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CRAZYWORLD XVIII


EN LOS BOSQUES DE CRAZYWORLD/ CONTINUACIÓN

-Eres un sinvergüenza de mucho cuidado, simpático, pero muy sinvergüenza.

-¡Si tú lo dices! En cuanto lleves aquí más tiempo comprenderás que la única forma de sobrevivir es pensando en ti, solo en ti y siempre en ti, antes, ahora y después.

-Eso es de un egoísmo atroz.

-Pues muéstrate generoso y no durarás dos días. Te lo digo yo.

-Bueno. Me estabas contando lo del millonario.

-Sí, gracias a los datos que he ido obteniendo aquí y allá podría reconstruir la historia de Crazyworld. Mr. Arkadin, el millonario, tenía un grave problema con una hija que le salió rebelde, díscola y peligrosa. Se dedicaba a espiar a sus amigos y no se le escapaba nada de lo que sucedía en su propia familia, hasta lo más íntimo. No existía motivo alguno para ello y menos para que luego se dejara entrevistar por los medios de comunicación o fuera a los reality shows, como Gran hermano, y allí se fuera de la lengua sin el menor control. Su padre, el gran Arkadín, le daba cuanto necesitaba, satisfacía sus menores caprichos y hasta le presentó a varios productores de Hollywood cuando a ella le dio por ser actriz. Era guapa y cada noche introducía en su cama a los guaperas más perseguidos por las chicas de su generación. Lo tenía todo…

-¿Y cómo se torció este camino de rosas?

-La muy idiota cometió el error de enamorarse. Hay pocos errores que no tienen remedio y ese es uno de ellos. Y como pasa siempre, él solo buscaba su fortuna. Aquel fue el revés más importante que había sufrido en su vida, en su camino de rosas, como dices. Caroline no lo superó. Ella creía hasta entonces que los dioses la habían elegido para una vida de cuento de hadas y la protegerían de todo. Se equivocó. En venganza contra su padre, su familia y todos los millonarios del mundo, que no habían sido capaces de protegerla, decidió hacerles todo el daño posible, atacándoles donde más duele a los millonarios, en su intimidad. Su padre la obligó a seguir todo tipo de terapias, puso a su disposición a los mejores psiquiatras y terapeutas del mundo, incluso pagó a conocidos actores para que la sedujeran y así hacerla olvidar su tragedia amorosa. Todo fue inútil. Y cuando agotó su paciencia con revelaciones en un reality show que ocuparon los titulares de los medios de comunicación durante un mes, decidió que había que actuar. Recluyó a su hija en una clínica privada y allí hubiera permanecido el resto de su vida de no ser porque ella intentó suicidarse y Arkadín descubrió el trato que allí recibían los enfermos. Comenzó a pensar en soluciones, incluso en construir él mismo una clínica. Cuando un millonario amigo suyo le habló de un problema con un hijo, al que necesitaba poner remedio de inmediato, él le habló de su idea. El caso de la hija de Arkadin era claro, había sido declarada incapaz por un tribunal, en el que testificaron un buen montón de psiquiatras, bien pagados por el millonario. En cambio su amigo no había tenido tanta suerte. Su caso llegó hasta el Tribunal Supremo, que dictaminó que esta perfectamente cuerdo y podía regir su persona. ¿Qué hacer?

“Cuando más amigos de Arkadín le plantearon problema semejantes, éste consultó a sus mejores asesores legales, a eminencias en el campo de la psiquiatría y a sus asesores económicos. Todos le vinieron a decir lo mismo. Por los cauces legales solo se podía llegar hasta un punto, más allá del cual ni un millonario como él podría librarse de la justicia. Entonces una idea delirante fue creciendo dentro de su cráneo. Convertiría su finca en una clínica privada para millonarios. Construiría todo lo que fuera necesario construir y adaptaría lo ya existente a sus nuevos planes. Por suerte la finca estaba muy alejada de la civilización, en medio de bosques densos, solo visitados por sus amigos para cazar. Nunca había permitido que los medios de comunicación entraran allí, de hecho ni siquiera sabían de su existencia, la que ocultó a efectos legales, fiscales y de todo tipo. Un entramado legal muy complejo la había convertido en invisible a los ojos del Estado. Así fue como empezó todo.

Un sonido extraño nos interrumpió. Me pareció el canto de un pájaro, pero de un pájaro muy raro.

Jimmy miró su reloj de pulsera y apagó la alarma. Porque eso y no otra cosa era lo que me pareció el canto de ave más extraño que había escuchado nunca. El Pecas me explicó que había puesto la alarma para poder estar de regreso antes de la cena. Ahora ya íbamos retrasados. Me enseñó su maravilloso reloj de pulsera, que hubiera podido servir al mismísimo James Bond, y me urgió a dejar de hacerle preguntas hasta llegar a la meta señalada. Hablar nos retrasaría aún más. Nos quedaba el peor trecho, el más tupido, y donde sería fácil perdernos si él no iba atento a las señales que había dejado para señalar el sendero. Me ordenó ponerme tras él, mantenerme en silencio y apresurar el paso. Y eso hice.

El bosque permanecía en un silencio intenso y abismal, solo roto por el canto de algún ave lejana o por el ruido de nuestros pasos. El espléndido sol del verano, que habíamos dejado tras nosotros al introducirnos en el bosque, era ahora solo un sueño. Árboles milenarios, altísimos y copudos, nos impedían el menor atisbo del cielo. A pesar de mi amnesia creí recordar que se llamaban sequoias. No se lo quise preguntar a Jimmy, que iba muy ocupado dando machetazos a diestro y siniestro y mirando de vez en cuando hacia atrás para ver si yo podía seguir su apresurado caminar. Por fin llegamos a un claro circular, cuyo centro estaba ocupado por un enorme tronco seco y hueco. Yo me sentía muy cansado y El Pecas debía de estarlo aún más que yo, porque me propuso pararnos allí y descansar un poco.

-¿Queda mucho para lo que quieres enseñarme?

-No mucho.

Me hizo trepar el tronco y allí nos sentamos. Permanecimos en silencio hasta recuperar el resuello. Luego Jimmy quiso proseguir su historia.

