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BREVES HISTORIAS DE OMEGA(El sexo en Omega II)


CÓMO SE VIVE EL SEXO ACTUALMENTE EN OMEGA

Helenio de Moroni, nuestro particular profesor chiflado, fue considerado en su tiempo, y lo sigue siendo, como uno de los más astutos programadores y visionarios de todos los tiempos. Solo imaginar lo que tuvo que pasar por su mente para crear a nuestro fantástico “H”, nuestra inteligencia artificial, llamada “HDM-24” por su creador (HelenioDeMoroni) y 24 por ser ese el número de la suerte, ya que los anteriores veintitrés experimentos sobre el tema resultaron fallidos, se le ponen a uno los pelos de punta y el vello se le eriza, resultando ideal antes de la depilación, suponiendo que alguien la siga utilizando, además de las mujeres de los granjeros rebeldes y algunas de nosotras, rebeldes culturales.

Una de las condiciones básicas de la programación de esta inteligencia artificial, o el bueno de “H” como le tuteamos en confianza, fue la de respetar la libertad de todo ciudadano omeguiano y la defensa de una sociedad democrática a cualquier precio. Como mente privilegiada que era, a Helenio no se le pasó por alto las dificultades con que se encontraría su inteligencia artificial a la hora de decidir entre respetar las directrices básicas de su programación y respetar la libertad de los ciudadanos omeguianos, de todos ellos, y las condiciones esenciales para que la sociedad planetaria pudiera seguir siendo considerada como democrática. Fue por ello que su programador y luego nuestra inteligencia artificial, dotada de una cierta libertad y emotividad, gracias a los prodigiosos algoritmos creados por Helenio, tuvieron que hilar muy fino para que las contradicciones a las que deberían enfrentarse no les abocaran a un seguro fracaso.

Tras la batalla del Valle de la Muerte y la drástica transformación que sufrió Omega debido a la influencia del Mesías de Omega y de la tripulación de la nave galáctica “Destino”, las tradicionales instituciones omeguianas, tales como el matrimonio, la familia, el parentesco…sufrieron un impacto tal que casi llegaron a desaparecer. Fue sobre todo para defenderlas que un grupo relativamente numeroso de omeguianos decidieron refugiarse en las Montañas Negras y allí fundar una sociedad tradicional que defenderían durante milenios con uñas y dientes hasta el punto de ser respetados por los diferentes Consejos Planetarios que se formaron tras la muerte o abandono de Omega (no se sabe muy bien) del Mesías de Omega, máxima autoridad durante muchos años en todo el planeta. A la llegada de “H” los granjeros rebeldes ya habían alcanzado un estatus respetado por todo el mundo y prácticamente inalterable gracias a las condiciones climáticas de su territorio, que nadie en su sano juicio deseaba conquistar.

Allí el matrimonio y la familia permanecieron inalterados durante milenios, pero no así en el resto de la sociedad omeguiana. Fue imposible conseguir que el matrimonio y la familia volvieran a ser instituciones respetadas y queridas en Omega. La poligamia y la promiscuidad se convirtieron en algo tan natural en nuestra sociedad como antes lo fueron el matrimonio y la familia. La escasez de hombres y el exceso, si se le puede llamar así, de mujeres en edad fértil, propició todo tipo de asociaciones formadas por un numero importante de mujeres que se organizaran alrededor de un solo hombre, bien de forma institucional, como un matrimonio de un hombre con un indeterminado número de mujeres, bien en forma de convivencia promiscua, en la que un hombre convivía sexualmente con muchas mujeres a las que inseminaba y luego aceptaba el fruto de estos embarazos como hijos comunes.

La imaginación para formar y estructurar este tipo de uniones no tuvo límites y con el tiempo llegaron a autorregularse por sí mismas. Se puede decir que la sexualidad se vivió en aquellos tiempos como fue posible y siempre de forma promiscua, ya que resultaba inaceptable que una sola mujer acaparara a un solo hombre cuando existían tantas mujeres en edad fértil y un planeta prácticamente deshabitado. Por ello cuando con el tiempo la proporción de mujeres y de hombres se equilibró (sobre todo gracias a la inseminación artificial programada) a los Consejos Planetarios que siguieron les resultó imposible regresar a una sexualidad tradicional. Nadie hubiera asumido de buen grado que le privaran de una sexualidad libre y promiscua, razón por la que la poligamia y la convivencia libre continuaron siendo la forma normal de relación, sexual y de convivencia, en Omega.

Helenio de Moroni era muy consciente de las dificultades por las que atravesó la sociedad omeguiana, en parte debido a este tipo de instituciones abiertas que generaron serios problemas de atención y cuidado de los niños, educativas y de todo tipo. El turismo que fue llegando a Omega cada vez en proporciones más elevadas, logró en parte atenuar estos problemas logrando, por ejemplo, que el número de huérfanos no aceptados por sus padres biológicos disminuyera al ser adoptados por familias tradicionales que llegaban en viaje turístico a Omega.

Cuando “H” tomó el control se vio obligado a tomar decisiones drásticas con referencia a este tema, puesto que ni existía territorio suficiente para que él pudiera conceder una casa particular a cada omeguiano que se lo pidiera ni era aceptable para su programación que los niños tuvieran que ser cuidados en orfanatos por robots. Armonizando la libertad y el respeto a los derechos de todos, decidió que se respetaría la libertad sexual y de convivencia de todos y cada uno de los omeguianos, pero que al mismo tiempo se les incentivaría para que progresivamente fueran regresando a las tradicionales instituciones del matrimonio y de la familia que tendrían preferencia a la hora de convertirse en adjudicatarios de nuevas viviendas. Esto obligó a que de una forma oficial y burocrática quienes solicitaran una vivienda diseñada por “H” y fabricada por robots debieran especificar claramente cuántas personas residirían allí y qué tipo de convivencia legal habría entre ellas.

Esto propició el regreso al matrimonio y a la familia tradicional en algunos casos, aunque solo fuera para lograr una vivienda aceptable y no una verdadera comuna, edificios muy extensos y gigantescos para la convivencia de familias poligámicas o promiscuas. Estos nuevos matrimonios continuaron viviendo su sexualidad en absoluta libertad o promiscuidad, aunque de cara a los beneficios de “H” formaran un núcleo sólido familiar. La mayor dificultad de esta fórmula de convivencia fueron los hijos, muy desatendidos y para los que “H” tuvo que inventar la “niñera” virtual y luego los padres holográficos, con los consiguientes traumas y trastornos para los niños. Pero descubrir esta situación no me compete a mí sino a mis colegas sociólogos.

Se puede decir que actualmente la sexualidad sigue siendo libre y promiscua en todos los aspectos, aunque con el progreso que “H” ha propiciado en todos los terrenos, también en el sexual, las relaciones sexuales virtuales se han convertido en una moda a la que casi nadie se resiste. Pero de ello hablaremos en otro capítulo.

