Etiqueta: El rincón del microrelato

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 PSIQUIATRAS UNA DE PSIQUIATRAS

                LA SUGESTION

 

 

No sé dónde he oído comentar que la sugestión es la peor enfermedad que puede sufrir un ser humano. Desde luego no hice ningún caso; nunca hago caso de nada de lo que oigo o leo o veo (de lo que veo en la pequeña pantalla tampoco aunque siempre termino por notar ciertos tics luego de ver cualquier programa de televisión).

Al lado de esas vidas glamurosas, vestidas con los mejores modelitos de la fama, el rostro sonriente, simpático, tan agradable,  uno se pregunta por qué no podría tener un rostro así en los embotellamientos, delante del jefe malévolo y canallita o de los compañeros cotillas y pelotas o en las broncas familiares, o en esas situaciones en que estás enfadado con todo bicho viviente y no puedes ocultarlo…

En fin que uno envidia a los famosos, a los ricos, a los actores, a las actrices, a los líderes mediáticos, a los políticos, a los futbolistas, a los…las…les…

Sin buscarlo, sin ser muy consciente uno termina por autosugestionarse. Esta es una enfermedad que no perdona, peor que el cáncer. Observas la sonrisa deslumbrante de los nuevos dioses olímpicos y acabas por estirar la boca hasta descoyuntar la mandíbula. Tu mujer, que te conoce muy bien cree que te ha dado un pasmo porque tú no has sonreído en un atasco desde que aquel ministro tan gracioso quedó retenido más de tres horas en la Castellana. Los “medios” se pusieron las botas, dio tiempo a que  la noticia recorriera todo el planeta y aún seguía allí el pobre ministro, en el atasco.

No pones remedio a tiempo y pronto te encuentras imitando a todo el mundo que es alguien –los don nadies sólo son imitados por las lagartijas cuando están aburridas- y viviendo sus vidas con una intensidad que te aterroriza los escasos instantes en que eres capaz de recuperar la lucidez.

Te dolía la barriga cuando una famosa iba a tener un bebé y odiabas a los paparazzi tanto como…, sí esa a quien sacaron en top-les con las tetas caídas antes de operarse…,justo la misma.

Ya no vivías tu vida, sino una programación constante e inexorable. Por las  mañanas el líder mediático de tu emisora favorita te sacaba del sueño y tú inmediatamente te ponías a charlar como un lorito imitando su cordialísima labia.

En el trabajo te imaginabas lo que estarían haciendo tus otros egos mediáticos. Almorzabas con tu precioso busto parlante favorito delante de tu plato. Aún recuerdo aquella monada con el pelo a lo “garçon” y su deliciosa carita de ángel. A veces me levantaba de la mesa con el estómago lleno y por la noche encontraba la comida en una fuente dentro del frigorífico. La sugestión es una enfermedad terrible, ya lo creo.

Estuve a punto de volverme loco, como lo oyes, recuerdo que en el despacho del psiquiatra me creía Michel Douglas viendo cruzar las piernas a Sharon Stone, una y otra vez, una y otra vez. El doctor tuvo que darme una bofetada para despertarme y poder así cobrar la consulta.

Decidí cortar de raíz con la sugestión, era preciso volver a ser el asno normal y cuerdo que fui siempre. Decidí utilizar una navajita que guardaba en el bolsillo para que cada vez que se me ocurriera encender el televisor la tuviera a mano, así podía abrirla y pasar el dedo por su filo extremadamente cortante. Mi mujer terminó por regalar el televisor a una sobrinita del alma, no ganábamos parar comprar ropa, incluso una vez vino la policía a casa para investigar el origen de las manchas de sangre en los pantalones viejos que mi esposa había llevado a un asilo de desamparados.

Con la radio me costó más salir de la enfermedad sugestiva, me vi precisado a instalar un dispositivo para que me sacudiera un latigazo eléctrico que me ponía morado cada vez que tocaba el aparato de radio. La prensa fue lo más sencillito de todo, me acostumbré a no llevar suelto en el bolsillo.

