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Meditaciones para no iniciados II


Meditaciones para no iniciados 2
Sabado, 4 de Febrero de 2012 Editar Borrar
Puntuación:
SEGUNDA MEDITACIÓN

TEPARIA PARA SOLUCIONAR NUESTROS PROBLEMAS EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES
Vamos a iniciar esta segunda meditación igual que la primera. Ya no necesitamos saber cómo prepararnos, sencillamente hemos decidido meditar y lo hacemos, bien en nuestro cuarto o bien en la naturaleza.
La meditación no es una cabezadita que damos en nuestro sofá cuando estamos cansados. Es mucho más que eso. Es una forma de ponernos en contacto con la totalidad de la existencia, una forma de cargarnos de energía y de encontrar solución a nuestros problemas.
Hoy vamos a utilizar la técnica de la visualización de otra manera para aprender a manejarnos en cosas prácticas, tales como mejorar nuestras relaciones interpersonales y solucionar los problemas que en la vida diaria tenemos con otras personas.
Para ello una vez sentados o tumbados, relajados, respirando con tranquilidad, cerramos los ojos e iniciamos una visualización.
LA PANTALLA DEL TELEVISOR Y EL MANDO A DISTANCIA
Nos imaginamos regresando a nuestro domicilio tras un duro día de trabajo. Sacamos las llaves de nuestros bolsillos o bolsos. Vamos a abrir la puerta. Un gesto que hemos repetido miles de veces pero que ahora vamos a hacer de una forma consciente. Nuestra casa es nuestra porque tiene paredes, una puerta y una cerradura que solo nosotros podemos abrir con nuestra llave. Si no hubiera paredes, ni puerta, ni cerradura, si todo el mundo pudiera entrar, esto ya no sería nuestra casa sino un lugar público. Recuerden este dato porque es muy importante. Nuestra mente será nuestra si ponemos unas paredes, si dejamos una puerta con una cerradura y si solo nosotros con nuestra llave podemos entrar.
Estamos en el interior de nuestro domicilio, que conocemos tan bien. Caminamos sin prisa por el pasillo de entrada fijándonos en todos los detalles, porque esta técnica de visualización la emplearemos en otros ejercicios más adelante. Llegamos a nuestro dormitorio y nos cambiamos de ropa, algo más cómodo, más para andar por casa. El simbolismo es importante para nuestra mente, es una ayuda para la sugestión una de las más poderosas fuerzas mentales. Cambiar nuestras ropas representa que asumimos otra aptitud diferente. Fuera de casa nos enfrentamos a otros retos que ahora ya no existen.
Nos dirigimos al salón, sin prisa alguna, estamos relajados, estamos solos y nuestra casa está en completo silencio. Las paredes nos protegen de intromisiones externas. Abrimos la puerta y nos detenemos un momento. Hemos visto muchas veces esa decoración a la que no damos importancia. Ahora la observamos con ojos nuevos, como si fuera el salón de una casa ajena. Caminamos lentamente hacia nuestro sofá favorito. Nos sentamos y colocamos una pequeña y dura almohada bajo nuestra nuca. Separamos las piernas y nos acomodamos. A nuestra derecha está el mando del televisor. Alargamos la mano derecha y lo tomamos. Observamos las teclas. Sabemos perfectamente cuál es la función de cada una de ellas. El mando es un instrumento del que nos servimos para obtener ciertos resultados. Aún es pronto para cambiar nuestra mentalidad. Necesitamos de instrumentos para conseguir resultados cuando nuestra mente es poderosa para obtenerlos sin ayuda. No importa. Estamos dando los primeros pasos, utilizaremos todo aquello que sea necesario.
