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MI BIBLIOTECA PERSONAL XIX


ANTONIO BUERO VALLEJO

https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Buero_Vallejo

LA FUNDACIÓN

No elijo esta obra porque la considere la mejor de Buero, a mi juicio tiene obras mejores y más dramáticas, sino porque tuve la suerte de verla personalmente en al menos un par de montajes, aparte de tener el libro y también un vídeo en la versión que hizo tve en aquel mítico programa titulado Estudio 1. Desde mi juventud fui un apasionado del teatro de Buero, por su dramatismo, su estructura teatral, sus diálogos, sus personajes y su temática. Su vida ya fue de por sí suficientemente dramática, con un fusilamiento que no llegó a realizarse, gracias a Dios, lo que le emparenta con el gran Dostoievski. Su lucha con la dictadura franquista sin exilarse también tiene para mí un gran mérito, la lucha contra la censura, el mantener una ideología y una filosofía vital que chocaban frontalmente con los postulados de la dictadura, me hacen ver a la persona con una perspectiva en la que la dignidad del ser humano es exaltada casi hasta el misticismo, a pesar de su conocido agnosticismo.

La Fundación, a mi juicio, tiene el gran mérito de cimentarse en un montaje muy interesante con muchas posibilidades dramáticas. A pesar de que no me gusta nada desvelar finales, creo que lo llaman spoiler, para comprender mi admiración por esta obra debo hacerlo. En una supuesta fundación, bastante agradable, sobre todo al principio, vemos deambular a un personaje que nos parece muy ingenuo, romántico y lleno de buena voluntad y buenos propósitos. Pero ya desde el principio hay cosas que no encajan y que llaman la atención del espectador. Poco a poco, con un ritmo preciso y muy dramático, va cayendo esa especie de velo de Maya -otra de las poderosas razones por las que me resulta muy interesante esta obra- en la que vive el protagonista, como de alguna manera vivimos todos, incapaces de enfrentarnos de una vez y para siempre a la dura realidad de la vida, esa que nos dice que somos mortales y vamos a morir algún día, no precisamente muy lejano. Cuando al final el protagonista, cuya mente ya es incapaz de mantener el engaño, asume que está viviendo en una cárcel y que su fuga de la realidad -muy cercana a la enfermedad mental- se debe a un acto mezquino y miserable de chivato, solo comprensible desde la tortura, al espectador se le cae también el alma a los pies. A todos nos gustaría vivir en un mundo mejor, más feliz, más humano, más fraternal, pero la realidad es la que es, como en la Fundación. Otro de los grandes atractivos de esta obra es para mí esa forma tan cercana y humana de ver la enfermedad mental. Aunque es cierto, al menos que recuerde, que ninguna de sus obras se trata la enfermedad mental como tal, en muchas de ellas los personajes, aunque arrojados al abismo por la tortura, acaban pasando la línea roja y situándose al otro lado, claramente en el mundo de la enfermedad mental. Y no solo ocurre con las víctimas, sino también con los verdugos, como en La doble historia del doctor Valmy. Aunque Buero no sea un autor que trate la enfermedad mental como tal, con profundidad y sin caretas, sí está muy cercano a bastantes de mis postulados sobre la enfermedad mental y las personas que la sufren.

La tortura es algo casi omnipresente en la obra de Buero, no en vano estuvo en la cárcel, donde fue también torturado y con la mayor tortura que puede sufrir un ser humano, la de aceptar su propia muerte y luego la resurrección milagrosa. Es evidente que esto le marcó como persona y también como dramaturgo, dando a toda su obra una profundidad, una humanidad y una dignidad en la lucha contra el mal y sus esbirros, donde quiera que estén y sean quienes fueren, que para mí le alza a la cúspide del teatro español, al menos del siglo XX, situándole muy arriba en cualquier pirámide teatral española que uno intente confeccionar. La tortura es una forma casi demoníaca de llegar a la enfermedad mental, tanto en la víctima de la tortura como en el torturador. Es esta característica de la tortura la que me ha interesado como enfermo mental, casi tanto como persona que aspira a la gran meta de vivir y morir dignamente. Se podría decir que la tortura es una especie de experimento de laboratorio, artificial, para alcanzar una enfermedad mental a la que normalmente se llega por una predisposición genética, un entorno, una cultura y una serie de acontecimientos dramáticos. A mi juicio, por muy fuerte que sea una persona, por muy digna, por mucho que sea capaz de enfrentarse al sufrimiento y a la muerte, ante la tortura está siempre indefenso como un niño. Todos los torturados, todos los torturadores acaban en la enfermedad mental, como un cordero acabará en las garras de una manada de lobos, a poco que se derrumbe la cerca que le protege. La llegada a la enfermedad mental desde este abismo infernal le da unas características propias a la enfermedad que permite su análisis más al desnudo que en los demás casos.

Esta es para mí una obra que siempre admiré y que en alguna ocasión he estado a punto de utilizar en mis textos sobre la enfermedad mental, también en mis textos budistas. Pero toda la obra de Buero es admirable, por sus personajes, por sus situaciones, por su estructura teatral, muchas veces original, novedosa y llena de hallazgos. Admiro al autor y también a la persona, puesto que aunque no le conocí y uno no sabe cómo es verdaderamente una persona hasta que convive con ella, su obra y la dignidad con que enfrentó su vida tras un acontecimiento tan terrible como un fusilamiento que no llegó a realizarse, es para mí un ejemplo.

Repasando toda su obra en la wikipedia observo que aún me faltan obras por leer, en una primera lectura. Puedo hablar de las que tengo en mi biblioteca. Historia de una escalera; En la ardiente oscuridad; Las cartas boca abajo; Un soñador para un pueblo; Las Meninas; El concierto de San Ovidio; El tragaluz; La doble historia del doctor Valmy; El sueño de la razón; La fundación y Caimán, sin contar las que pude ver en representaciones televisivas o teatrales en persona.

Aunque para muchos el teatro es el género literario más moribundo, que siempre está muriendo, agonizando, y que nunca termina de morir, para mí sigue teniendo plena vigencia a pesar de todas las modernuras y de la importancia que tiene el montaje frente al texto del autor, que puede redimirlo o hundirlo en la miseria. En algún momento de mi trayectoria como escritor aficionado incursioné en el teatro, sin llegar a terminar ninguna obra, como por otro lado me ocurre con la novela o con la mayoría de mis textos. Aún recuerdo esa obra que tengo sin terminar y que espero también rematar algún día, titulada “Algunas consideraciones sobre la guerra psicológica” y que inicié precisamente cuando estaba viviendo un acoso, un mobbing, verdaderamente infernal. Tal vez haya sido incapaz de terminarla por la rabia, la cólera muda, el deseo de venganza y otros sentimientos igualmente poco constructivos, que me llevaron a tomarme esa obra como algo personal. También recuerdo otra, la pistola, poco satisfactoria, aunque sigo creyendo que muy aprovechable.

