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DIARIO DE UN MELÓMANO IV


DIARIO DE UN MELÓMANO IV

 

DIARIO DE UN MELÓMANO
17-3-2014

Han transcurrido muchos meses desde mi última anotación, el tiempo no da para procesar todos los datos que la mente va recibiendo día a día. Hasta un ordenador se bloquearía si le ponemos a realizar un montón de rutinas sin una memoria RAM potente. Los famosos programas de inicio que ralentizan mi ordenador una y otra vez y aún no he aprendido a quitar.

No puedo por menos de imaginar lo que una Mente Universal necesitaría de memoria RAM para procesar rápidamente todos los datos de universo, de un superuniverso. El tiempo que le llevaría cada “actualización”. Llevo una temporada muy “intelectualoide” sería una tontería hablar de temporada “mística” porque el misticismo tiene como base el silencio y la quietud. No puedo menos de recordar una frase que al parecer le dice al detective Lew Archer otro personaje y que espero subir al hilo del “Escribir visto por los escritores” al tratar del género negro. Viene a decir y cito de memoria” usted es un hombre en una busqueda interminable de sí mismo, lo que usted necesita es quedarse quieto y silencioso”.

La primera parte me la podría aplicar a mí mismo, no así la segunda, porque aunque me muevo muy poco y soy bastante “silencioso” mi mente no deja de intelectualizar cualquier información que luego tecleo casi con desesperación.

Por eso la música me resulta tan agradable y tan equilibradota, porque me llega directa al corazón y aquieta un poco mi mente. Durante estos meses he escuchado mucha música en el coche –son muchas horas en carretera- y alguna en el equipo del desván sobre todo cuando subo a practicar un poco ejercicios de energetización de kriyayoga.

No podría citar toda la música que he estado escuchando porque la lista sería interminable, me limitaré a mencionar la música que más me ha conmovido. He escuchado por primera vez el oratorio de Haendel, Israel en Egipto. Ya conocía El Mesías o Teodora, por ejemplo, pero no he tenido la oportunidad de escuchar ese oratorio hasta ahora. Me gusta Haendel, su música es muy melódica y relajante, muy bella. Es una belleza diferente a la de la música de Bach, tal vez sea menos espiritual pero la hermosura de algunas de sus melodías está a la altura del mejor Bach.

Me gusta alternar la música clásica con otra música que se ha dado en llamar moderna, no sé muy bien la razón. Durante estos últimos meses he vuelto a escuchar música celta, bretona, concretamente Stivell (¡Cuánto tiempo llevaba sin oís su música!) y algo de otra cantante, algo así como Gwein, cito de memoria, también música instrumental bretona. Me encanta. No se porqué siempre me trae a la cabeza la imagen de los bosques, del verdor intenso de la hierba y de las ceremonias druidas en la noche. ¿Tal vez fui un druida en una vida anterior?

Al mismo tiempo he recopilado numerosas canciones de cantautores vascos, como Benito Lertxundi, Xavier Lete, Imanol y muchos más. Todas hermosísisimas. Las he dejado en el pendrive del coche durante muchas semanas. Conocía a algunos de ellos, pero había escuchado pocas canciones.

Me gusta alternar la música clásica con otra música que se ha dado en llamar moderna, no sé muy bien la razón. Durante estos últimos meses he vuelto a escuchar música celta, bretona, concretamente Stivell (¡Cuánto tiempo llevaba sin oís su música!) y algo de otra cantante, algo así como Gwein, cito de memoria, también música instrumental bretona. Me encanta. No se porqué siempre me trae a la cabeza la imagen de los bosques, del verdor intenso de la hierba y de las ceremonias druidas en la noche. ¿Tal vez fui un druida en una vida anterior?

Al mismo tiempo he recopilado numerosas canciones de cantautores vascos, como Benito Lertxundi, Xavier Lete, Imanol y muchos más. Todas hermosísisimas. Las he dejado en el pendrive del coche durante muchas semanas. Conocía a algunos de ellos, pero había escuchado pocas canciones.

Es una lástima que cuestiones políticas y no tan políticas como el terrorismo nos puedan alejar de una cultura, de una música que es universal y nos llega al corazón a poco que uno posea una mínima sensibilidad. Lo mismo pasa con otras culturas, como la catalana. La música de sus cantautores me sigue acompañando desde mi juventud, lo mismo que su literatura, traducida, por supuesto porque no hablo catalán ni en la intimidad, en realidad solo hablo español y leo francés, aunque nunca he podido hablarlo.

No podía faltar Bach, del que he escuchado sus preludios y fugas y ahora que se acerca la Semana Santa alguna de sus cantatas y la pasión según San Juan. No puedo imaginar la vida sin Bach, es la música de fondo de mi existencia.

Terminado el ciclo Beethoven ahora estoy con las sinfonías completas de Shostakovich. Resulta curioso cómo hasta la censura más férrea es incapaz de acabar con el genio y con la música, especialmente reacia a la censura. Shostakovich fue criticado y perseguido porque su música, al parecer, no se adaptaba al “realismo socialista”. ¿Qué es el realismo en música? Al parecer según los dictadores del kremlin, el realismo musical consiste en crear música melódica, al alcance del “pueblo” que éste pueda asimilar y comprender. Música pompósa, militar, porque el régimen soviético fue ante todo militarista.

