensas que los lectores estarán convencidos de que para escribir ciertas escenas y describir a ciertos personajes has tenido que vivir algo parecido, que un autor no puede describir el mal sin ser malo, a un asesino sin haber matado, a un miserable sin haber actuado de forma miserable en algún momento de su vida… entonces es mejor que te dediques a otra cosa, porque nunca serás un buen escritor. Serás ñoño, beatón, un pelota que intenta halagar a todos y que al final ofende a todos, intentarás ser políticamente correcto y acabarás siendo un escritor ridículo y tan, tan malo que tú mismo vomitarás al leerte. No se puede ser un buen escritor sin llegar a convertirse, de alguna manera, y como dice Flaubert,en un “monstruo”. Alguien que intenta vivir dos vidas paralelas, la de la persona “normal” que vive en una sociedad y que trata con otros seres humanos, y la del escritor que necesita aprovechar como material incluso las experiencias más desdichadas y terribles, como un entierro, por ejemplo, según cuenta Flaubert.

¿Hasta dónde puede llegar un escritor sin perder su ética, su condición humana, su sensibilidad? Esto ya es cuestión de cada uno, lo mismo que cada uno tiene su ética personal y su carácter y vive su vida a su manera. Habrá escritores que a algunos lectores le parezcan repugnantes y habrá otros que a otros lectores les parezcan puro almíbar empalagoso, beatones repelentes y cínicos pelotas que solo pretenden halagar. Habrá escritores que trazarán líneas rojas en ciertos lugares y otros que las situarán más allá o más acá. A un escritor le puede parecer inmoral, vergonzoso, describir la intimidad de un ser querido, a la que ha tenido acceso por confidencias o en momentos de debilidad y a otro le puede parecer natural utilizar esa vivencia en una novela, siempre que transforme esa realidad de tal forma que resulte irreconocible para la persona utilizada. De hecho a mí me ha ocurrido en más de una ocasión que alguien conocido me ha comentado que le he utilizado para tal o cual personaje o he utilizado determinadas experiencias que él me ha contado, cuando eso no es cierto en absoluto, simplemente me he limitado a describir la naturaleza humana tal como yo la veo y a contar un conjunto de experiencias todas mezcladas y manipuladas para conseguir un fin. El escritor se puede encontrar con lectores que se crean retratados en sus novelas cuando lo cierto es que sí utilizó como modelos a determinadas personas, pero no precisamente a los que se quejan. Poniendo un ejemplo grosero y gracioso, no todos los personajes delgados reflejan a todas las personas reales que son delgadas ni un personaje calvo tiene que ver con fulanito al que tú tratas todos los días. Tampoco es así en cuanto al carácter, las cualidades, los perfiles psicológicos. Un tímido no tiene que ser necesariamente fulanito de tal, muy tímido, al que tú conoces. Has podido conocer, y de hecho has conocido, a muchos tímidos, a muchos deslenguados, desvergonzados, cuitados, a todo tipo de personas y de caracteres. Cuando un escritor se sirve de personas reales o vivencias personales normalmente, salvo que funcionen tal cual en la historia, lo que es muy raro, transforma a esas personas en personajes e incluso puede fusionar a unas cuantas personas en un solo personaje, o puede manipular y transformar una historia real hasta el punto de que resulta irreconocible incluso para sus protagonistas. La realidad es la realidad, la vida es la vida y la ficción es la ficción, aunque en una novela puede estar todo mezclado y resulte imposible de distinguir, como en un cóctel perfecto ni el mejor catador podría distinguir la cantidad exacta de cada ingrediente e incluso algunos le resultarían desconocidos. Pocas preguntas tan tontas e inútiles como cuando un supuesto sabiondillo, periodista, crítico, lector, o lo que sea le pregunta a un escritor cuánto hay de real, de autobiográfico, de experiencia vital, en una determinada novela y cuánto de ficción.Un escritor nunca puede contestar a esta pregunta porque ni él mismo lo sabe de forma absoluta. ¿Cómo cambia la realidad, la vida, que yo diga en una novela lo que no dije a una determinada persona real, cuando sólo lo pensé? La obsesión por reflejar la vida y la realidad en una novela, en una ficción, me parece mezquina y patológica. En realidad, si nos ponemos filosóficos, ¿cuánto de verdad hay en la historia y cuánto de ficción? ¿Podemos saber cómo era Napoleón o cómo fue en realidad Nerón, por lo que ha llegado hasta nosotros? No, solo nos llega lo que otros dijeron de ellos, algunos los conocieron, es cierto, pero teniendo en cuenta lo que dicen de nosotros los que nos conocen, lo que hay de verdad en ello o solo malevolencia y mala leche, solo cotilleo, o tal vez una perspectiva de los hechos muy diferente a la nuestra, nos daremos cuenta de lo difícil que es saber lo que es real, lo que se ha vivido, especialmente cuando pasa el tiempo. Dentro de cien años, todos calvos. En efecto, dentro de cien años nadie sabrá de mí, y sin embargo he vivido, he experimentado realidades incontrovertibles, he pensado y sentido pensamientos y sentimientos que nadie conoce. Si dentro de cien años solo uno de mis textos llegara a alguien podría éste pensar que era un lujurioso ridículo porque ha leído un párrafo de mi Diario de un gigoló, o que era un escritor terriblemente serio y dramático, oscuro, porque toda mi obra humorística habría desaparecido en la nada. Dentro de cien años mi imagen, suponiendo que tuviera alguna, podría ser tan absolutamente limitada, podada, tan tergiversada por los pocos textos que alguien leyera o por lo poco que hubiera quedado en mi en la Red o por lo que un descendiente de alguien que me conoció recuerda que le contara su ancestro, que sería más un personaje de ficción que una persona real.