Ahora en casa no se oye mas voz que la de mi mujer maldiciendo el día en que me conoció. Luego se calma y va a ver “Operación famosos” en la tele de la vecina, se han hecho grandes amigas.

Yo me quedo solo en medio de un silencio absoluto. A veces creo oír la voz de mi líder mediático favorito anunciando el inicio de su programa radiofónico. Doy un salto y busco desesperadamente el aparato de radio, pero no lo encuentro, la sobrina de mi mujer tiene el cuarto empapelado de transistores y radiocasetes.

Mientras fumo un cigarrillo en la terraza me estremece la sensación de una mirada en mi nuca, vuelvo la cabeza y creo ver el paso felino de aquella modelo que luego se hizo presentadora de televisión. Sí hombre, cómo se llamaba…

Es igual, oigo su voz susurrante a mis espaldas y me veo precisado a abandonar la terraza con el cigarrillo a medio acabar. Sé que todo es culpa de la sugestión pero no puedo evitarlo, me persiguen las vidas de los famosos a los que tanto amé.

Ahora hablo con fantasmas que juran y perjuran una y otra vez no ser conocidos ni de su propia madre.

 

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RELATOS BREVES ERÓTICOS


RELATOS BREVES, UNA PERSPECTIVA SOBRE EL EROTISMO

I

 

EL DISCRETO ENAMORADO

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Se entrenaba cada día ligando con una maniquí, la había robado una noche de un escaparate. Su desnudo cuerpo de plástico estaba cubierto con un precioso vestido azul de tirantes que dejaba el nacimiento de su pecho al descubierto.

No se cansaba de probar una y otra vez intentando adivinar cómo sonarían las frases más diversas: ¿estudias o trabajas?; eres un encanto; esta noche estás muy guapa…

Necesitaba encontrar la entonación perfecta, la expresión más discreta dentro de lo posible, la más acertada para el fin propuesto; el tono justo, ni pijo ni gárrulo. Así quemó todos los ratos libres en aquel otoño borrascoso.

Llegó la primavera y por primera vez en muchos meses salió a la calle con paso discreto, sonrisa sutilísima y vestido con el apropiado desenfado que requería la ocasión. Después de mucho observar se acercó a una señorita sentada en un banco de madera en un parque cercano a su casa. Ella le miraba con descaro al tiempo que mascaba un chicle con gran entusiasmo.

Antes de que llegara a abrir la boca sintió como la señorita, que se había acercado silenciosamente, sin previo aviso echó mano a su intimidad más preciada y disimulando el secuestro con un abrazo de novia devorada por la pasión, le arrastró sin miramientos hasta su cercano apartamento. No tardó mucho en olvidar todo lo aprendido… tuvo una excelente maestra.

 

 

II

 

LA MUJER ROMANTICA

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Ella esperaba el amor romántico, la pasión que todo lo puede. Ella esperaba que un hombre distinto a todos los que conocía cruzara por su vida como una cometa por el cielo nocturno.

Reservaba lo mejor de su persona para él en un lugar escondido de su alma, un lugar que quienes la miraban no podían ni imaginar.

De tanto pensar en el ideal acabamos por volvernos ciegos a la única puerta que nos permitiría escapar a nuestro destino. El perfume fuerte que nos arrojamos encima nos oculta el hedor de podredumbre de que estamos rodeados.

Un día la ligó un feo simpático. Tenía labia

 

 

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                                                        III

                                   EL COLECCIONISTA DE ARTE EROTICO

 

Adoro el erotismo, decía a todos sus amigos. Era una pasión inextinguible. Coleccionaba todo aquello que caía en sus manos y que tuviera una mínima relación con el tema, hasta piedras que encontraba en el campo con forma de pene o vagina. Con el tiempo llegó a poseer el mejor museo del mundo de erotismo, una fundación por el amor libre le cedió un complejo de edificios donde instaló toda su colección y aún le faltó lugar. Se quedó con los objetos, las obras de arte, que más excitaban su deseo. Con el tiempo uno acaba por cansarse de todo, tal vez por ello a nadie le extraño que llegara a enamorarse de su propio ombligo que exhibía en el vestíbulo del museo como la gran obra de arte en la historia del erotismo.