Nos disponemos a oprimir la tecla que enciende el televisor. Es una pantalla plana, enorme. Antes de hacerlo reflexionamos. Hoy no actuaremos como siempre. No haremos zapping buscando un canal que nos atraiga y permaneceremos pasivos, tragando todo lo que nos echen. Hoy vamos a crear nuestra propia programación. Encendemos el televisor y buscamos el canal 0 que aún no está configurado para recibir ninguna señal televisiva. La pantalla se enciende. Está en blanco, numerosos puntitos luminosos parpadean. Nos molestan. Decidimos colorear la pantalla con un color que nos relaje, que nos guste. Lo elegimos según nuestro estado de ánimo. Desechamos el rojo fuerte, es un color agresivo. Podemos escoger un naranja suave, si nos atrae el color, o el verde o el azul… Hay muchos colores atractivos. Buscamos en el mando la tecla correspondiente y la pantalla se colorea. Pero sigue vacía.
Como si fuera una obra de teatro, lo primero es la decoración. La elegimos de acuerdo a lo que nos hemos propuesto. Podemos afrontar un problema en las relaciones interpersonales que nos afecta mucho. Puede ser un problema de pareja, familiar, o tal vez laboral. Es posible que suframos una severa patología psicológica, por ejemplo una fobia social que nos impide relacionarnos con normalidad… De acuerdo al problema elegido buscamos el decorado adecuado. Si se trata de un problema de pareja o familiar el decorado puede ser el de nuestro hogar, que conocemos muy bien. Si es laboral visualizamos la oficina donde trabajamos o nuestro entorno de trabajo habitual. Si se trata de una fobia social la decoración será una cafetería o una plaza pública llena de gente o un parque muy concurrido. ¿Dónde sufrimos nuestro último ataque fóbico? Ese es un buen lugar para decorar la pantalla.
Colocamos sin prisa y con meticulosidad los objetos, se intentará que la decoración sea lo más detallada posible. Ahora ya tenemos el decorado. Nos faltan los actores y el guión de la escena que vamos a crear. Elegimos a los actores necesarios para solucionar el problema elegido. Así en una relación de pareja no podrán faltar los dos miembros de la misma, ni en una familia todos sus componentes. En las interpretaciones corales, como pueden ser los problemas laborales o de fobias sociales elegiremos a los protagonistas imprescindibles y a los secundarios que nos permita nuestra memoria.
Colocamos en la pantalla a nuestra pareja. No necesitamos hacer un gran esfuerzo mental, recordamos muy bien su físico, sus gestos, su carácter. Ahora nos colocamos a nosotros. Si tenemos dificultades para detallar nuestro físico, podemos hacer antes unos ejercicios ante el espejo, recordando nuestro rostro y nuestro cuerpo. Siempre tendremos en cuenta que quienes aparecen en la pantalla son personajes de una película, van a intervenir en una secuencia y por supuesto que se nos parecen, son idénticos, gemelos, pero no somos nosotros. El distanciamiento como espectadores u observadores es imprescindible. No podremos evitar las vinculaciones emocionales, pero aún así intentaremos que la intensidad emotiva sea la menor posible.
Tenemos el decorado y los actores, ahora necesitamos el guión. Vamos a elegir la repetición de la última escena real en la que tuvimos una bronca o se puso de manifiesto hasta qué punto existen problemas en la pareja. Si hemos elegido el tema del trabajo o el familiar, o cualquier otro, haremos lo mismo, elegiremos el último evento en el que se reprodujo ese problema.