Continuará

Breves historias de Omega (Actores de carne y hueso)


BREVES HISTORIAS DE OMEGA IV

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NOTA INTRODUCTORIA/ Cuando decidí ir esbozando, por partes y temas, los distintos aspectos de la sociedad omeguiana tras el advenimiento de “H”, la gran inteligencia artificial, una especie de Mesías virtual, sabía muy bien que me enfrentaba a una compleja tarea que me llevaría años. Algunos temas fueron más sencillos de esbozar que otros. Por lo que se refiere al ocio y la cultura después de que “H” tomara las riendas, consideré bastante lógico que si la inteligencia artificial se ocupaba de la alimentación, la vivienda y toda la logística en aquella sociedad, también terminara por ocuparse del ocio y la cultura. Los seres humanos somos muy cómodos, muy vagos, si nos dan todo hecho, sin tener que trabajar, lo aceptamos encantados, a no ser que lo que se nos ofrece sea auténtica basura, y aún así nos lo pensamos dos veces antes de rechazarlo.

Los omeguianos fueron esbozados como seres humanos, solo que en otro planeta y con otras circunstancias. Si como vemos en nuestra sociedad la mayoría de la gente es absolutamente pasiva en cuanto al ocio y la cultura (aceptan lo que les echen de comer a través de la televisión o cualquier otro medio de comunicación) no veía la necesidad de que en Omega las cosas fueran muy distintas. Teniendo en cuenta que “H” era una inteligencia artificial con capacidades casi “divinas” o si lo preferimos, verdaderamente “demoniacas”, y que mi profesor chiflado, Helenio de Moroni, la había programado para dar a todos los omeguianos lo que desearan, en una sociedad democrática, justa e igualitaria, cómo podría ser el ocio y la cultura, diseñados por “H”, estaba bastante claro.

Si Helenio hubiera programado a su artilugio para dar a los omeguianos lo que verdaderamente necesitaran y no lo que quisieran o desearan, todo hubiera sido muy, muy diferente, pero como bien sabemos en nuestra sociedad humana lo importante no es lo que las personas necesiten si no lo que deseen, con el fin de que al satisfacer sus deseos los empresarios del ocio y la cultura puedan recibir a cambio sus deseables y deseados emolumentos (Mi tesooorooo de Gollum). Tampoco es muy importante saber lo que los ciudadanos desean puesto que los deseos se pueden crear, primero, para satisfacer, después. Algo que es paradigmático en el mundo de la publicidad.

La inteligencia artificial podía crear algo parecido a la televisión, la holovisión, y en ella unir todo lo que en nuestra sociedad son los medios de comunicación, Internet, prensa, radio, etc. Como no necesitaba personal creativo o burocrático, ni tampoco financiación alguna, crear un ocio, una cultura, y programarla y distribuirla por el canal único y complejo de la “holovisión” era coser y cantar. Se crearon presentadores, actores y todo tipo de figuras virtuales para que aparecieran en programas, obras teatrales, películas, etc. La inteligencia artificial no necesitaba profesionales del ramo ni tampoco guionistas o creativos, todo lo podía hacer ella y mejor o casi mejor que nadie.

No tuve claro cómo sería este mundo virtual hasta ver la famosa película, Matrix, entonces grité “¡eureka!” como al parecer hizo Arquímides, y comencé a esbozar la holovisión, el cine, el Internet omeguiano y otras muchas cosas más. Luego cuando vi la película Avatar y otras que trataban el mundo virtual tales como Johnny Mnemónic, ya ni tuve que gritar eureka, simplemente me puse a trabajar como un poseso.

En Omega todo el mundo del ocio y la cultura acaba siendo virtual y generado por la inteligencia artificial quien crea actores virtuales, holovisivos, en tres dimensiones, y todo tipo de películas y programas. Los no rebeldes aceptan encantados lo que les da “H” pero como ocurrió en otros terrenos, con más razón en este, hay quienes no soportan que toda la creatividad de su especie resida en un cerebro artificial, les repugna visceralmente, y es por ello que deciden rebelarse y crear su propio ocio y cultura. Y este es el tema de este nuevo capítulo de Historias breves de Omega. Como es muy amplio me limitaré a esbozarlo y lo iré desarrollando en otros breves capítulos de esta serie. El resultado de la falta de creatividad humana lo desarrollo en otra novela, “La vida es pura sensación”, que nada tiene que ver con el universo de Omega, pero que desarrolla este tema hasta las últimas consecuencias.

ACTORES DE CARNE Y HUESO

Extracto del diario manuscrito del actor Eriditis Asuras.

“Soy un actor de carne y hueso, me llamo Eriditis Asuras y en otros tiempos tal vez habría sido un actor famoso, respetado y halagado por crítica y público. Hoy, en estos aciagos tiempos, debo pelear a brazo partido con una inteligencia artificial para poder representar obras creadas por mí o por otros creativos rebeldes.

Bueno, tal vez no esté diciendo toda la verdad y me pueda la repugnancia que siento hacia todo lo virtual o artificial. En realidad el bueno de “H” nuestra portentosa inteligencia artificial, colabora con nosotros, facilitándonos todo tipo de infraestructuras para que podamos desarrollar nuestra creatividad, incluso ha puesto a nuestra disposición uno de sus canales holovisivos para que podamos difundir nuestra propia cultura.

Me gusta visualizar al bueno de “H”, como hombre, un anciano longevo y barbudo, aunque bien podría visualizarlo como una mujer y entonces la llamaría la buena de “H”, y no sería descabellado puesto que cada omeguiano elige bajo qué figura quiere que se le aparezca la inteligencia artificial para comunicarse. Si la llamáramos inteligencia podríamos visualizarla como mujer, pero si la llamáramos cerebro bien nos la podríamos imaginar como hombre. En realidad el bueno o la buena de “H” es asexual, se limita a “pensar” con los algoritmos que le programara el maldito chiflado del profesor Moroni, y tal vez se deba a ello que nuestra creativa minoría sea tratada con todo decoro, dejando aparte los derechos numéricos que siempre tiene la masa.

Hasta que se produjo la batalla del Valle de la Muerte, el desarrollo teatral de Omega, lo mismo en otros campos, como la narrativa y el arte y la cultura en general, fue tan lógico como razonable. Se generaron toda clase de mitos y leyendas que luego pasarían a la ficción literaria y los viejos ritos religiosos se transformaron, como suele ser común en todas las culturas, en representaciones teatrales que poco a poco se desgajaron del árbol madre para producir su propia dramaturgia profana. Todos conocemos a los grandes dramaturgos de aquella época, especialmente a Sofonoros Sapestis, el más grande autor de todos los tiempos.

Tras la famosa batalla y el salto que se produjo en todos los terrenos, la dramaturgia despreció su herencia y sus raíces, dedicándose a la burla del pasado, a ironizar sobre el presente y a utilizar todos los artilugios puestos a su alcance por la moderna tecnología para convertir al teatro en un híbrido incomible. Con el advenimiento de nuestro emperador “H” al poder (permítaseme la ironía) el teatro y demás artes y manifestaciones culturales pasaron a ser un simple producto de la fábrica “hachiana” para gran contento de la mayoría de la población que come lo que le dan, viste lo que una máquina diseña, vive en las casas que los robots fabrican, a las órdenes de nuestro cerebrito preferido y se entretiene con lo que sus circuitos generan.

