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HOMENAJE A CERVANTES EN EL CUARTO CENTENARIO


 

HOMENAJE A CERVANTES EN EL CUARTO CENTENARIO DE SU MUERTE

EN EL PARNASO DON MIGUEL SE ENCUENTRA CON SUS PERSONAJES

Si todos somos personajes de Dios y nos creemos vivos nada impide que también lo estén los personajes de un escritor. El Parnaso es el único de los paraísos donde conviven autores y personajes. Allí se celebra también el cuarto centenario y una relaciones públicas, una azafata parnasiana, escolta al genio, silencioso y cabizbajo hacia el salón donde se ha preparado un ágape y una ceremonia de agasajo y exaltación. Al entrar le sale al encuentro Alonso Quijano el Bueno, don Quijote de la Mancha, el que come huevo y no se mancha, que decíamos de niños. Va de bueno y cuerdo, como murió, es decir como hidalgo venido a menos. Don Miguel le pregunta por Sancho, su inseparable sombra.

-Lo siento Don Miguel, ha ido a “mear”, en sus propias palabras. Ya lo conoce, habla como el pueblo y se le dan cien higas lo que puedan decir otros de él.

Alonso Quijano invita a su mesa al bueno de Cervantes, que sigue siendo un hombre triste, como todos los humoristas. Allí se encuentra con dos jóvenes agraciados, con cara de ser más listos que el hambre. Son Rinconete y Cortadillo, pertenecientes a la mafia del patio de Monipodio. Hoy tendrían empresas offshores en Panamá, en su tiempo se guardaban los dineros bajo tierra, en cuatrocientos años han cambiado algunas cosas, no demasiadas.

Durante el trayecto hasta la mesa se han escuchado aplausos y vítores. Un académico glosa la figura del genio, invitando a todo el mundo a leer el libro más editado y más famoso de todos los tiempos, que todo el mundo dice haber leído pero que nadie confiesa haber disfrutado con su lectura. Se han propuesto todo tipo de versiones, de podas, de “actualizaciones” (la más conocida la de un tal Slictik, con su Luis Quixote y Paco Sancho), todos temen al “gran ladrillo”. Alonso Quijano le pregunta a Don Miguel qué le parece todo esto.

-Yo escribí para divertirme y ganar unos maravedís, que necesitaba. Que cada cual haga con mi obra lo que quiera y con mi figura lo que le de la gana.

-¿Cómo es que se conoce más su obra que su vida, ni siquiera saben a ciencia cierta dónde nació y lo que hizo mientras vivió? -le pregunta interesado el bueno de Alonso.

-La vida de un escritor es escribir y que se conozca más su obra que su vida es su mayor mérito. El turismo no deja de ser turismo y la hagiografía obra propia de pelotas. Mi vida fue triste y desgraciada porque venimos a este valle de lágrimas a sufrir, intenté paliarla con un poco de amor y un mucho de humor. Escribí el Quijote para acabar con aquellos insufribles culebrones de caballería y hoy lo haría para acabar con culebrones y reality shows. No tuve tanta imaginación como algunos piensas, mis personajes salieron de la realidad y por eso están tan vivos. Como vos, mi amado don Quijote de la Mancha.

Y levantándose de la mesa Don Miguel se abraza a Don Quijote y echa unas lagrimitas. En estas llega Sancho de mear y viendo la escena no puede por menos de reírse, para luego preguntar cuándo acabarán los discursos y comenzarán las bodas de Camacho. Dirigiéndose a Don Quijote le pregunta si ésta es la ínsula prometida. El bueno de Alonso le presenta a Don Miguel, su creador, y Sancho aprovecha la ocasión para recitarle la lista que tiene en mente, peticiones para él y su familia y sus amigos y su pueblo. No se corta por estar en presencia de su dios, su creador, carpe diem, diría el bueno de Sancho si supiera el latín que le sale por las orejas al cura que encabeza la comitiva que viene a saludar a don Miguel, con el barbero, el ama, la sobrina y hasta el “fideputa” de Ginesillo de Parapilla, el matón más malencarado que vieron los siglos. Y tras ellos vienen todos los demás. Rinconete y Cortadillo, Monipodio, la gitanilla, la ilustre fregona, el amante liberal, el licenciado vidriera, el celoso extremeño, la española inglesa, la galatea, Persiles y Segismunda, y al final el pueblo llano de sus entremeses, los personajes de sus comedias de cautivos, la gran sultana y los trágicos del cerco de Numancia y la recuperada tragedia Jerusalén. Todos le abrazan, todos le quieren y don Miguel no deja besar y apapachar, porque un autor solo tiene el cariño de sus personajes, los demás son pelotas o envidiosos, curiosos morbosos que no leen su obra y quieren saberlo todo de su vida.

