Etiqueta: LA CANTANTE DE LA TROPICANA

LA CANTANTE DE LA TROPICANA II


EN LA MADRUGADA


Una mujer camina sin prisas en la madrugada, taconea en ritmo sincopado como una orquestina de jazz. Las calles están desiertas y un poco húmedas, el cielo aparece ligeramente cubierto antes de la aurora. Al pasar frente a una farola un viejo cliente de la Tropicana, que permanece muchas noches escondido en una mesa tras una columna, enciendo un pitillo y a su luz reconoce el rostro de Sally la cantante de baladas, de blues rasgados por el desamor, de melancólicas canciones que no pueden ser atrapadas en genero alguno.

Ella no percibe su presencia enfrascada como está en canturrear en voz baja una nueva canción. Si quiero… Hay algo en la canción que hace estremecer al viejo cliente anónimo. Hay fuego en esta música y soledad en la voz desgarrada y rebeldía… y la ilusión latiendo en cada nota.

La mujer se va alejando pero el hombre en la sombra tiene tiempo de oír el estribillo final. No quiero que me condene el tiempo.

Mañana volverá a la Tropicana para escuchar esa canción con la vieja orquesta que acompaña a Sally todas las noches. Le fascina esta mujer, esta voz en la noche, ha mejorado mucho desde la primera vez que oyó su voz en la noche cubana, ha madurado, se ha hecho más profunda, hay más tensión en sus trinos y sobre todo parece tener muy claro que no es bueno que el hombre esté solo como decía el título de una vieja película.

Arroja la colilla al suelo y enciende otro. La mujer está ya muy lejos. El hombre en la sombra piensa que esta cantante llegará lejos pero no la querría ver en Las Vegas entre el ruido de las máquinas tragaperras y las miradas de los mafiosos al fondo vigilando el cas…

LA CANTANTE DE LA TROPICANA


LA CANTANTE DE LA TROPICANA

NOTA INTRODUCTORIA

Hace ya algunos años, en una página hoy desaparecida, me embarqué en un divertimento muy romántico. Se me ocurrió utilizar a uno de mis personajes, el detective sin nombre, para hilvanar una serie de historias que me permitieran comentar los maravillosos versos de una doctora cubana que subía sus poemas en la página. Nos hicimos buenos amigos y acabé inventándome, o más bien reconstruyendo la mítica sala con este nombre. A esta poetisa la transformé en cantante de la Tropicana que decía sus versos con música y cada noche que ella actuaba allí mi personaje, el detective, se sentaba a una mesa, se tomaba un ron y disfrutaba del espectáculo al tiempo que rememoraba alguna de sus historias acunado por la letra de sus canciones. Aprovechando el texto de Mayte y la necesidad de subir de vez en cuando algún texto corto, completo en sí mismo, que no dependa de una continuación, he buscado y encontrado esta pequeña serie de relatos que puedo continuar. Aprovechando el comienzo de año nada mejor que inaugurar La Tropicana con este texto, con esta canción de la cantante de la Tropicana.

En el fragor de la celebración del nuevo año una hermosa sombra ha salido a la ventana para cantar al silencio casi una nana. Nuestro detective se ha conmovido, el gorrito ridículo sobre la cabeza y el matasuegras en la boca. Estaba a punto de colarse en la celebración del hotel más próximo y allí buscar el orgasmo ilícito en alguna mirada femenina cargada de líquido espumoso para olvidar.

La soledad del detective es a veces apabullante, como la soledad del corredor de fondo. Al menos este último espera en la meta los vítores y la medalla de la recompensa al sacrificio. La soledad del detective de fondo solo puede ser enjugada por estas nanas prodigiosas que canta la cantante de la Tropicana, asomada a la ventana, cuando cree que nadie la ve ni la escucha, porque él siempre está al acecho. Se engaña creyendo que es obligación. En realidad hace tiempo que dejó de recibir cheques del cliente. Incluso no deja de calmar a Olvido, la secretaria que permanece en su despachito, atendiendo llamadas de gente estúpida que desea le busque amores que se han perdido por falta de presencia.

Olvido le recrimina que se pase el tiempo tras de una mujer, por bien que cante y por hermosa que sea. Ninguna mujer merece tanto, le chilla al detective y el móvil rebota en su oreja. El sabe que Olvido anda tras sus pasos pero nunca le encuentra. Los detectives son como los marinos, un amor en cada puerto. Pero esta vez está a punto de abandonar el barco y quedarse en este puerto. Alza su vaso de plástico donde el champán robado en la fiesta del hotel está caliente y sabe a orines y brinda en silencio con la cantante de la Tropicana que no deja de cantar.

Ha caído un nuevo año sobre las sienes plateadas del detectives, pero ahora ningún año será lo mismo. Tira el vaso al suelo y enciende un pitillo recostado en el coche al tiempo que escucha los últimos compases. La cantante se retira a su celebración particular y el detective se queda en silencio, con el pitillo en la boca, pensando en no se qué. Pasa un grupito de borrachos que se burlan de su requiebro a la luna, le llaman trovador con sus bocas pastosas y uno de ellos le arroja el contenido de una botella por la cabeza. Se marchan riendo y nuestro detective queda bautizado por el nuevo año.

salc3b2narcosdecristalcabarettropicanalahabanafotointernet