CRAZYWORLD XXX


CRAZYWORLD

MI PRIMERA NOCHE CON KATHY/ CONTINUACIÓN Y FINAL DE ESTE SABROSO CAPÍTULO

Tal vez nunca me hubieran encontrado en aquella cabaña, ni siquiera aunque algún turista se hubiera perdido en verano, porque estaba abandonada y la zona repleta de avisos sobre el peligro de los osos, pero fue el frío el que aguzó mi entendimiento y además de obligarme a salir de allí antes de quedar congelada el próximo invierno me sugirió esconderme en un circo, donde pasaría más desapercibida que un fin de año en Times Square. Escogí el circo del sol en Canadá, donde fui acogida como una querida hija y entrenada en toda clase de escaladas y funambulismos. Para mi sorpresa tenía una especial facilidad y capacidad para todo lo que supusiera doblar el cuerpo como una serpiente. Para mí que las extrañas hormonas sexuales con que fui dotada o maldecida por la tiranía de los genes habían ablandado y flexibilizado de tal forma mi cuerpo que actuaba como si no tuviera huesos cuando así lo requería la situación y como si los huesos fueran muelles cuando el cuerpo se veía forzado a saltar. Por suerte no tuve que convencer al director con mi berenjena, en aquel circo eran bien acogidos cuantos desearan entrar y demostraran servir para algo que no fuera pasar la escoba por el suelo de la carpa. Mi simple atractivo físico y mi osadía me granjearon el favor de todos sus componentes y puesta a prueba para descubrir mis habilidades naturales u ocultas resultó que sería capaz, tras un fatigoso entrenamiento –porque en el circo no hay don que no se obtenga con el trabajo más denonado- de destacar en cualquier número circense que requiriera flexibilidad del cuerpo, facilidad para escalar cuerdas, muros o lo que fuera o en doblarme y retorcerme para entrar por pequeños agujeros o encerrarme en diminutas cajas o cajones.

Una vez que fui etiquetada y aprobada pasé al entrenamiento con el encantador matrimonio que realizaba un número especial consistente en escapar de la prisión de un tortuoso castillo medieval. Me prometieron formar parte del número pero antes tendría que demostrar mis facultades. Mientras tanto sería una especie de bailarina del coro de contorsionistas, funambulistas, escapistas y escaladores que conformaban el espectáculo general. Así me inicié en una de las experiencias más duras y desalentadoras a que puede enfrentarse un ser humano, la de dominar su cuerpo rebelde privándole de todo, de placeres y sabores, y sometiéndole a una tortura diaria de horas y horas, un trabajo que pocos aprecian y a los que deberían ser sometidos todos los políticos y millonarios del mundo.

No te digo que no fuera acechada, acosada y perseguida como cualquier mujer en cualquier parte del mundo y en cualquier situación. Incluso las que se consideran feas pueden ser perseguidas a la carrera por machos rijosos en ayunas. No parece que las mujeres hubiéramos nacido para otra cosa que para contentar sexualmente a cuanto macho haya malparido la madre naturaleza. Más las que fuimos dotadas por la madrastra naturaleza con dones de los que podríamos prescindir tranquilamente si nos dejaran. Sufrí con paciencia lo que mi condición requería y no me dejé tentar por el oro del placer promiscuo y culminante, ni por el vicio adictivo del sometimiento del macho matón y perdonavidas. Aunque mi necesidad del placer sexual se había recrudecido con tanto sexo promiscuo como tuve que soportar, era muy consciente de que cualquier incidente con algún macho del circo podría hacer que el rumor se extendiera y llegara a las orejas de elefante del Mr. Arkadin.

Para evitarlo, aparte de una castidad castrense, de tropa sometida al bromuro diario, sugerí mi vestimenta, un uniforme de catwoman, de cuero negro, con antifaz y todos los adminículos pertinentes, que me sentó tan bien, cuando me lo probaron en la sastrería del circo, que todos estuvieron de acuerdo en que podían prescindir tranquilamente de lo que desentonaría en el conjunto, teniendo en cuenta su efecto en los espectadores machos, poco numerosos y a los que pensaban atraer con una campaña de la que yo sería la efigie. Y así me convertí en la catwoman del cirque du Soleil y así permanecí durante un par de años felices, a pesar del agotamiento del entrenamiento diario y de los numerosos espectáculos que dimos por todo el mundo, viajes que agradecí porque fuera de las fronteras USA solo podría ser perseguida por la CIA, librándome de los demás cuerpos de seguridad intrauterina de la gran madre federal norteamericana. Esperaba que Mr. Arkadin me dejara en paz, teniendo en cuenta que no había hecho uso de las grabaciones en mi poder y ello debería indicar a aquel cabeza de chorlito que no las utilizaría si se me dejaba en paz. Con el tiempo hice varias copias que dejé en varias cajas de seguridad de varios bancos, así como notas en notarios de toda laya autorizándoles para remitir copias de las grabaciones a los medios de comunicación en cuanto se enteraran de mi muerte. Y todo ello sin olvidarme de llevar las grabaciones más vergonzosas sobre Mr. Arkadin en un pendrive escondido en el tacón de mis zapatos de catwoman, solidez a toda prueba, creados en exclusiva para mí por el zapatero del circo, quien se vanagloriaba de haber creado zapatos para elefantes que no pudieron ser destruidos por estos paquidermos a pesar de sus zapatazos constantes.