-¿Dónde nos habíamos quedado?

-Me estabas contando cómo el millonario Arkadín decidió transformar su finca en este frenopático infernal.

-Sí, como te decía se había cubierto bien las espaldas. Su mente rapaz y astuta lo planificó todo muy bien. Sus amigos millonarios colaboraron económicamente y juraron mantener el secreto, aún a costa de sus vidas. Arkadín contrató a los mejores profesionales de la construcción, uno a uno, como si se tratara de un casting para una película. Eligió a los que supuso le darían menos problemas y los puso a las órdenes de un hombre de confianza que había aceptado permanecer en Crazyworld como jefe de mantenimiento. Arkadín lo compró con un tratamiento experimental para su esposa, enferma de cáncer. No tenían hijos, así que cuando ella murió aceptó un sueldo elevadísimo que repartió, en parte, entre los familiares más cercanos y se recluyó aquí, como un anacoreta.

“La construcción se hizo en un tiempo record, había dinero más que suficiente, los mejores profesionales y el millonario Arkadín azuzándoles para que se dieran prisa. Cuando todo estuvo concluso los mejores profesionales del país repasaron los planos como si se tratara de un proyecto para una película. Dieron el visto bueno, y quien se interesó en algo tan sorprendente fue silenciado de una u otra manera, alguno terminó aquí, como asesor de la ciudad fantasma que Arkadín quería crear, ampliando Crazyworld, para que en ella cupieran todos los que le molestaban, que cada vez eran muchos. El hombre iba perdiendo la chaveta poco a poco y nadie se atrevía a internarlo a él.

“Yo fui de los primeros en llegar. Su hija, Caroline, fue la primera paciente…

-¿Aún sigue aquí?

-Pues sí. No la has visto porque Arkadín la mantiene apartada, no quiere que los demás pacientes la contagien. Aún no ha perdido la esperanza de recuperarla algún día. Ya te la presentaré en su momento. Seguro que los dos os caéis bien, uno que no recuerda y otra que no quiere recordar, jeje. Como te decía yo fui de los primeros, aunque cuando mi padre me encerró aquí, los amigos de Arkadín ya habían aprisionado a sus hijos y familiares conflictivos. Mi progenitor no era amigo personal de Arkadín, pero en cuanto le llegaron rumores de lo que estaba tramando le faltó tiempo para apuntarse.
-¿Ya estaba todo el personal preparado?

-No, apenas había suficiente para atendernos. Luego fueron llegando más pacientes, y más personal. El doctor Sun ya estaba aquí, lo mismo que el director y celadores y un nutrido grupo de agentes del cuerpo de seguridad.

-¿Ya sabíais que nunca os dejarían salir?

-En absoluto. Esta era para nosotros una clínica más. Eso sí, bastante rara. Nos hicimos conscientes de ello con el tiempo, cuando algún paciente pedía el alta porque ya creía encontrarse muy bien, o cuando alguien del personal solicitaba el finiquito para marcharse…Fue un duro golpe para todos… Pero creo que ya hemos recuperado el resuello. Será mejor que te de la sorpresa ahora.

-¿No decías que aún nos quedaba un poco?

-Te mentí. Todo este tiempo he estado pensando si descubrirte el secreto o no.

-Lo entiendo. Nos acabamos de conocer y no sabes nada de mí, ni siquiera yo se mucho de mí. Lo que no entiendo es de qué secreto puede tratarse para que seas capaz de mantener la boca cerrada. Perdona que te lo diga, amigo, pero lo tuyo no es precisamente el secretismo.

-Eso te dará una idea del secreto que voy a descubrirte. Me gustaría que juraras sobre este crucifijo que no se lo desvelarás a nadie más sin mi permiso.

Y Jimmy se abrió la camisa y me puso delante un crucifijo de oro, bastante grande, que llevaba colgado al cuello con una cadena.

-¿Eres religioso? Ese sí que era un secreto bien guardado.

-No seas idiota. No creo en nada ni en nadie, pero cuando lleves algún tiempo aquí descubrirás que es preciso buscar algo en lo que creer o te colgarás de uno de estos árboles. ¿Vas a jurar o no?

Lo hice, repitiendo sus palabras, y luego me obligó a besar el crucifijo. Entonces se puso en pie y señaló entre los árboles. Por un momento supuse que me iba a enseñar a un incrédulo colgando.

-Fíjate allí. Entre aquellos dos árboles. Sigue la dirección de mi dedo. ¿Ves algo?

-Nada de momento.

-Fíjate bien.

-¿Qué debería ver, Jimmy?

-¿No te parece aquello el tejado de una cabaña?

-Ahora que lo dices…

Jimmy miró su reloj.

-Vamos muy retrasados, pero no te he traído aquí para que regresemos sin que conozcas mi gran secreto.
El Pecas me hizo bajar del tronco y nos fuimos acercando al lugar que él había señalado. Aquel claro me gustaba. Se podía ver el cielo, el suelo estaba cubierto de hierba, musgos y hojas. Olía bien, a alguna plante desconocida –todas deberían serlo para mí- y una suave brisa acariciaba los pulmones al tiempo que provocaba el susurro de las hojas de los árboles. Era un buen lugar para meditar o para buscar refugio en los malos momentos. Me dije que, si como decía Jimmy, iba a permanecer allí el resto de mi vida, aquel sería un estupendo lugar para olvidarme de Crazyworld. Si además había una cabaña donde refugiarse y algún manantial cercano, aparte de plantas o setas para comer, pasaría largas temporadas allí, a no ser que me echaran de menos y las patrullas de seguridad conocieran aquel escondrijo. Decidí no preguntárselo a Jimmy, de momento, antes de conocer aquel tesoro del que parecía tan orgullo.

La cabaña estaba muy bien disimulada, árboles de tupidas copas lo ocultaban a miradas aéreas, si es que por allí pasaba algún helicóptero o avioneta. Una colina de mediana altura, repleta de vegetación salvaje, escondía la parte trasera de la cabaña de madera, que así, a simple vista, no parecía gran cosa, incluso me decepcionó un poco. Una cabañita para que un par de cazadores estuvieran a gusto, no más. Me dije que aquel no podía ser el secreto, dentro debería haber algo mucho más importante. Sentí curiosidad y no me pude contener.