A mí, particularmente, me tiene sin cuidado que Don Quijote pudo ser un personaje basado en un hidalgo que existió realmente, porque nunca sabré si era parecido al Quijote literario o era muy diferente, si en lugar de comer esto o aquello comió aquello o esto. Hay detalles que no tienen la menor importancia a la hora de leer una obra literaria. No se trata de recuperar la historia, la vida, la realidad, porque esto es imposible, incluso aunque se intente con ética absoluta y con una veracidad a prueba de bomba, porque el tiempo todo lo erosiona, lo demuele, lo anula, la verdadera historia no son cuatro personajes que pasaron a ella por cuatro hechos conocidos, la verdadera historia es la vida completa de todos y cada uno de los seres humanos que han poblado este planeta y no de lo que hizo un Hitler o un Stalin, porque sus víctimas eran tan reales , estuvieron tan vivas como ellos o más, porque la maldad está más cercana de la nada que la bondad.

El que un escritor, un creador, haya manipulado sus vivencias, la realidad, la vida, no es algo tan terrible como puede parecer, porque el tiempo hace lo mismo y los resultados son mucho más pobres, porque una obra literaria puede permanecer cien años o más, o muchos más, con una totalidad muy aproximada a cómo fue escrita, mientras la vida, la realidad de las personas o será completamente eliminada del recuerdo o será mucho más tergiversada que cualquier obra literaria. Un escritor puede sentirse un monstruo cuando hace esto, cuando va a un entierro y al mismo tiempo que comparte sufrimiento con los seres queridos del difunto, puede estar pensando en lo bien que le vendrá esta escena real, vital, para la historia de ficción que está esbozando. Lo mismo que no se le pide a un asistente al entierro que en su mente, en su interior, tenga que estar todo el tiempo sufriendo y recordando al difunto y meditando sobre la fugacidad de la vida y llorando a lágrima vida, a un escritor tampoco se le puede pedir que mientras está viviendo no esté pensando y recopilando vivencias para posibles historias ficticias futuras. No podemos ser tan hipócritas de tildar a un escritor de persona sin entrañas porque está viviendo dos vidas paralelas, la monstruosidad de dos personalidades diferentes, cuando todos los demás asistentes a ese entierro están pensando y sintiendo lo que les viene en gana, incluso algunos se morirían de vergüenza si algún telépata estuviera percibiendo sus pensamientos y sentimientos. Lo único que hace el escritor es decir lo que los demás ocultan, y esto no es totalmente así porque la manipulación de la realidad, de la vida, exigida por la ficción está muy lejos de hablar en voz alta de lo que realmente piensa y siente. Un escritor no es como son sus personajes, ni su vida ha sido y es como lo que cuenta en sus novelas, aunque haya algo de ello, a veces mucho, y aunque un lector avispado puede intuir lo que hay oculto tras las bambalinas.