Pongamos, solo como un ejemplo, luego cada cual creará en la pantalla la escena que haya elegido, que un miembro de la pareja llega a su casa. Es un día de lluvia, está agotado, estresado, mal humorado, y además está hambriento. Sabe, porque ya le ha sucedido otras veces, que la otra parte de la pareja reaccionará mal si entra sin limpiarse los pies en la alfombrilla, sin quitarse el calzado y sin dejar el paraguas en el paragüero. Habrá bronca, y lo sabe muy bien, no obstante lo hace. Su pareja le espera como un felino dispuesto a abalanzarse sobre él. Se produce la escena. Damos al play y ponemos en marcha la escena, con todo detalle, pero ahora, como los protagonistas de la escena son personajes nos vamos a regodear en esa escena de película. Vemos el rostro de nuestra pareja, sus gestos, escuchamos sus palabras. Lo mismo hacemos con nuestro personaje. La escena finaliza en una bronca descomunal.
Ahora damos a la pausa y reflexionamos unos instantes. Lo hacemos porque creemos tener razón, porque a nosotros nos importa muy poco la limpieza de la casa. Eso no va con nosotros, siempre tenemos cosas más importantes que hacer. Nuestro trabajo es más importante, nuestras aficiones y pasiones también lo son. Si nos ocupamos de mantener una casa como palacio de cuento de hadas no tendremos tiempo libre para nuestro ocio. Está muy bien que ella lo haga y disfrute, es su vida, pero no la nuestra. Y en cuanto a la convivencia, está muy bien eso de ser flexible… pero por las dos partes.
Repasamos nuestros argumentos y nos parecen razonables. Nos empecinamos en seguir pensando lo que pensamos y haciendo lo que habitualmente hacemos. Nuestra pareja responderá de la misma manera. Nadie cederá, siempre habrá bronca. ¿Es eso lo que deseamos, lo que pretendemos? ¿Una lucha de poder en la que nadie gane y todos pierdan? Vamos a imaginarnos cómo sería si llevamos esa mentalidad hasta las últimas consecuencias. Hemos oído hablar del maltrato, de la violencia de género. Nosotros no somos así, pero vamos a imaginarnos que la bronca llega hasta las últimas consecuencias. Ella está muerta y nosotros nos vamos a suicidar. La lucha por el poder nos ha destruido. ¿Y ahora qué?
Damos al play y vemos esa escena, recordando siempre que somos espectadores. Ahora rebobinamos e iniciamos la escena desde el principio. Llegamos a la puerta y… ¿Qué es lo que realmente deseamos? Si es una comida tranquila, relajada y divertida, olvidarnos del estrés del trabajo, de la lucha diaria en la jungla de allá afuera, entonces deberemos cambiar de actitud.
No hagamos caso de la monserga que hemos escuchado tantas veces. El carácter no se puede cambiar, nacemos con él y nos aguantamos toda la vida. Recordemos lo que hemos leído o escuchado en algún libro de autoayuda o a un gurú de la India, pongamos por caso. Recordemos que el pensamiento precede a la acción, que las acciones repetidas se convierten en hábito, que el carácter no es otra cosa que un conjunto de hábitos. Si esto es así, vamos a probarlo. Si el pensamiento precede a la acción, lo primero que vamos a hacer es cambiar nuestra forma de pensar. Sí ya sabemos que eso hiere nuestro orgullo, nos humilla, no podemos consentir que los demás se rían de nosotros, ni siquiera nuestra pareja. Pero vamos a probarlo como hipótesis de trabajo, como un divertimento. ¿Estamos viendo una película o no? ¿Quiénes actúan son personajes o no? Entonces vamos a divertirnos y a escribir un guión alternativo.
Recomencemos la escena. Llegamos a la puerta. Recordamos lo que pasa siempre. Nos limpiamos el calzado en la alfombrilla, nos descalzamos, ponemos el paraguas mojado en el paragüero. Nuestra pareja está esperando como un felino, para lanzarse sobre nosotros. Eso es verdad, es real, no podemos ni debemos sugestionarnos para intentar convencernos de lo que no es real. La mente no funciona así, nuestro subconsciente lo rechaza, por lo tanto aceptemos la realidad de las cosas. Sin embargo hoy nos ha mirado con sorpresa, con la boca abierta. Una sonrisa se dibuja en sus labios. Hay palabras amables. Se acerca y nos besa. Sentimos su cuerpo pegado al nuestro y el hambre de comida cede su puesto a otra hambre aún mayor. Le preguntamos si tiene hambre. No la tiene, nunca la ha tenido, somos nosotros los hambrientos. La llevamos al dormitorio con una disculpa y con cariño la convencemos de que ambos deberán desnudarse y pasarlo bien. .. Y así es, ha sido fantástico. Nos vestimos y bajamos a comer.
