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MI BIBLIOTECA PERSONAL XVII


MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN Y OTRAS NOVELAS DE PíO BAROJA

Aunque creo haber leído a Paco Umbral que la serie de novelas históricas de Pío Baroja con ese título eran lo más flojo de la producción del gran novelista, es difícil encontrar en un novelista de su altura “algo flojo” como reconoce el mismo Umbral. Se podrían comparar con los episodios nacionales de Galdós, como incluso dice la misma wikipedia. Es una gran suerte que dos novelistas de máxima altura, como Galdós y Baroja, se hayan ocupado de ciertos episodios de la historia de España, porque aunque sean novelas y ninguno de estos autores lo niega, no dejan de ser “históricas” y ayudan extraordinariamente a comprender la España del siglo XIX, un regalo para quienes gustamos de la historia pero no hasta el punto de rumiar mamotretos de datos y estadísticas.

Çomo me ha sucedido con los episodios de Galdós, hubiera supuesto para mí un gran esfuerzo económico hacerme con todos los tomos en papel, por lo que he completado los que me faltaban con libros digitales. Me resulta un poco triste comenzar a rellenar mi “biblioteca personal” con libros digitales porque no me siento con ellos como si fueran “míos”, como me sucede con los libros en papel, que puedo oler, que he manoseado y ensuciado hasta dejar en cada página mis huellas digitales. El libro digital es casi tan impersonal como navegar por Internet. Sin embargo y de alguna manera todos estos libros que he leído o estoy leyendo son un poco míos y los estoy inventariando junto con los libros en papel, como conformando mi biblioteca personal. Teniendo en cuenta los libros de Baroja que tengo en papel creo que juntarlos todos en un estante, digámoslo así, me permite sentirme menos culpable y al tiempo mato dos pájaros de un tiro al poder comentar, aunque sea brevemente la obra de Baroja en papel que forma parte de mi biblioteca desde hace años.

Echando mano del incompleto índice de libros que estoy confeccionando, observo que aparecen los siguientes libros, que tal vez sea alguno más, aún no inventariado:

ZALACAIN EL AVENTURERO(Espasa Calpe-Austral).
EL ARBOL DE LA CIENCIA(Alianza Editorial-Bolsillo).
LA LUCHA POR LA VIDA.
-LA BUSCA.- Editorial El Mundo Millenium
-LA MALA HIERBA.- El Mundo Millenium.
-AURORA ROJA.- El Mundo Millenium.

Mi primer contacto con la obra de Baroja se produjo en la escuela, donde se nos obligaba a memorizar los nombres y circunstancias personales de los grandes de nuestra literatura, leyendo algún párrafo de sus obras más emblemáticas, El maestro, como todos los que han comentado la obra de Baroja, insistía en la sencillez de su estilo, en lo fácil que era de leer y a pesar de ello en su maestría estilística y sobre todo como narrador. Una de las características de Baroja como novelista, que todo crítico y lector acepta como dogma, es la de que es uno de los mejores narradores de nuestra literatura y por lo tanto de la literatura mundial. Ser un gran narrador no quiere decir que necesariamente sea fácil de leer, que lo puedan leer con gusto hasta los niños. Ser grande en la narrativa no exige necesariamente ser ameno, divertido, sencillo. Hay grandes narradores en la historia de la literatura que exigen un pequeño o gran esfuerzo del lector. Se dice de Baroja que es tan sencillo de leer como beberse un vaso de agua. Es cierto que su estilo es sencillo, lineal, con mucho ritmo, nada complicado, si puede emplear un solo adjetivo para describir algo nunca empleará dos. Como decía el gran novelista Graham Green, si quieres contar una historia que tenga ritmo, con buen pulso narrativo, no debes empedrarla de adjetivos, el adjetivo es imprescindible para describir la realidad, pero cuantos más adjetivos introduzcas en una narración, más decrece el ritmo, transformando la historia en un laberinto. Es como pintar un cuadro con todos los colores de la paleta, procurando que no falte ninguno y que se noten todos, al final resultará una pintura espesa, sin perspectiva y sin el menor interés para el espectador.