El académico regresa a la tarima para anunciar el convite, pero antes no puede por menos de felicitar al dios don Miguel por sus criaturas y universos y le invita a la tribuna. Antes de hablar tiene que esperar a que sus hijas e hijos dejen de aplaudir y tirarle flores. Cuando se hace el silencio don Miguel repite lo que ya dijera en el viaje al Parnaso, se lleva la mano buena al pecho donde tiene clavada la espinita que tenemos todos los narradores:

Yo que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo.

Una voz se alza para impedirle continuar el discurso, es el bueno de Sancho, que ya no puede contener el rugido de sus tripas y pide a gritos un porrón de vino, un poco de queso y unas uvas de su tierra. Alonso Quijano le rompería en las espaldas su lanza, adarga, espada y hasta el yelmo de Mambrino, si los tuviera, porque es lo bueno de los cuerdos, que dejan las batallas y pendencias para cambiar el mundo y prefieren ir muriendo en el anonimato, alimentados con un caldo de pollo la mitad de las veces.

Y allí queda don Miguel, observando cómo todo el mundo se apresura a recibir las viandas que portan un ejército de camareros, mientras ríen y se dan palmadas en las espaldas y comentan los últimos chismes de un mundo moderno que se parece tanto al antiguo que no entienden cómo algunos dicen no comprender la lengua del Quijote. ¡Será mejor la que utilizan en sus “wasapes” y en sus apresurados mensajes, como dardos, que pretenden matar con la disculpa de comprimir la vida en dos teclas! Un lagrimón se desliza por la mejilla de don Miguel, pero ahí está el bueno de Alonso Quijano, que se la enjuga con un pañuelo mientras le susurra a la oreja:

-Todos creen que ya no soy loco, porque usted se lo dijo, pero yo siempre seré el mismo, usted lo sabe bien. ¿Qué le parece si me visto mis ropas de nuevo para acabar con tantos gigantes, follones y malandrines como hay a esta fecha, cuatro siglos más tarde?

Y mientras los demás comen y se refocilan don Miguel y don Quijote salen en silencio tras haberse abrazado estrechamente.

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DON QUIJOTE DE LA MANCHA


Cuando lo leí por primera vez, con quince años, lamenté que aquella maravilla no estuviera traducida a “castellano moderno”. Me costó mucho paladear aquel castellano barroco. En mi segunda lectura comprendí que había sido un tonto al pensar semejante tontería, el lenguaje es perfecto y maravilloso. Hay que aceptar que nada es atemporal, cada obra literaria o artística se crea en un tiempo y cada autor es hijo de su época, intentar trasladar obras literarias o artísticas al tiempo del lector o del espectador es un ejercicio que puede tener su interés como experimento pero siempre que se tome como una obra distinta. Están muy bien las versiones modernas de las obras de Shakespeare en las que los actores van vestidos con ropas actuales y se mueven en decorados de nuestro tiempo pero no dejan de ser experimentos para acercar al espectador a representaciones a las que no iría sin ese reclamo. En el caso del Quijote cualquier versión que se haga para acercar la obra a los niños o a los adultos a los que les cueste mucho su lectura tiene que ser bienvenida. En este caso las ilustraciones de Mingote son el maravilloso nexo de unión con nuestro tiempo. Por suerte la obra ha llamado la atención de numerosos ilustradores que han desplegado en él su mejor arte, como es el caso de Gustav Doré.


Tal vez el lector cansado piense que a la obra le sobran las novelas cortas intercaladas y que todos conocemos muy bien, que el ritmo narrativo ganaría con ello y la historia de Quijote y Sancho es ya de por sí suficientemente atractiva para que no necesite de esos aderezos. Es cierto que el ritmo de la novela pierde mucho con estas historias tan del gusto de la época, pero forman parte esencial de lo que el autor pensó y diseñó al escribirla y con su supresión se pierde sabor, como un exquisito plato al que hay que privar de la sal y el picante porque uno tiene problemas de estómago… Si no hay más remedio… no hay más remedio, pero el Quijote debería leerse tal como se escribió y disfrutar de todos y cada uno de sus capítulos, de sus personajes, de sus historias, de su lenguaje… No es una novela para leer de un tirón, como los famosos best-sellers o las novelas policiacas que tanto nos gustan, es un placer para ser degustado a lo largo del tiempo, como unas jornadas gastronómicas en las que no se pueden comer todos los platos nada más llegar porque uno acaba reventando. El Quijote es para leer con calma, día a día, degustando cada capítulo, apreciando el lenguaje, tomando notas, disfrutando de sus maravillosos personajes, únicos en la historia de la literatura, apreciando y maravillándose ante el sentido del humor que se despliega a lo largo de toda la obra y viviendo en ella como si el agujero de gusano de mi personaje, Carl Future, nos hubiera llevado hasta esa época y esa realidad ficticia.