Por suerte ya vamos siendo algunos más los que consideramos que estamos en nuestro derecho de utilizar nuestra propia creatividad para nuestras diversiones. En cuanto a trabajar para construir nuestras propias casas o cultivar la tierra para comer los productos de la tierra cultivados con nuestras manos… la verdad es que resulta muy cómodo dejar que el bueno de “H” nos suministre todo lo necesario, e incluso lo accesorio. Eso nos permite un ocio total, y muy productivo, si uno se dedica a ello y no a dejar que los circuitos de un cerebrito nos digan lo que nos entretiene y lo que no.

Dejando a los granjeros rebeldes, que comen aparte, se puede decir que la rebeldía cultural se ha centrado en la universidad de Vantis, donde el gran director de biblioteca y universidad, nuestro ínclito Aris Orbotón, centraliza y hace juegos malabares para preservar nuestro pasado cultural. El grupo dramático, compuesto por autores, actores, decoradores y demás attrezzistas, nos dedicamos a representar obras para los rebeldes culturales, siguiendo lo que en otro tiempo hubiera sido una temporada teatral al uso.

Pero esta representación, cuyo estreno está señalado para mañana, es algo insólito y esperanzador. Por cierto que acabo de salir del ensayo general de la última obra de nuestro peculiar genio Aloris Agoris, quien nos presenta un drama muy humano que se desarrolla en la tienda donde uno de los reyezuelos que participaron en la batalla del Valle de la Muerte y sus generales, diseñan la estrategia del día siguiente, al tiempo que comen, beben y follan con las cortesanas que acompañan a todos los ejércitos. No puedo estar más satisfecho del ensayo general. La participación de “H” ha sido espléndida.

Hace un mes, mientras ensayábamos la obra en la gran sala teatral del palacio de cristal de “H”, para lo cual nuestro cerebrito preferido nos dio el correspondiente permiso, escuchamos una voz etérea que nos costó identificar. Paralizamos el ensayo y nos dedicamos a husmear por el escenario, para ver quién nos gastaba la broma. El bueno de “H” se rió un rato. Luego nos propuso su colaboración. ¿Por qué limitarnos a un pobre decorado que remedara el interior de una tienda de campaña y a los personajes diseñados por Aloris? El nos ofreció todo el Valle de la Muerte como escenario. Con sus medios técnicos podía hacer que la representación fuera algo apoteósico. Incluso podía ofrecernos unos cuantos de sus actores virtuales y holográficos que tan buen resultado daban en los culebrones holovisivos.

No respondimos de inmediato, muy sorprendidos por la propuesta. La reunión que se celebró fuera del recinto (aunque todos sospechamos que los ojos y las orejas de “H” llegan a todas partes) estuvo muy animada. Muchos querían rechazar el ofrecimiento, alegando que los resultados dramáticos del “holocine” y de las series holovisivas, eran detestables y que los actores virtuales repugnaban a cualquiera por su frialdad y falta de sensibilidad humana. Me costó convencerles de que nada perdíamos probando, puesto que la inteligencia artificial no iba a imponernos nada que nosotros no quisiéramos utilizar. Y así fue como, tras un trabajo previo conjunto humano-artificial-, se creó un guión que se fue poniendo en práctica con resultados tan esperanzadores que a la semana no quedó nadie que se opusiera a esta colaboración.

El ensayo general ha demostrado que la colaboración máquina-humano puede llegar a producir resultados fantásticos. Ahora solo queda que mañana se llene el gran salón teatral (lo que dudo mucho) y de que la transmisión holovisiva en directo sea un éxito (¡imposible!). No tengo muchas esperanzas en el resultado del experimento, pero aún así confío en que se produzcan nuevas oportunidades para los actores de carne y hueso. No niego la perfección maquinista en las interpretaciones de los actores holovisivos creados por “H” e incluso yo mismo llegué a enamorarme de una conocida actriz virtual, pero no nos engañemos, donde esté la carne y el hueso que se quiten los circuitos.

 

Breves historia de Omega III( Las montañas negras)


BREVES HISTORIAS DE OMEGA III

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PRIMERA EXCURSIÓN A LAS MONTAÑAS NEGRAS

NOTA EXPLICATIVA: Cuando esbocé lo que ocurriría en el planeta Omega al hacerse cargo la inteligencia artificial, HDM-24, de todos los aspectos del funcionamiento de cualquier sociedad, que generalmente está a cargo de diversos grupos o colectivos de ciudadanos, no me rompí mucho la cabeza, me limité a pensar que el planeta entero se pondría a los pies de un maravilloso artilugio que les iba a permitir librarse del castigo divino que ha supuesto siempre el trabajo en cualquier tipo de sociedad.

Más tarde reflexioné y comprendí que aquello era muy poco verosímil, incluso cuando te dicen que no tendrás que trabajar nunca más y que te darán todo lo necesario, incluso lo accesorio, sin mover un dedo, siempre hay quienes se asustan, temen ser controlados y prefieren seguir como antes. Era preciso esbozar una oposición, aunque fuera mínima. De esta manera surgieron los grupos rebeldes contra alguna faceta nueva de la sociedad futurista que les imponía la inteligencia artificial, aunque todos ellos aceptaban la logística elemental que les permitiría sobrevivir sin trabajar. Luego pensé que era poco, necesitaba un grupo rebelde a todo lo que supusiera un cambio drástico en la forma de vivir omeguiana. Así surgieron los granjeros rebeldes, un grupo importante de ciudadanos que se negaban a que toda su vida fuera truncada por la planificación disparatada de una máquina. No podían seguir conviviendo con el resto de ciudadanos y necesitaban una zona geográfica donde desenvolver su vida, dedicada a la agricultura y a la ganadería, intentando sobrevivir de forma autárquica.

Decidí instalarlos en las Montañas Negras, una especie de Himalaya omeguiano, por razones prácticas a la hora de desarrollar la historia. Los granjeros rebeldes tienen una gran importancia en los primeros capítulos de “Diario de Ermantis” la primera novela de la trilogía. Allí se cuenta la infancia de Ermantis en las Montañas Negras. El que luego será presidente del Consejo planetario de Omega nace entre los rebeldes y solo un cúmulo de circunstancias le llevarán a Vantis, la capital de Omega, donde establecerá contacto con “H” y ambos serán protagonistas de una compleja y dramática historia. En esos capítulos apenas se cuenta nada de los contactos entre granjeros rebeldes y el resto de la población. Decidí aprovechar todo lo que había anotado en libretas y cuadernos sobre el tema y que me pareció una pena desaprovechar. Este relato es solo una breve pincelada sobre el tema que será desarrollado en numerosos capítulos de estas breves historias, especialmente en “El mesías de Omega”.

PRIMERA EXCURSIÓN A LAS MONTAÑAS NEGRAS

Cuando Lía Urmonita nos propuso que todo el grupo hiciera una excursión a las Montañas Negras, para conocer a los granjeros rebeldes, hubo asentimiento general con entusiasmo. Después comprendimos que no iba a ser fácil. Lo comentamos con “H” y él nos aseguró que tendría lista la logística de la operación en unos días, es decir, naves, equipaje y todo lo necesario para nuestra supervivencia en las montañas. El problema estaba en conseguir autorización del consejo de ancianos de los granjeros rebeldes. Sin ella no habría naves, ni logística. Si queríamos ir por nuestros propios medios “H” no nos lo impediría. Eso nos pareció gracioso y todos nos burlamos del sentido de humor del bueno de “H”.