Zalacaín y El Árbol de la ciencia fueron las primeras incorporaciones a mi biblioteca, en ediciones baratas pero buenas, como eran las de la editorial Austral. Pero no he leído solo las novelas que obran en mi poder, porque en los tiempos en los que visitaba las bibliotecas públicas y sacaba prestados muchos libros, recuerdo haber comenzado con el primer tomo de las obras completas de Baroja y seguido hasta que decidí cambiar de autor, para no agobiarme. Aun me quedan obras por leer de este prolijo autor, entre ellas estas memorias que he comenzado hace algunos meses y de las que acabo de terminar el tomo IV. Son novelas cortas, con mucha acción y la reflexión y la descripción justas. Parece ser que Avinareta fue un ancestro de Baroja, o al menos eso decía él y que en buena parte se respetan los jalones históricos de la vida de este conspirador del siglo XIX que al parecer tuvo tiempo para casi todo. Sus historias son entretenidas y a menudo apasionantes, aunque no se detiene mucho para profundizar en los personajes o completar las descripciones. Se parecen bastante a los cuentos que nos contaban en invierno cerca del fuego y en los que era impensable que el narrador detuviera la acción para decirnos cómo iban vestidos los personajes o describir todos los colores del bosque de Caperucita. No falta un adjetivo cuando es necesario ni una descripción cuando es imprescindible, pero fundamentalmente estas novelas son pura acción, como dice el título, Memorias de un hombre de acción. Aún a pesar de la distancia en el tiempo -el siglo XIX nos queda muy lejos- merece la pena leerse estas veintiuna novelas, sino seguidas, salteándolas con otras novelas en las que estemos interesados.

Se dice de Baroja que es un escritor realista y que nos cuenta siempre la realidad, más o menos inventada o distorsionada para hacerse ficción. Como ocurre con otro gran escritor español realista, Delibes, a quien traeremos pronto a esta biblioteca, los apuntes de la realidad siempre son imprescindibles para confeccionar la novela, una historia anclada en el amplio mar de la realidad. Como lector he disfrutado mucho leyendo a Baroja y como escritor aún he aprendido más.

Zalacaín el aventurero forma parte de su tetralogía sobre la tierra vasca. Luego leería en la biblioteca pública el resto de la tetralogía. Tengo prevista su relectura en cuanto me sea posible.

El Árbol de la ciencia forma parte de la trilogía sobre la raza, compuesta además por La dama errante y la ciudad de la niebla, que aún me quedan por leer.

La lucha por la vida está compuesta por La busca, La mala hierba y Aurora roja.

Aprovechando el mucho tiempo que me deja la jubilación he iniciado estas dos largas sagas, los Episodios nacionales de Galdós y las Memorias de un hombre de acción, de Baroja, curiosamente ambas sobre episodios muy parecidos y sobre una época cronológica idéntica. Me llevará su tiempo, pero es lo que me sobra. Creo que para todo escritor que se precie haber leído a Galdós o Baroja es imprescindible, y más vale tarde que nunca. Intentaré completar mis lecturas sobre ambos autores de una forma sistemática, incluso para un lector insaciable siempre hay obras importantes de la historia de la literatura por leer y que tal vez no se consiga en una sola vida.

MI BIBLIOTECA PERSONAL XIII


MIS PARAÍSOS ARTIFICIALES DE FRANCISCO UMBRAL

Umbral siempre me ha parecido un escritor portentoso en el ámbito estilístico y también como cronista irónico de la actualidad, como un costumbrista a la altura de Larra, por él admirado y como un fino observador de la vida y de las personas. Su amplísima cultura, asimilada a la perfección, le dota de una maravillosa herramienta a la hora de escribir. Siempre he admirado a Umbral, a pesar de que su imagen en los medios siempre dejó mucho que desear. Me recuerda un poco a Dalí, un clown, un maravilloso dominador de la performance, ambos expertos en borrar el pasado, una técnica chamánica de Castaneda, de alguna manera este tipo de comportamientos tienen mucho que ver con el arte de acechar. El guerrero borra su pasado, se esconde en la niebla, es un actor interpretando a cada momento el papel que le conviene. Tras la imagen pública de Umbral está la persona que se puede percibir muy bien en este libro que el “reseñista” de la portada y contraportada tilda de “diario”. Más que un diario personal, al estilo de todos los diarios, al estilo de mi propio diario en esta página, se trata de pequeños apuntes, estampas de facetas de su personalidad, de recuerdos de su pasado, que me hacen pensar en sus artículos de prensa. Cada capítulo es un texto muy breve sobre un tema concreto umbraliano, desde su obsesión por la nariz hasta alguno de sus recuerdos de Valladolid. Siempre me quito el sombrero ante su terrible facilidad para convertir el detalle más cotidiano en una reflexión profunda, plagada de citas literarias, de sabias meditaciones casi budistas. Su estilo me encanta, tal vez en ciertos aspectos intente copiarle subconscientemente en determinadas expresiones o formas de decir de mis propios textos. Me siento muy afín a su forma de escribir, tal vez lo único que eche de menos sea ese mojarse un poco más, a nivel personal, ese poner la carne en el asador. El lector puede descubrir leyendo este libro algunas intimidades y sensibilidades de la persona que no encajan mucho con esa pésima imagen público que llegó a tener en algunos momentos de su vida,, pero yo sigo echando de menos un desnudo más integral, algo curioso porque él defiende la novela personal de Joyce o de Proust entre otros y no la novela realista, aséptica, sin embargo no es fácil desnudarse realmente en público, hace falta ser un auténtico guerrero para tomar ciertas decisiones y Umbral no lo era, aunque tal vez estuviera en el camino.

