Etiqueta: Canciones para la soledad

CANCIONES PARA LA SOLEDAD V


 

NOTA. La musa es impredecible. Ya puedes esperarla sentado en un lugar romántico, a una mesa, con velas y una exquisita cena, sino quiere aparecer, no aparece. Es lo que me ha pasado con la promesa de poner nueva letra a esta maravillosa música de Bizet. No encontraba el tono ni la historia… hasta que de pronto se me ocurrió pensar en un hombre maduro, bajando ya por el tobogán de la vida, que se enamora de una chica muy joven y lo que resulta muy curioso (lo anterior no tiene nada de curioso), que la chica joven se enamore perdidamente de él. Es una historia de amor imposible, y ahí sí que encontré el tono y las palabras, aunque no estoy muy satisfecho porque los versos deberían haber fluido con mayor facilidad, pero no se puede pedir que tras esperar tanto a la musa me ponga “tiquismiquis” con ella.

SUEÑO DE AMOR

Te perdí antes de encontrarte
y te encontré al perderte.
Todo fue un sueño,
un maravilloso sueño de amor.

Encontré tu sonrisa
al final del camino
como un pobre mendigo
buscando la mañana,
tras una oscura
y fría noche.

Tu mirada, azul,
como el cielo
y cálida,
como el corazón
de una supernova
disipó las telarañas
de un corazón enmohecido.

Todo fue un sueño,
Un maravilloso sueño de amor.

Tu cuerpo esplendoroso
de rubia diosa
de un mundo perdido
calentó mis frágiles huesos.
y encendió el fuego
inextinguible de la pasión amorosa.

Te ofreciste con una sonrisa,
con balbuceos románticos,
con la generosidad absoluta
del amor infinito.

Todo fue un sueño,
Un maravilloso sueño de amor.

Tu mirada, alegre,
Como juguetona campanilla,
miró en el interior
de un cuerpo gastado,
de un corazón maltratado,
de hombre maduro,
cínico y desesperanzado.

Me enamoré de ti, amor mío,
Como se enamoraría
un adolescente de sus
más hermosos sueños.
Acepté tus cálidas palabras,
como la oscuridad
recobra la palabra creadora.

Fiat lux y la luz se hizo
en un universo que comienza,
en medio de una nada absoluta.
Fuiste la luz en mi noche
el fuego en la llanura polar
la esperanza en medio de la desolación.

Todo fue un sueño,
Un maravilloso sueño de amor.

Soñé con tu cuerpo desnudo,
entregado en el acto del amor.
Con tus besos apasionados,
con tu mirada luminosa,
con tu éxtasis feliz
entre mis brazos temblorosos.

Soñé que el tiempo
se había detenido
y que en la puerta
de la eternidad
me esperabas tú,
la diosa amorosa,
que premia al caminante
cansado
al peregrino sediento
al viajero del tiempo
con los pies llagados
con el alma enlutada.

Todo fue un sueño,
Un maravilloso sueño de amor.

Soñé que todo era posible
que el milagro se había realizado,
que el alma se había hecho carne
que el alba por fin había llegado
que el sol era mujer
y sus rayos eran tu cuerpo entregado.

Soñé que al fin te había encontrado
tras vidas sin aliento
persiguiendo un sueño.

Soñé que nada detendría
el ritmo de nuestros corazones
galopando hacia la felicidad.

Soñé que nada nos separaría
ni el tiempo ni el espacio
ni el destino ni el castigo
ni la luz ni las tinieblas.

Soñé contigo, amor mío,
y la primavera terminó con el invierno
y los árboles florecieron
y los colores regresaron
y las flores se abrían a mis labios.
Soñé contigo, mi amor,
y ya nunca quise despertar.

Todo fue un sueño
Un maravilloso sueño de amor.

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CANCIONES PARA LA SOLEDAD III


CANCIONES PARA LA SOLEDAD III

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PARAFRASEANDO A LEONARD COHEN

NOTA INTRODUCTORIA: Hace unos días me puse a buscar como un loco una letra para una canción de Leonard Cohen que había escrito hace dos o tres años, tal vez más. Recuerdo que hacía un viaje largo, solo, y venía escuchando canciones de Leonard Cohen. Como suelo hacer siempre que viajo solo, dejé que mi fantasía me llevara por sus caminos inexplorados. A lo largo de los viajes se me suelen ocurrir grandes ideas para relatos, pero esta vez me dio por ponerle letra a la canción de Leonard de la que no sabía ni el título. Como no entiendo nada de inglés y la canción me sugería tanto decidí ponerle mi propia letra, como ya había hecho con alguna otra.

Recuerdo que me detuve en un área de descanso y mientras contemplaba la puesta de sol me puse a escribir en la libreta que siempre llevo conmigo. Mientras esbozaba la letra escuché una y otra vez la canción. Cuando terminé me puse en camino y cambié de música porque aquella canción me estaba obsesionando.

Sabía que la había escrito en una libreta pequeña que tenía un formato que no me gusta mucho, por eso suelo comprar pocas y solo cuando no encuentro de otros formatos. Pues bien, me puse a buscar en esas libretas y no encontré la canción. Decidí ampliar la búsqueda a otras libretas de otros formatos y con otras cronologías porque también me suele ocurrir que me quedo sin libretas y tengo que buscar alguna que no haya completado, por eso no me puedo fiar de la cronología de mis libretas y cuadernos. Me pasé un buen rato buscando y al final, ya casi desesperado, decidí repasar las libretas del formato raro porque se me había quedado en la cabeza que había escrito la letra en una de ellas. Repasé hoja por hoja… y allí estaba. No me había equivocado. Es mejor fiarse del subconsciente que de nuestra memoria convencional, funciona mejor. Cuando terminé de pasarla al ordenador me puse a buscar la canción y también me armé un lío porque solo sabía que había un mariachi. Encontré la canción pero cuando leí la letra traducida no me encajaba. Tuve que buscar el cedé con las canciones de Leonard que había escuchado en el viaje y que había “codificado” en la libreta con una letra y un número. En efecto, ambas canciones coincidían. Al repasar la letra fui consciente de que aunque ambas tienen un regustillo melancólico y tratan de un protagonista solitario, la mía estaba bastante alejada de la suya.