Cuando antes de una semana se nos facilitó un plan estratégico y logístico muy completo sobre el viaje y la inteligencia artificial nos recomendó que en venticuatro horas le facilitáramos una lista definitiva de los viajeros, de las pertenencias que cada uno deseara llevar consigo, de las actividades a desarrollar en las montañas negras y los que quisieran vivir y comer en la nave, el resto se adaptaría a la vida de los granjeros, todos nos llevamos una gran sorpresa y cada uno opinó sobre cómo se las habría arreglado el bueno de “H” para solucionar los problemas de la expedición en tan corto espacio de tiempo.
Teniendo en cuenta que no podía comunicarse con los granjeros a través de la holovisión o el monolito, como hacía con sus fieles, puesto que aquellos habían renunciado a toda esta tecnología; habida cuenta de que “H” era una inteligencia artificial y sus manifestaciones “humanizadas” requerían de una tecnología mínima; siendo al parecer imprescindible que una nave tripulada por un robot de protocolo de primera viajara a las montañas negras, estableciera contacto con los lugareños y consiguiera que aceptaran hablar con “H” por su mediación y de esta forma se estableciera un “diálogo” largo y tenso, el hecho de que solo hubiera tardado una semana en conseguirlo era algo casi milagroso. Nos preguntamos si la inteligencia artificial no habría diseñado un protocolo de emergencia y de alguna forma que se nos escapaba bien podría estar en contacto con el consejo de ancianos de los granjeros. Esta era una incógnita que anotamos en nuestra agenda, para intentar desvelar “in situ”.
Dos naves fueron suficientes para trasladar a toda la expedición, fue agradable, al menos eso supongo porque me quedé dormido y no desperté hasta minutos antes del aterrizaje, y sin incidencias reseñables. Nuestro piloto era un robot de clase MX-1, perfecto para tareas, tales como el pilotaje de naves y otros vehículos y como robot de protocolo. En cuanto tomamos tierra en el Valle de la Muerte, MX-1 nos pidió que permaneciéramos en el interior de la nave durante unos minutos. A través de las ventanas le vimos caminar con soltura hacia un grupo de granjeros rebeldes que aguardaban tranquilamente, a la sombra de unos árboles. La charla no duró mucho, el robot regresó y nos hizo salir de uno en uno, acompañándonos hasta la embajada de los granjeros, que según pudimos ver, conforme nos acercábamos, se trataba de un respetable grupo de ancianos.

Mi asombro no tuvo límites cuando el robot se vio obligado a hacer de intérprete entre los ancianos y los miembros de la expedición. ¿Acaso ignoraban el omeguiano estándar? Aunque según la documentación que recabé de “H” sobre los granjeros rebeldes éstos llevaban siglos encerrados en aquel reducto natural, ajenos a la evolución de la sociedad omeguiana, el idioma que todos utilizábamos para comunicarnos era conocido y utilizado por todos desde hacía casi tanto tiempo como los granjeros llevaban aislados. Incluso durante la época del turismo más feroz, cuando Omega fue literalmente invadida por las clases más pudientes de las sociedades de los planetas habitados del Cuadrante, incluso entonces los granjeros rebeldes ofrecieron tal resistencia que el Consejo Federado de Gobiernos Omeguianos, la C.F.G.O, claro antecedente de nuestro actual Consejo Planetario de Omega, se vio obligado a cerrar al turismo toda la zona de Las Montañas Negras. Algo que no supuso gran quebranto puesto que la mayoría de los turistas eran ricachones hedonistas que preferían las playas y los lujosos hoteles de Vantis a una aventura arriesgada en un clima tan extremo y en un entorno tan salvaje como fue siempre el de la zona, incluso antes de la legendaria batalla del Valle de la Muerte.

Algunos miembros de la expedición eligieron quedarse a dormir y a comer en las naves, muy inseguros ante lo que una comunidad tan arcaica pudiera ofrecerles, pero acabaron por aceptar acomodo en las granjas más próximas, como todos, al enterarse de que el Consejo de ancianos había denegado el acceso a sus granjas y bosques de cualquier medio de transporte que no fuera el de tracción animal, y que las distancias eran tan enormes que regresar a las naves para dormir, no digamos para recibir las habituales remesas de alimentos a través de los monolitos teletransportadores que formaban parte consustancial en todos los hogares o naves de transporte, era físicamente imposible.

La comunicación con el Consejo de ancianos fue muy fluida, a pesar de la dificultad que supuso el que nuestro robot de protocolo MX-1 tuviera que estar presente en todas las conversaciones. A todos nos pareció apasionante conocer de primera mano la historia, tradiciones y forma de vida de aquellas comunidades que habían renunciado a todo progreso para llevar una vida sencilla, natural y muy espiritual. Según pude entender, el gran aglutinador de las numerosas comunidades de granjeros, extendidas por toda la zona, era el culto a la Mente Universal, una especie de religión, o más bien de filosofía, que creía en la existencia de una poderosa mente universal, algo así como la mente del cuerpo-universo, lo mismo que nosotros tenemos una mente en el interior de nuestros cuerpos.

Cada miembro de la expedición se interesó por todo aquello que fuera propio de su disciplina académica. Eso obligó a una estricta organización, habida cuenta de que solo podíamos disponer de un robot de protocolo para toda la expedición. Los granjeros que nos acogieron eran, en general muy amables con nosotros y gustaban de compartir su vida y costumbres, aunque todos se negaron a que les habláramos del tipo de vida que se llevaba en la sociedad civilizada a la que pertenecíamos. Todo fue bien hasta que comenzamos a sufrir el acoso de una partida de jóvenes granjeros, que contra la decisión de su Consejo de ancianos, habían decidido arrojarnos de sus tierras, incluso utilizando la violencia. Como los ancianos no pudieran garantizarnos la integridad física y “H” se negara a facilitarnos armas defensivas, decidimos regresar a las naves y volver a Vantis, aunque no sin antes prometernos realizar una segunda expedición, para lo cual deberíamos convencer a nuestra inteligencia artificial de que nos proveyera de armas aturdidoras y organizara una logística más práctica.

(Notas extractadas del diario de Aris Orbotón, rector de la universidad de Vantis, y de su cuaderno de campo, ambos manuscritos)

Continuará.

La vida es pura sensación II


LA VIDA ES PURA SENSACIÓN
NOVELA DE CIENCIA-FICCIÓN, SUBGÉNERO FANTASÍA DELIRANTE  II

A Smythe no le gustaba dejar que le “comieran el coco”, como se decía en la jerga empleada entre los rebeldes, ecologistas y demás “ralea”. Por eso rara vez se conectaba a la gran red virtual que centralizaba todas las comunicaciones y el ocio de la ciudad-cúpula y del mundo de las ciudades-cúpula. Lo hacía tan solo cuando un impulso irresistible le obligaba a estudiar la historia, tal como aparecía en los archivos de la inteligencia artificial de la ciudad-cúpula N.Y. o cuando llevaba demasiado tiempo sin conseguir una relación sexual o sentimental con alguna mujer no “abducida” por el universo virtual.