Ha sido curiosa la forma en que llegó a mí este libro. Bautista, un hombre tan práctico, no se cortó ni un pelo cuando descubrió que algún vecino estaba tirando a la basura sus libros. Se hizo con ellos y me los enseñó. Me invitó a quedarme con alguno y escogí éste de Umbral, una biografía de Jack Kerouac y otro que no recuerdo. Entre las hojas de este libro encontré una carta manuscrita de su poseedor a una amiga, un detalle intimista e intrigante. El libro era viejo y olía a libro, además la carta doblada y vieja, fechada, le daba un toque muy personal, como si estuviera espiando un detalle íntimo de una persona que tal vez esté ya fallecida, dadas las fechas. Me puse a leerlo justo tras la jubilación y me ayudó mucho por las noches a olvidarme de aquella obsesión por no cobrar la pensión. Sin duda es un libro imprescindible para los lectores de Umbral y para cualquier aspirante a escritor que busque mejorar su estilo y aprender cómo se narra cualquier cosa que a uno se le ocurra.

Invito a todos a leer este libro y a olvidarse de si el Umbral público les caía mal o muy mal. La persona que aparece en él merece la pena y el escritor es un prodigio. Tal vez la fama pudo con él como ha podido con tantos otros,, pero si somos capaces de raspar el papel de cefolán en que viene envuelto el personaje descubriremos a una gran persona, muy sensible, muy culta, a un formidable escritor y pasaremos un buen rato, porque los capítulos son muy cortos, interesantes, a veces divertidos y siempre profundos, porque Umbral era un escritor para el que la vida fue siempre mucho más que una estampita en el bolsillo.

Me olvidaba de mencionar que al ver el título me recordó una novela de un escritor galleto Carlos Martinez Barbeito y he tenido que mirar el título en la wikipedia para cerciorarme que no era el mismo. La novela de Barbeito se titula “Los paraísos artificiales” y creo que Umbral pensó en ella al poner el título, aunque no lo dice. Por cierto que la novela de Barbeito es muy recomendabale. La leí siendo un adolescente porque mi padre la tenía en su maleta de cartón de la que algún día hablaré y que fue el inicio de mi vida como lector.

SINOPSIS

Desde el primer capítulo, dedicado a la nariz, hasta sus recuerdos vallisoletanos, pasando por sus gustos literarios, tan finos, todo en el libro nos recuerda al Umbral articulista de periódico, solo que en lugar de su Madrid y sus personajes públicos, habla de sí mismo. No falta algún poema o algún cortísimo texto lírico que nos hacen intuir a un gran poeta y a una persona con la sensibilidad a flor de piel.