Y para rematar, un apunte, una pequeña reflexión, sobre un tema de actualidad, los límites de la libertad de expresión en el arte. Terminar en la cárcel por una creación artística o literaria no parece casar muy bien con la libertad de expresión, pero utilizar el arte, la literatura, la creación, como un arma arrojadiza contra cualquiera, escondiendo la mano que tirado la piedra, amparándonos en que todo es arte, todo es literatura, todo es creación, tampoco parece algo que deba ser amparado por la libertad de expresión. Un escritor, un artista, un creador debe hacerse responsable de todo lo que crea y asumir las consecuencias, fueren las que fueren. Si vive en una sociedad reprimida sexualmente y su creación con tintes eróticos, molesta, no está obligado a admitir que en lugar de arte hizo pornografía y que la sociedad siempre tiene razón, aunque sea una sociedad victoriana, beatona, reprimida. Pero sí debe ser consciente de las consecuencias de sus actos y si decide ser valiente y enfrentarse a una mentalidad conservadora y reprimida luego no puede quejarse, puedes estar muy orgulloso de tu mentalidad abierta y de tus dotes como creador, pero si eres valiente y decides que merece la pena ir a la cárcel por defender una concepción artística y por cambiar a la sociedad, luego no te quejes. Quien se pone en vanguardia en una batalla sabe que puede recibir más balas que los que van en retaguardia o han salido huyendo. Una obra de arte, una creación, no lo ampara todo, como si quisiéramos extender un toldo por todo el cielo para no mojarnos cuando llueve, eso es imposible. En una sociedad donde deberían estar claros todos los derechos fundamentales de la persona, la pirámide de valores y qué valores son prioritarios, están más arriba que otros, porque un derecho fundamental esté arriba, en la cúspide, de la pirámide, no significa que deba estar por encima de otros valores fundamentales que también están en esa cúspide, Habrá que ver en cada momento y circunstancia si un valor debe estar siempre por encima del otro o a su altura o unas veces por encima y otras por debajo. Está claro que el valor supremo es el derecho a la vida, por lo tanto si el derecho a la libertad de expresión, en algún momento, vulnera ese derecho fundamental, está claro que debe situarse por debajo y prevalecer el derecho a la vida. Defender el terrorismo, en cualquier creación literaria o artística, no puede estar amparado por la liberta de expresión, porque cuando este derecho colisiona con el derecho a la vida debe bajar un escalón, eso está claro, pero también debe estarlo la proporcionalidad y justicia de las penas que deberían acarrear la vulneración de este derecho. No se puede castigar igual un asesinato que una amenaza. Si el pensamiento no delinque toda manifestación exterior y real de este pensamiento sí puede delinquir, por lo tanto si tenemos absoluto derecho a la libertad de pensamiento, no tenemos el mismo absoluto derecho a manifestar lo que pensamos en forma de palabra, creación artística o acto. Si no se debería censurar previamente ninguna creación artística, está claro que sí puede tener consecuencias si estamos vulnerando derechos fundamentales de otras personas. El arte, la creación, no es el paraguas perfecto para tirar la piedra y esconder la mano, pero tampoco debería ser censurado, perseguido, incluso antes de que tenga lugar su manifestación. Si alguien se siente ofendido por alguna creación literaria o artística está en su perfecto derecho a reclamar a través de la ley, pero a ésta también debemos exigirla que sea justa y que armonice todos los derechos fundamentales que están en la cúspide de la pirámide. Puede haber situaciones en las que esta armonización sea compleja pero nunca se debería confundir los intereses concretos de una persona o grupos de personas con la verdadera posición de los derechos fundamentales de la persona en la cúspide de la pirámide de valores que debe tener toda sociedad si quiere considerarse democrática, humana y no una selva donde siempre ganan los más fuertes. Un artista debe ser responsable de sus actos como los enfermos mentales lo somos de los nuestros, nuestra enfermedad no ampara o debiera no amparar todo tipo de comportamientos, lo mismo que el hecho de ser un artista o creador. La responsabilidad concreta está en cada persona y lo mismo que habrá que ver cómo influye un determinado tipo de enfermedad mental en la responsabilidad de un enfermo que comete determinados actos, habrá que ver hasta dónde llega la obra de arte, la creación, y hasta donde llega la vulneración de los derechos fundamentales de otras personas. El arte, la enfermedad mental, todo, no dejan de ser los actos de personas concretas sometidos a las leyes de una sociedad que si quiere ser respetada tendrá que tener muy en cuenta dónde se sitúa cada derecho fundamental en una pirámide de valores.

EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES XXIV


MÁS SOBRE LA NOVELA

EL GENIO

Esta referencia al genio es también característica del pseudo-erudito. Le encanta hablar del genio, porque el sonido de la palabra le exime de descubrir su significado. La literatura está escrita por genios. Los novelistas son genios. Bueno, pues vamos a clasificarlos. Y eso es lo que hace. Todo lo que hace. Todo lo que dice es probablemente exacto; pero inútil. Se mueve alrededor de los libros y no a través de ellos: o bien no los ha leído o no sabe leerlos como es debido. Y los libros hay que leerlos- mal asunto, porque requiere mucho tiempo-; es la única manera de averiguar lo que contienen. Hay algunas tribus salvajes que se los comen, pero la lectura es el único método de asimilación conocido en Occidente. El lector debe sentarse a solas y luchar con el escritor, y esto no lo puede hacer el pseudo-erudito.

CRITICA LITERARIA

En la crítica literaria es donde el pseudo-erudito puede resultar más pernicioso, porque imita los métodos de un verdadero erudito sin estar pertrechado para ello. Clasifica los libros antes de haberlos comprendido o leído; ése es su primer delito.
La prueba final de una novela será el cariño que nos inspire.

El carácter intenso y sofocantemente humano de la novela no se debe eludir; la novela chorrea humanidad; no podemos escapar de la elevación de la inspiración ni de la caída del aguacero, ni podemos mantenerlos al margen de la crítica. Tal vez odiemos lo humano, pero si tratamos de conjurar o purificar la novela de ello, ésta se marchitará, quedará un puñado de palabras y poco más.

