MI BIBLIOTECA PERSONAL XXIII


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NOTA/Estoy recuperando las breves reseñas que hice en su día en la página de Entrelectores. Veo que son más superficiales que las que estoy haciendo en Sonymage, por lo que en algunos casos ampliaré los comentarios.

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EL TIEMPO RECOBRADO (EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO 7)Marcel Proust

Fecha: 2 de Diciembre de 2011 

Opina: Siempre tengo que remontarme a mi juventud cuando hablo de la lectura de los grandes clásicos. Entre los catorce años, que leí por primera vez Crimen y Castigo de Dostoievsky, hasta los veinticinco o treinta, mi ritmo de lectura, especialmente de clásicos, fue apabullante. Aún hoy me sorprendo de cómo pude leer tanto. Claro que el descubrimiento de un autor es siempre un acontecimiento y cuando eres joven tienes muchos autores y muchos libros por descubrir. Por lo que se refiere a Proust, recuerdo que con veintiún años lo descubrí en un tenderete, en una cera de Argüelles. Era una edición argentina, muy barata y además de oferta. No se puede decir que los libros fueran para poner en un estante visible de tu salón, pero sí que era una buena edición y yo andaba escaso de dinero. Se los compré al dueño del tenderete, a quien con el tiempo compraría muchos libros, porque eran baratos y porque yo pasaba con frecuencia por allí. La lectura de Proust es complicada. Tiene fama de ladrillo y con razón. Su estilo es el de un maestro y cualquier escritor, como es mi caso, debe leer a Marcel, como a tantos otros, por pura obligación. Ahora bien, lo que cuenta interesa bastante poco al lector moderno y la historia, el estilo y el ritmo, es cansino, como diría José Mota. A lo largo de los años he ido leyendo los siete tomos, aunque con parsimonia, con mucha calma, y dejando periodos importantes entre un tomo y otro. Como escritor la obra de Proust es un bagaje en mi mochila, pero como lector debo decir que su lectura me aburrió en muchos momentos de la historia. Proust es grande, vale, es un clásico, también, todo el mundo dice que es un ladrillo, y tal vez lo sea, un escritor debe leerlo para aprender a escribir, bien, pero hay autores que son bastante aburridos y cansinos. Eso no puede ser más cierto.

A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

MARCEL PROUST

Alabuscadeltiempoperdido

Sin duda Marcel Proust es uno de los grandes autores del siglo XX junto con James Joyce, dos colosos de la literatura. Lo que no quiere decir que el segundo escalón de autores esté muy por debajo de ellos, al contrario. Ambos acabaron con la novela romántica del siglo XIX y abrieron muchas puertas a la nueva literatura. Se podría decir que decidieron experimentar y les salió bien, aunque su fama de mamotretos, de ladrillos, de autores extremadamente difíciles de leer, se la ganaron a pulso.

En el caso de Joyce su experimento con el diálogo interno, reflejando cómo funciona nuestra mente y cómo hablamos con nosotros mismos; su delirante juego con el idioma, su descripción de la realidad, apoyada en las casi ilimitadas posibilidades del lenguaje, abrió tantas puertas que alguna, necesariamente, tenía que llevar a rincones oscuros, a desvanes llenos de telarañas, a callejones sin salida, pero ese es el riesgo de toda aventura, de toda exploración en el misterio, quien no se mueve nunca sabrá a dónde podrían haberle llevado sus pasos.

Proust es también un explorador del lenguaje. Intentando recobrar el tiempo perdido, en un camino hacia atrás, descubrió que estamos en un círculo y retroceder hacia el principio es a veces un encuentro con el futuro. El estilo no es otra cosa que un instrumento, un recipiente que debe adaptarse a su contenido, y contener un líquido no es lo mismo que contener un sólido o un gas, cada cual necesita su propio recipiente.

Todo recipiente es admisible mientras pueda contener lo que estamos echando en él, un recipiente con agujeros está condenado a perder todo lo que hay en él. El estilo es ese recipiente y todo dependerá de la maestría del artesano a la hora de conservar y exponer lo que pretendemos guardar en él. Los experimentos de estilo son más que aceptables, siempre y cuando uno sepa dónde pueden estar las líneas rojas, electrificadas, que pueden dar al lector descargas de muchos voltios. No se trata de cuidar del lector como de un bebé, pero no todos los lectores pueden soportar ciertas descargas eléctricas.