Esto que parece una fantasía… en realidad lo es, pero visualización y fantasía se parecen como dos gotas de agua. Nunca despreciemos la fantasía, una de las facultades mentales más hermosas del ser humano. Ella nos ayuda a visualizar y visualizar es el primer paso, recordemos que el pensamiento precede a la acción. Ahora demos al play y veamos la escena… hasta el final, si nos apetece, regodeándonos en ella. Ahora comparemos las dos escenas, la bronca y la otra. Elijamos y decidamos llevar a la práctica la próxima vez aquella que más nos ha satisfecho.
Bien, hemos encontrado una solución a nuestro problema que nos parecía impensable. Puede que al llevarla a la práctica no funcione, al menos la primeras veces. Insistamos. Recordemos que la acción repetida crea el hábito y el hábito el carácter. Hemos decidido cambiar y vamos a hacerlo. Sí, pero nuestra pareja es muy suya y los demás son como son. Esto no funcionará. ¿Por qué no intentarlo? ¿Y si funciona? Esto al fin y al cabo es una película. Escribimos el guión y lo desarrollamos. Luego ya veremos.
Hemos hecho un duro trabajo de visualización que podemos repetir, variando los temas, cuantas veces sea necesario. Ahora vamos a entrar en meditación. Recordemos que lo que hemos visto es una película en la pantalla. Somos espectadores. Aunque un espectador suele vincularse emocionalmente con lo que está viendo, no es lo mismo que si lo vive. Vamos a cortar ese vínculo. Tomemos el mando y apaguemos la pantalla. Estamos solos, en silencio. Estamos en nuestra casa, nadie puede entrar porque no tiene la llave. Pensemos que lo mismo podemos hacer en cualquier otra parte. Nadie tiene la llave de nuestra mente y por lo tanto nadie puede entrar. Bloqueemos nuestras mentes cuando lo necesitemos, entremos en casa y cerremos la puerta con llave desde dentro. Esa es la fórmula mágica que nos permitirá aislarnos de los entornos más conflictivos cuando lo necesitemos.
Ahora cerramos los ojos. Recordamos que el conductor está dentro y puede salir del vehículo cuando quiera. Lo hacemos. Elevamos nuestro cuerpo de luz y vamos ascendiendo hasta el techo, lo superamos porque no hay obstáculos materiales para un cuerpo de luz y seguimos ascendiendo, superamos el tejado, vemos abajo nuestro cuerpo físico sentado en el sofá y seguimos subiendo, la atmósfera, la estratosfera, estamos viendo el planeta Tierra desde el espacio. Nada tiene importancia. Somos espectadores de una maravillosa película cósmica. Nos dejamos llevar.
Hemos entrado en meditación y permanecemos en ella, sin prisas, el tiempo que nos apetezca. Cuando algo en nuestro interior nos avisa que debemos regresar, movemos los dedos de las manos, de los pies, vamos despertando los brazos, las piernas, intentamos abrir los ojos. Poco a poco vamos tomando consciencia de dónde estamos. Es la realidad de todos los días. Estamos de nuevo dentro del vehículo, conduciendo, prisioneros del espacio y el tiempo. Lo aceptamos con alegría, porque ahora sabemos que siempre que lo deseemos o lo necesitemos podemos salir del vehículo-cuerpo o podemos poner en la pantalla nuestros problemas y ver película tras película hasta hallar la solución. Estamos alegres y relajados. Reemprendemos nuestra actividad normal.