Aunque los archivos históricos eran variados y en ellos se podía encontrar toda clase de interpretaciones históricas, lo cierto era que la mayoría eran favorables a las ciudades-cúpula, su pasado y su futuro. ¿Era esto pura casualidad? Smythe creía que no, aunque ahora poco importaban a nadie las versiones que los historiadores del pasado construyeron sobre la causa que llevó a los humanos a refugiarse en las “cùpulas”. Según la mayoría todo comenzó hacia el año 2010 de la era pasada. Una fuerte crisis económica azotó el mundo globalizado y a ello ya se habían unido experiencias terroristas aterradoras, tales como 11-S, el 11-M, los atentados de Londres y luego la ola de terrorismo incontrolado desatado por la muerte de Bin Laden, el líder de AlQuaeda, la organización terrorista que tuvo en jaque a la humanidad por un tiempo. Por si esto fuera poco la naturaleza comenzó a descontrolarse. Algunos lo achacaban al cambio climático causado por un desarrollismo sin control, otros a la simple evolución del clima, que unas veces iba hacia el frío, las glaciaciones, y otras hacia el calor. El terremoto del Japón y como consecuencia los problemas de la central nuclear de Fukusima pusieron un escalofrío en las pieles humanas. Antes hubo otros desastres naturales, como el terremoto de Haití, por ejemplo, pero como se sabe nada importa si las desgracias les suceden a los parias de la Tierra y no a nosotros, los elegidos.

A partir de aquellos años la historia corrió demasiado y acabó por tropezar y caer sobre sus narices.

Los brotes verdes de que se habló durante aquella etapa de vacas esqueléticas nunca llegaron a cuajar del todo. La crisis económica se fue arrastrando durante años, a veces levantando un poco la cabeza para otear el panorama, pero nada más. Las revueltas sociales comenzaron de repente, los jóvenes se manifestaron en toda Europa por un puesto de trabajo, aunque fuera de limpiabotas, y aprovechando la ocasión hicieron una oferta de tres por uno. ¿Qué les parece si cambiamos la estructura social y económica de una vez por todas, y de paso intentamos que en un mundo globalizado no haya ciudadanos de cuarta, aunque de primera y de segunda es inevitable, y de tercera tal vez durante un tiempo? Se volvieron a correr las calles, primero en una dirección, hacia la revolución, y luego en la otra, huyendo de los atentados terroristas indiscriminados y suicidas. La tierra se siguió moviendo, dando avisos aquí y allá, hubo inundaciones, olas de calor, incendios, y aquello tenía toda la pinta de ser el anuncio del lobo apocalíptico que nunca acababa por llegar.

¿Qué más nos espera? Se clamaba por doquier. Y entonces ocurrió lo inesperado, lo más de lo más…Una extraña epidemia comenzó a arrasar el mundo. Ya antes la gripe del pollo había avisado. Y antes la enfermedad de las vacas locas. Al parecer algunos ecologistas o los grupos antisistema comenzaron a hablar en voz baja de teorías conspiratorias varias, tales como que la CIA, la central de inteligencia de lo que fuera USA, estaba experimentando con armas biológicas o que algún virus se había escapado de algún laboratorio que estaba experimentando en nuevas armas biológicas… Nada se confirmó, puesto que la epidemia de las vacas locas se controló y la pandemia de la gripe del pollo no llegó a nada o al menos no a mucho.

Cuando los gobiernos comenzaron a plantearse muy en serio la posibilidad de que toda la estructura política mundial, tal como se conocía, se viniera abajo dado el caos que comenzaba a reinar, hasta en las sociedades más avanzadas, tecnológicas y democráticas, un acontecimiento casi milagroso vino a echarles una mano, como un ángel de la guarda. Una empresa privada, aunque con fuerte capital estatal y subvenciones varias, anunció su gran proyecto.

Se trataba de proteger a las principales ciudades del planeta bajo una cúpula a prueba de bombas y de todo lo demás. De hecho ya habían estado experimentando en secreto durante años, en diferentes lugares del planeta –desiertos, los polos, llanuras y montañas, ciudades y campos, trópicos y la Antártida- construyendo pequeñas cúpulas y encerrando en ellas hombres y animales, sociedades en miniatura. El experimento fue un éxito rotundo. Las cúpulas, de material y estructura desconocidas, aguantaron todo lo habido y por haber, desde catástrofes climáticas, efectos de la contaminación, epidemias y hasta ataques terroristas. Ahora había llegado el momento de la prueba definitiva. Se eligió la ciudad de Nueva York como laboratorio. Era una ciudad enorme, compleja y con todas las posibilidades de que en ella se generaran todo tipo de problemas, algo ideal para saber definitivamente si las ciudades-cúpula serían o no el futuro de la humanidad.

Hubo que aprobar una ley especial y crear una gigantesca infraestructura que permitiera el funcionamiento normal de la ciudad mientras se construía su cúpula. Las medidas de seguridad que se adoptaron fueron extremas. Los trabajadores contratados debieron pasar por todo tipo de investigaciones y controles. El perímetro de la ciudad fue vigilado día y noche por fuerzas especiales, entrenadas al efecto, a los trabajadores se les insertó un chip de control en un tobillo, se restringió la entrada y salida de la ciudad y comenzó la gran aventura.

A pesar de que se había calculado un mínimo de diez años para la construcción y entrada en funcionamiento de la cúpula, a los cinco ya estaba terminada y pendiente de rematar pequeños detalles. La situación mundial era cada vez más caótica, lo que obligó a aumentar el presupuesto destinado a la cúpula, contratar nuevos trabajadores y…como un mago bromista la empresa se sacó de la chistera un enjambre de robots experimentales…luego se sabría que como la cúpula llevaban más de un año en periodo de prueba trabajando en las condiciones más adversas imaginables.

Un pánico soterrado se estaba difundiendo por venas y arterias del sistema circulatorio mundial. La gente estaba muriendo como moscas en invierno a causa de la epidemia o pandemia, o lo que fuera, porque nadie sabía muy bien lo que estaba ocurriendo. Los expertos no se ponían de acuerdo en nada, unos decían que era provocada por un virus, otros por una bacteria, algunos que se transmitía por vía animal, otros por vía respiratoria…Lo único cierto era que los muertos se producían en una proporción escalofriante en los países del tercer mundo, tal vez debido a la falta de higiene, a su pobreza, que les impedía comprar medicamentos, o a una maldición divina como decían algunos exaltados, sin darse cuenta de que la divinidad que hace distingo entre pobres y ricos no puede ser otra cosa que producto de la imaginación.