FANTASIA

La tónica general de las novelas es tan literal, que cuando surge lo fantástico se produce un efecto curioso: mientras que unos lectores se mocionan, otros se ponen fuera de sí. Lo fantástico exige un ajuste adicional debido a lo extraño de su método o de su tema: es como una de esas exposiciones en las que hay una exhibición especial por la que se pagan seis peniques más sobre el precio de entrada. Algunos lectores pagan encantados: fueron a la exposición sólo por la exhibición secundaria; es a ellos únicamente a quienes me dirijo ahora. Otros se niegan indignados, y también éstos cuentan con nuestra más sincera estima, porque el sentir aversión por lo fantástico en literatura no equivale a sentir aversión por la literatura. Ni siquiera implica falta de imaginación, sino simplemente una cierta renuencia a responder a las exigencias que a ella le imponemos… La fantasía nos pide pagar algo extra.Implica lo sobrenatural, pero no necesita expresarlo.

ARTIFICIOS.- La introducción de dioses, fantasmas, ángeles, monos, monstruos, enanos o brujas en la vida ordinaria; la introducción de hombres corrientes en una tierra de nadie, sea el futuro, el pasado, el interior de la tierra o la cuarta dimensión; introspección o escisión de la propia personalidad y, por último, el mecanismo de la parodia o la adaptación.

Durante mis preparativos para El péndulo de Foucault, pasé una tarde tras otra, justo hasta la hora de cerrar, andando por los pasillos del Conservatorio de Artes y Oficios, donde se desarrollan algunos de los principales acontecimientos de la historia. Para describir el paseo nocturno de Casaubon por París, desde el Conservatorio hasta la place des Vosges y luego hasta la torre Eiffel, pasé varias noches deambulando por la ciudad entre las dos y las tres de la madrugada, dictando a una grabadora de bolsillo todo lo que veía, para no equivocarme con los nombres de las calles y las intersecciones.

De esta manera, aprendí que una novela no es solamente un fenómeno lingüístico. En poesía, las palabras son difíciles de traducir porque lo que cuenta es su sonido, así como sus significados deliberadamente múltiples, y es la elección de las palabras lo que determina el contenido. En narrativa, encontramos la situación opuesta: es el universo que ha construido el autor lo que dicta el ritmo, el estilo e incluso la elección de las palabras. La narrativa está gobernada por la norma latina «Rem tene, verba sequentur» («Si dominas el tema, las palabras vendrán solas»), mientras que en poesía, deberíamos cambiarla por «Si dominas las palabras, el tema vendrá solo».

La narrativa es, en primer lugar y principalmente, un asunto cosmológico. Para narrar algo, uno empieza como una suerte de demiurgo que crea un mundo, un mundo que debe ser lo más exacto posible, de manera que pueda moverse en él con absoluta confianza.

No me cuento entre los malos escritores que dicen que solo escriben para sí mismos. Lo único que los escritores escriben para sí mismos son las listas de la compra, que les ayudan a recordar lo que tienen que comprar y pueden tirar después. Todo el resto, incluidas las listas de la lavandería, son mensajes dirigidos a alguien. No son monólogos; son diálogos.

Lo que me gustaría decir aquí es que los llamados escritores «creativos» (y ya he explicado lo que puede significar ese pícaro término) no deberían facilitar jamás interpretaciones de su propio texto. Un texto es una máquina perezosa que desea implicar a los lectores en su trabajo, es decir, es un artilugio concebido para provocar interpretaciones (como escribí en mi libro The Role of the Reader). A la hora de interpretar un texto, es irrelevante preguntar al autor. Al mismo tiempo, el lector o la lectora no pueden ofrecer una interpretación cualquiera según su antojo, sino que tienen que asegurarse de que el texto, de algún modo, no solamente legitima una lectura determinada, sino que también la incita.

Decir que las interpretaciones de un texto son potencialmente ilimitadas no significa que la interpretación no tenga objeto o cosa existente alguna (hecho o texto) sobre la que concentrarse. Decir que un texto potencialmente no tiene fin no significa que cada acto de interpretación pueda llevar a un final feliz. Por este motivo, en Los límites de la interpretación propuse una suerte de criterio de falsificabilidad (inspirado por el filósofo Karl Popper): si bien puede resultar difícil decidir si una interpretación determinada es buena, o decidir cuál de las dos interpretaciones de un mismo texto es mejor, siempre es posible ver que una interpretación determinada es descaradamente falsa, alocada o descabellada.

Algunas teorías contemporáneas de la crítica dicen que la única lectura fiable de un texto es una interpretación errónea, y que un texto solo existe en virtud de la cadena de respuestas que suscita. Pero esa cadena de respuestas representa los usos infinitos que podemos hacer de un texto (podríamos, por ejemplo, usar una Biblia en lugar de un leño en nuestra chimenea), no el conjunto de interpretaciones que dependen de una serie de conjeturas aceptables sobre la intención de ese texto.

