MI BIBLIOTECA PERSONAL XXIV


ENSAYO SOBRE LA CEGUERA DE SARAMAGO

Confieso que me cuesta leer a algunos autores, bien por su estilo complejo, experimental, barroco, bien por sus temas, oscuros, deprimentes, por su extensión y dificultad para seguir la trama. Es el caso de José Saramago, un excelente escritor, con un gran estilo y una gran creatividad, pero sus temas son con frecuencia muy oscuros, tienes que leerlo con calma, beber el ajenjo a pequeños sorbitos. Otra dificultad añadida es su carencia de sentido del humor. No es que éste no aparezca nunca en sus novelas, pero lo hace en tan pequeñas cantidades que es como echar una diminuta porción de azúcar en un café muy cargado, muy amargo, apenas se nota.

No creo que su condición de comunista, su visión materialista de la historia, sea la raíz de sus temáticas tan oscuras, aunque sí puede que tenga buena parte de culpa. Si a esto le añadimos que le resulta muy difícil pintar de humor determinadas paredes de su obra, nos encontramos ante novelas que hay que leer con calma, procurando no pasarse con la dosis. Este es el caso de Ensayo sobre la ceguera, un tema muy creativo, donde utiliza la parábola de una epidemia que produce ceguera en una gran mayoría de la población -no se sabe de qué país, aunque pudiera ser cualquiera- para hacer un análisis estremecedor, casi desesperado, de esta sociedad y de la condición de la humanidad en general. Un lector sensible llega a sentir casi auténtico terror ante lo que se describe. Confieso que he sentido más terror leyendo esta novela que las de Stephen King, el gran maestro del terror, según algunos. Me da mucho más miedo la naturaleza humana descrita por Saramago que los monstruos diabólicos y apocalípticos de King. Nadie ha visto esos monstruos, se los imagina, pero los humanos de Saramago sí existen, están ahí, estamos ahí.

Hay escenas de una crudeza estremecedora, como la escena de la violación, no se ahorra nada, no se disimula nada, es como si dijera que esto forma parte de la vida, que así es la realidad que vivimos, aunque no queramos verla. Uno se pregunta cómo es posible que la humanidad no se haya extinguido, teniendo en cuenta su naturaleza tan demoníaca que lo único que podemos esperar es que no ocurra nada que nos sitúe en el centro del huracán, que las cosas terribles que suceden, les ocurran a los otros y nos libremos por una suerte aleatoria, tan incomprensible como misteriosa. No podemos rezar para que no nos alcance la oscuridad, porque Saramago no reza, tampoco parece confiar mucho en la suerte o el destino. Sencillamente estamos aquí, no sabemos por qué, no sabemos para qué, no sabemos nada, solo que sería una gran suerte que la muerte no fuera muy dolorosa y que podamos vivir lo que nos ha sido destinado de vida sin pasar por la tortura de los verdugos, por libre elección o porque los acontecimientos han sacado lo peor de la naturaleza humana.

Todo ello narrado con un estilo que no da tregua, donde al lector no se le facilita la lectura, no hay párrafos para respirar, no hay puntos y apartes en párrafos que el lector no se atreve a cortar pero que le cuesta Dios y ayuda leer de una tacada. Es el estilo de García Marquez, por ejemplo, en sus obras emblemáticas. Los diálogos están encadenados en el texto, algo que no resulta estridente porque son cortos, a veces extremadamente cortos. Y esto lo permite una narración donde los personajes no hablan mucho y lo que dicen es lo imprescindible. Reconozco que es un acierto incluir el diálogo en el texto narrativo y no separarlo con guiones y puntos y apartes, de otra forma la narración no sería tan compacta y el lector tendría la sensación de que el tiempo estaría como troceado.