-¿Qué hay dentro?

-Ahora lo verás.

La puerta estaba disimulada tras unas ramas que observé habían sido colocadas muy cuidadosamente. Jimmy excavó en el suelo, al lado de una vieja maceta medio podrida. Cuando se puso en pie y se volvió pude ver una sonrisa deslumbrante en su rostro. Nunca me imaginé que aquel hombre pudiera ser tan feliz. Me enseñó una llave que introdujo rápidamente en la cerradura de la puerta, que se abrió chirriando.

Entramos. La cabaña permanecía a oscuras. Jimmy tanteó cerca de la pared y sacando un mechero del bolsillo encendió un cabo de vela que al parecer había dejado sobre una repisa. Estaba colocado en una botella de cerveza cubierta por restos de cera. Creí escuchar ruido de agua, como una cascada lejana. No quise preguntarle nada al Pecas. La travesía por el bosque había excitado mi sensibilidad hasta límites dolorosos.

-Voy a poner en marcha el generador para que tengamos luz.

-¿Un generador? ¿Cómo te arreglas con el combustible?

-De vez en cuando consigo un bidón de gasolina. Los guardias de seguridad patrullan todo el perímetro de Crazyworld a diario. Guardan los “todoterreno” en un edificio que tiene surtidor de gasolina. Los coches llevan siempre un bidón de gasolina por lo que pudiera pasar. Disponen también de un helicóptero, aunque de nada serviría si se quedan sin gasolina en pleno bosque.

-¿Un helicóptero? ¿No sabrás pilotar? Sería la manera más sencilla de salir de aquí.

-No lo creas. Es la posibilidad de fuga más evidente. Todo está muy vigilado y controlado. Lo sé muy bien porque intenté fugarme aprovechando que lo utilizan para el suministro de alimentos desde la ciudad más cercana, pero me descubrieron y Sun me mantuvo casi un mes en las celdas de aislamiento. Estuve a punto de volverme loco. Pero es una historia que ya te contaré en otra ocasión. Lo primero es lo primero, voy a poner en marcha el generador y luego te enseñaré mi secreto.
Jimmy abrió una puerta, al fondo del pequeño salón en el que nos encontrábamos y esta vez sí que escuché con toda claridad lo que me pareció un salto de agua. Me apresuré a seguirle, curioso. Lo que observé me dejó con la boca abierta.
En un principio la cabaña me había parecido muy pequeña para una reunión de cazadores, casi diminuta, como la casa del bosque de Blancanieves y los siete enanitos. Los amigos del millonario deberían haber sido también enanos para sentirse allí a sus anchas. Ahora lo comprendí todo. En realidad la supuesta cabaña no era otra cosa que una especie de careta para ocultar una obra de ingeniería que me pareció portentosa. Vista desde el claro la cabaña de madera parecía apoyarse en un gran peñasco que se elevaba tras de ella. Había árboles gigantescos por todas partes, que ocultaban la visión de la cabaña a cualquier curioso que se acercara por allí. Solo sabiendo de su existencia uno podía descubrirla si miraba en la dirección correcta con la perspectiva adecuada.

Resultaba impresionante abrir aquella puerta de madera y encontrarse en un gran jardín circular. Miré hacia arriba y pude contemplar las copas de los árboles y a través de un pequeño hueco el cielo azul. La enorme peña en la que parecía apoyarse la cabaña mirando desde el claro no era sino la proa desgajada del gran peñasco que había detrás. En el hueco natural existente entre ambos se había diseñado un bonito jardín, de un tamaño más que aceptable. Del gran peñasco brotaba una cascada que caía desde varios metros de altura, produciendo un ruido ensordecedor. El agua rebotaba en un estanque artificial, creado al efecto, y salpicaba todo el círculo. En medio del estanque un excelente escultor había formado un grupo escultórico que me pareció muy bueno. Lo que me sorprendió fue la crudeza del tema. Se trataba de una orgía numerosa y variopinta. Hombres desnudos, con gorritos de cazador en la cabeza, perseguían o penetraban a mujeres de diferentes edades y con físicos de amplio espectro. Había jovencitas retozonas, maduritas de formas opulentas, parejas lésbicas y animales, perros y caballos, que hasta a un ingenuo amnésico como yo no le cabía la menor duda de sus propósitos al perseguir a las mujeres. Todo era de una crudeza que repugnaría a una naturaleza más sensible que la mía y no digamos que la de Jimmy, quien ya debía de estar más que curado de espanto si frecuentaba el lugar tanto como me yo imaginaba. Un cazador era especialmente llamativo, sin haber visto una sola foto del millonario, de quien me hablara Jimmy, yo hubiera jurado que no podía ser otro. En lo alto de una especie de plataforma floral y boscosa penetraba por detrás, con un enorme miembro a una jovencita, mientras las restantes figuras, en círculo, le contemplaban con rostros arrobados al tiempo que continuaban con sus placenteras faenas.

Lamenté no haber traído mi cámara fotográfica, aunque bien pensado yo no podía saber si poseía ese artilugio o no, puesto que era un amnésico. Aunque dado que el coche en el que me había estrellado era un deportivo último modelo, carísimo, resultaba lógico pensar que también obraba en mi poder una cámara fotográfica, entre otros numerosos artilugios que forman parte de los “objetos de bolsillo” que hoy día lleva todo el mundo encima. Al menos eso me estaba pasando por la cabeza, como un vago recuerdo del mundo exterior. Como me pasaba también la idea de saber qué había ocurrido con mi deportivo y si podría verlo.

Me hubiera gustado preguntarle a Jimmy si él tenía cámara o si existía alguna grabación en video de aquella obra maestra de la escultura erótico, pero no me atreví a hacerlo. Ya habría tiempo para satisfacer todas las curiosidades pendientes. El Pecas había atravesado la cascada y desaparecido de alguna manera, tal vez en una cueva. Aquello me sonaba a alguna película que había visto alguna vez en alguna parte, aunque no lograra recordar dónde ni por qué. ¿Era aquel un signo de que la amnesia postraumática, como la había llamado el doctor Sun, empezaba a remitir? Esperaba que sí, aunque prefería que el grueso de recuerdo viniera a mí más tarde, por la noche, o si pudiera elegir, al día siguiente.