Que la paz profunda sea con todos vosotros.

Meditaciones para no iniciados I


Meditación para no iniciados I
Sabado, 21 de Enero de 2012 Editar Borrar
Puntuación:
PEQUEÑAS MEDITACIONES PARA NO INICIADOS

LA LEY DE AHMRA

En tiempos del faraón Akenatón, los iniciados de las escuelas de los misterios egipcias formularon una ley cósmica que ya se conocía desde mucho tiempo atrás. La llamaron la ley de Ahmra. Viene a decir que cuando recibes dones espirituales de forma gratuita, que no has comprado con tu dinero o tu duro trabajo, estás obligado a compartir esos dones con los demás con absoluta generosidad. Si no lo haces e intentas aprovecharte de esos dones en tu exclusivo beneficio, especialmente si buscas la riqueza material a costa de otros, antes o después la ley kármica caerá sobre tu cabeza y todo comenzará a torcerse de forma inexplicable. Es por eso que en cumplimiento de la ley de Ahmra distribuyo gratuitamente lo que gratuitamente recibí.

PREPARACIÓN PARA LA MEDITACIÓN

Se puede meditar a cualquier hora del día o de la noche, el único requisito es estar solo en un lugar adecuado y no tener prisa alguna. Aunque nada impide meditar en grupo, todos los presentes deben participar en la meditación y estar concentrados, de otra forma la mente se dispersa y resulta imposible meditar.

Se recomienda utilizar un lugar de nuestro domicilio especialmente preparado para ello y en el que nos sintamos a gusto. La meditación en la naturaleza, si el tiempo acompaña y las circunstancias lo permiten es ideal. Si estamos solos en casa y no vamos a ser molestados en un tiempo prepararemos nuestro cuarto favorito de la siguiente manera: ayuda mucho decorarlo con posters, fotografías o cuadros de hermosos paisajes, encender incienso, escuchar una música para relajación con la que sintonicemos especialmente y llevar ropa cómoda. Es imprescindible adoptar una postura cómoda, si es posible con la espalda lo más recta posible. La postura ideal es la del loto, sentados en el suelo, con las piernas cruzadas, los pies encima de los muslos. Como esta postura suele resultar poco cómoda para los occidentales, se puede utilizar una silla o un sofá que permita tener la espalda lo más recta posible. En ese caso las piernas deben estar separadas hasta la anchura de los hombros, las manos descansan sobre los muslos y los ojos cerrados. Si se prefiera la postura más cómoda, tumbados en el suelo, boca arriba, se recomienda utilizar una alfombra, esterilla o manta doblada, los pies descalzos, ropa cómoda que no nos oprima, las piernas separadas, los brazos ligeramente separados del cuerpo, una cuarta.

Con los ojos cerrados comenzamos a respirar con tranquilidad, inspirando por la nariz y espirando por la boca o por la misma nariz. La respiración en yoga es un tema muy complejo. El pranayama es todo un mundo. Nosotros, como aprendices, nos conformaremos con la respiración más sencilla, sin perjuicio de ir aprendiendo más técnicas conforme dominemos las más sencillas. Deberemos centrarnos en la respiración ya que eso nos ayuda mucho a relajarnos y la quietud de la mente es requisito imprescindible para meditar.

Se recomienda hacer un ejercicio de relajación básico que todo el mundo conoce. Yo prefiero imaginarme o visualizar un pequeño gnomo luminoso que sale del centro de mi cabeza, de la glándula pineal y baja hasta la planta de los pies. Va subiendo hacia arriba, deteniéndose un poco más donde estamos tensos o sentimos dolor. El gnomo luminoso utiliza su energía para calmar esa parte del cuerpo y luego continúa subiendo, tobillos, pantorrillas, etc. Hasta llegar a la cabeza y concretamente a la coronilla. Como este proceso lo vamos a utilizar en la meditación para curar enfermedades, como paso previo a esa terapia, ahora nos limitaremos a practicar una relajación muy sencilla.