He releído una y otra vez la novela a lo largo de mi vida, he tomado notas, estoy confeccionando un diccionario de refranes y frases, de lenguaje quijotesco. Su estilo me admira cada vez más a pesar de la dificultad que tiene todo lector moderno para hacerse con él y acabar disfrutándolo. Pero lo que es para mí un auténtico milagro son sus personajes, tan realistas que mientras uno sigue la ruta de Don Quijote, aquí en la Mancha, donde he recalado gracias al destino, casi cree verlos, bien vestidos de época o con ropaje moderno pero con físicos y lenguaje parecidos. Son personajes sólidos, humanos, tan bien trazados que parecen caminar solos y que Cervantes, Miguel, se limitara a sacarles fotografías con su pluma y su tintero. Su sentido del humor es portentoso. Todo mi sentido del humor, poco y malo, todos mis personajes, han nacido de aquí. Le debo todo a Cervantes y al Quijote. Lo mejor de mi humor es quijotesco y lo peor nace de mi cinismo y mala leche personal. algo que viene de fábrica y que no se puede cambiar.

Me faltan palabras para describir todo lo que debo a esta maravillosa obra. Pero eso no me impide aceptar y admitir que no es una obra fácil. Me costó leerla por primera vez y aunque cada vez me cuesta menos releerla y la paladeo con más profundidad e intensidad, no es algo que un lector pueda hacer sin sacrificio por su parte, lo mismo que no se pueden comer todos los platos de unas jornadas gastronómicas universales de un solo tiento, porque la indigestión sería monumental. Mi consejo a todos los que se animen a leerlo y no solo a decir que lo han leído (gracias a Dios parece que aún sigue dando vergüenza decir que no se ha leído) es que se lo tomen como un crucero alrededor del mundo. No se puede ir demasiado deprisa porque no te enteras de nada. Es conveniente detenerse en los lugares que más te gustan y disfrutar sin prisa. Puedes pasar más rápido por lugares que te gustan menos. Puedes pedir ayuda de otros que lo han leído y comentado, es muy interesante rastrear la influencia del Quijote en otros escritores. Puedes ver películas o dibujos animados o si alguien no conoce La Mancha puede venir hasta aquí y seguir la ruta del Quijote. Para mí ha sido una gozada en estos más de tres años que llevo por estas tierras ir viendo poco a poco todos los lugares y nombres relacionados con el Quijote. Se puede ir al Toboso y disfrutar del pueblo y la gastronomía, acercarse a Puerto Lápice y apreciar el lugar que ocupa en la obra del Quijote porque no es una población que conserve mucho de aquella época. Todo nos puede ayudar y ese viaje turístico más que otra cosa. Si se quieren acercar por Alcazar de San Juan, Slictik-Torre de Babel, hará de anfitrión de mil amores, dentro de sus posibilidades y limitaciones. Y si ustedes se animan a escribir algún texto para este magno día será el mejor regalo que me hagan por mi cumpleaños. Pueden dejarme su fecha de nacimiento en el correo interno y les recompensaré con una comida en el restaurante Sonymage y con algún regalito del profesor Cabezaprivilegiada, una especie de Don Quijote sajón y puritano.

SINOPSIS: 

Casi no es necesaria, todos sabemos de qué va el Quijote y cada uno de sus episodios. Alonso Quijano el bueno es un hidalgo pobretón que reside en una de estas casas manchegas que aún se pueden apreciar en un viaje turístico, especialmente en el Toboso. Se dedica a la lectura porque tal vez piense como yo, que la vida es demasiado dura y hay que endulzarla con sueños y ficciones. Se le trastoca la cabeza, lo mismo que a mí, y sale por ahí a matar gigantes (no se pierdan los molinos de Campo de Criptana y de Alcázar, no tienen mas que llamarme y se los enseñaré de mil amores), a pelear con malandrines, a suspirar por Dulcinea, a ser honrado y cabal caballero, a pelear con magos que intentan engañarle haciéndole ver que sus sueños son pura locura porque la realidad es la que es. Cada episodio es una maravilla. No se pierdan el de la venta, que no castillo, el caballo clavileño, a ese maravilloso secundario de lujo que es Ginés de Pasamonte o de Parapilla, como le llama Don Quijote y que es uno de esos personajes secundarios de los que se puede decir, como en el cine español, que se merece toda una película. Al final de tantas aventuras Don Quijote se vuelve cuerdo, pero solo para morir, por suerte, porque de haberse vuelto “normal” mucho antes del fin yo y todos los soñadores hubiéramos derramado amargas lágrimas.


FICHA TÉCNICA

AUTOR: Miguel de Cervantes Saavedra.
TÍTULO ORIGINAL: El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
EDITORIAL: Planeta 2005.
ISBN: 9788408058212
GÉNERO: Novela humorística, aunque algunos la califican de novela de aventuras o de novela… Es la novela completa, total, absoluta, la primera y no diría que la única porque en la historia de la literatura hay verdaderas maravillas.
NÚMERO DE PÁGINAS. 680.