Regresó con la ropa mojada, aunque eso no parecía importarle lo más mínimo.

-Ya encendí el generador. Aquí entra la luz del día, pero necesitaremos la corriente eléctrica para movernos por el interior. Me has visto desaparecer tras esa cascada, ahí detrás hay una cueva natural, adaptada como almacén, ahí está el generador. Pero hoy no tengo tiempo para enseñarte todo. Iremos a lo más importante. ¡Sígueme!

Y eso hice. Jimmy abrió otra puerta, disimulada tras la vegetación, con la misma llave que había empleado para abrir la primera y me hizo pasar, tras dar al interruptor de la luz. Nos recibió un enorme salón, muy acogedor, decorado a lo grande, con muebles caros y sillones y sofás muy cómodos, como comprobé enseguida. El Pecas, sin pedirme permiso, me sirvió una copa. Era un bourbon excelente, según pude comprobar. Aquel salón tenía de todo, incluido un mueble bar mejor surtido que el de muchos hoteles de cinco estrellas… Bueno, eso pensé de forma natural, sin darme cuenta de que yo era un amnésico y por lo tanto no podía saber si era así o no. Esta extraña dicotomía, por un lado el hombre sin recuerdos y por el otro el hombre normal al que le vienen a la cabeza sensaciones y presuntos recuerdos que deberían ser normales en cualquier otro, me estaba molestando un poco. Se lo consultaría al doctor Sun en la próxima sesión de terapia.

CRAZYWORLD XVII


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Por fin encontró lo que deduje había sido un sendero transitado en algún tiempo. Ahora las plantas y la maleza habían tenido tiempo sobrado de brotar y el supuesto camino permanecía oculto entre tanta vegetación y hojarasca. Caminamos en silencio un rato, apartado ramas y procurando poner el pie con cuidado, para evitar molestos tropiezos. Jimmy se acercó a un árbol extraordinariamente ancho y copudo, y muy viejo, tal vez milenario. Observé una marca en forma de aspa, hecha al parecer con un cuchillo o machete. El Pecas lo rodeó con cuidado, procurando evitar la planta espinosa que le cerraba el paso. Sentí curiosidad y decidí rodearlo en sentido contrario. Pude ver cómo se agachaba entre la maleza, hurgando en lo que parecía un agujero en el tronco del árbol. Por fin encontró lo que buscaba. Era un machete, grande y afilado. ¿De dónde demonios lo habría sacado? ¿Acaso no vigilaban en Crazyworld el uso de las armas por los pacientes? Por suerte Jimmy no parecía excesivamente violento, en otras manos aquel arma sería tan demoledora como un revolver en manos de un niño.

-¿Cómo has podido hacerte con algo así?

-Es mejor que no sepas ciertas cosas. A pesar de que suelo visitar el bosque cada cierto tiempo, es imposible mantener este sendero despejado. Un machete resulta imprescindible.

Jimmy continuó caminando, mientras daba machetazos a diestro y siniestro. Recé porque lo que fuera a enseñarme no estuviera muy lejos, o no podrías regresar en varios días. Por suerte el sendero se despejó un poco al cabo de diez minutos, lo que aprovechó para comenzar su consabida cháchara. Supuse que tanto tiempo sin darle a la sin hueso había sido un sacrificio demasiado grande para él. De pronto comenzó a contarme cosas del millonario que había tenido la genial idea de transformar su finca en Crazyworl, aquel manicomio tan surrealista. A pesar de que El Pecas intentaba volverse de vez en cuando, para que su voz llegara a mí con claridad, teníamos grandes dificultades para comunicarnos y al final acabamos los dos a grito pelado, algo muy propio del lugar en el que nos hallábamos.

-¿Y dices que el millonario utilizaba antes esta finca para cazar con los amigos? –grité a voz en cuello-.

-Sí, y también para sus orgías y francachelas con los amigotes. Ese cabrón debió de ser una buena pieza en su juventud, aunque con el tiempo es posible que le comenzara a fallar el ariete, porque dejó de venir por aquí, al menos con tanta frecuencia.

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No hubiera necesitado chillar tanto, porque el viento parecía soplar ahora a mi favor y me traía sus palabras con nitidez. En aquel silencio tan agradable, plagado de trinos de pájaros, aquellas voces me estaban poniendo nervioso.

-¿Quieres decir que utilizaba el edificio para sus orgías? Debió de invitar a medio condado.

-No me entiendes. El edificio principal no existía tal como lo has visto ahora.  Es todo nuevo y creado expresamente para nosotros, los locos. La mansión del millonario es ahora el edificio donde viven y trabajan las putas.

-Pues no lo conozco.

-Ya te lo enseñaré. No llevas ni un día aquí, no quieras conocerlo todo deprisa y corriendo. Hay mucho para ver y con calma.

Por suerte llegamos a un trecho donde el sendero se hizo más amplio y despejado. Pude situarme a su lado y de esta manera la conversación se hizo más civilizada.

-¿Sabes algo, Jimmy, sobre las razones que movieron al millonario a convertir esta maravillosa finca en un frenopático?

-Se bastante gracias a que no hay secreto en Crazyworld que puedan ocultarme. Tengo acceso a los archivos de Sun, a los del director e incluso he podido entrar en los archivos codificados del jefe de seguridad.

-¿Y eso?

-Gracias a una chica que es la mejor hacker que he conocido. La pobre tiene muchos complejos porque está un poco gordita. Me bastó hacerme su amante para que me concediera todos mis deseos, como un hada madrina. Me facilitó el acceso a todos los ordenadores de Crazyworld, me hizo con los códigos de todas las puertas e incluso pude acceder a Internet y dejar algunos mensajes de socorro, pero nadie me hizo caso.

-¿Y cómo no te fugaste si tienes los códigos de las puertas de salida?

-Verás. Esos los cambian todos los días y no puedes planear una fuga en veinticuatro horas. Eso es imposible. De todas formas sigo pensando en ello. La chica nos ayudará aunque se enfadó mucho conmigo cuando la dejé en cuanto obtuve de ella todo lo que quería.