AUTOR: FRANCISCO UMBRAL
TÍTULO ORIGINAL: MIS PARAÍSOS ARTIFICIALES
EDITORIAL:ARGOS-VERGARA
ISBN-10: 8470174622
GÉNERO: DIARIO

 

MI BLIOTECA PERSONAL XII


 

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR DE SAUL BELLOW

Acabé la novela hace algún tiempo, pero me impactó tanto que no he dejado de rumiarla desde entonces, como un buey tranquilo y persistente. Es curioso que haya tardado tantos años en descubrir a Bellow, no suelo dejar pasar una sola ocasión de conocer nuevos autores que puedan ampliar mis horizontes de lector, pero no fue hasta hace algunos años que le descubrí en el escaparate de una librería. Entonces me hice con algunos libros que voy leyendo poco a poco, para que duren, como hacía con los caramelos cuando era niño. Hace unos días, confeccionando la lista de lecturas para mi jubilación, fui consciente de lo mucho que me queda por leer, no solo libros interesantes y divertidos o autores desconocidos, sino de auténticas obras maestras que por un motivo u otro no he leído hasta ahora. Me llama la atención especialmente la literatura norteamericana en la que últimamente estoy descubriendo fantásticos autores que son como diamantes pisados al pasar, casi sin querer. Saul Bellow es uno de ellos, pero también están John Irving, al que leí por primera vez hace tres o cuatro años, o Philipp Roth, de quien me dispongo a leer su Pastoral americana, ganadora de un Pulitzer o Richard Ford, último premio princesa de Asturias.

Como dijo el sabio Salomón, no hay nada nuevo bajo el sol. Leyendo a Bellow, mi hinchado ego se pinchó como un globo. Cuando comencé a crear mis personajes humorísticos y encontré esos narradores tan atípicos, también personajes humorísticos ellos, creí haber descubierto América. Pues bien, no, antes llegó Bellow con este fantástico narrador-testigo en primera persona que sin duda es el gran hallazgo de la novela y que se parece bastante, al menos en el tono, a alguno de mis narradores de relatos humorísticos. La novela rezuma humor por todos los poros, pero es un humor tan sutil, tan discreto, que bien pudiera incluso pasar desapercibido para algunos lectores poco duchos en cosas de humor. No sé si se trata del famoso humor judío -aunque Bellow no se parece a Woody Allen- o más bien eslavo-judío-cosmopolita, o es un humor personal del autor. Mi conocimiento de la novela humorística en la historia de la literatura creo que es bastante amplio, pues bien, he recibido tal impresión con esta novela que he recordado mis lecturas del Quijote, mi inspiración humorística ahora y siempre; también he pensado en los Papeles póstumos de Dickens y en las Almas muertas de Gogol, por citar solo algunas obras clave del humor literario. Sin embargo los personajes y situaciones de Bellow son tan peculiares y personales que cuesta hacer comparaciones.

Buscando información sobre Bellow en Google di de bruces con el comentario de un escritor famoso, ahora no recuerdo de quién se trataba, que destacaba cómo Bellow era capaz de utilizarlo todo como material de sus obras, la vida cotidiana, lo más insulso entre lo insulso, cualquier cosa le sirve. Pues bien, nada más cierto, porque en esta novela uno creería estar viendo una carrera de record del mundo, algo así como los cien metros obstáculos. Me imagino al bueno de Saul erigiendo una valle de dos metros y mirando a los espectadores como diciendo, “esto está chupado”. Porque realmente como novelista y como humorista encuentro en la obra una auténtica carrera de obstáculos para ponerlo todo cuanto más difícil mejor y terminar batiendo el record del mundo por mucho. Así a pocos se le ocurrirían darle la profesión de botánico a su personaje. Hay profesiones que dan muy poco juego en la literatura, pero la de botánico se debe ganar la palma. El tío Ben, el protagonista de la historia, no sólo es botánico y botánico apasionado, fogoso, entregado, también tiene una edad que podríamos considerar impropia para el don Juan, antiguo o moderno. Por si fuera poco es un hombre tan cotidiano, hogareño, tan alejado del aventurero de moda, que uno se pregunta qué puede sacar Bellow de un tipo así en el terreno humorístico. Pues saca oro y diamantes. Es increíble, es fantástico.

Por si fuera poco el personaje-narrador, su sobrino, lo hace tan bien, tiene un sentido del humor tan peculiar, tan sutil, que ambos acaban convirtiéndose en algo así como el Quijote y Sancho de la edad moderna o el Gordo y el Flaco de la cinematografía. Porque esa es otra, aunque el personaje central de la historia sea el tío Ben y su sobrino, el narrador, pretenda permanecer en la sombra, en realidad es tan personaje principal como su tío o más. Y por si fuera poco, los secundarios, como en el Quijote, son auténticas obras de arte. Algunos aparecen poco, solo para echarles un vistazo, pero son geniales. Así nos encontramos con la esposa actual del tio Ben, Matilda, un portento de hermosura, sensualidad, inteligencia y todo en una mujer moderna, de familia rica, una de esas mujeres que uno busca como un diamante y nunca encuentra. Sin embargo al tío Ben le persiguen estas mujeres. Es increíble cómo un hombre como él, la antítesis del don Juan, acaba siendo perseguido por mujeres hermosas y ricas, el sueño de cualquier hombre. En realidad el tío Ben está más enamorado de las plantas que de las mujeres, pero no se sabe si es porque tiene algún imán en los bolsillos que las atrae o porque sabe aprovechar las ocasiones, porque tampoco es que sea un hombre totalmente ajeno a la belleza femenina y la sensualidad.