La meta de toda meditación es parar el diálogo interno. No se trata de ese diálogo del que hablaba Antonio Machado –quien habla solo consigo espera hablar a Dios un día- sino ese constante monólogo del que no somos capaces de desprendernos desde que nos despertamos por la mañana. Es como un espejo en el que nos miramos constantemente como si temiéramos perder nuestra personalidad, nuestra individualidad. La meta de la meditación es salir de nosotros mismos, de nuestro ego, y comunicarnos con todos los demás, con todo el universo, con la totalidad, con la divinidad.

Para ayudarnos a parar el diálogo interno vamos a utilizar la técnica de la visualización, que consiste básicamente en hacernos espectadores de una escena que vamos creando o incluso actuar en ella como personajes. Ahora utilizaremos la visualización de la estación de trenes para ayudarnos a parar el diálogo internio.

PRIMERA MEDITACIÓN- CÓMO PARAR EL DIÁLOGO INTERNO

LA ESTACIÓN DE TRENES

Mientras seguimos relajados y respirando con tranquilidad, vamos a visualizarnos entrando en una estación de trenes, si es una conocida, mejor, así podremos imaginar los detalles con más intensidad. Imaginemos que está vacía. Estamos solos. Caminamos sin prisa por el vestíbulo y accedemos a los andenes. Una vez allí buscamos un banco y nos sentamos, las piernas separadas, las manos descansando en los muslos, la mirada al frente.

Hay un silencio absoluto, pero de pronto sentimos un molesto ruido. Es un tren que está entrando en la estación por nuestra derecha. Los trenes son metáforas de nuestras ideas. Siempre hay una idea entrando por la derecha de la estación de nuestro cerebro. Cada tren-idea tiene una forma diferente, va pintado de distintos colores y lleva una velocidad distinta. Lo mismo que nuestras ideas, que tratan sobre temas muy diversos y permanecen más o menos tiempo en la estación de nuestro cerebro.

Visualicemos cómo van subiendo o bajando viajeros del tren, cómo estos viajeros son muy diferentes entre sí, cómo van charlando arrastrando sus maletas. Sentimos la viva tentación de levantarnos de nuestro banco y unirnos a ellos, pero eso sería un error, regresaríamos al diálogo interno y nos perderíamos la meditación. Por eso vamos a permanecer sin movernos, mirándolo todo como espectadores de una película. El tren puede tener una parada más o menos larga, pero antes o después se pondrá en marcha. Lo mismo que nuestras ideas, que por mucho tiempo que permanezcan en nuestra mente antes o después serán sustituidas por otras.

Vemos ese primer tren alejándose. Seguimos mirando al frente y respirando con tranquilidad. Nos fijamos en las vías. ¿Qué ocurriría si nos levantáramos y nos pusiéramos en mitad de la vía, esperando el tren? Nos atropellaría, nunca podríamos parar un tren. Lo mismo ocurre con nuestras ideas, intentar pararlas luchando a brazo partido con ellas es una batalla perdida. Por lo tanto la lección que extraemos de esta metáfora es que la única forma de parar el diálogo interno es transformándonos en espectadores que no pueden evitar ver lo que están viendo, pero que sin embargo permanecen ajenos, sin involucrarse.

Otro tren entra en la estación por nuestra derecha, los trenes, lo mismo que nuestras ideas nunca dejan de atravesar la estación de nuestra mente. Cada tren es diferente, pero todos ellos llaman nuestra atención. Nos gustaría subir a ellos y viajar lejos o mezclarnos con los pasajeros. Sería un grave error. Estamos meditando y no dejándonos llevar por la cabra loca de nuestra mente, que siempre tira al monte y pretense ser nuestra dueña. No vamos a ir donde quiera llevarnos, vamos a permanecer aquí, sentados, tirando de la soga que hemos atado a la cabra. Nosotros somos los dueños.

Tras un largo periodo de contemplar trenes nuestra respiración se va espaciando, sentimos que nos pesan los párpados y entramos en un duermevela agradable. No importa que las primeras veces que meditemos nos quedemos dormidos, e incluso ronquemos. Ese es un signo de que está surtiendo efecto. Si no nos hemos quedado dormidos sentiremos nuestro cuerpo más ligero, por un momento tenemos la sensación de que nos elevamos en el aire… y así es.