 

CRAZYWORLD XIV


EL CENTRO DE SEGURIDAD DE CRAZYWORLD I

Centro de control tunel La Laja, Las Palmas de Gran Canarias_1

Por fin ambas miradas se despegaron. Jimmy fuese y allí no hubo nada… al menos de momento. Una vez en el hall, “El Pecas” recobró su buen humor.

-Creo que vamos a empezar por el Centro de seguridad de Crazyworld, el cerebro de esta locura. Nada sucede aquí sin que alguien lo sepa o quede grabado de alguna forma.

-¿Quieres decir que estamos siendo vigilados constantemente, como si esto fuera el país del Gran Hermano?

-Imagino que te refieres a la novela de Orwel. No soy tan tonto o inculto como te puedo parecer…

-No he dicho eso, Jimmy.

-No importa. Sí aquí hay una cámara escondida tras cada objeto, incluidos los más inesperados, sobre todo esos. También hay micrófonos por todas partes. Si quieres hacer algo sin que nadie lo sepa tienes que hacer como yo, trazar un mapa de todas las cámaras y micrófonos y anularlos por un tiempo, solo los imprescindibles y de forma que parezca casual. Si no lo haces así pronto te descubrirán y te llevarán a las celdas de aislamiento.

-¿Qué son las celdas de aislamiento, Jimmy?

-Ahora las verás. Están de camino hacia el centro de seguridad.

Nos habíamos quedado charlando tranquilamente en el hall. Tras el opíparo y accidentado almuerzo los pacientes se habían ido diluyendo, como un azucarillo en un vaso de agua. Imaginé que muchos subirían a sus cuartos para echarse la siesta o hacer cualquier cosa de las que son capaces de hacer los locos, porque si bien de los cuerdos esperas que hagan cualquier cosa, de los locos solo unas cuantas. Otros saldrían a los jardines. Hacía una tarde estupenda y apetecía sentarse en un banco a la sombra o tomar el sol cerca de la piscina, bajo una sombrilla, en bañador o en traje de calle. ¿A qué se dedicaría cada uno de los pacientes de Crazyworld tras el almuerzo? Seguro que si se lo preguntaba a Jimmy éste me lo contaría todo con pelos y señales, pero yo no quería que se enfangara una vez más en una charla estúpida que no nos llevaría a parte alguna. El hall estaba casi desierto, solo John Smith, el asesino en serie, dormitaba en su sofá favorito. No obstante supuse que el personal del comedor terminaría sus faenas pronto y no deseaba más problemas con El Pecas, el hombre-problema por excelencia.

-Me gustaría que me enseñaras las celdas de aislamiento y conocer ese famoso centro de seguridad. Lo que no entiendo es cómo demonios puedes acceder a él. ¿No se supone que los pacientes no deberíamos saber ni de su existencia, mucho menos poder entrar allí y ver el tinglado?

-Cierto, amigo, nadie debería entrar allí, ni siquiera el personal, salvo el autorizado, no obstante si tienes amigos hasta podrías entrar y salir del infierno como si tal cosa. Tengo una buena amiga en el Centro de Seguridad y no me preguntes nada más, pronto la vas a conocer.

No hice más preguntas. Jimmy me hizo bajar por unas escaleras, disimuladas tras frondosas plantas.

-¿Por qué no pillamos el ascensor?

-Porque tienen cámaras hasta en el suelo, para grabarnos las plantas de los pies. Esta es una escalera de servicio que casi nadie utiliza y por lo que observé la última vez que estuve mirando las pantallas en el Centro de seguridad no estaban pinchadas. Ni un solo plano. Nos conviene pasar lo más desapercibidos que nos sea posible.

-Si tú lo dices.

CRAZYWORLD XIII


PRIMER ALMUERZO EN CRAZYWORLD Y VII

-Esto es una gran ciudad. Acabas de llegar, no puedes saberlo. Ya te iré mostrando todo con calma.

Observé que Alice reía con otras camareras, al fondo del comedor. Parecían muy felices y de vez en cuando miraban hacia nuestra mesa. Seguramente lo estaban pasando en grande a nuestra costa. El almuerzo estaba terminando y los pacientes salían con paso cansino hacia sus cuartos o hacia cualquier otro lugar. Aquí la prisa estaba de más y las normas parecían ser las imprescindibles, sino alguna menos. Maldije para mis adentros a Jimmy que siempre se las arreglaba para hacer enfadar a alguien, especialmente a mujeres, y especialmente a Alice. Por su culpa yo estaba a medio comer. Se lo dije enfadado a Jimmy y este, ni corto ni perezoso, se levantó, entró en la cocina y al cabo de unos segundos regresó con una bandeja.

-¿Desea algo más el señor o tiene bastante con esto?

-Gracias, Jimmy. No es por ofenderte, pero te iría mejor en la vida si incordiaras menos al personal, especialmente a Alice.

-Tú come y calla. Alice es cosa mía.

Y mientras yo le daba al diente El Pecas continuó con su delirante historia sobre Crazyworld. De vez en cuando comía algo del plato que había tomado de la bandeja. No tenía mucha hambre, deduje que pocas veces la tenía, a juzgar por su delgadez, su hambre iba dirigido hacia otros bocados, más exquisitos. Me prometió una visita a la ciudad de las putas, aunque esperaba que yo no tuviera que necesitarlas nunca. Un joven alto y guapetón no debería tener problemas en Crazyworld. Había suficiente mujeres para todos. Y al decir esto me guiñó un ojo.

Terminé de almorzar con toda la rapidez que pude, sin arriesgarme a sufrir una indigestión o forzar el vómito. El comedor se había quedado desierto y Alice no dejaba de charlar con las otras camareras, alzando la voz un poco más a cada minuto que pasaba. No dejaban de mirarnos mientras yo trasegaba como un muerto de hambre y El Pecas hablaba como un anacoreta que acabara de encontrarse con otro ser humano tras años de soledad. Yo no dejaba de alzar la vista a cada bocado y eso me ponía más nervioso a cada instante y me avergonzaba tanto que terminé por cortar abruptamente el monólogo de Jimmy.

-Ya he terminado. Creo que deberíamos irnos.