Mientras uno lee la historia se pregunta qué ven las mujeres en el tio Ben. A este respecto recuerdo lo que algunas mujeres me han dicho sobre que ellas no hacen caso del físcio del hombre, sino que buscan la persona que hay en su interior, algo que los hombres nunca hacemos, por supuesto. Pues bien, animado por esta especie de lema femenino, abrigué grandes esperanzas de que ellas pudieran apreciar lo que hay en mi interior, porque está claro que mi exterior no puede ser apreciado. Así pensé que al menos una vez al año una dama se dejaría seducir por mi personalidad interior, o vale, cada dos años, o bueno, tal vez cada cinco o diez años, pero en alguna ocasión. Pues no, no les interesa mi personalidad interior, y creo que no es tan terrible, y parece que mi personalidad exterior influye más de lo que ellas confiesan.

¿A qué viene esto? No es que el tio Ben sea contrahecho, pero tampoco parece un hombre para enamorarlas a todas, tal como lo describe su sobrino. Tampoco es joven, tampoco la botánica parece la mejor profesión, dejando aparte la posibilidad del regalo de una flor exótica. Tampoco tiene labia ni sabe manejarse como un don Juan. Uno se pregunta qué ven las mujeres en él. ¿Tal vez su personalidad interior? Pues no parece tampoco excesivamente interesante. Nadie lo sabe, el caso es que llega a sentirse tan asfixiado que utiliza las invitaciones de colegas botánicos para conferencias o expediciones, para fugarse de la dama ansiosa de turno. Jajá, es increíble como Bellow puede utilizar esta profesión, la antítesis humorística de las profesiones, para sacarle tanto jugo.

El sobrino no se anda atrás. Un joven en la treintena, parece que no mal parecido a pesar de lo mucho que él intenta desprestigiarse, de familia burguesa-aristocrática, con ancestros rusos, con vida parisiense que recuerda a Balzac y sus personajes del barrio de La Opera, se deja seducir por una mujer muy pequeña a pesar de sus curvas voluptuosas, hasta el punto de que los lectores nos preguntamos si en realidad no será enana. Tiene una hija a la que intenta ver y a la que dedica buena parte de sus ingresos, mientras la susodicha madre de su hija prefiere a los amantes brutotes, que le dejen el cuerpo lleno de moratones. En realidad parece una masoquista nata que ha huido, como del rayo, del cariñoso sobrino del tio Ben. No sabemos muy bien si el desamor lo sufre el tio Ben de las bellezas que le asedian o son ellas, las bellezas, las que sufren el desamor de este hombre que sigue enamorado de su primera esposa difunta. Tampoco está muy claro si el sobrino sufre de desamor de la madre de su hija o solo se siente humillado y es su amiga, que llega a una delirante operación de cirugía estética, para que él le haga caso.

Nadie sabe muy bien quién sufre de desamor o quién sufre más o quién debería morir y quién debería vivir, el caso, cierto, es que en la novela hay mucho desamor. También hay personajes antológicos como los padres de Matilda, especialmente el padre, o como el tío del tio Ben, un millanario mezquino que recuerda a los personajes de Dickens, y tan viejo que hasta un pequeño disgusto lo puede mandar al más allá. O la amiga del sobrino del tio Ben, o el hijo del millonario que pretende reconciliarse con su padre antes de que muera, para así poder heredar algo. Todo un ramillete de personajes que sino son tan buenos secundarios como los del Quijote, al menos están muy bien hechos y a un nivel de record del mundo. Bellow, como hizo ya en el Diciembre del decano, aprovecha todo el material cotidiano que tiene a su alcance para descubrir los entresijos de esta sociedad, tanto cómicos como dramáticos. Si yo fuera un corrupto dejaría de serlo al ver la vida y milagros del millonario avaro. Y si fuera un político dejaría de serlo al ver la hilarante escena del gobernador del Estado en esa especie de juicio extraño en la cárcel para ver si le conceden la libertad provisional o no a un supuesto violador.