Si hasta ahora no he tocado en esta sección el teatro, la poesía u otros géneros literarios ha sido por dejadez y por una obsesión por la novela que me ha impedido ver el bosque. Pero mi biblioteca personal está conformada también por una buena parte de obras de teatro, poesía, ensayo, etc que también deben figurar aquí, o no sería mi biblioteca personal. Que este sea el primer paso. Y que este sea un homenaje, más que merecido, a Bueno Vallejo, al teatro español y al teatro universal.

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MI BIBLIOTECA PERSONAL XVIII


CUANDO EL ROJO ES NEGRO DE XIALONG

Estoy leyendo con mucho interés toda la serie de novelas de Qiu Xialong, protagonizadas por el inspector jefe Chen. Como me suele suceder con estas series o sagas, a veces debo volver hacia atrás para leer alguna novela que se me había pasado en la lectura cronológica. Comencé con el caso Mao, de 2009, continué con Seda roja, de 2007, Muerte de una heroína roja del 2000, Visado para Shangai del 2002 y el caso de las dos ciudades del 2006. Ahora le toca a Cuando el rojo es negro, del 2004. Aunque las novelas se pueden leer de forma independiente, es aconsejable hacerlo de forma cronológica, en todas ellas la historia del inspector jefe Chen y de su ayudante el detective Yu va avanzando, por lo que de esta forma se evitan anacronías que no son muy importantes, pero sí molestas.

No conocía a Qiu Xialong, un escritor de novela policiaca muy interesante, no porque revolucione el género negro, sino más bien por el retrato de la sociedad china que ofrece a través de sus historias. Nació en Shangai en 1953 por lo que tiene tres años más que yo. El retrato que hace de esta ciudad no le quita el aura cinematográfica de películas como la dama de Shangai de Orson Wells o el embrujo de Shangai, novela de Juan Marsé llevada al cine por Fernando Trueba. Antes de saber que el autor vive desde 1988 en USA y da clases en la universidad de Saint-Louis, me llamó la atención que estas novelas pudieran haber sido escritas en China y autorizadas por el régimen. No hay en ellas una crítica feroz al régimen chino, a pesar de que el padre del autor fuera víctima de la revolución cultural de 1966 y él sufriera las consecuencias hasta su traslado a USA. Yo diría incluso que llama la atención su objetividad y ecuanimidad.

El inspector jefe Chen es uno de esos personajes de novela negra que permanecerán en la historia de la novela negra, como tantos otros que sería muy largo citar aquí. Como todos ellos es un solitario, aunque no se le den muy mal las relaciones sociales. Como el autor el personaje también es traductor al chino de autores de habla inglesa, pero lo que más llama la atención es su condición de poeta (ahora mismo no encuentro ningún antecedente en protagonistas de novelas de este género) y no es un mal poeta, a juzgar por alguno de sus versos, pero sobre todo sorprende su conocimiento de la poesía histórica china de poetas de diferentes dinastías. Sus citas de estos poetas, además de encantar al lector amante de la poesía y hacerle desear leer poesía china tradicional, van jalonando la investigación y dando un toque intuitivo a las elucubraciones del inspector. Porque, en efecto, nuestro icónico detective se parece más a un Sherlock Holmes tradicional, muy intuitivo y deductivo, que a los detectives de la novela negra más característica, repleta de violencia. Es algo que sorprende al lector apasionado y habitual de este género, porque cuesta recordar un momento en el que salgan a relucir armas de fuego y se escuchen disparos. Ahora mismo solo recuerdo una escena de una novela, no puedo concretar, en la que el inspector se ve tiroteado y tiene que llamar con su móvil reglamentario para pedir ayuda al destacamento de policía más cercano. No parece llevar un arma encima, por lo menos no se menciona nunca, o tal vez si se hace en alguna ocasión pasa desapercibido al lector. Sorprende y mucho que un policía como él y su ayudante puedan investigar caso tras caso sin necesidad de sacar el arma ni una sola vez. La violencia en la sociedad china parece estar aún a años luz de la violencia en las sociedades de los países occidentales. Cierto que se genera violencia, se producen crímenes, pero son como algo bastante insólito, aún muy lejano de la ola de violencia tan frecuente en otras novelas negras que retratan sociedades occidentales.

La investigación del crimen es la clásica en la novela policiaca clásica, tal vez más cercana a Agatha Christie y Conan Doyle, los más conocidos en esta clase de novelas, que la accidentada y violenta investigación que llevan a cabo detectives y policías en la novela negra, donde quien no recibe un balazo sufre una paliza, sino es secuestrado y torturado. El respeto en la sociedad china por el policía resulta insólito para un lector occidental. El personaje tiene algunos atractivos para el lector sensible, como es su condición de poeta, a veces escribiendo versos en plena investigación, su erudición sobre la poesía china tradicional, junto alguna que otra máxima confuciana, pero sobre todo, para algunos lectores gourmets, como es mi caso, resulta apasionante la descripción y degustación de platos de la cocina china, más o menos tradicional o moderna. En este sentido me recuerda mucho a Carvalho, el detective de Vazquez Montalbán, aunque se diferencia claramente por su afición a los libros y la visita a las bibliotecas públicas, algo que no encajaría en Carvalho, ya de vuelta de todo, y que se dedica más a la quema de libros que a visitar bibliotecas.

Para un lector occidental resulta apasionante la descripción que hace el autor, a través de su personaje, de la ciudad de Shangai y de la sociedad china. Tal vez lo más llamativo sea ese hacinamiento increíble y espectacular en el que parece vivir todo el mundo, excepto los altos cuadros del partido comunista chino y los nuevos ricos surgidos al amparo de algunas libertades de mercado que se van abriendo paso en una sociedad típicamente comunista. Para un fóbico social como yo semejante hacinamiento pone el vello de punta y sería insufrible para un claustrofóbico. En algunos momentos puede recordar el camarote de los hermanos Marx o lo que podrían sentir las sardinas dentro de una lata. El tema de la vivienda parece ser un problema insoluble en China y la llegada o advenimiento del capitalismo tradicional tampoco parece ser capaz de encontrar solución alguna, salvo para los ricos. Una sociedad tan superpoblada como la China tiene que acostumbrarse a vivir hacinada, intentando mantener un orden estricto, tal como las hormigas en el hormiguero. La descripción de los edificios repletos de vecinos, donde los pisos normales han sido tabicados una y otra vez para lograr que entren más familias, en visiones esperpénticas del camarote de los hermanos Marx, resulta tan insólita para el lector occidental, a pesar del problema de la vivienda y de los okupas, que tiene que irse acostumbrando a este tipo de vida conforme va leyendo todas las novelas de la saga.