-¿Lo dices por Alice? Puedes seguir comiendo todo lo que quieras. ¿Tienes más hambre? Puedo ir por otra bandeja…

-No, déjalo. He comido como un león hambriento. No quiero reventar. Si te parece vamos a dar un paseo y me enseñas todo lo que puedas de Crazyworld.

-Está bien. Pero si lo haces por esa “zorra” te juro que dejaremos de ser amigos.

Le juré que no era por ella, sino porque había llenado tanto el estómago que necesitaba caminar o explotaría. No sé si Jimmy me creyó o no, lo cierto es que se puso en pie y me empujó, cuando hice un amago de llevar la bandeja a la cocina. Salimos caminando por el pasillo central. El Pecas sacando pecho y sin la menor prisa, y yo tras él, como escondiéndome. No supe hasta un tiempo después lo que me estaba pasando. ¿Acaso sentía miedo de aquella preciosidad? No, no era miedo, creo que era angustia por enemistarme con ella y perder así la oportunidad de ser invitado a su lecho. Sin embargo en aquel instante no estaba preparado para admitir una debilidad semejante y preferí engañarme pensando que Alice era una mujer de armas tomar. Mejor pasar por un cobarde, un calzonazos, que admitir que iba a deprimirme mucho en aquel maldito frenopático si aquella hermosura me ponía mala cara.

Al pasar al lado de las mujeres Jimmy se rascó la garganta, como si tuviera algo en el conducto. Y a fe que lo tenía, y mucho, porque soltó un formidable un escupitajo o “japo” que se pegó al suelo como un enorme sapo, y allí se arrastró unos centímetros, hasta quedar justo a un dedo de la puntera del zapato de Alice. Sus compañeras soltaron un chillido histérico, luego escupieron un montón de sapos por la boca, que quedaron flotando en el aire tras de mí, y finalmente se echaron a reír con estruendosas carcajadas.

Yo me aparté un poco, tanto para no pisar el escupitajo verdoso como para ocultarme aún más tras la magra espalda de Jimmy. Hubiera deseado que la tierra me tragara y me dejara en medio del bosque de Crazyworld. Puede que allí me muriera de hambre, pero no de vergüenza. Cuando ya había concluido que aquel estúpido-zoquete me chafaría para siempre cualquier plan con Alice. Levanté la vista justo en el momento de notar una mirada clavada en mí. Era la camarerita linda, quien me observaba sonriente. No podía creer lo que estaban viendo mis ojos. Cualquier mujer te enterraría vivo en una situación semejante. Pero ella no, ella me guiñó un ojo al pasar, como diciéndome que todo tendría arreglo y que muy pronto seríamos íntimos.

¿Íntimos? Si yo no estaba loco, algo que ahora dudaba, lo que era seguro, sin el menor atisbo de duda, y lo que me estaba diciendo mi mente, muy lúcida en aquel momento, es que todos en Crazyworld estaban locos, incluido el personal.
Jimmy se volvió, retó a Alice con la mirada, y allí se quedó un minuto, echando fuego por las rendijas que eran sus ojos. Yo aproveché para salir al hall y observar la escena escondido tras el quicio de la puerta.

Continuará.

CRAZYWORLD XII


PRIMER ALMUERZO EN CRAZYWORLD VI

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-¿No pensarás que tanto hombre encerrado aquí durante años podría permanecer quietecito y controlado sin una buena ración de sexo, al menos semanal? Aunque sigas amnésico no creo que necesites que te explique cómo funcionan estas cosas. Puede haber más mujeres que hombres, pero siempre se necesitarán profesionales, porque ya sabes que los hombres nos tiramos a todas, sin embargo ellas son muy suyas para este tipo de cosas. Solo se lo hacen con quien les gusta mucho y eso no siempre, mejor dicho cuando les apetece, que es casi nunca, al menos por lo que a mí respecta.

-Perdona Jimmy. No acabo de entender cómo funciona este tinglado. Más que un manicomio, como pensé al principio, o una lujosa clínica para millonarios, como me explicaste luego, esto parece una auténtica ciudad, gobernada por una cabeza bien amueblada, aunque tal vez un pelín desquiciada, delirante, con una patología que se debería tratar también aquí. ¿Por qué no está con nosotros ese famoso millonario que creó todo esto?

-Es una larga historia que ya tendré tiempo de contarte. Desde luego que Crazyworld es obra suya desde el principio, aunque se sirvió de un numeroso consejo de asesores, a los que ató con un juramento muy bien redactado en un contrato. Algunos, como el doctor Sun, que le asesoró en todo lo referente al comportamiento de un numeroso grupo de locos encerrados de por vida, también acabaron en la jaula. Otros han permanecido callados por la cuenta que les trae. Una demanda les hubiera hundido en la más terrible de las bancarrotas. Y eso sin contar con el miedo que les metió en el cuerpo. No totalmente infundado, porque al parecer alguno ha desaparecido de la faz de la tierra, se dice que a manos de un asesino a sueldo.

Y aquí Jimmy hizo un gesto muy expresivo con el canto de la mano rebanándose el pescuezo.

-¿Me estás diciendo que Crazyworld está en poder de la mafia?

-Quien maneja el cotarro desde la sombra es el millonario. No me preguntes su nombre porque aunque lo supiera no te lo diría. Hay ciertas cosas que es mejor no saber en Crazyworld y si algún día salgo de aquí, espero que pronto, no quiero tener una manada de sabuesos tras de mí. Quien da la cara aquí es el doctor Sun, el ejemplar más extraño que podrás echarte nunca a la cara, tanto como persona como psiquiatra. El director se encarga de la logística y de estar ahí, en la cima de la pirámide, para que todo el mundo sepa quién tiene la culpa de todo. En otro momento te contaré su historia. En realidad todo va sobre ruedas. Tras un periodo de prueba el protocolo funciona a la perfección y no tiene otra cosa que hacer que disfrutar gratis de las prostitutas. Bueno, en realidad ya se cansó de ellas y ahora se dedica a chantajear a las chicas que le gustan. Se dice que en su pasado hay una mancha que nunca podrá lavar nadie. Fue un pedófilo. Es por eso, entre otras cosas, que fue presa fácil para el millonario. Consiguió sus servicios a cambio de un sueldo que no es nada del otro mundo (el doctor Sun gana bastante más que él) y con la condición de que le ocultara de quienes iban tras de él, muchos, e hiciera la vista gorda a alguno de sus desmanes.