Así, Dumas comenta en sus memorias: «Crear personajes que matan a los de los historiadores es privilegio de los novelistas. El motivo es que los historiadores evocan a simples fantasmas, mientras que los novelistas crean a personas de carne y hueso»

También traté de explicar a mi amigo que la capacidad de un personaje ficticio para hacer llorar a la gente depende no solo de sus cualidades, sino también de los hábitos culturales de los lectores, o de la relación entre sus expectativas culturales y la estrategia narrativa. A mediados del siglo XIX, la gente lloraba, sollozaba incluso, por el destino de la Fleur-de-Marie de Eugène Sue, mientras que hoy, los infortunios de la pobre muchacha nos dejan cínicamente indiferentes. En contraste con ello, hace décadas mucha gente se vio conmocionada por el destino de Jenny en Love Story de Erich Segal, tanto la novela como la película.

Pero ¿estamos seguros de que los personajes de ficción no gozan de ningún tipo de existencia? Usemos los términos «Objeto Físicamente Existente» (OFE) para designar objetos que existen en la actualidad (como usted, la luna y la ciudad de Atlanta), así como para objetos que solo existieron en el pasado (como Julio César o las naves de Colón). Sin duda, nadie diría que los personajes de ficción son OFE. Pero ello no significa que no sean en absoluto objetos.

Basta con adoptar el tipo de ontología desarrollado por Alexius Meinong (1853-1920) para aceptar la idea de que cualquier representación o juicio debe corresponder a un objeto, aun cuando ese objeto no sea un objeto existente. Un objeto es cualquier cosa dotada de ciertas propiedades, pero la existencia no es una propiedad indispensable. Siete siglos antes de Meinong, el filósofo Avicena dijo que la existencia era simplemente la propiedad accidental de una esencia o sustancia («accidens adveniens quidditati»). En este sentido, puede haber objetos abstractos —como el número diecisiete o un ángulo recto, que no existen exactamente, sino que subsisten— y objetos concretos, como yo mismo y Ana Karenina, con la diferencia de que yo soy un OFE y Ana no.

Por definición, los textos de ficción hablan claramente de personas y acontecimientos no existentes (y precisamente por esta razón, reclaman la suspensión de nuestra incredulidad). Por ello, desde el punto de vista de una semántica condicionada por la verdad, una afirmación en una ficción siempre dice algo contrario a los hechos.

Pese a ello, no consideramos mentiras las afirmaciones de la ficción. En primer lugar, cuando leemos una pieza de ficción, aceptamos un acuerdo tácito con su autor o autora, que finge que lo que ha escrito es cierto y nos pide fingir que nos lo tomamos en serio. Al hacer esto, todo novelista diseña un mundo posible, y todos nuestros juicios sobre lo verdadero y lo falso se refieren a ese mundo posible. Así, desde el punto de vista de la ficción, es cierto que Sherlock Holmes vivía en Baker Street y, desde el punto de vista de la ficción, es falso que viviera en las orillas del río Spoon.

Los textos de ficción nunca toman como escenario un mundo totalmente diferente del mundo en que vivimos, aunque se trate de cuentos de hadas o historias de ciencia ficción. También en esos casos, si sale un bosque, se entiende que es más o menos como los bosques de nuestro mundo real, donde los árboles son vegetales y no minerales, etcétera. Y si por una de esas nos dijeran que el bosque está hecho de árboles minerales, las nociones de «mineral» y «árbol» serían las mismas que en nuestro mundo real.

OBRA COMPLETA DE SLICTIK XI


NOCTURNOS V

 

NOCTURNOS V- ¿POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS?

NOCTURNOS VI

-XII-

al final de la noche
resuenan

el canto trocado
el baile apagado
las miradas perdidas
las lunas desvanecidas
el llegar de nuevo al día
las llaves en los candados
la continuidad de las sombras
los disfraces en tendederos
las películas continuadas
la carne recién cortada
el café recién servido
el refugio enrarecido
los labios enrojecidos
los lamentos renovados

y al despuntar del alba

en nocturnos
se delatan

-XIII-

“por quién doblan las campanas
en esta noche larga, en esta noche fría…”

será por el poeta que malgastó su vida
será por la palabra que juzga y discrimina

será por la alegría, será por la tristeza
de la inmensa huella que guarda la utopía

será por ese vivo que yace en agonía
será por ese grito plañidero y asfixiado

será por la virtud, será por la franqueza
será por la inocencia que mantiene la certeza

será por el final, será por el principio
será por la impotencia marcada en nuestro sino

será por la intuición, será por la pureza
de guardarse y ser discreto
de callarse y ser prudente

“por quién doblan las campanas
en esta noche larga, en esta noche fría…”

doblan por las letras festejadas en poesía
tañen por el símbolo velado en la grafía

abril

La comitiva era fantasmal, al frente Virgilio con su túnica de lino blanca, al moverse en la oscuridad semejaba un fantasma. Detrás Abril y Kentilucha con largos vestidos de noche, resplandecientes de blancura como si hubieran confeccionado su vestimenta con rayos de un sol blanco. Cerrando la fila pleyadiano e Hipo, codo con codo a pesar de la estrechez del pasillo.