Hay otra característica insólita en el inspector jefe Chen y es su pertenencia al partido comunista, donde va ascendiendo, sin mucho interés por su parte, todo sea dicho, y su mano izquierda, nunca mejor dicho, para “torear” a los mandos regionales del partido cuando la investigación del crimen de turno choca frontalmente con los intereses del partido. Algunos personajes políticos que van apareciendo en estas historias son de un color gris tan opaco que por sí solos pueden retratar la clase política china. A lo largo de las historias se va haciendo un buen repaso a la historia china, desde Mao, el gran dictador, a Deng Xiaoping, pasando a la revolución cultural, la guardia roja y tantos otros iconos chinos del siglo XX. Lo que en estas novelas se cuenta ayuda mucho a comprender la historia china y cómo fue vivida por los diferentes grupos sociales y cómo puede ir evolucionando la sociedad china hacia un capitalismo “sui géneris” que uno piensa que con el tiempo no se diferenciará gran cosa de nuestro conocido capitalismo occidental. Se atisba con fuerza cómo son y serán los nuevos ricos chinos y cómo encajan en una sociedad comunista, algo que hasta la lectura de estas novelas a mí me resultaba particularmente incomprensible. Concretamente en esta novela la traducción al inglés de un proyecto de urbanización o ciudad moderna, que respeta al mismo tiempo la construcción china tradicional, que se encarga por un millonario al inspector jefe Chen hace que su ayudante Yu, tenga un importante papel, algo que por otro lado también tenía, aunque menos en las otras novelas de la serie. Es un personaje muy interesante, una especie de doctor Watson chino, que junto son su familia, su esposa y su hijo, así como su padre, un viejo policía jubilado, nos permiten hacernos una idea de cómo es y cómo funciona la familia china. Hay otros personajes secundarios muy interesantes, como en esta novela en concreto la secretaria que le es impuesta a Chen por el millonario que le hace el encargo.

Entre los grandes hallazgos de esta novela y de toda la saga están los personajes, muy sólidos, muy bien trazados, muy chinos, se podría decir. Es uno de los andamiajes básicos de esta saga, como lo es también la descripción de la sociedad china basada en una ciudad tan mítica como Shangai. Estas historias tienen muchos alicientes para el lector occidental interesado en la cultura china, aunque tal vez el lector habitual y apasionado de novela negra se sienta un poco desilusionado porque las investigaciones de los crímenes, a pesar de su interés, su ritmo y suspense, no aportan mucha originalidad y son más interesantes para el lector de novela policíaca deductiva clásica que para el lector caníbal de novela negra, repleta de cadáveres y de violencia.

Para mí ha sido una lectura muy amena, interesante, a veces apasionante y sobre todo un descubrimiento de la novela policíaca negra que desconocía totalmente. Una lectura exótica como lo será el descubrimiento de la novela negra japonesa en lo que estoy ahora. Dentro del género la peculiaridad del cada país le da un toque muy especial, más en los casos de países exóticos y desconocidos como puede ser China. Un consejo para el lector, si puede que se lea la saga de forma cronológica, desde la primera novela hasta la última, aunque si no le resulta posible no debería renunciar a la lectura de la novela que caiga en sus manos, creo que no le decepcionará, salvo que no pueda prescindir de la sangre y la violencia de la novela negra más caníbal.

SINOPSIS

El inspector jefe Chen ha pedido unas merecidas vacaciones que va a dedicar, por encargo de un millonario, a la traducción del chino al inglés de una especie de folleto que este millonario deberá entregar a sus socios occidentales para que le ayuden a financiar una urbanización moderna basada en un modo de construir tradicional chino. No puede resistirse a los cuantiosos emolumentos que se le ofrecen, aparte de la simpatía que siente por el millonario al que debe algún favor. Mientras traduce, con la inestimable ayuda de una adorable secretaria que le es impuesta por el millonario, su ayudante, el detective Yu, deberá ocuparse de investigar un crimen que tiene trazas de ser político, por lo que la presión resulta insufrible. Cuando la novelista Yin es asesinada en su diminuto cuarto de un edificio tradicional tras la publicación de una novela muy crítica con la guardia roja y la revolución cultural, el detective Yu debe hacerse cargo de toda la investigación, aunque el inspector jefe Chen no dejará de aportar sus conocidas intuiciones y sus versos.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: QIU XIALONG
TÍTULO ORIGINAL: When Red is Black
EDITORIAL: ALMUZARA
SBN: 9788496968974
GÉNERO: NARRATIVA
SUBGÉNERO: NOVELA NEGRA

MI BIBLIOTECA PERSONAL XVII


MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN Y OTRAS NOVELAS DE PíO BAROJA

Aunque creo haber leído a Paco Umbral que la serie de novelas históricas de Pío Baroja con ese título eran lo más flojo de la producción del gran novelista, es difícil encontrar en un novelista de su altura “algo flojo” como reconoce el mismo Umbral. Se podrían comparar con los episodios nacionales de Galdós, como incluso dice la misma wikipedia. Es una gran suerte que dos novelistas de máxima altura, como Galdós y Baroja, se hayan ocupado de ciertos episodios de la historia de España, porque aunque sean novelas y ninguno de estos autores lo niega, no dejan de ser “históricas” y ayudan extraordinariamente a comprender la España del siglo XIX, un regalo para quienes gustamos de la historia pero no hasta el punto de rumiar mamotretos de datos y estadísticas.

Çomo me ha sucedido con los episodios de Galdós, hubiera supuesto para mí un gran esfuerzo económico hacerme con todos los tomos en papel, por lo que he completado los que me faltaban con libros digitales. Me resulta un poco triste comenzar a rellenar mi “biblioteca personal” con libros digitales porque no me siento con ellos como si fueran “míos”, como me sucede con los libros en papel, que puedo oler, que he manoseado y ensuciado hasta dejar en cada página mis huellas digitales. El libro digital es casi tan impersonal como navegar por Internet. Sin embargo y de alguna manera todos estos libros que he leído o estoy leyendo son un poco míos y los estoy inventariando junto con los libros en papel, como conformando mi biblioteca personal. Teniendo en cuenta los libros de Baroja que tengo en papel creo que juntarlos todos en un estante, digámoslo así, me permite sentirme menos culpable y al tiempo mato dos pájaros de un tiro al poder comentar, aunque sea brevemente la obra de Baroja en papel que forma parte de mi biblioteca desde hace años.

Echando mano del incompleto índice de libros que estoy confeccionando, observo que aparecen los siguientes libros, que tal vez sea alguno más, aún no inventariado:

ZALACAIN EL AVENTURERO(Espasa Calpe-Austral).
EL ARBOL DE LA CIENCIA(Alianza Editorial-Bolsillo).
LA LUCHA POR LA VIDA.
-LA BUSCA.- Editorial El Mundo Millenium
-LA MALA HIERBA.- El Mundo Millenium.
-AURORA ROJA.- El Mundo Millenium.