Es el caso del estilo de Proust. Esos párrafos interminables en los que uno acaba perdiéndose pueden tener sentido y razón de ser, pero no siempre es así, muchas veces la supresión de los puntos y aparte, las frases interminables, sin principio ni fin, parecen una carrera de obstáculos para el lector que se siente en un estadio de atletismo, con un juez sádico al que no le basta con que el atleta llegue a la meta, tiene que ponérselo tan difícil que ya no se trata de mantener el cuerpo en forma, sino de sufrir y mucho para conseguir cualquier logro. Me pregunto si la supresión de los puntos y aparte y extender las frases como si fueran una goma irrompible pueden tener sentido siempre y no solo cuando se trata de conseguir la sensación de atemporalidad en el lector, por ejemplo. Una de las grandes dificultades de la lectura de las obras de Proust es tener que leerse esos párrafos interminables sin un solo punto y aparte, acabas sintiéndote como el lector que lee en voz alta y al que se le ha prohibido respirar hasta que no haya un punto y aparte. Acabas sin aliento, sin resuello, temiendo ahogarte. Eso descorazona mucho a sus lectores que prefieren perderse una gran experiencia antes que ahogarse. Con García Marquez ocurre algo parecido en sus obras emblemáticas, aunque aquí es más fácil darlo por bueno debido a que el logro de la atemporalidad es tan evidente como contundente.

También el contenido puede hacerse un tanto indigesto. Es el problema de toda obra literaria del pasado. Los tiempos cambian que es una barbaridad y lo que en el presente puede parecer perfectamente razonable  e inevitable al cabo de un tiempo huele a rancio. Cuesta encontrar interés en la descripción de ese mundo burgués, decadente, que ya ha pasado a la historia. Lo mismo ocurre con Balzac y su universo de la Comedia humana. Aquellas tragedias amorosas desencadenadas por la necesidad de matrimonios de conveniencia hoy nos hacen reír. Lo mismo que en el futuro otros reirán con los problemas de esta sociedad actual, que parecen tan irresolubles que nadie se atreve a plantearse que tengan una solución y una solución sencilla, lo mismo que la solución de las tragedias amorosas por matrimonios de conveniencia en Balzac se ha visto que tenían una sencilla solución, la libertad, que cada cual es libre para decidir sobre su vida, con quién quiere casarse, si quiere hacerlo o cómo enfocar las relaciones de pareja.

Cuando en un autor se unen todos estos factores, como en el caso de Proust, un estilo experimental, agobiante, una temática desfasada y con poco interés para el lector actual, éste se encuentra forzado a decidir si merece o no la pena leer sus obras. En mi caso, como lector y como escritor, he decidido que sí y aunque me cueste, he leído toda su obra y volveré a releerla con calma.

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Los hombres que no amaban a las mujeres-

Fecha: 31 de Octubre de 2011 

Opina: Antes de leer esta obra de Stig Larson ya conocía casi toda la obra de Mankel. No sé si por suerte o por desgracia vi primero la película, antes de leer la novela. No voy a comparar ambas porque tengo muy claro que una cosa es el cine y otra la literatura. Debo decir que la novela no me decepcionó. Se lee de un tirón, algo que ya me pasa con pocas novelas y tanto su estilo, personajes y estructura narrativa son excelentes. No todos los bestsellers se merecen el número de lectores que tienen. Creo que esta obra de Larson sí.

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La imposible canciónCarmen Mieza

Fecha: 15 de Noviembre de 2011 

Opina: Conseguí esta novela en la Cuesta de Moyano, en Madrid. Mi biblioteca se compone de bastantes títulos de la desaparecida colección Reno, un tesoro inestimable para quienes hace ya muchos años apenas teníamos un duro para comprar libros. Eran baratos, ediciones completas y muy manejables. Hace unos meses conseguí la novela de Carmen Mieza. Se trata de una escritora bastante desconocida y con un final trágico. En Internet apenas he conseguido datos sobre ella. Es una novela que merece la pena, sobre el exilio español en México. Una novela para ser recuperada y una autora para ser descubierta.

 

 

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