En esta última parte de la parrafada Jimmy bajó la voz, hasta casi susurrar. Yo me estremecí. Todo lo que me estaba contando me resultaba realmente terrorífico. Y eso que aún no había empezado a largar en serio. Como llegaría a saber con el tiempo no me había equivocado en absoluto al deducir que Crazyworld estaba construido sobre un pantano. Los peores miasmas de la naturaleza humana pronto cosquillearían mis fosas nasales.

-¿Quieres decir que no se ha reformado y sigue persiguiendo adolescentes? ¿Hay alguna adolescente en Crazyworld, Jimmy? No he visto ninguna.

-Ya te he dicho que esto es una ciudad en miniatura. Bueno no creo que te parezca una miniatura una finca con la que se podría crear un estado, un poco pequeño para lo que se estila, pero un estado al fin y al cabo. Y en cuanto a la población, solo los locos ya conseguiríamos llenar varios casinos de las Vegas. Si contamos todo el personal creo que haríamos un buen papel en el ranking de las ciudades más pobladas de Nuevo México.

-¿Estamos en Nuevo México, Jimmy?

-Ese también es un secreto que es mejor que no sepas. ¿Tu amnesia te permite recordar los nombres de los estados?

-Ahora que lo dices, me ha venido a la cabeza sin más. No puedo asociarlo con nada de mi pasado. Sigo sin recordar gran cosa.

-El tiempo es la mejor cura. O te sana o te mata, con lo que la cura es total. ¿No te parece? Jeje. Me preguntabas por adolescentes. Hasta ahora no ha ingresado ninguna como paciente, pero aquí se han formado familias y aunque Crazyworld no lleva mucho tiempo funcionando algunos contratados exigieron traerse a sus hijos e incluso a sus maridos o esposas; otros pensaron que esto era una bicoca y se trajeron tíos, sobrinos, primos segundos y demás familia. Creían que aquí les alimentarían a todos gratis y no se equivocaron. Claro que si ahora les preguntaras a solas y en voz baja, te dirían que darían su mano izquierda por poder regresar a la pobreza de donde fueron rescatados por el millonario. Entre todos estos familiares hay algunos niños, algunos adolescentes, algún que otro recién nacido y hasta mascotas, perros y gatos y demás ralea. Nuestro director es discreto pero a Jimmy no se le escapa nada. Sé de buena tinta que ha estado tras los pasos de la hija de la doctora Heather, una quinceañera de toma pan y moja. Y no me tires de la lengua, que te puedes perder. Me temo que yo soy un caso perdido y mis días pueden estar contados.

Y aquí Jimmy volvió a susurrar y a mí el vello del cuerpo se me rizó como si me acabara de pasar una ola terrorífica por encima.

-Volvamos a las prostitutas. ¿Cómo funciona este tinglado? ¿Cómo funciona todo el tinglado en general? Porque si hay niños habrá maestros y guarderías. ¿Qué es lo que falta aquí?

Continuará.


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CRAZYWORLD XI


EL SR. MÚLTIPLE PERSONALIDAD

-Lo llamamos el Sr. Múltiple Personalidad. Nunca sabes quién te está hablando. Cambia de personalidad cada cinco minutos o antes, según tenga el día y lo nervioso que esté. Cada vez que aparece un personaje tiene que hacerse cargo de la situación. Habla con los otros como si estuvieran frente a él y les consulta lo que el nuevo personaje que se ha hecho cargo ignora. Es un poco complicado. Lo único que te conviene saber es que nunca debes hablarle si él no lo hace y cuando lo haga procura adivinar qué personaje está al mando y seguirle la corriente.

-¿No tiene nombre?

-Como si no lo tuviera. Es imposible adivinar cuándo la personalidad que lleva su nombre está al mando. Es mejor no utilizar ningún nombre cuando te diriges a él. Nosotros los llamamos Sr. Múltiple Personalidad o “Mul-per” que es más corto.

-¿Es peligroso?

-Si no lo contradices o le incordias demasiado es como un corderito. Se puede transformar en un lobo peligroso, pero cuando ataca a alguien lo más normal es que se lo haya merecido. Ni siquiera el doctor Sun lo castiga a las celdas de aislamiento cuando se transforma en lobo. Quien busca su ruina se merece que lo muerdan.

En ese momento se nos acercó otra camarera, bajita y tan delgada que el uniforme le sobraba por todos los costados, como si alguien hubiera embutido un palillo en un miriñaque. Le sirvió la sopa a Jimmy y ni siquiera notó el pellizco del pulpo. Me temo que “El Pecas” encontró hueso y debió de romperse alguna uña. Más camareras salieron de la cocina con sus bandejas y sus soperas. Jimmy intentó alcanzar popas, pero los barcos navegaban con viento a favor.

La camararita palillo permaneció junto a Jimmy como esperando órdenes. Sonreía como un ángel, perdido en el infierno, con un cierto miedo en su mirada y un ansia indescifrable en el fondo de sus ojos. “El Pecas” intentó bromear con ella.

-Jennifer, ¿no te pica nada?

-En este momento me está picando un piojo repugnante.

Observé pasmado a la camarera. Por un momento había pensado que le gustaba Jimmy y que estaba esperando una palabra amable para dejarse acunar en sus brazos. Puede que así fuera, pero “El Pecas” tenía un innegable don para volver furiosas a todas las mujeres de su entorno. De eso no cabía duda.

-¿Dónde te pica? Tal vez yo podría sustituirlo.

-Antes preferiría que me picara la mosca Tsé-Tsé y quedarme dormida una semana.

Estaba visto que aquel no era precisamente el día del “Pecas”. Por un momento temí que otra sopera se volcara sobre su cabeza. En lugar de ello la joven palillo se dirigió a mí.

-Usted parece un joven agradable. Le aconsejo que se mantenga lejos de este piojo pecoso.