Hay momentos de humor exquisito que un gourmet del humor y de la buena literatura, como es mi caso, degusta con placer de dioses disfrutando de la ambrosía por primera vez. La obsesión que sufre el tio Ben después de ver Psicosis del maestro, con los hombros de Matilda, que se le parecen a los hombros del Perkins por detrás, disfrazado de su madre, es antológica. Su miedo a asesinarla sonámbulo es tan regocijante como erótica la imagen de la hermosa Matilda siendo observada de esta manera por el tio Ben. También aquí Bellow desincha otro de mis globos, ese que hace referencia a lo bien que soy capaz de unir erotismo y humor en mis relatos. Esto sí que es erotismo del fino, sin describir siquiera cómo Matilda se quita las ligas o el sujetador, mientras el bueno de Ben contempla sus hombros y toda su hermosura se convierte en deseo de estrangularla. Tampoco le gustan sus pechos, demasiado separados. Y esta confidencia se la hace a su sobrino por teléfono, en plena noche, porque no puede dormir, y desde la lavandería del edificio, en el sótano, susurrando para que el guardia de seguridad no le descubra. Genial, Bellow, me quito el sombre y me rasco la calva con deleite.

Creo que ya solo el título nos quintaesencia la novela. El tio Ben es entrevistado en una televisión, creo que después de la catástrofe de Chernobil, y preguntado por las consecuencias de la radioactividad para las plantas, solo se le ocurre decir una frase chusca, tal vez bloqueado por los nervios o por el despiste que le acompaña.

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR QUE A CAUSA DE LA RADIOACTIVIDAD

Es un perfecto resumen de la novela, el desamor mata a muchos, aunque nunca se sabe si uno es la víctima o el verdugo, o las dos cosas y si se merece morir o que lo maten. El amor según San Saul Bellow es una cosa tan extraña que en cierto modo se parece a la radioactividad. Llega sin avisar, te come por dentro, y al final “toos muertos o radioactivos durante toda la eternidad”. A la chita callando Bellow nos deja sin amor, sin esperanza en el futuro de esta torpe humanidad, sin saber muy bien qué harán de nostros estos personajes que nos controlan, millonarios, políticos o los que mueven los hilos, sean quienes fueren. Queda el humor, queda reírse del bueno del tio Ben obsesionado con los hombros de su amada porque ha visto una película del maestro del suspense en el peor momento y que en lugar de aprovechar ese cuerpo esplendoroso y ese entronque con el dinero… Pero no, no voy a hacer spoiler, signifique lo que signifique. Que los lectores lleguen hasta el final y luego se miren al espejo, para ver la cara que se les queda.

SINOPSIS

El narrador está tan obsesionado con su tio Ben que el lector se pregunta si no habrá algo patológico en esta conducta. El narrador ha huído de Europa par refugiarse cerca de su tio, dejando al don Juan de su padre vivir su decadencia y abandonando a su madre en Africa, con una ONG, donde ha huido para librarse del pelmazo de su marido. El narrador nos cuenta como testigo todo lo que le sucede a su tio y sus regocijantes charlas telefónicas y no telefónicas. Vemos pasar personajes tan divertidos como terribles y sobre todo vemos cómo mujeres buscan hombres y cómo hombres creen buscar mujeres, aunque no saben muy bien lo que buscan, ni ellas tampoco. Aquí nadie sabe muy bien lo que busca. Espléndido resumen de lo que es el amor. Que sean más los que mueren de desamor que los que fallecen a causa de la radioactividad es un buen resumen de nuestra sociedad y nuestro tiempo. Todo el mundo preocupado por las estadísticas de las muertes en accidente de tráfico, por catástrofes radioactivas o no, por el terrorismo, por el hambre… y sin embargo parece que son más los que mueren de desamor. Sin embargo nadie se preocupa por entender el amor, por traer una pizca a nuestra vidas y por las terribles consecuencias que el desamor genera en nuestra sociedad.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: SAUL BELLOW
TÍTULO ORIGINAL: More Die of Heartbreak,
EDITORIAL: DEBOLSILLO
ISBN: 9788497938631
GÉNERO: Narrativa

MI BIBLIOTECA PERSONAL XI


 

TRES HISTORIAS DE AMOR DE MANUEL VAZQUEZ MONTALBÁN

Se acerca el verano y las vacaciones -las vacaciones del jubilado son otra cosa- tiempo propicio para las lecturas “suaves”, entretenidas, con su pizca de suspense. Cuando uno se cansa de tomar el sol, del chiringuito, de remojarse, se puede buscar una tumbona y una sombrilla y disfrutar de una lectura corta y agradable, de una de esas historias que uno lee de un tirón y sin parpadear.