Mi primer contacto con la obra de Baroja se produjo en la escuela, donde se nos obligaba a memorizar los nombres y circunstancias personales de los grandes de nuestra literatura, leyendo algún párrafo de sus obras más emblemáticas, El maestro, como todos los que han comentado la obra de Baroja, insistía en la sencillez de su estilo, en lo fácil que era de leer y a pesar de ello en su maestría estilística y sobre todo como narrador. Una de las características de Baroja como novelista, que todo crítico y lector acepta como dogma, es la de que es uno de los mejores narradores de nuestra literatura y por lo tanto de la literatura mundial. Ser un gran narrador no quiere decir que necesariamente sea fácil de leer, que lo puedan leer con gusto hasta los niños. Ser grande en la narrativa no exige necesariamente ser ameno, divertido, sencillo. Hay grandes narradores en la historia de la literatura que exigen un pequeño o gran esfuerzo del lector. Se dice de Baroja que es tan sencillo de leer como beberse un vaso de agua. Es cierto que su estilo es sencillo, lineal, con mucho ritmo, nada complicado, si puede emplear un solo adjetivo para describir algo nunca empleará dos. Como decía el gran novelista Graham Green, si quieres contar una historia que tenga ritmo, con buen pulso narrativo, no debes empedrarla de adjetivos, el adjetivo es imprescindible para describir la realidad, pero cuantos más adjetivos introduzcas en una narración, más decrece el ritmo, transformando la historia en un laberinto. Es como pintar un cuadro con todos los colores de la paleta, procurando que no falte ninguno y que se noten todos, al final resultará una pintura espesa, sin perspectiva y sin el menor interés para el espectador.

Zalacaín y El Árbol de la ciencia fueron las primeras incorporaciones a mi biblioteca, en ediciones baratas pero buenas, como eran las de la editorial Austral. Pero no he leído solo las novelas que obran en mi poder, porque en los tiempos en los que visitaba las bibliotecas públicas y sacaba prestados muchos libros, recuerdo haber comenzado con el primer tomo de las obras completas de Baroja y seguido hasta que decidí cambiar de autor, para no agobiarme. Aun me quedan obras por leer de este prolijo autor, entre ellas estas memorias que he comenzado hace algunos meses y de las que acabo de terminar el tomo IV. Son novelas cortas, con mucha acción y la reflexión y la descripción justas. Parece ser que Avinareta fue un ancestro de Baroja, o al menos eso decía él y que en buena parte se respetan los jalones históricos de la vida de este conspirador del siglo XIX que al parecer tuvo tiempo para casi todo. Sus historias son entretenidas y a menudo apasionantes, aunque no se detiene mucho para profundizar en los personajes o completar las descripciones. Se parecen bastante a los cuentos que nos contaban en invierno cerca del fuego y en los que era impensable que el narrador detuviera la acción para decirnos cómo iban vestidos los personajes o describir todos los colores del bosque de Caperucita. No falta un adjetivo cuando es necesario ni una descripción cuando es imprescindible, pero fundamentalmente estas novelas son pura acción, como dice el título, Memorias de un hombre de acción. Aún a pesar de la distancia en el tiempo -el siglo XIX nos queda muy lejos- merece la pena leerse estas veintiuna novelas, sino seguidas, salteándolas con otras novelas en las que estemos interesados.

Se dice de Baroja que es un escritor realista y que nos cuenta siempre la realidad, más o menos inventada o distorsionada para hacerse ficción. Como ocurre con otro gran escritor español realista, Delibes, a quien traeremos pronto a esta biblioteca, los apuntes de la realidad siempre son imprescindibles para confeccionar la novela, una historia anclada en el amplio mar de la realidad. Como lector he disfrutado mucho leyendo a Baroja y como escritor aún he aprendido más.

Zalacaín el aventurero forma parte de su tetralogía sobre la tierra vasca. Luego leería en la biblioteca pública el resto de la tetralogía. Tengo prevista su relectura en cuanto me sea posible.

El Árbol de la ciencia forma parte de la trilogía sobre la raza, compuesta además por La dama errante y la ciudad de la niebla, que aún me quedan por leer.

La lucha por la vida está compuesta por La busca, La mala hierba y Aurora roja.

Aprovechando el mucho tiempo que me deja la jubilación he iniciado estas dos largas sagas, los Episodios nacionales de Galdós y las Memorias de un hombre de acción, de Baroja, curiosamente ambas sobre episodios muy parecidos y sobre una época cronológica idéntica. Me llevará su tiempo, pero es lo que me sobra. Creo que para todo escritor que se precie haber leído a Galdós o Baroja es imprescindible, y más vale tarde que nunca. Intentaré completar mis lecturas sobre ambos autores de una forma sistemática, incluso para un lector insaciable siempre hay obras importantes de la historia de la literatura por leer y que tal vez no se consiga en una sola vida.

MI BIBLIOTECA PERSONAL XIII


MIS PARAÍSOS ARTIFICIALES DE FRANCISCO UMBRAL

Umbral siempre me ha parecido un escritor portentoso en el ámbito estilístico y también como cronista irónico de la actualidad, como un costumbrista a la altura de Larra, por él admirado y como un fino observador de la vida y de las personas. Su amplísima cultura, asimilada a la perfección, le dota de una maravillosa herramienta a la hora de escribir. Siempre he admirado a Umbral, a pesar de que su imagen en los medios siempre dejó mucho que desear. Me recuerda un poco a Dalí, un clown, un maravilloso dominador de la performance, ambos expertos en borrar el pasado, una técnica chamánica de Castaneda, de alguna manera este tipo de comportamientos tienen mucho que ver con el arte de acechar. El guerrero borra su pasado, se esconde en la niebla, es un actor interpretando a cada momento el papel que le conviene. Tras la imagen pública de Umbral está la persona que se puede percibir muy bien en este libro que el “reseñista” de la portada y contraportada tilda de “diario”. Más que un diario personal, al estilo de todos los diarios, al estilo de mi propio diario en esta página, se trata de pequeños apuntes, estampas de facetas de su personalidad, de recuerdos de su pasado, que me hacen pensar en sus artículos de prensa. Cada capítulo es un texto muy breve sobre un tema concreto umbraliano, desde su obsesión por la nariz hasta alguno de sus recuerdos de Valladolid. Siempre me quito el sombrero ante su terrible facilidad para convertir el detalle más cotidiano en una reflexión profunda, plagada de citas literarias, de sabias meditaciones casi budistas. Su estilo me encanta, tal vez en ciertos aspectos intente copiarle subconscientemente en determinadas expresiones o formas de decir de mis propios textos. Me siento muy afín a su forma de escribir, tal vez lo único que eche de menos sea ese mojarse un poco más, a nivel personal, ese poner la carne en el asador. El lector puede descubrir leyendo este libro algunas intimidades y sensibilidades de la persona que no encajan mucho con esa pésima imagen público que llegó a tener en algunos momentos de su vida,, pero yo sigo echando de menos un desnudo más integral, algo curioso porque él defiende la novela personal de Joyce o de Proust entre otros y no la novela realista, aséptica, sin embargo no es fácil desnudarse realmente en público, hace falta ser un auténtico guerrero para tomar ciertas decisiones y Umbral no lo era, aunque tal vez estuviera en el camino.