Fue entonces, a pocos pasos de la biblioteca donde continuaba ululando el fantasma de las letras, cuando la comitiva se vio sorprendida por un doblar de campanas que se extendía por el subterráneo como el anuncio del Apocalipsis. El inconfundible sonido de un toque de difuntos les estremeció a todos. La comitiva se detuvo para escuchar el eco de las campanadas bajo las bóvedas oscuras, húmedas y tristes.

Nadie esperaba lo que siguió. Abril, como una soprano operística entonó un lamento que rompió las almas de todos en mil pedazos, incluida el alma del fantasma de las letras que dejó de ulular. Era un canto triste, era un canto profundo y conmovedor. La voz, aguda hasta el rompimiento y dulce hasta las lágrimas, se balanceaba en las bóvedas como una paloma desgarrada por el tiempo. Hipo comenzó a sollozar estremeciendo su barriga y sus hombros como si le acabara de sacudir un terremoto de diez grados en la escala Richter. Pleyadiano tuvo que sentarle sobre el húmedo suelo y apoyarlo contra la pared.

“¿Por quién doblan las campanas en esta noche fría”.

Hipo recuerda, Hipo rememora como técnica sutil para controlar los sollozos.

“Una montaña seca y tan pelada como su cráneo. Hipo ya no es Hipo sino un mozo alto y tan guapo que todas las mujeres quieren ir al cielo como Pilar Miró (una directora de cine española que rezaba aquello de Gary Cooper que estás en los cielos). Pasea por delante de la cueva, alto, erguido, pisando fuerte como quien sabe que millones de ojos femeninos le contemplan. Abril-Ingrid Bergman le observa desde el fondo de la cueva temiendo que las campanas comiencen a doblar por el guapo mozo.

Bajo las bóvedas Hipo se va calmando. Pleyadiano se sienta a su lado y escucha el aria de Abril.Kentilucha está preparada para hacer la voz de mezzo.

“Será por el poeta que malgasta su vida”.

La paloma desgarrada por el tiempo que aletea en la bóveda estalla en mil pedazos y sobre la comitiva caen infinidad de plumas rojas de sangre. Virgilio entra en la biblioteca y les deja solos. Está conmovido.

Continúan doblando las campanas. El fantasma de Becquer parece un momento, recita con voz tenebrosa algo que no puede oírse porque abril ha llegado a un do de pecho, y se va. El fantasma de las letras aparece y se presenta como el poeta que malgastó su vida. No puede seguir narrando sus precipecis vitales porque Abril y Kentia cantan ahora a dúo un aria desgarradora. Pleyadiano ha encontrado un piano en una mazmorra y toca como los ángeles. El frío y la humedad no han afectado las cuerdas del instrumento tal vez debido a una extraña magia que anda en el aire.

Al fondo del pasillo aparece una dama deslumbrante vestida por un modisto caro y extravagante. Camina cruzando los pies, mueve estrepitosamente las caderas como intentando llamar la atención de un público burgués como si en lugar de moverse por un sótano húmedo y frío estuviera en la pasarela Cibeles. La comitiva a la que se ha vuelto a incorporar Virgilio se asombra de esta paradoja ambulante. El poeta clásico mira con ojos deslumbrados lo nunca visto. Ha estado moviéndose sin descanso entre la biblioteca donde no ha parado un momento de hablar con el fantasma de las letras y el pasillo del subterráneo para escuchar a las hermanas cantar con voces arcangélicas.

La dama bamboleante es la palabra que juzga y discrimina. Vestida con un modelito muy atrevido enseña sus largas piernas que atraen la mirada de Hipo como un imán hasta que comprende que sus supuestos atractivos son un canto de sirena-vampira dispuesta a juzgar y devorar. Esta dama acostumbra a ofrecer sus favores a canallas guapos al tiempo que rechaza destempladamente corazones bondadosos de feos rostros. Discrimina con su mirada de burguesa remilgada a poetas desarrapados y se acuesta con bestsellers vestidos de Armani, con gafas oscuras y bastones de plata. Nadie ha descubierto aún que estos guapos mozos son tartamudos ni siquiera la Dama Palabra-que-juzga-y-discrimina. En el lecho disfruta de sus bastones y no de su corazón que es artificial, de plástico, y está completamente vacío.

Hipo odia la palabra que juzga y discrimina. Ni siquiera sus largas piernas consiguen calmarlo cuando ha oído el nombre de la dama. Por eso se sumerge en sus sueños, no sin antes echar un vistazo a las hermanas que están mirando a la burguesa discriminadora con ojos tristes y retadores y a pleyadiano que ha cerrado los ojos en meditación búdica o a Virgilio que se ríe por lo bajini.