El detective Carvalho, uno de mis detectives favoritos, es el protagonista de estas tres novelas cortas que se leen de un tirón, disfrutando de la trama al tiempo que uno se reencuentra con el personaje en un formato distinto, el de la novela corta, que tiene sus propias virtudes y defectos. El mayor riesgo en estas historias detectivescas cortas es el de caer en la tentación de utilizar trucos baratos para librarse de una trama que por su escasa extensión es propensa a soluciones fáciles, poco trabajadas y que no requieran mucha creatividad. Montalbán no cae en lo fácil y le ayuda mucho para conseguirlo en que ya tenga un personaje perfectamente montado en otras novelas largas anteriores. Eso le evita al autor un trabajo previo, meticuloso, de montaje y hace fácil la complicidad con el lector. Ahora solo queda escoger historias que a pesar de su pequeño formato contengan la quintaesencia de las novelas largas.

Carvalho es un hombre cínico que dice no creer en nada, debido a que ha visto tanto y todo tan malo que uno le comprende, pero a pesar de ello sabe muy bien dónde está la línea roja que separa el bien del mal, el respeto al ser humano y la burda utilización de este, como un instrumento, para cualquier fin egoísta que se le ocurra al malvado, siempre tan creativo. Cuando Carvalho tiene que tomar decisiones importantes el lector sabe que siempre estará con las víctimas, con aquellos que a pesar de sus debilidades humanas nunca traspasarán la línea roja. A veces se deja llevar por la tentación de una mujer, por resbalar un poco por el hielo que asfalta las relaciones interpersonales en esta sociedad, o le da por quemar un libro, pero siempre encontrará la paz cocinando un buen plato o buscando algo nuevo y exquisito en la gastronomía de cualquier lugar. La pequeña dosis de afecto que todos necesitamos para sobrevivir, la encuentra en su amante a ratos perdidos, la prostituta Charo,y en ese increíble personaje, en lo físico y en lo psíquico, que es el bueno de Biscuter. No pide más, un buen plato, quemar un libro en la chimenea de su casa de Valvidriera, una visita rápida a Charo, entre cliente y cliente, y una conversación surrealista y casi siempre gastronómica con Biscuter. Con tan escasas ambiciones no es de extrañar que su vida privada no sufra demasiadas complicaciones. En cambio su vida profesional no deja de complicarle la vida hasta los linderos de la muerte. Y no poca culpa de ello la tiene su debilidad por las mujeres más complicadas que encuentra en su camino. Uno está tentado de pensar que Carvalho necesariamente tiene que ser un hombre muy desgraciado y que llora por las noches, a escondidas. Pero bien mirado el resto de personajes que deambulan por sus historias no son precisamente dignos de envidia, sus vidas vacías basculan entre la maldad más perversa y la tontería más supina a la hora de escoger los valores que deben gobernar toda vida. Al menos él tiene la fidelidad de Biscuter, los pechos acogedores y maternales de Charo y la posibilidad de disfrutara de un buen plato y un buen vino mientras observa cómo las páginas del libro de turno se volatilizan en la chimenea, símbolo de lo indigesto que resulta alimentarse solo de ficción y de cómo la realidad a menudo es tan vacía que hay que guardarla en el estuche de cartón de un libro, para luego quemarla, en los momentos más desesperados.

Todas las historias de Carvalho dejan un regustillo amargo en la boca, pero estos tres relatos largos o novelas cortas no dan mucho tiempo a rumiar y eso se nota en que se lleva mucho mejor la acidez de una disección o autopsia de esta sociedad que no tiene remedio y nunca lo tendrá. Si estas tres historias les saben a poco pueden continuar con otras tres, Tres historias de fantasmas, en las que el confeso agnosticismo del autor y de su personaje no salen tan mal parados, como un ateo discreto en la visita a una iglesia.