Ha sido curiosa la forma en que llegó a mí este libro. Bautista, un hombre tan práctico, no se cortó ni un pelo cuando descubrió que algún vecino estaba tirando a la basura sus libros. Se hizo con ellos y me los enseñó. Me invitó a quedarme con alguno y escogí éste de Umbral, una biografía de Jack Kerouac y otro que no recuerdo. Entre las hojas de este libro encontré una carta manuscrita de su poseedor a una amiga, un detalle intimista e intrigante. El libro era viejo y olía a libro, además la carta doblada y vieja, fechada, le daba un toque muy personal, como si estuviera espiando un detalle íntimo de una persona que tal vez esté ya fallecida, dadas las fechas. Me puse a leerlo justo tras la jubilación y me ayudó mucho por las noches a olvidarme de aquella obsesión por no cobrar la pensión. Sin duda es un libro imprescindible para los lectores de Umbral y para cualquier aspirante a escritor que busque mejorar su estilo y aprender cómo se narra cualquier cosa que a uno se le ocurra.

Invito a todos a leer este libro y a olvidarse de si el Umbral público les caía mal o muy mal. La persona que aparece en él merece la pena y el escritor es un prodigio. Tal vez la fama pudo con él como ha podido con tantos otros,, pero si somos capaces de raspar el papel de cefolán en que viene envuelto el personaje descubriremos a una gran persona, muy sensible, muy culta, a un formidable escritor y pasaremos un buen rato, porque los capítulos son muy cortos, interesantes, a veces divertidos y siempre profundos, porque Umbral era un escritor para el que la vida fue siempre mucho más que una estampita en el bolsillo.

Me olvidaba de mencionar que al ver el título me recordó una novela de un escritor galleto Carlos Martinez Barbeito y he tenido que mirar el título en la wikipedia para cerciorarme que no era el mismo. La novela de Barbeito se titula “Los paraísos artificiales” y creo que Umbral pensó en ella al poner el título, aunque no lo dice. Por cierto que la novela de Barbeito es muy recomendabale. La leí siendo un adolescente porque mi padre la tenía en su maleta de cartón de la que algún día hablaré y que fue el inicio de mi vida como lector.

SINOPSIS

Desde el primer capítulo, dedicado a la nariz, hasta sus recuerdos vallisoletanos, pasando por sus gustos literarios, tan finos, todo en el libro nos recuerda al Umbral articulista de periódico, solo que en lugar de su Madrid y sus personajes públicos, habla de sí mismo. No falta algún poema o algún cortísimo texto lírico que nos hacen intuir a un gran poeta y a una persona con la sensibilidad a flor de piel.

AUTOR: FRANCISCO UMBRAL
TÍTULO ORIGINAL: MIS PARAÍSOS ARTIFICIALES
EDITORIAL:ARGOS-VERGARA
ISBN-10: 8470174622
GÉNERO: DIARIO

 

MI BLIOTECA PERSONAL XII


 

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR DE SAUL BELLOW

Acabé la novela hace algún tiempo, pero me impactó tanto que no he dejado de rumiarla desde entonces, como un buey tranquilo y persistente. Es curioso que haya tardado tantos años en descubrir a Bellow, no suelo dejar pasar una sola ocasión de conocer nuevos autores que puedan ampliar mis horizontes de lector, pero no fue hasta hace algunos años que le descubrí en el escaparate de una librería. Entonces me hice con algunos libros que voy leyendo poco a poco, para que duren, como hacía con los caramelos cuando era niño. Hace unos días, confeccionando la lista de lecturas para mi jubilación, fui consciente de lo mucho que me queda por leer, no solo libros interesantes y divertidos o autores desconocidos, sino de auténticas obras maestras que por un motivo u otro no he leído hasta ahora. Me llama la atención especialmente la literatura norteamericana en la que últimamente estoy descubriendo fantásticos autores que son como diamantes pisados al pasar, casi sin querer. Saul Bellow es uno de ellos, pero también están John Irving, al que leí por primera vez hace tres o cuatro años, o Philipp Roth, de quien me dispongo a leer su Pastoral americana, ganadora de un Pulitzer o Richard Ford, último premio princesa de Asturias.

Como dijo el sabio Salomón, no hay nada nuevo bajo el sol. Leyendo a Bellow, mi hinchado ego se pinchó como un globo. Cuando comencé a crear mis personajes humorísticos y encontré esos narradores tan atípicos, también personajes humorísticos ellos, creí haber descubierto América. Pues bien, no, antes llegó Bellow con este fantástico narrador-testigo en primera persona que sin duda es el gran hallazgo de la novela y que se parece bastante, al menos en el tono, a alguno de mis narradores de relatos humorísticos. La novela rezuma humor por todos los poros, pero es un humor tan sutil, tan discreto, que bien pudiera incluso pasar desapercibido para algunos lectores poco duchos en cosas de humor. No sé si se trata del famoso humor judío -aunque Bellow no se parece a Woody Allen- o más bien eslavo-judío-cosmopolita, o es un humor personal del autor. Mi conocimiento de la novela humorística en la historia de la literatura creo que es bastante amplio, pues bien, he recibido tal impresión con esta novela que he recordado mis lecturas del Quijote, mi inspiración humorística ahora y siempre; también he pensado en los Papeles póstumos de Dickens y en las Almas muertas de Gogol, por citar solo algunas obras clave del humor literario. Sin embargo los personajes y situaciones de Bellow son tan peculiares y personales que cuesta hacer comparaciones.

Buscando información sobre Bellow en Google di de bruces con el comentario de un escritor famoso, ahora no recuerdo de quién se trataba, que destacaba cómo Bellow era capaz de utilizarlo todo como material de sus obras, la vida cotidiana, lo más insulso entre lo insulso, cualquier cosa le sirve. Pues bien, nada más cierto, porque en esta novela uno creería estar viendo una carrera de record del mundo, algo así como los cien metros obstáculos. Me imagino al bueno de Saul erigiendo una valle de dos metros y mirando a los espectadores como diciendo, “esto está chupado”. Porque realmente como novelista y como humorista encuentro en la obra una auténtica carrera de obstáculos para ponerlo todo cuanto más difícil mejor y terminar batiendo el record del mundo por mucho. Así a pocos se le ocurrirían darle la profesión de botánico a su personaje. Hay profesiones que dan muy poco juego en la literatura, pero la de botánico se debe ganar la palma. El tío Ben, el protagonista de la historia, no sólo es botánico y botánico apasionado, fogoso, entregado, también tiene una edad que podríamos considerar impropia para el don Juan, antiguo o moderno. Por si fuera poco es un hombre tan cotidiano, hogareño, tan alejado del aventurero de moda, que uno se pregunta qué puede sacar Bellow de un tipo así en el terreno humorístico. Pues saca oro y diamantes. Es increíble, es fantástico.