Así podría haber agotado el resto de mi vida, cambiando con los años a números menos flexibles, de no haber sido por una inesperada circunstancia que lo trastocó todo e hizo que me descubrieran los que me perseguían y no lograban dar conmigo. En el circo del Sol no suelen ser habituales los números con animales, tal vez por miedo a los animalistas o porque prefieren la creatividad en lugar de la animalidad esclavizada. Por desgracia a un imbécil se le ocurrió un espectáculo con muchos animales y de esta forma se vino abajo mi castillo de naipes. Ocurrió que los animales macho, todos con mucho olfato, unos más y otros menos, debieron de percibir el peculiar olor que destilaba mi sexo, especialmente con la regla, y no dejaron de bramar, aullar, maullar, ladrar o lo que fuera, en sus jaulas, y en cuanto les abrían la puerta me perseguían como si fuera su hembra en celo, una hembra multiforme y bienvenida para cualquier especie.

En cuanto la noticia saltó a los medios una noche fui raptada, secuestrada, cloroformizada y trasportada hasta el cuartel general del FBI. Allí se me trató muy bien, a la espera de que el fiscal general encontrara algún delito que achacarme que no fuera el de incendiaria del laboratorio del profesor Cabezaprivilegiada, porque de esta forma muchos se verían implicados y el que más Mr. Arkadín. Fue éste quien sobornó al director y de esta forma fui dada por fugada y tal vez muerta, cuando en realidad había sido entregada al monstruo, quien, como supe posteriormente, había acelerado el remate de las obras de Crazyworld solo para poder encerrarme allí. De esta forma fui de los primeros huéspedes o pacientes. Y aquí sigo, pagando una culpa que nunca tuve y que deberían pagar todos los machos del mundo y la hembra naturaleza, la más culpable.

Detuvo su voz musical y se hizo un profundo silencio. Entonces observé que todos los aullidos, alaridos y demás gruñidos que habían sonado en Crazyworld durante horas se habían acallado y tal vez llevaran así mucho tiempo, algo que no fui capaz de observar, engatusado por el relato de Catwoman. Ahora que había callado este silencio se me hizo especialmente ominoso. Había permanecido todo el tiempo lo más alejado de ella, con la espalda pegada a la pared. Desconociendo a cuántos metros podía llegar el profundo olor de su sexo y atolondrarme hasta echarme en sus brazos, había reculado todo lo posible, incapaz de soportar otra sesión. Ella debía ya de estar acostumbrada a estas conductas patológicas porque hizo como si no le pareciera raro y permaneció en el borde del lecho, desnuda, sí, pero discreta, narrando todo lo que tuvo a bien contarme.

Me sentí como delirante, incapaz de comprender lo que había pasado, de aceptar que Kathy o Catwoman fuera tan diferente a como yo la había imaginado. Hablaba como una mujer muy inteligente y además lo era, también valiente, con temperamento, de armas tomar, incluso su vocecita apocada, aguda y un poco tonta, se había transformado en una voz sugerente, hipnótica, que sin dejar de ser sensual y muy femenina, daba confianza, como los grandes ejecutivos multinacionales, más diría que mucho más, desde luego yo me fiaría más de ella que de todos rasca-poltronas del planeta. Claro que yo no podía saber aquello porque mi amnesia seguía presente, muy vivita y coleando, aunque bastante retorcida y sutil. De todo lo que me había contado Kathy no sabía de la misa a la media y no recordaba nada o casi nada. No sabía qué era Alaska ni el circo del sol, ni los taxis, ni los coches de alquiler a través de la Red, suponiendo que los hubiera, ni los pendrives o discos externos, ni… por no saber no debería ni haber sabido cómo se practicaba el sexo, pero eso nunca se olvida, como montar en bicicleta, suponiendo que yo recordara qué era una bicicleta.

No llevaba ni veinticuatro horas en Crazyworld… bueno, tal vez alguna más, pero no muchas, y ya había vivido no solo una vida, sino varias y las que todavía me esperaban. Me sentía viejo, muy viejo, y al mismo tiempo niño, muy niño, indefenso, necesitado de chupete, mejor dicho, de un buen pezón y una buena teta… Y conforme pensé esto no pude evitar mirar los pechos de Kathy, allí, frente a mí, al descubierto, deliciosamente expuestos e invitándome a refugiarme en ellos. Necesitaba una mamá que me protegiera, necesitaba que me consolara a sus pechos, necesitaba que me alimentara de esperanza. Ella me miraba, tan pasmada como invitadora, intentando imaginar qué pasaba por mi cabeza, sin conseguirlo y de pronto… no pude resistir más. Me arrojé sobre ella, busqué sus pechos, sus pezones, busqué su cuerpo acogedor y… encontré todo lo que buscaba y más, porque en cuanto mi glande desnudo husmeó a la entrada de su cálida cuevita todo el mecanismo tan conocido y depredador se puso en marcha y no puedo contarles nada más, ni el tiempo transcurrido o por transcurrir ni las altas cotas de placer alcanzadas, ni los orgasmos alcanzados o por alcanzar, como las cotas de los ochomiles logradas una y otra vez, casi sin bajar de una para estar ya en la cima de la otra.

Solo puedo decirles que en algún momento, no sé en cuál, mi cuerpo sufrió un espasmo y perdí la consciencia, sufrí un desmayo, un mareo, un síncope, un soponcio, o lo que fuera y caí en la más negra de las noches. Por suerte pude despertar, pero cómo lo hice y qué ocurrió después es algo que les contaré en el capítulo siguiente, ahora necesito reponerme, permanecer un poco de tiempo más en esta oscuridad sin recuerdos, sin sueños, sin nada que, que, que…

No se pierdan el siguiente capítulo, titulado “Primer asesinato en Crazyworld”.

FIN DEL CAPÍTULO TITULADO MI PRIMERA NOCHE CON KATHY

Continuará.

 

ENLACE PARA DESCARGAR EN PDF EL LIBRO I DE CRAZYWORLD

https://drive.google.com/open?id=1aYVBI-F-YaD2TSAs8IEs-V9faIW9Jfj7

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