¡Cómo se puede escribir en medio de semejante caos! Para mí es un misterio. A veces tardo más en encontrar algo que he escrito hace tiempo que lo que tardé en escribirlo. He intentado organizarme por todos los medios, con índices, con tablas en el ordenador ordenando lo escrito durante una época, intentando utilizar una sola libreta o cuaderno para una sola historia, pero es inútil, siempre acabo escribiendo donde me parece, me olvido de registrar en el índice la historia y si lo he pasado en el ordenador nunca sé en qué carpeta lo puse, si en textos actuales o en textos muy actuales o textos en los que estoy trabajando. Escribir de esta manera es un tormento pero no soy capaz de hacerlo de otra manera, así que tendré que aceptarlo. Ya me he puesto con la canción que me sugirió Perurena. No sé cuándo la terminaré y si cuando la termine la encontraré. A Dante se le olvidó poner un círculo infernal para los escritores caóticos.

CANCIÓN DEL VAGABUNDO

UN MARIACHI EN LA NOCHE

Suena un mariachi en la noche
mientras contemplo las alegres llamaradas
que despide la hoguera sobre una playa desierta.
Me emociona su dulce trompeta
que me sume en una dulce melancolía.

Soy un vagabundo sin metas
que recorre los caminos
cantando viejas canciones
que brotan de un corazón malherido.

He intentando quebrar los barrotes
que me encierran en una prisión invisible.

No busco trabajo, no pido favores,
no soporto la compasión de las almas sensibles
Solo quiero que no me molesten
mientras entono mis viejas canciones de amor.

Mientras suena un mariachi en la noche
en alguna fiesta cercana,
bebo de mi botella de vino barato
y recuerdo la puesta de sol que contemplé
sentado en esta playa desierta.
La mirada enrojecida del sol
no me pidió un ticket
para disfrutar de su rostro generoso.
Mientras ,suena esa triste canción,
tocada por un mariachi en la noche
y la melancólica trompeta llama
a la fiesta de los corazones rotos
siento que la vida es bella
a pesar de todo y de todos
y bebo de mi sucia botella
el sólido vino del olvido.

La noche ya cayó sobre la playa desierta
en este lugar de cualquier mundo perdido.
Mi corazón se estremece al compás de la música
que llega como una suave brisa
sobre el rumor del oceánico oleaje.

Y la tristeza me invade con el dulce sabor
de los días perdidos en los caminos polvorientos.

Hecho de menos la sonrisa compartida
de los viejos amigos que se pasan la botella
mientras entonan desgarradas baladas de amor
y la triste mirada de la mujer que me vio partir.

Ya no puedo regresar por los viejos caminos
a lo que un día llamé mi dulce hogar.
Nunca tuve nada y nada tengo.
Solo me acompañan los recuerdos
y mis melancólicas baladas de amor.

Suena de nuevo la melancólica trompeta
llamando al recuerdo de lo que no pudo ser
y las guitarras rasgan el aire oscuro.
Nada hay para quien tiene los bolsillos vacíos
excepto este cielo estrellado sobre la playa desierta,
la soledad de las noches claras,
el rumor del oleaje contra la arena
y esa triste canción apenas susurrada
mirando la hoguera que agoniza
y ese último trago al compás
de esa dulce y maravillosa trompeta.

El mariachi está tocando en una fiesta cercana
a la que no he sido invitado, porque nadie invita
a un viejo vagabundo con los bolsillos vacíos.

Contemplo la oscuridad de la noche
y mis ojos se humedecen por la brisa.
La música se va acercando sobre la playa desierta.
La fiesta ya ha terminado
en el refugio de los corazones rotos
y el mariachi viene caminando sin prisa
antes de recogerse en las sórdidas
habitaciones de cualquier sórdido motél.

Una bella mujer baila sobre la arena
moviendo sus juveniles caderas
y su falda revolotea al compás de la música
dejando ver sus muslos de diosa morena.

Ella no será nunca para mí
solo soy un viejo vagabundo
con los bolsillos vacíos
que entona tristes baladas
mientras recorre polvoriento caminos.

Pero al menos he captado su luminosa mirada
al pasar cerca de la agonizante hoguera.
El calor de sus profundos ojos oscuros
entibiará mi vieja y cansada alma
mientras entono la letra que acabo de inventar
para esa música escrita para el club de los corazones rotos,
pensando en sus profundos ojos oscuros
y en la hermosura de sus muslos morenos.
En esa música que me acompañará mañana,
cuando recorra otra vez los viejos caminos polvorientos.

Mientras se aleja el mariachi, en la playa desierta,
bebo un último trago de la sucia botella
y aún tengo tiempo para contemplar
por última vez sus muslos de diosa
sobre los que revolotea la falda multicolor
y para escuchar, embriagado, la melancólica trompeta.

Me acurruco en la arena, buscando el sueño
buscando recorrer los oscuros caminos de la noche,
pero aún puedo ver a la diosa
que vuelve su rostro hacia mí,
una última vez y me envía su mejor sonrisa,
un instante antes de que el sueño arrope
mi viejo corazón triste y cansado.