Por si fuera poco el personaje-narrador, su sobrino, lo hace tan bien, tiene un sentido del humor tan peculiar, tan sutil, que ambos acaban convirtiéndose en algo así como el Quijote y Sancho de la edad moderna o el Gordo y el Flaco de la cinematografía. Porque esa es otra, aunque el personaje central de la historia sea el tío Ben y su sobrino, el narrador, pretenda permanecer en la sombra, en realidad es tan personaje principal como su tío o más. Y por si fuera poco, los secundarios, como en el Quijote, son auténticas obras de arte. Algunos aparecen poco, solo para echarles un vistazo, pero son geniales. Así nos encontramos con la esposa actual del tio Ben, Matilda, un portento de hermosura, sensualidad, inteligencia y todo en una mujer moderna, de familia rica, una de esas mujeres que uno busca como un diamante y nunca encuentra. Sin embargo al tío Ben le persiguen estas mujeres. Es increíble cómo un hombre como él, la antítesis del don Juan, acaba siendo perseguido por mujeres hermosas y ricas, el sueño de cualquier hombre. En realidad el tío Ben está más enamorado de las plantas que de las mujeres, pero no se sabe si es porque tiene algún imán en los bolsillos que las atrae o porque sabe aprovechar las ocasiones, porque tampoco es que sea un hombre totalmente ajeno a la belleza femenina y la sensualidad.

Mientras uno lee la historia se pregunta qué ven las mujeres en el tio Ben. A este respecto recuerdo lo que algunas mujeres me han dicho sobre que ellas no hacen caso del físcio del hombre, sino que buscan la persona que hay en su interior, algo que los hombres nunca hacemos, por supuesto. Pues bien, animado por esta especie de lema femenino, abrigué grandes esperanzas de que ellas pudieran apreciar lo que hay en mi interior, porque está claro que mi exterior no puede ser apreciado. Así pensé que al menos una vez al año una dama se dejaría seducir por mi personalidad interior, o vale, cada dos años, o bueno, tal vez cada cinco o diez años, pero en alguna ocasión. Pues no, no les interesa mi personalidad interior, y creo que no es tan terrible, y parece que mi personalidad exterior influye más de lo que ellas confiesan.

¿A qué viene esto? No es que el tio Ben sea contrahecho, pero tampoco parece un hombre para enamorarlas a todas, tal como lo describe su sobrino. Tampoco es joven, tampoco la botánica parece la mejor profesión, dejando aparte la posibilidad del regalo de una flor exótica. Tampoco tiene labia ni sabe manejarse como un don Juan. Uno se pregunta qué ven las mujeres en él. ¿Tal vez su personalidad interior? Pues no parece tampoco excesivamente interesante. Nadie lo sabe, el caso es que llega a sentirse tan asfixiado que utiliza las invitaciones de colegas botánicos para conferencias o expediciones, para fugarse de la dama ansiosa de turno. Jajá, es increíble como Bellow puede utilizar esta profesión, la antítesis humorística de las profesiones, para sacarle tanto jugo.

El sobrino no se anda atrás. Un joven en la treintena, parece que no mal parecido a pesar de lo mucho que él intenta desprestigiarse, de familia burguesa-aristocrática, con ancestros rusos, con vida parisiense que recuerda a Balzac y sus personajes del barrio de La Opera, se deja seducir por una mujer muy pequeña a pesar de sus curvas voluptuosas, hasta el punto de que los lectores nos preguntamos si en realidad no será enana. Tiene una hija a la que intenta ver y a la que dedica buena parte de sus ingresos, mientras la susodicha madre de su hija prefiere a los amantes brutotes, que le dejen el cuerpo lleno de moratones. En realidad parece una masoquista nata que ha huido, como del rayo, del cariñoso sobrino del tio Ben. No sabemos muy bien si el desamor lo sufre el tio Ben de las bellezas que le asedian o son ellas, las bellezas, las que sufren el desamor de este hombre que sigue enamorado de su primera esposa difunta. Tampoco está muy claro si el sobrino sufre de desamor de la madre de su hija o solo se siente humillado y es su amiga, que llega a una delirante operación de cirugía estética, para que él le haga caso.

Nadie sabe muy bien quién sufre de desamor o quién sufre más o quién debería morir y quién debería vivir, el caso, cierto, es que en la novela hay mucho desamor. También hay personajes antológicos como los padres de Matilda, especialmente el padre, o como el tío del tio Ben, un millanario mezquino que recuerda a los personajes de Dickens, y tan viejo que hasta un pequeño disgusto lo puede mandar al más allá. O la amiga del sobrino del tio Ben, o el hijo del millonario que pretende reconciliarse con su padre antes de que muera, para así poder heredar algo. Todo un ramillete de personajes que sino son tan buenos secundarios como los del Quijote, al menos están muy bien hechos y a un nivel de record del mundo. Bellow, como hizo ya en el Diciembre del decano, aprovecha todo el material cotidiano que tiene a su alcance para descubrir los entresijos de esta sociedad, tanto cómicos como dramáticos. Si yo fuera un corrupto dejaría de serlo al ver la vida y milagros del millonario avaro. Y si fuera un político dejaría de serlo al ver la hilarante escena del gobernador del Estado en esa especie de juicio extraño en la cárcel para ver si le conceden la libertad provisional o no a un supuesto violador.

Hay momentos de humor exquisito que un gourmet del humor y de la buena literatura, como es mi caso, degusta con placer de dioses disfrutando de la ambrosía por primera vez. La obsesión que sufre el tio Ben después de ver Psicosis del maestro, con los hombros de Matilda, que se le parecen a los hombros del Perkins por detrás, disfrazado de su madre, es antológica. Su miedo a asesinarla sonámbulo es tan regocijante como erótica la imagen de la hermosa Matilda siendo observada de esta manera por el tio Ben. También aquí Bellow desincha otro de mis globos, ese que hace referencia a lo bien que soy capaz de unir erotismo y humor en mis relatos. Esto sí que es erotismo del fino, sin describir siquiera cómo Matilda se quita las ligas o el sujetador, mientras el bueno de Ben contempla sus hombros y toda su hermosura se convierte en deseo de estrangularla. Tampoco le gustan sus pechos, demasiado separados. Y esta confidencia se la hace a su sobrino por teléfono, en plena noche, porque no puede dormir, y desde la lavandería del edificio, en el sótano, susurrando para que el guardia de seguridad no le descubra. Genial, Bellow, me quito el sombre y me rasco la calva con deleite.