Los personajes lo permiten. En otra historia, con otros personajes, este estilo sería un error porque arrebataría a los personajes parte de su humanidad, privándoles de solidez. En esta historia no ocurre así porque los personajes no son más importantes que la historia y no se trata de hacernos ver la psicología de cada personaje determinado sino de presentarlos como los coros de las tragedias griegas, clamando para que la tragedia no pase desapercibida. Esto está buscado voluntariamente por el autor que ni siquiera da nombres a sus personajes, utilizando un poco la técnica de Homero para describir a sus héroes, el del escudo de bronce, el de ágiles pies, etc. Así una chica es descrita como la ciega de las gafas oscuras, otro como el médico, otra como la mujer del médico, etc etc. Los nombres propios nos aproximarían a los personajes, pero aquí estamos contando una tragedia griega, con corifeo y coro. No es que los personajes estén deshumanizados, caricaturizados, no son títeres, el autor se cuida mucho de hacernos ver sus cualidades o debilidades y esto da a la novela grandes toques de humanidad, de lirismo, de entrañable afecto. El lector palpa que el autor ama a los seres humanos, a sus personajes, que su visión materialista del ser humano y de la historia no implica convertir en robots a todo lo que se mueva. El ser humano es como es, humano, y sus emociones, sentimientos, debilidades, heroísmos, hacen que no nos resulte ajeno. Nada humano me es ajeno, que diría el clásico. Saramago en esto es un clásico, nada humano le es ajeno y por eso sus personajes, a pesar de no tener nombres, de hablar poco, de abandonarse a veces a sus debilidades, no son témpanos de hielo ni títeres, nos atraen por su humanidad y podemos amarles u odiarles como humanos y no como monstruos.

No es una novela fácil de leer, no da respiro, la fábula elegida para hacernos ver la dura realidad es implacable porque permite al autor la descripción de lo que él ve bajo la superficial apariencia de la sociedad y la historia, algo que en el fondo vemos todos aunque preferimos quedarnos ciegos, como los personajes de la novela. Lo inverosímil de la historia queda atenuado por esa narración pausada, como si estuviera describiendo lo que les ocurre a unos personajes en su vida cotidiana. Aunque pueda rechinar lo inverosímil que resulta una epidemia de ceguera, sabemos muy bien que cosas muy parecidas han ocurrido y bien podrían llegar a ocurrir, los virus son traicioneros, mutatis mutandis, lo mismo que hicieron de las relaciones sexuales un riesgo espantoso podrían volvernos a todos ciegos y entonces llegaríamos a esa degradación apocalíptica a la que van llegando las mismas personas que se movían en la vida cotidiana con total placidez. No voy a destripar el final, solo decir que uno no sabe muy bien si es esperanzador o demoledor, porque como nos sucede muchas veces cuando vemos ciertas tragedias, no sabemos si vivir es esperanzador o lo realmente esperanzador sería que la especie humana desapareciera del planeta y cuanto antes.

Uno queda encogido y estremecido al llegar al final, no es un libro para depresivos, aunque tal vez nos venga bien asumir que nuestras tragedias no son nada, comparadas con la tragedia cósmica que es la vida del ser humano sobre la Tierra. No es un libro para leer en la playa, sino en invierno, a oscuras, frente a una chimenea encendida, dejando que las llamas creen figuras fantasmagóricas y de vez en cuando vendría bien cerrar los ojos e imaginar que todos nos hemos vuelto ciegos. En realidad lo somos porque no hay peor ciego que el que no quiere ver y Saramago con este ensayo sobre la ceguera nos lo dice con rotundidad y sin aspavientos, estamos ciegos y si no abrimos los ojos cuanto antes la degradación apocalíptica ya no será evitable.

SINOPSIS

Cuando el oftalmólogo recibe en su consulta a alguien que dice haberse quedado ciego de repente no imagina que eso pueda ser el principio del apocalipsis. No hay razón para esa ceguera. Su ciencia no da para más, todo es misterioso e incomprensible, no sabemos si se trata de un virus o de una extraña epidemia generada por causas inconcretas e incomprensibles. Cuando la maquinaria burocrática y estatal se pone en marcha ya es tarde. La crueldad de las medidas tomadas para poner en cuarentena a los ciegos y contaminados nos hacen ver el bestialismo de la naturaleza humana y su infinita estupidez, porque el egoísmo más atroz y sus medidas demoníacas no servirán de nada cuando los mismos verdugos se quedan ciegos y ya no pueden hacer otra cosa que sumarse al río putrefacto que arrastra sus pútridas aguas hacia el único mar posible, la muerte.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: JOSÉ SARAMAGO
TÍTULO ORIGINAL:ENSAYO SOBRE LA CEGUERA.
EDITORIAL: PUNTO DE LECTURA.
ISBN 9788466312301
GÉNERO: NARRATIVA

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