Agradecí el consejo con buenas maneras, no fuera que también yo saliera “sopapeado”. Jennifer me agradeció con una sonrisa, en la que derramó todo su encanto, mi respuesta cortés. Luego se alejó pisando fuerte, aunque no se notó mucho. Yo creo que ni el suelo lo notó. Jimmy se encogió de hombros.

-No es mi día. Pero sí parece ser el suyo. Es la primera vez que la veo conmovida con un paciente. Creo que usted le ha hecho cosquillas y en un lugar muy agradable para ella. En cambio yo nunca acierto con las cosquillas. Basta con que se las haga en “sálvasealaparte” para que me llame piojo, y si no le hago cosquillas aún se enfada más. Esta Jennifer es una buena chica, pero bastante rarilla. Con ese físico que tiene tendría que aceptar como pareja hasta a una escoba o una fregona. Y me parece que yo no estoy tan mal. Desde luego mejor que una fregona sí soy. ¿No te parece?

-Me parece, Jimmy, que deberíamos cenar y dejar en paz a las camareras. No me gustaría tener que pasar por la enfermería.

En el comedor todos estaban servidos y comían en silencio. Tras el bullicio de la espera ahora todo el mundo estaba demasiado ocupado en llevar la cuchara a la boca como para montar bulla. Por un momento pensé que Crazyworld se había transformado en un monasterio. Aproveché para vaciar el plato y observar al resto de comensales.

Terminé la sopa, que me calentó el estómago por dentro, dejándolo preparado para algo más sólido. Como no recordaba nada de mi pasado tampoco lograba encontrar nada en mi memoria respecto al tiempo que podía llevar sin comer antes de mi accidente, ni si comía mucho o poco, o las comidas que me gustaban o disgustaban. Lo cierto es que parecía que yo era un hombre con muy buenas tragaderas y que no haría ascos a nada o a casi nada. Dejando aparte el sustancioso desayuno que me llevara Dolores a mi cuarto la sensación interna era la de que llevaba mucho tiempo sin alimentarme, como un anacoreta tan abismado en la contemplación de Dios que ni sintiera hambre o sed, y que de pronto, al despertar a la vida real, fuera incapaz de saber cuándo fue la última vez que bebiera un vaso de agua o se llevara un mendrugo de pan a la boca. Necesitaba redimirme de tanto supuesto ayuno y cuanto antes.

Observé que Alice, muy discretamente, hablaba con el resto de camareras, haciendo risueños apartes, al tiempo que no dejaban de mirar hacia nuestra mesa. Me dio en la nariz que el suculento asado, que constantemente pasaba a nuestro lado, dejando un apetitoso rastro de olor, nunca llegaría a nuestros platos. Jimmy iba a sufrir la venganza de Alice y como consecuencia yo compartiría aquel severo castigo. ¿Qué podía hacer al respecto? ¿Liarme la manta a la cabeza y entrar en la cocina como un vándalo, aún previendo las consecuencias que semejante intrusión acarrearía sobre mi maltratado cuerpo? Jimmy me había hablado de cómo se las gastaba el loco del cocinero o chef, un tal Iñaki.

Al maldito Pecas se le iba la mano cada vez que una camarera salí de la cocina con el preciado bien en su bandeja. Muy molesto por semejante comportamiento infantiloide le di un tremendo cachete en la garra derecha (el muy idiota me había colocado a su izquierda para que su mano derecha no tuviera que superar obstáculos en sus avances libidinosos). No pareció enfadarse mucho conmigo.

-¿Qué te ocurre, amigo?

-¿Eres idiota, Jimmy? Puede que tú no tengas apetito, pero yo estoy muerto de hambre, si continúas con tu manía compulsiva de pellizcar traseros nadie nos servirá el segundo plato.

-No pueden hacer eso, amigo, o me quejaré a la dirección.

-Y supongo que te harán caso, pero ya será demasiado tarde para rematar este delicioso almuerzo y tendré que esperar a la cena. No lo soportaría.

Eso convenció al Pecas, que dejó de alargar su garra y las camareras ya no se alejaban tanto de nuestra mesa al salir de la cocina. Decidí entretenerlo con mi conversación. Al fin y al cabo estábamos en un frenopático y su manía obsesivo-compulsiva-libidinosa no era precisamente lo peor que uno se podía encontrar en Crazyworld. Decidí sacar provecho de aquel molesto “impasse”.

-¿Solo hay un psiquiatra aquí, Jimmy? El doctor Sun no parece el más adecuado para hacerse cargo de todo.
-¡Oh, no, amigo! Para atender a quinientos pacientes se necesita más de un psiquiatra o no podrían vernos el pelo ni una vez al año. Ya los irás conociendo a todos. Hay algunas doctoras que están muy bien. Te las recomiendo, aunque el doctor Sun no te soltará hasta lograr que empieces a recordar. Te aconsejo que vayas pensando en inventarte una historia si no quieres seguir en sus garras todo el tiempo.

-¿Hay más médicos, aparte de los psiquiatras?

-Pues claro. Crazyworld es una pequeña ciudad, hay de todo. Nadie necesita salir de aquí para nada. Si necesitan un médico, un ginecólogo, un pediatra, un cirujano, serán atendidos de mil amores por la numerosa plantilla de nuestra clínica, con todos los adelantos de la ciencia moderna.

-¿Pediatras?

-Naturalmente. Aquí también nacen niños, aunque no muchos. Todo el mundo está al tanto de cómo conseguir preservativos o anticonceptivos. El doctor Sun se ocupa de realizar campañas periódicas sobre salud sexual, mental, higiene… no se le escapa una. A pesar de ello siempre puede ocurrir que alguien cometa un error y no quiera ni oír hablar de un aborto. También hay algunas parejas, más o menos estables, que quieren tener hijos y educarlos para la vida, como si esto tuviera la más mínima semejanza con la verdadera vida. Por supuesto que también hay escuelas, educadores…

-Creo que adelantarías más diciéndome lo que no hay.

-Hasta ahora no se me había ocurrido hacer inventario. Ya que me lo preguntas creo que no hay profesión que no esté representada aquí, aunque tal vez falte alguna y no me haya dado cuenta.

-¿También hay prostitutas?

Continuará.