Creo que ya solo el título nos quintaesencia la novela. El tio Ben es entrevistado en una televisión, creo que después de la catástrofe de Chernobil, y preguntado por las consecuencias de la radioactividad para las plantas, solo se le ocurre decir una frase chusca, tal vez bloqueado por los nervios o por el despiste que le acompaña.

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR QUE A CAUSA DE LA RADIOACTIVIDAD

Es un perfecto resumen de la novela, el desamor mata a muchos, aunque nunca se sabe si uno es la víctima o el verdugo, o las dos cosas y si se merece morir o que lo maten. El amor según San Saul Bellow es una cosa tan extraña que en cierto modo se parece a la radioactividad. Llega sin avisar, te come por dentro, y al final “toos muertos o radioactivos durante toda la eternidad”. A la chita callando Bellow nos deja sin amor, sin esperanza en el futuro de esta torpe humanidad, sin saber muy bien qué harán de nostros estos personajes que nos controlan, millonarios, políticos o los que mueven los hilos, sean quienes fueren. Queda el humor, queda reírse del bueno del tio Ben obsesionado con los hombros de su amada porque ha visto una película del maestro del suspense en el peor momento y que en lugar de aprovechar ese cuerpo esplendoroso y ese entronque con el dinero… Pero no, no voy a hacer spoiler, signifique lo que signifique. Que los lectores lleguen hasta el final y luego se miren al espejo, para ver la cara que se les queda.

SINOPSIS

El narrador está tan obsesionado con su tio Ben que el lector se pregunta si no habrá algo patológico en esta conducta. El narrador ha huído de Europa par refugiarse cerca de su tio, dejando al don Juan de su padre vivir su decadencia y abandonando a su madre en Africa, con una ONG, donde ha huido para librarse del pelmazo de su marido. El narrador nos cuenta como testigo todo lo que le sucede a su tio y sus regocijantes charlas telefónicas y no telefónicas. Vemos pasar personajes tan divertidos como terribles y sobre todo vemos cómo mujeres buscan hombres y cómo hombres creen buscar mujeres, aunque no saben muy bien lo que buscan, ni ellas tampoco. Aquí nadie sabe muy bien lo que busca. Espléndido resumen de lo que es el amor. Que sean más los que mueren de desamor que los que fallecen a causa de la radioactividad es un buen resumen de nuestra sociedad y nuestro tiempo. Todo el mundo preocupado por las estadísticas de las muertes en accidente de tráfico, por catástrofes radioactivas o no, por el terrorismo, por el hambre… y sin embargo parece que son más los que mueren de desamor. Sin embargo nadie se preocupa por entender el amor, por traer una pizca a nuestra vidas y por las terribles consecuencias que el desamor genera en nuestra sociedad.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: SAUL BELLOW
TÍTULO ORIGINAL: More Die of Heartbreak,
EDITORIAL: DEBOLSILLO
ISBN: 9788497938631
GÉNERO: Narrativa

MI BIBLIOTECA PERSONAL XI


 

TRES HISTORIAS DE AMOR DE MANUEL VAZQUEZ MONTALBÁN

Se acerca el verano y las vacaciones -las vacaciones del jubilado son otra cosa- tiempo propicio para las lecturas “suaves”, entretenidas, con su pizca de suspense. Cuando uno se cansa de tomar el sol, del chiringuito, de remojarse, se puede buscar una tumbona y una sombrilla y disfrutar de una lectura corta y agradable, de una de esas historias que uno lee de un tirón y sin parpadear.

El detective Carvalho, uno de mis detectives favoritos, es el protagonista de estas tres novelas cortas que se leen de un tirón, disfrutando de la trama al tiempo que uno se reencuentra con el personaje en un formato distinto, el de la novela corta, que tiene sus propias virtudes y defectos. El mayor riesgo en estas historias detectivescas cortas es el de caer en la tentación de utilizar trucos baratos para librarse de una trama que por su escasa extensión es propensa a soluciones fáciles, poco trabajadas y que no requieran mucha creatividad. Montalbán no cae en lo fácil y le ayuda mucho para conseguirlo en que ya tenga un personaje perfectamente montado en otras novelas largas anteriores. Eso le evita al autor un trabajo previo, meticuloso, de montaje y hace fácil la complicidad con el lector. Ahora solo queda escoger historias que a pesar de su pequeño formato contengan la quintaesencia de las novelas largas.

Carvalho es un hombre cínico que dice no creer en nada, debido a que ha visto tanto y todo tan malo que uno le comprende, pero a pesar de ello sabe muy bien dónde está la línea roja que separa el bien del mal, el respeto al ser humano y la burda utilización de este, como un instrumento, para cualquier fin egoísta que se le ocurra al malvado, siempre tan creativo. Cuando Carvalho tiene que tomar decisiones importantes el lector sabe que siempre estará con las víctimas, con aquellos que a pesar de sus debilidades humanas nunca traspasarán la línea roja. A veces se deja llevar por la tentación de una mujer, por resbalar un poco por el hielo que asfalta las relaciones interpersonales en esta sociedad, o le da por quemar un libro, pero siempre encontrará la paz cocinando un buen plato o buscando algo nuevo y exquisito en la gastronomía de cualquier lugar. La pequeña dosis de afecto que todos necesitamos para sobrevivir, la encuentra en su amante a ratos perdidos, la prostituta Charo,y en ese increíble personaje, en lo físico y en lo psíquico, que es el bueno de Biscuter. No pide más, un buen plato, quemar un libro en la chimenea de su casa de Valvidriera, una visita rápida a Charo, entre cliente y cliente, y una conversación surrealista y casi siempre gastronómica con Biscuter. Con tan escasas ambiciones no es de extrañar que su vida privada no sufra demasiadas complicaciones. En cambio su vida profesional no deja de complicarle la vida hasta los linderos de la muerte. Y no poca culpa de ello la tiene su debilidad por las mujeres más complicadas que encuentra en su camino. Uno está tentado de pensar que Carvalho necesariamente tiene que ser un hombre muy desgraciado y que llora por las noches, a escondidas. Pero bien mirado el resto de personajes que deambulan por sus historias no son precisamente dignos de envidia, sus vidas vacías basculan entre la maldad más perversa y la tontería más supina a la hora de escoger los valores que deben gobernar toda vida. Al menos él tiene la fidelidad de Biscuter, los pechos acogedores y maternales de Charo y la posibilidad de disfrutara de un buen plato y un buen vino mientras observa cómo las páginas del libro de turno se volatilizan en la chimenea, símbolo de lo indigesto que resulta alimentarse solo de ficción y de cómo la realidad a menudo es tan vacía que hay que guardarla en el estuche de cartón de un libro, para luego quemarla, en los momentos más desesperados.