No entiendo esa obsesión por “bajar” la cultura al nivel del pueblo, en lugar de elevar al pueblo al nivel de la cultura. Tampoco entiendo cómo se puede llamar burguesa a cualquier creación musical o cultural que exprese los sentimientos y angustias del individuo y la persona, como si el individuo fuera opuesto y contradictorio a los grupos o multitudes. ¿Acaso el grupo o la comunidad no están compuestos de individuos? ¿Podría existir la comunidad sin el individuo?

Algunos críticos rebajan la música de Shostakovich como si fuera la cara de un régimen. Nadie escapa al control de una dictadura, ni siquiera la música, y es posible que el músico Shostakovich tuviera que adaptarse a determinadas directrices (no se puede decir que fuera un pelota del régimen soviético) pero eso no le ha impedido crear una música personal y muy hermosa, especialmente su música de cámara y si bien sus sinfonías pueden “pecar” de extensas (no lo son más que las de Mahler, por ejemplo) y de algunas debilidades “técnicas” que por mi falta de preparación no puedo apreciar a pesar de lo que digan los críticos, sus sinfonías me siguen conmoviendo y no puedo disociarlas de películas que ya forman parte de la historia del cine, como el acorazado Potenkim.

Estoy recopilando en el pendrive canciones de cantautores basados en poemas. Me conmueve la canción del lagarto, “el lagarto está llorando, la lagarta está llorando…”. Amancio Prada es otro de los cantautores y hay muchos más Resulta maravilloso cómo algunos poemas se adaptan tan perfectamente a la música y cómo esta los realza.

No ha faltado Leonard Cohen y su canción TAke waltzs que Perurena me ha sugerido intente ponerme otra letra. Estoy en ello, aunque esto va siempre poco a poco, a no ser que la inspiración me visite de repente.
Estoy también con nuevas canciones que me ha sugerido Conchi, como las de Passenger, que no conocía, y Sara que me ha pasado un nuevo cantante del que no había oído hablar.

He vuelto a escuchar la música de la película el jardinero fiel, es increíble el ritmo y el sentimiento que tiene la música africana.

Y por hoy nada más, a esperar la siguiente “actualización” que no sé cuándo será posible.

No me imagino la vida sin música, sin literatura, sin cine… Tampoco puedo imaginar la vida sin guerras, sin conflictos, sin el pisoteo constante de la dignidad humana. Es terrible que me cueste imaginar un mundo en paz, sin conflictos, feliz, eso dice ya mucho de la naturaleza humana. Es como si la humanidad estuviera siempre caminando en el alambre, como un funambulista, mientras todo el mundo espera el paso en falso que nos precipitará al abismo. Ahora es Ucrania, antes fue Irak, Afganistán, sigue siendo Siria, fue el 11-S, el 11-M.

Alguien está a nuestro lado en el alambre, echando una mano cuando el funambulista da un traspiés. Aunque mi filosofía de la vida no fuera espiritualista no dejaría de llamar la atención esa estadística tan inverosímil. ¡Tantos momentos cruciales y aún no nos ha alcanzado el Apocalipsis!

Los políticos deberían escuchar más música, especialmente a Bach, todos deberíamos hacerlo. La música amansas a las fieras, dicen, es posible que éste sea un buen momento para amansar a tanta fiera como ruge a nuestro alrededor.

 

DIARIO DE UN MELÓMANO III


DIARIO DE UN MELÓMANO III

 

20 DE NOVIEMBRE 2013

Observo que llevo desde marzo sin anotar en este diario. La excusa de la falta de tiempo no me sirve, son demasiados meses sin tomar nota de la música que llevo escuchando todo este año.

Debido a los constantes desplazamientos por motivo de trabajo acostumbro a renovar el pendrive cada cierto tiempo y voy escuchando ciclos de música clásica y música moderna. Música escucho, y mucha, pero ando un poco remolón por anotar en este diario. Entono el “mea culpa” y trataré de enmendarme.

Aproveché las vacaciones de verano, que pasé en Potes, Picos de Europa santanderinos, para escucharme todo el ciclo sinfónico de Mahler. La grandiosidad de esa música armoniza a la perfección con la grandiosidad de la montaña. La música de Mahler siempre ha sido para mí un paisaje montañoso,, aunque algunos de sus adagios bien podrían hacerme pensar en un hermoso valle verde o en una playa desierta como es el caso del Adagio de la quinta que utilizara Visconti en su Muerte en Venecia.

Recuerdo que compré todas las sinfonías de Mahler en vinilo, allá por el año 1980, durante mi estancia en Madrid. Ahora no recuerdo si lo hice en el Corte inglés o fue en aquella tienda maravillosa de la Gran Vía cuyo nombre ahora no recuerdo, no sé si era Movierecord o Movieplay o algo así. Allí encontraba discos muy baratos y me hice con una buena colección de música celta, electrónica, rock, cantautores y algo de clásica. Aquella tienda fue uno de mis paraísos durante mi estancia en Madrid.

En casa he escuchado, en el equipo de música, el ciclo Brahms con todas sus sinfonías, conciertos para piano, etc. La cuarta ha sido siempre para mí una música de montaña, grandiosa y espectacular, lo mismo que la sinfonía alpina de Richard Strauss. Por cierto que debería escucharla ahora en invierno, la tengo en vinilo, espero que el disco no haya sufrido mucho.

En cuanto a música moderna he tenido la suerte de ver un documental sobre Arthur Russell en una cadena de pago, creo que era Sundance. Mi hija Sara ya me había hablado de él y escuché un poco de su música. El documental me ha abierto los ojos a un compositor extraordinario y marginal que murió muy joven, por desgracia.