PRIMER PASO EN LA MEDITACIÓN

La técnica de la visualización sobre la estación de trenes ha surtido efecto, sin darnos cuenta estamos meditando, hemos dado el primer paso. Ascendemos sobre la estación y allá abajo vemos nuestro cuerpo sentado en el banco. Es la primera lección que estamos aprendiendo con esta primera meditación. No somos solo cuerpo físico, no somos solo un pedazo de materia, en nuestro interior hay algo más, un ser de luz, un alma o espíritu, un conductor.

Ahora vamos a visualizar otra escena. Salimos de casa, oprimimos el mando de la llave de nuestro coche y nos subimos a él. Lo ponemos en marcha y nos vamos moviendo por la ciudad. Es la imagen perfecta de lo que somos. Un conductor en el interior de un coche. El vehículo es nuestro cuerpo. No es para siempre. No lo hemos elegido, nos lo han impuesto. Algunos tienen formidables cochazos, han tenido mucha suerte en la vida, van por ahí llamando la atención, corriendo como locos. Su vehículo-cuerpo les facilita la vida. En cambio nosotros apenas podemos disponer de un utilitario de segunda mano, cochambroso y que la mayor parte del tiempo está en el taller. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto? Tal vez se trate de una deuda kármica que arrastremos de otra vida, de otra reencarnación, o sencillamente lo hemos escogido nosotros porque queremos aprender una lección.

Como dice mi personaje, Milarepa, un joven monje budista, la vida no es otra cosa que una escuela de espiritualidad. Hemos venido aquí para aprender determinadas lecciones y seguiremos repitiendo curso una y otra vez hasta que consigamos aprenderlas. Podemos sentir envidia de los alumnos que abandonan la clase y con sus cochazos hacen novillos mientras nosotros estudiamos duramente, con los codos clavados en el pupitre. No sentiremos tanta envidia cuando al repetir el curso les toque otro coche, mucho más modesto, una verdadera birria y ya no puedan ir por ahí llamando la atención y burlándose de los otros.

Ya hemos aprendido la lección. Somos conductores, no vehículos para el desguace. Ahora dejamos que nuestros cuerpos de luz se eleven sobre la estación, sobre nuestro cuerpo, que permanece sentado en el banco y que sigan subiendo. Algunos entrarán en un sueño profundo, otros sentirán una gran paz interior mientras pierden contacto con la realidad que les rodea. No tenemos prisa. Vamos a permanecer así hasta que nos despertemos o una voz interior nos diga que ya es hora de regresar.

Hemos hecho nuestra primera meditación y hemos aprendido dos lecciones: No se puede detener el diálogo interno de nuestra mente poniéndonos en medio de la vía y peleando con el tren que llega a toda velocidad. Es preciso hacerse espectador para paralizar el diálogo de nuestra mente. Somos conductores, cuerpos de luz, almas, espíritus, no simples tuercas y tornillos unidos hasta transformarse en un coche que antes o después terminará en el desguace.

Movemos los dedos de nuestras manos, de nuestros pies, vamos abriendo los ojos, nos quedamos un rato en la postura hasta que somos capaces de reaccionar, como al despertar por las mañanas tras un largo sueño. Hemos meditado, nos hemos recargado de energía, hemos aprendido algunas lecciones importantes. Ya podemos regresar a la realidad, a la vida. El conductor regresa al coche y se somete a la tiranía del espacio-tiempo. Pero ahora sabemos cómo se sale del vehículo y se regresa a él. Podemos hacerlo cuando queramos y notaremos cómo nos recargamos de energía, cómo nos llegaran maravillosas ideas desde nuestro interior que nos ayudarán a solucionar nuestros problemas, a ser más felices.