Hipo sueña que está en una cueva en una sierra española. Sentado a la puerta, bajo el sol de un verano tórrido, porta sombrero tejano al tiempo que limpia el revólver que tiene en los muslos con un trapo viejo. Es muy alto y muy guapo, su apostura hace daño en los ojos de la gitana Ingrid que le contempla desde el interior de la cueva con ojos fosforescentes de gata.

Gary Cooper tiene el corazón alegre porque está sentado sobre la inmensa huella que guarda la utopía aunque en su corazón golpea la tristeza porque está oyendo sonar unas campanas invisibles. Se pregunta si no lo harán por ese vivo que yace en agonía, por ese Gary Cooper utópico que está ahora rellenado el tambor de balas dialécticas para agujerear mentes vacías que le cierran el paso a la utopía. Las campanas siguen doblando por la virtud que será mancillada en el barro del camino, por la franqueza que se esconde tras metáforas y perífrasis porque ya nadie mira a los ojos ni hay manos que se estrechan firmando pactos de eterna amistad. Solo queda la inocencia fosforeciendo con ojos de pantera al fondo de la cueva. Es la única certeza y Gary Cooper lo sabe, por eso vuelva la cabeza y sorprende esa mirada, luego continúa cargando balas en el tambor del revólver.

No piensa en el final, tampoco en el principio, la consciencia es un eterno presente que contempla impasible cómo vuela el tren cargado de recuerdos desde la estación de partida a la estación término. La impotencia está marcada en su sino porque lucha por una causa justa y no hay impotencia mayor que esta sempiterna e inútil lucha. Deja que muera la intuición y las campanas invisibles ya no se escuchan. Mejor desconocer dónde te aguarda el ciego destino.

Aparece pleyadiano, un republicano moreno y enjuto, de rostro impasible y candorosa mirada. Es puro como el agua de la cristalina fuente donde está llenando la cantimplora, sabe guardarse del enemigo emboscado y es discreto y prudente porque sabe callarse lo que debe. Saluda a Gary Cooper y entra en la cueva donde ofrece la cantimplora a Ingrid la gitana que le mira con inocencia salvaje y le pide la festeje con poesía antes de que vuelvan a doblar las campanas y velen el símbolo escondido en la grafía.

Ambos miran a Gary Cooper que guarda su revólver en la cartuchera dispuesto a contemplar la hermosa puesta de sol antes de que desde lo invisible regrese el sonido de las campanas que doblan por alguien que va a morir en esta larga noche, en eta noche fría.

Gary Cooper despierta a Hipo-Mefisto. Le duelen las nalgas de la larga sentada contra la pared húmeda en esta larga noche, en esta noche fría. La palabra que juzga y discrimina se ha ido y las hermanas gemelas han dejado de cantar. Pleyadiano le comenta que Virgilio ha cedido su jergón para que ambas duerman muy juntas, acurrucaditas en esta noche larga, en esta noche fría.

Hipo cree oír doblar muy lejos las campanas. Se le cierran los ojos de sueño y vuelve a ser Gary Cooper que observa cómo la patrulla fascista se acerca por el desfiladero. Al fondo Pleyadiano, el moreno y enjuto republicano, lee unos versos: “Por quién doblan las campanas en esta noche larga, en esta noche fría”. Ingrid, la gitana, sigue mirando hacia el exterior con sus ojos, puros, de salvaje inocencia, que mantiene la certeza de un futuro, de un mundo mejor donde alegres bacantes del espíritu están festejando a la diosa poesía.

ANTOLOGÍA POÉTICA VIII


AGUSTÍN GARCÍA CALVO

https://es.wikipedia.org/wiki/Agust%C3%ADn_Garc%C3%ADa_Calvo

Conozco su poesía solo a través de las canciones de Amancio Prada, que como siempre capta hasta el fondo la poesía del poeta al que pone música, convierte el verso en música con tal belleza y con tal autenticidad que siempre prefiero escuchar sus canciones sobre los poemas a los que ha puesto música que escucharlos recitados. La poesía de Agustín García Calvo, a mi juicio, es sencilla, le gusta cantar al ser humano anónimo y las múltiples facetas de la vida con la fuerza y dramatismo de la sencillez, que te golpea a veces como un puñetazo en el plexo solar, pero no duele porque hay belleza, lirismo, sensibilidad y mucho sentimiento. El filósofo, al convertirse en poeta deja de lado los abstrusos silogismos para transformarlos en verso, en lírica efusión de sangre y sentimiento.

“Libre te quiero”, Agustín García Calvo
Libre te quiero

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Agustín García Calvo

El mundo que yo no viva

El mundo que yo no viva
lo pensé como cosa extraña,
como arca de maravilla.
Ay de mi vida

Allí ¿sonará la lluvia
junto al fuego las noches frías?
¿Tendrá Agosto en el río barcas?
Y tú ¿la gentil sonrisa?