El miedo es libre y el pánico ciego. En los países del primer mundo nadie las tenía todas consigo, en cualquier momento les afectaría a ellos. Preguntaron a los expertos que siguieron en sus trece: puede que sí, puede que no, puede que todo lo contrario. Por estas y otras razones no hubo obstáculos a que se acelerara el experimento de la cúpula de N.Y. A los cinco años comenzaron los preparativos para que fuera cerrada la ciudad y comenzara su nueva vida, aislada del resto del mundo. Para entonces la mortandad era apocalíptica en África y Asia, Europa estaba empezando a notar los primeros síntomas del resfriado. Curiosamente la epidemia siempre era más mortal en los suburbios y ghettos de las grandes ciudades, donde el hacinamiento y la falta de higiene parecían acelerar y agravar la enfermedad, pero ya se estaban produciendo los primeros casos de muerte entre personas que parecían vivir en condiciones higiénicas normales.

El mago saca otro conejo de la chistera, en forma de cúpula reluciente. Es la salvación, el apocalipsis anunciado por la globalpandemia tendrá que esperar. Los demás problemas irán quedando, poco a poco, fuera de la fortaleza, del bunker.

Y así dio comienzo a la primera cúpula, la de Nueva York.  Luego vendrán Whasington, París, Sidney y Madrid (los spanish revolutions fueron expulsados del paraíso terrenal, luego de ser expulsados de la Puerta del Sol y arrojados a Carabanchel, Vallecas, el Pozo del tío Raimundo…) Las cúpulas no podían albergarlo todo. Era preciso escoger… y fueron escogidos los mejores.

 

Se aceleró la puesta en marcha de la ciudad-cúpula de N.Y. y la empresa privada recibió múltiples presiones de gobiernos extranjeros para que comenzaran a vender y exportar cúpulas a otros países. El presidente USA anunció que tan pronto se pensara que las cúpulas eran viables daría su permiso para que la empresa vendiera allí donde recibiera ofertas. No era preciso agotar el año de vida de la nueva ciudad, tal como se había previsto.

 
Si durante su construcción fue objeto de la curiosidad mundial y las principales cadenas televisivas del mundo dejaron allí un retén permanente de guardia para transmitir cualquier incidencia o novedad, ahora que la cúpula estaba rematada cada minuto era noticia de portada. Quienes se inscribieron como residentes voluntarios en la nueva ciudad debieron pasar un ajetreado periodo de entrenamiento y puesta al día, ello sin contar con la autorización que debían conceder al alcalde de la ciudad para que a todos los residentes se les implantara un chip en su cerebro, que tenía por objeto activar las medidas de seguridad contra ataques terroristas diseñadas por un grupo de asesores de la Casa Blanca. Dado que esto coartaba o anulaba muchos derechos fundamentales recogidos en la constitución americana fue preciso que el Congreso y el Senado se pusieran de acuerdo para aprobar las enmiendas correspondientes.

 
Si hasta entonces los grupos ecologistas más agresivos habían iniciado ya una fuerte campaña contra las ciudades-cúpula, el anuncio de la puesta en marcha de la primera y más importante levantó una oleada de protestas, de voces apocalípticas y de todo tipo de acciones -muchas de ellas se podrían calificar de terroristas- que pusieron el mundo patas arriba. Los grupos ecologistas estuvieron en la brecha desde el principio, aunque les costó darse cuenta de las implicaciones que suponía el nuevo proyecto.

 
El nacimiento de las ciudades-cúpula fue un evento insólito y tan oportuno que hubiera dado mucho que pensar a la población mundial, si todo el mundo o su mayor parte no hubiera estado tan ocupado en mirar hacia dónde se encaminaba la sociedad tras la llamada Spanish revolution, y antes que ella la revolución islámica, y antes el terrorismo, globalizado tras el 11-S, luego vendría el 11-M y 7-J y…El mundo parecía haberse vuelto loco o haberse dado cuenta de que nunca había dejado de estarlo, tal vez desde la Revolución francesa o desde antes, mucho antes.
A lo largo de la historia humana los profetas del apocalipsis nunca dejarían de clamar por el cercano fin del mundo: El Milenio, El Segundo Milenio, el calentamiento global, la extinción de los dinosaurios… El mundo se acaba, “finis”, “caput”, esto tiene los días contados…y sin embargo siempre ocurría algo que proporcionaba un respiro al ahorcado, aparecía alguien y sujetaba la banqueta del colgado.

 
Tras la etapa de la humanidad cazadora (las fieras terminarán con estos primates en menos de lo que canta un gallo recién tragado por la bestia, diría un apocalíptico) el descubrimiento de la agricultura cambió el mundo y salvó a los cazadores de la extinción, porque estaba claro que había demasiadas bestias para tan pocos cazadores. Fue una suerte que a la lumbrera de turno se le ocurriera que si las plantas crecían vírgenes, más y mejor crecerían si las regaban todos los días tras el correspondiente cercado, para que los herbívoros, aparentemente tontos, no se las comieran.

 
Las sequías estuvieron a punto de terminar con la agricultura, tal como profetizó el chamán de la tribu. Sin embargo los dioses enviaron a Prometeo con el fuego y así pudieron comer caliente, bien fuera carne o vegetales. Esto disipó la creencia apocalíptica, con un estómago lleno y caliente, todo se ve con más claridad.
Cuando la humanidad estaba muy harta de las sempiternas lanzas y puntas de flechas de piedra… apareció el metal. Otra lumbrera descubrió que había cosas más duras que la piedra (lo que ya era difícil) y con la ayuda del fuego comenzó la edad del metal y la edad de la piedra fue olvidada como un apocalipsis pasado que no hubiera mordido la yugular.

 
Cuando los imperios cayeron, el persa, el griego, el egipcio, el romano…el cristianismo abrió horizontes insospechados a la humanidad doliente.  Cuando la humanidad pensaba que el “vulgo” sería siempre vulgo y la aristocracia elegida por los dioses, llegó la revolución francesa… y rodaron muchas cabezas… y luego la revolución industrial…y trabajaron hasta los niños,  y veinticuatro horas seguidas, si era preciso…y llegó el capitalismo, y luego el comunismo y la guerra caliente y la guerra fría y la economía socialista se hundió y refloreció el libre mercado y el liberalismo y el keynesianismo y los neoliberales y los “neocón” y la economía globalizada…

 
Sí, bien parecía como si un fantástico mago sacara el consabido conejito de la chistera, cada vez que el público se moría de hambre. Pero esto cambió cuando tras la Spanish Revolution los políticos fueron cayendo como moscas en atrapamoscas y los dictadores fueron desapareciendo como dinosaurios en la época de los misiles atómicos, y la economía globalizada se derrumbó como un castillo de naipes, como una mosca en la garganta de un papanatas… Y cuando nadie sabía qué hacer, para dónde tirar, ni el 15-M, ni la Spanish revolution, ni las manifestaciones y revueltas, ni los acampados, ni la crisis del 2010, que se alargaba y alargaba…

 
Entonces llegaron las catástrofes, el terremoto de Haití, y el otro, y el tsunami, y los volcanes y Fukusima y antes Chernobil y los veranos tórridos y los incendios devoradores y el derretimiento de los polos y el agujero en la capa de ozono y las vacas locas, los pollos locos, las verduras locas… Y cuando todo parecía ir remitiendo llegó la epidemia, la pandemia o la globaldemia… y todo el mundo se asustó…mucho. Mueren en Africa, lo que no es novedad. Mueren en Asia, tampoco. Pero cuando comienzan a morir en Europa y en América del Norte y no solo mueren los pobres, los muertos de hambre de toda la vida, los parias de los suburbios y los que nunca han sido muy higiénicos, los sucios, los que viajan en pateras, los de siempre…Entonces…


El susto es morrocotudo… mueren muchos… pero a nosotros, los del primer mundo, no nos tocará, nunca nos ha tocado y seguirá sin tocarnos… al menos de momento. Hasta que la epidemia o globaldemia se extiende y caen los primeros rostros pálidos, los del palo de fuego y el agua de vida que quema en la garganta. Entonces todo el mundo se pone serio y habla de que el apocalipsis que nunca llegó, ahora puede que esté llamando a la puerta. Ya no se trata de tribus indias, con arcos y flechas, dando vueltas y más vueltas alrededor de los carromatos de los rostros pálidos, que los van matando con sus carabinas de fuego, tan ricamente. Y además va a llegar el 7º) de caballería de un momento a otro.
Y…”equiliqua”.