Todas las historias de Carvalho dejan un regustillo amargo en la boca, pero estos tres relatos largos o novelas cortas no dan mucho tiempo a rumiar y eso se nota en que se lleva mucho mejor la acidez de una disección o autopsia de esta sociedad que no tiene remedio y nunca lo tendrá. Si estas tres historias les saben a poco pueden continuar con otras tres, Tres historias de fantasmas, en las que el confeso agnosticismo del autor y de su personaje no salen tan mal parados, como un ateo discreto en la visita a una iglesia.

SINOPSIS

En estas tres historias de amor Calvalho se enfrenta al cadáver de una antigua amante de la que fue un extraño Pigmalión. La melancolía le puede mientras intenta encontrar al asesino que siempre hay tras todo cadáver. También debe saber qué le ha pasado a un viejo rockero, de esos que nunca mueren, pero cuyo cadáver aparece junto a la basura, como un símbolo de la degradación que todos acabamos sufriendo en esta sociedad. Y en la tercera historia una mujer amoral y tan vacía que parece un fantasma es víctima lógica y kármica de sus extraños deseos.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: MANUEL VAZQUEZ MONTALBÁN
TÍTULO: TRES HISTORIAS DE AMOR
EDITORIAL: PLANETA
ISBN: 9788408028103
GÉNERO: NOVELA NEGRA

MI BIBLIOTECA PERSONAL X


 

EL HOMBRECILLO DE LOS GANSOS DE JAKOB WASSERMAN

JAKOB WASSERMANN , EL ACANTILADO, 2001
DATOS DEL LIBRO
Nº de páginas: 696 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: EL ACANTILADO
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788495359599

UN HERMOSO RECUERDO

La mejor etapa de mi vida, literariamente hablando, como lector de literatura, comenzó a los catorce años, cuando descubrí a Dostoievski gracias al profesor de latín, un fraile amable, erudito, una bellísima persona, que nos trataba bien a todos sus alumnos en aquel colegio religioso de Valladolid, pero sobre todo me trató bien a mí, no sé si porque era un adolescente tímido y sensible al que le gustaba la lectura, la música y todo tipo de conocimientos o tal vez porque me viera muy indefenso. De hecho no solo tengo que agradecerle que me permitiera el acceso a la biblioteca de los frailes, mucho más completa que la nuestra, de donde sacaría libros para mí tan importantes y emblemáticos en aquella época como Crimen y Castigo de Dostoievski o a Sangre y fuego de Henryk Sienkiewicz, por poner solo dos ejemplos de libros que me marcaron en mi adolescencia.

Cuando abandoné el colegio, a los dieciocho años, me tuve que conformar con gastar la magra propina que me daban mis padres en los libros más baratos que encontraba, en aquel tiempo los de colección Reno y Bruguera bolsillo. De esta forma me fui haciendo con los primeros ejemplares de lo que con los años sería mi biblioteca personal. Entre estos ejemplares que aún conservo tengo un recuerdo imperecedero del Hombrecillo de los gansos de Wasserman. Buscando datos ahora mismo en Internet he descubierto reseñas en que no ponen muy bien a la novela, en exceso prolija, dicen, más bien costumbrista y con un argumento que se pierde en demasiadas vueltas y revueltas. No tengo reciente la relectura de esta novela, que tal vez llevara a cabo hace más de diez o quince años (la primera lectura fue a los diecinueve años, allá por el año 1975 o un poco antes) por lo que mi recuerdo es borroso y no puedo rebatir todos estos razonamientos. Lo que sí recuerdo fue la sensación de placidez que me produjo su lectura. Como solo podía comprar una novela al mes, o dos si me privaba del cine, tenía que alargar la lectura de las novelas todo lo que me fuera posible porque no tenía más libros. Con posterioridad un familiar, maestro en un instituto, me llevaría sus propios libros a casa puesto que mis padres le habían comentado que era un devorador de libros y nunca tenía bastante. Como era tan tímido que no me atrevía a salir de casa, por si me encontraba con alguna chica por el camino, tuvo el detalle, que le agradeceré siempre, de disfrutar de parte de su biblioteca. En aquel tiempo era tan ingenuo, tan misántropo y misógino, tan fóbico social, sin yo saberlo aún, que ni siquiera me enteré de que existía una biblioteca pública de donde se podían sacar libros en préstamo. Tampoco creo que lo hubiera hecho de haberme enterado puesto que el solo hecho de caminar por la calle e ir hacia algún lugar ya me producía suficiente angustia como para hacer ese recorrido varias veces al mes.

Recuerdo muy bien que leí la novela en mi habitación, tumbado en la cama, escuchando en radio clásico de RNE la música que correspondiera a la programación de la emisora durante aquellos días. Estaba tan ansioso por escuchar música clásica, o ratonera, como decían en casa, que con mi primer sueldo me compré un transistor con FM, grande, con una buena antena, algo muy caro en aquellos tiempos, al menos para un jovencito que comenzaba a trabajar y a quien le pagaban muy poco. Recuerdo que la lectora de esta novela, al tiempo que escuchaba por primera vez la música clásica en el transistor, fue una de las experiencias más placenteras y hermosas de mi vida. Tal vez por ello El hombrecillo de los gansos siempre permanecerá en mi memoria como una de las experiencias más agradables que he tenido nunca como lector. No me importó su “prolijidad” porque necesitaba novelas muy largas para que me duraran hasta la próxima compra, razón por la que si podía elegía novelas muy largas, dentro de mis gustos por la buena literatura. No me importó el costumbrismo porque aquellas descripciones, ahora sé que de las afueras de Nuremberg, ciudad que he conocido recientemente, en mis primeras vacaciones tras el divorcio, en el viaje que hice a Alemania y Austria, con gran deleite por mi parte porque me pareció una ciudad muy, muy hermosa.

He tenido que leer la sinopsis para recordar que el protagonista era músico y se llamaba Daniel y que la estatua a que se refiere el título estaba precisamente en una plaza de Nuremberg. La lectura de esta novela me marcó y su autor formaría parte de mis grandes autores favoritos a partir de entonces. En alguna reseña se le ha comparado a Dostoievski, algo que me parece un poco exagerado, teniendo en cuenta la pasión que siento por el gran escritor ruso. Dicen que fue una novela muy popular en su época, de lo que me alegro mucho. Sin duda su autor, Jakob Wasserman ha pasado a la historia de la literatura.

Entre mis relecturas pendientes está la de esta novela, así como, si me es posible, ampliar mi conocimiento del autor y del resto de su obra. En mi biblioteca personal El hombrecillo de los gansos siempre tendrá un lugar especial, aunque el ejemplar de la colección Reno, sino recuerdo mal, está ya un poco deteriorado.