¿Brillará en el papel que siembro
la negra flor de la tinta?
Ay de mi vida

¿Será posible que vengan
los amigos y que “Era” digan
“un hombre, y te quiso mucho”
y “Mucho” llorando digas?

Es el mundo que no conozco,
Atlántida sumergida.
Ay de mi vida.

Allí las palmeras echan
esmeraldas. Allí las crías
del delfín esmeraldas pacen.
Allí no hay noche ni día:
cuando ordeñan a los rebaños,
de púrpura el mar se agría,
Ay de mi vida.

Más limpio que agua de oro
es el mundo que yo no viva:
no hay naves de arar espumas
ni arado para las viñas;
el gran árbol le da su fruto
al que el nombre del fruto diga.
Ay de mi vida.

Ese mundo no es el mío:
es el tuyo: el que en tus pupilas
hundido está desde siempre
y no lo alcanza mi vista.
A ese mundo quisiera entrar,
antes que suene la hora
– ay – de mi vida.

Agustín García Calvo

Que no se despierte

Que no se despierte.
La niña que duerme a la sombra
que no se despierte;
que duerme a la sombra del árbol;
que no se despierte;
a la sombra del árbol granado
que no se despierte;
granado de ciencia del bien,
que no se despierte;
de la ciencia del bien y del mal
que no se despierte.
Que no se despierte, que siga
dormida la muerte;
que siga a la brisa del ala
la muerte dormida;
a la brisa del ala del ángel
dormida la muerte;
del ala del ángel besada
la muerte dormida;
del ángel besada en la frente
dormida la muerte;
besada en la frente del lirio
la muerte dormida;
en la frente del lirio a la sombra
dormida la muerte
que no se despierte, que siga
dormida la niña,
que no se despierte, no.

Agustín García Calvo

“Un poema”
Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
as rosas de leche de luna de Nuruquimagua,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.

Agustín García Calvo

UN POEMARIO NEGRO XVI


SOLILOQUIOS DE UN CíNICO

No elegí nacer,
No buscaré morir,
Aprovecho para vivir.

Siempre odié las injusticias
Pero me acuesto con ellas
Aquí y allá, donde me place,
Como un amante perverso
Que con igual frivolidad
Cede al placer o al dolor.

Alguna que otra vez tengo un hogar,
Cuatro paredes, con o sin techo;
Carezco de sillas, mesas o lecho
Pero poseo un buen televisor:
Sirve de ayuda para olvidar penas.
Otras veces duermo al raso,
Si llueve me desnudo y brinco.
De noche miro las estrellas
Hasta tocarlas con los dedos.

Cuando me puede la tristeza,
-cada vez sucede más a menudo-
busco un banco en cualquier parque
buena atalaya para ver jovencitas
retozando su candor y belleza,
a la maldad del mundo ajenas.
Así voy ahuyentando la tristeza.
A veces necesito mucho tiempo
Para enjugar una sola lágrima.

* * *

Si trabajo por un currusco
me siento como un condenado
a cavar su propia tumba.
Si, por el contrario, estoy ocioso
Me imagino como un frágil pajarillo
Al que pronto cortarán las alas.

A veces camino por las calles
Relinchando sin vergüenza
Como un caballo exultante:
Termino por empotrarme
Contra cualquier coche
O me golpeo ciegamente
Contra las farolas en la noche.

Cuando me mienten me pongo serio,
LIVIDO,
Como el rostro de un cadáver.
Si me arrojan a la cara la verdad
Me carcajeo como un payaso
Con el muelle roto.

* * *

Soy un hombre ya viejo
Perdí la juventud contando chistes
A todo el que pasaba por las calles:
Deseaba tener muchos amigos
Y utilizaba el cebo de la risa.
Ahora no puedo oír ninguna gracia,
termino llorando como una plañidera.

Me gusta sonreírle al viento
En cualquier parte.
Pero apenas puedo llorar:
El divino don me fue arrebatado
Cuando recibí una última puñalada
Por la espalda.

No suelo quejarme a menudo de la vida
He aprendido a soñar mientras camino,
Presuroso,
Hacia lugares terrestres-
Los más hermosos-
A los que, sin embargo,
No deseo llegar nunca.

* * *

Cuando quiero gozar profundamente
De la Vida
Busco en los jardines la compañía
De los Niños
Con ellos he pasado mis mejores ratos.
No necesito atarme con grilletes
La Lengua
Ni me preocupa tener que restañar
Viejas heridas.

Me siento un ser humano
Anónimo
Pero no vendería mi anonimato
Por el Oro.
La fama es el más cruel de los
Tiranos,
El único que puede torturar
El Alma.
Solo me molesta una cosa:
Llevar siempre el carnet entre
Los Dientes.

* * *

A veces encuentro personas comprensivas,
Me preguntan si me siento sólo.
Uno no elige su destino, les respondo,
La vida, comprensiva, nos lo da con
Cuentagotas,
No quiere atragantarnos antes de tiempo.