El mago saca otro conejo de la chistera, en forma de cúpula reluciente. Es la salvación, el apocalipsis anunciado por la globalpandemia tendrá que esperar. Los demás problemas irán quedando, poco a poco, fuera de la fortaleza, del bunker.
Y así dio comienzo a la primera cúpula, la de Nueva York.  Luego vendrán Whasington, París, Sidney y Madrid (los spanish revolutions fueron expulsados del paraíso terrenal, luego de ser expulsados de la Puerta del Sol y arrojados a Carabanchel, Vallecas, el Pozo del tío Raimundo…) Las cúpulas no podían albergarlo todo. Era preciso escoger… y fueron escogidos los mejores.

 
Pero antes, hasta llegar a la meta soñada el tiempo transcurrió más pausadamente, como ralentizado. Tic-tac, tac-tic. Smythe repasaba estos capítulos de la historia en la holovisión de su apartamento. Apenas la usaba, porque para él era el símbolo de la opresión, la puerta al mundo zombi. Aunque para ciertas consultas resultaba imprescindible. Jamás participaría como personaje virtual en aquellos culebrones holográficos sobre todo tipo de temáticas, ni jamás se dejaría arrastrar a las orgías de sexo virtual, una auténtica tentación demoniaca, donde nadie quedaba excluido y todos satisfechos en mayor o menor medida.

 
Smythe deseaba seguir perteneciendo para siempre a “los vivos”, así se apodaban quienes compartían su filosofía de la vida, los vivos, los despiertos, en contraposición a los muertos, a los dormidos en la cuna virtual que les había sido preparada para tener dulces sueños y dejar de molestar.

 
Siguió repasando la historia humana, buscando archivos olvidados, textos relevantes, fotografías encriptadas por hackers para evitar su destrucción. En su cabeza no dejó de escuchar el tic-tac del tiempo que iba transcurriendo, una y otra vez, un segundo tras otro, hasta llegar a lo que los historiadores  consideraban la encrucijada de los tiempos: el nacimiento de las ciudades-cúpula.

 
A veces Smythe tenía la sensación de que el tiempo retrocedía. Esto ya lo he visto antes, se decía, estamos regresando al pasado en lugar de avanzar hacia un nuevo futuro. La ciudad-cúpula de Nueva York, la primera en surgir a la vida, el icono de los nuevos tiempos. Y aquí está de nuevo la escena, mil veces grabada y digitalizada, luego pasada a formato holovisivo, archivada por centuplicado en las copias de seguridad para que jamás se perdiera.  El alcalde de Nueva York se sienta, con una sonrisa, en la silla anatómica. Alguien oprime el botón correspondiente y un largo brazo mecánico trepana el cráneo y coloca el famoso chip. Es el primer ciudadano de la primera ciudad-cúpula. Seguirá siendo su alcalde, la primera autoridad. Sin el menor daño colateral, esbozando una sonrisa de conejo, estrechando manos por doquier, la primera autoridad entra a la ciudad vacía, fuertemente escoltado por miembros de los cuerpos de seguridad que ya habían pasado antes por la trepanación. Nadie lo sabe, pero el señor alcalde no es un héroe. El supuesto y arriesgado primer paso no es tal, ya existían suficientes precedentes para creer que todo saldrá bien.

 
Tras sí deja a su gobierno municipal, asesores y demás personal imprescindible, siguiendo los pasos del jefe, como valientes, como héroes. El Sr. Alcalde visita primero su nuevo y espectacular hogar. Allí le espera su familia y sus mejores amigos. Nadie lo sabe, pero ellos ya pasaron, en secreto, por la trepanación, después de que lo hicieran los cuerpos de seguridad y antes de que el “paterfamilias” se hiciera la foto para la posteridad.

 
El estado de Nueva York ha cambiado su legislación para permitir la existencia de una ciudad-cúpula en su territorio. Se trabaja en las cámaras para cambiar la legislación federal en todo cuanto impida u obstaculice la construcción de estas ciudades por todo el territorio de la Unión, incluso una comisión analiza si será necesario en el futuro plantearse alguna enmienda a la constitución. De momento se ha garantizado a todos los residentes en la ciudad, que lo deseen, su permanencia en la misma, siempre y cuando acepten la trepanación e inserción en su cerebro del correspondiente chip estandarizado y aprobado. El nuevo paraíso terrenal les permitirá seguir en sus viejos alojamientos, reformados en lo necesario, o en el supuesto de que no haya sido posible se les facilitará un alojamiento mejor, a ser posible en la misma zona y sino en la que ellos escojan.

 
La ciudad-cúpula es lo bastante grande, ancha y profunda, con un diámetro y unos niveles, por debajo y por encima del suelo, para que todos los que pidan su ciudadanía y residencia sean aceptados. Eso no sería posible si toda la población de todos los estados federales hiciera la solicitud. Pero ni los más optimistas han previsto que eso fuera posible, incluso se piensa que sobrará bastante espacio para que extranjeros de renombre o expertos o especialistas en varias ramas de la ciencia o las letras, puedan ser admitidos, si así lo desean. La feroz resistencia de la última etapa, antes de ser inaugurada la primera ciudad-cúpula, así lo hace pensar.
Todo esto es cierto, como lo es que una gran parte de los habitantes de Nueva York no las tienen todas consigo, ni siquiera han tomado una decisión definitiva hasta minutos antes de comenzar la trepanación, y muchos de ellos solo cuando el Sr. Alcalde ha demostrado que no ha quedado más loco de lo que ya estaba.  Hay un grupo importante de residentes que se muestran muy reticentes a dar un paso adelante. Han formado un grupo de resistencia y exigen sus derechos: un domicilio igual o mejor en la parte del Estado que ellos elijan o bien en cualquier punto del Estado federal, una cuantiosa indemnización y la posibilidad de cambiar de opinión y ser admitidos, eso sí, pasando antes por la trepanación (ninguno es tan ingenuo como para pensar que ese requisito se modificará en el futuro, ni siquiera para ellos).

 
Continuará

LA VIDA ES PURA SENSACIÓN


 INTRODUCCIÓN

A Smythe no le gustaba dejar que le “comieran el coco”, como se decía en la jerga empleada entre los rebeldes, ecologistas y demás “ralea”. Por eso rara vez se conectaba a la gran red virtual que centralizaba todas las comunicaciones y el ocio de la ciudad-cúpula y del mundo de las ciudades-cúpula. Lo hacía tan solo cuando un impulso irresistible le obligaba a estudiar la historia, tal como aparecía en los archivos de la inteligencia artificial de la ciudad-cúpula N.Y. o cuando llevaba demasiado tiempo sin conseguir una relación sexual o sentimental con alguna mujer no “abducida” por el universo virtual.

Aunque los archivos históricos eran variados y en ellos se podía encontrar toda clase de interpretaciones históricas, lo cierto era que la mayoría eran favorables a las ciudades-cúpula, su pasado y su futuro. ¿Era esto pura casualidad? Smythe creía que no, aunque ahora poco importaban a nadie las versiones que los historiadores del pasado construyeron sobre la causa que llevó a los humanos a refugiarse en las “cùpulas”. Según la mayoría todo comenzó hacia el año 2010 de la era pasada. Una fuerte crisis económica azotó el mundo globalizado y a ello ya se habían unido experiencias terroristas aterradoras, tales como 11-S, el 11-M, los atentados de Londres y luego la ola de terrorismo incontrolado desatado por la muerte de Bin Laden, el líder de AlQuaeda, la organización terrorista que tuvo en jaque a la humanidad por un tiempo. Por si esto fuera poco la naturaleza comenzó a descontrolarse. Algunos lo achacaban al cambio climático causado por un desarrollismo sin control, otros a la simple evolución del clima, que unas veces iba hacia el frío, las glaciaciones, y otras hacia el calor. El terremoto del Japón y como consecuencia los problemas de la central nuclear de Fukusima pusieron un escalofrío en las pieles humanas. Antes hubo otros desastres naturales, como el terremoto de Haití, por ejemplo, pero como se sabe nada importa si las desgracias les suceden a los parias de la Tierra y no a nosotros, los elegidos.

A partir de aquellos años la historia corrió demasiado y acabó por tropezar y caer sobre sus narices. Los brotes verdes de que se habló durante aquella etapa de vacas esqueléticas nunca llegaron a cuajar del todo. La crisis económica se fue arrastrando durante años, a veces levantando un poco la cabeza para otear el panorama, pero nada más.

Las revueltas sociales comenzaron de repente, los jóvenes se manifestaron en toda Europa por un puesto de trabajo, aunque fuera de limpiabotas, y aprovechando la ocasión hicieron una oferta de tres por uno. ¿Qué les parece si cambiamos la estructura social y económica de una vez por todas, y de paso intentamos que en un mundo globalizado no haya ciudadanos de cuarta, aunque de primera y de segunda es inevitable, y de tercera tal vez durante un tiempo? Se volvieron a correr las calles, primero en una dirección, hacia la revolución, y luego en la otra, huyendo de los atentados terroristas indiscriminados y suicidas. La tierra se siguió moviendo, dando avisos aquí y allá, hubo inundaciones, olas de calor, incendios, y aquello tenía toda la pinta de ser el anuncio del lobo apocalíptico que nunca acababa por llegar.

¿Qué más nos espera? Se clamaba por doquier. Y entonces ocurrió lo inesperado, lo más de lo más…Una extraña epidemia comenzó a arrasar el mundo. Ya antes la gripe del pollo había avisado. Y antes la enfermedad de las vacas locas. Al parecer algunos ecologistas o los grupos antisistema comenzaron a hablar en voz baja de teorías conspiratorias varias, tales como que la CIA, la central de inteligencia de lo que fuera USA, estaba experimentando con armas biológicas o que algún virus se había escapado de algún laboratorio que estaba experimentando en nuevas armas biológicas… Nada se confirmó, puesto que la epidemia de las vacas locas se controló y la pandemia de la gripe del pollo no llegó a nada o al menos no a mucho.

Cuando los gobiernos comenzaron a plantearse muy en serio la posibilidad de que toda la estructura política mundial, tal como se conocía, se viniera abajo dado el caos que comenzaba a reinar, hasta en las sociedades más avanzadas, tecnológicas y democráticas, un acontecimiento casi milagroso vino a echarles una mano, como un ángel de la guarda. Una empresa privada, aunque con fuerte capital estatal y subvenciones varias, anunció su gran proyecto.

Se trataba de proteger a las principales ciudades del planeta bajo una cúpula a prueba de bombas y de todo lo demás. De hecho ya habían estado experimentando en secreto durante años, en diferentes lugares del planeta –desiertos, los polos, llanuras y montañas, ciudades y campos, trópicos y la Antártida- construyendo pequeñas cúpulas y encerrando en ellas hombres y animales, sociedades en miniatura. El experimento fue un éxito rotundo. Las cúpulas, de material y estructura desconocidas, aguantaron todo lo habido y por haber, desde catástrofes climáticas, efectos de la contaminación, epidemias y hasta ataques terroristas. Ahora había llegado el momento de la prueba definitiva. Se eligió la ciudad de Nueva York como laboratorio. Era una ciudad enorme, compleja y con todas las posibilidades de que en ella se generaran todo tipo de problemas, algo ideal para saber definitivamente si las ciudades-cúpula serían o no el futuro de la humanidad.

Hubo que aprobar una ley especial y crear una gigantesca infraestructura que permitiera el funcionamiento normal de la ciudad mientras se construía su cúpula. Las medidas de seguridad que se adoptaron fueron extremas. Los trabajadores contratados debieron pasar por todo tipo de investigaciones y controles. El perímetro de la ciudad fue vigilado día y noche por fuerzas especiales, entrenadas al efecto, a los trabajadores se les insertó un chip de control en un tobillo, se restringió la entrada y salida de la ciudad y comenzó la gran aventura.

A pesar de que se había calculado un mínimo de diez años para la construcción y entrada en funcionamiento de la cúpula, a los cinco ya estaba terminada y pendiente de rematar pequeños detalles. La situación mundial era cada vez más caótica, lo que obligó a aumentar el presupuesto destinado a la cúpula, contratar nuevos trabajadores y…como un mago bromista la empresa se sacó de la chistera un enjambre de robots experimentales…luego se sabría que como la cúpula llevaban más de un año en periodo de prueba trabajando en las condiciones más adversas imaginables.

Un pánico soterrado se estaba difundiendo por venas y arterias del sistema circulatorio mundial. La gente estaba muriendo como moscas en invierno a causa de la epidemia o pandemia, o lo que fuera, porque nadie sabía muy bien lo que estaba ocurriendo. Los expertos no se ponían de acuerdo en nada, unos decían que era provocada por un virus, otros por una bacteria, algunos que se transmitía por vía animal, otros por vía respiratoria…Lo único cierto era que los muertos se producían en una proporción escalofriante en los países del tercer mundo, tal vez debido a la falta de higiene, a su pobreza, que les impedía comprar medicamentos, o a una maldición divina como decían algunos exaltados, sin darse cuenta de que la divinidad que hace distingo entre pobres y ricos no puede ser otra cosa que producto de la imaginación.

´Continuará