SINOPSIS

En estas tres historias de amor Calvalho se enfrenta al cadáver de una antigua amante de la que fue un extraño Pigmalión. La melancolía le puede mientras intenta encontrar al asesino que siempre hay tras todo cadáver. También debe saber qué le ha pasado a un viejo rockero, de esos que nunca mueren, pero cuyo cadáver aparece junto a la basura, como un símbolo de la degradación que todos acabamos sufriendo en esta sociedad. Y en la tercera historia una mujer amoral y tan vacía que parece un fantasma es víctima lógica y kármica de sus extraños deseos.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: MANUEL VAZQUEZ MONTALBÁN
TÍTULO: TRES HISTORIAS DE AMOR
EDITORIAL: PLANETA
ISBN: 9788408028103
GÉNERO: NOVELA NEGRA

MI BIBLIOTECA PERSONAL X


 

EL HOMBRECILLO DE LOS GANSOS DE JAKOB WASSERMAN

JAKOB WASSERMANN , EL ACANTILADO, 2001
DATOS DEL LIBRO
Nº de páginas: 696 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: EL ACANTILADO
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788495359599

UN HERMOSO RECUERDO

La mejor etapa de mi vida, literariamente hablando, como lector de literatura, comenzó a los catorce años, cuando descubrí a Dostoievski gracias al profesor de latín, un fraile amable, erudito, una bellísima persona, que nos trataba bien a todos sus alumnos en aquel colegio religioso de Valladolid, pero sobre todo me trató bien a mí, no sé si porque era un adolescente tímido y sensible al que le gustaba la lectura, la música y todo tipo de conocimientos o tal vez porque me viera muy indefenso. De hecho no solo tengo que agradecerle que me permitiera el acceso a la biblioteca de los frailes, mucho más completa que la nuestra, de donde sacaría libros para mí tan importantes y emblemáticos en aquella época como Crimen y Castigo de Dostoievski o a Sangre y fuego de Henryk Sienkiewicz, por poner solo dos ejemplos de libros que me marcaron en mi adolescencia.

Cuando abandoné el colegio, a los dieciocho años, me tuve que conformar con gastar la magra propina que me daban mis padres en los libros más baratos que encontraba, en aquel tiempo los de colección Reno y Bruguera bolsillo. De esta forma me fui haciendo con los primeros ejemplares de lo que con los años sería mi biblioteca personal. Entre estos ejemplares que aún conservo tengo un recuerdo imperecedero del Hombrecillo de los gansos de Wasserman. Buscando datos ahora mismo en Internet he descubierto reseñas en que no ponen muy bien a la novela, en exceso prolija, dicen, más bien costumbrista y con un argumento que se pierde en demasiadas vueltas y revueltas. No tengo reciente la relectura de esta novela, que tal vez llevara a cabo hace más de diez o quince años (la primera lectura fue a los diecinueve años, allá por el año 1975 o un poco antes) por lo que mi recuerdo es borroso y no puedo rebatir todos estos razonamientos. Lo que sí recuerdo fue la sensación de placidez que me produjo su lectura. Como solo podía comprar una novela al mes, o dos si me privaba del cine, tenía que alargar la lectura de las novelas todo lo que me fuera posible porque no tenía más libros. Con posterioridad un familiar, maestro en un instituto, me llevaría sus propios libros a casa puesto que mis padres le habían comentado que era un devorador de libros y nunca tenía bastante. Como era tan tímido que no me atrevía a salir de casa, por si me encontraba con alguna chica por el camino, tuvo el detalle, que le agradeceré siempre, de disfrutar de parte de su biblioteca. En aquel tiempo era tan ingenuo, tan misántropo y misógino, tan fóbico social, sin yo saberlo aún, que ni siquiera me enteré de que existía una biblioteca pública de donde se podían sacar libros en préstamo. Tampoco creo que lo hubiera hecho de haberme enterado puesto que el solo hecho de caminar por la calle e ir hacia algún lugar ya me producía suficiente angustia como para hacer ese recorrido varias veces al mes.

Recuerdo muy bien que leí la novela en mi habitación, tumbado en la cama, escuchando en radio clásico de RNE la música que correspondiera a la programación de la emisora durante aquellos días. Estaba tan ansioso por escuchar música clásica, o ratonera, como decían en casa, que con mi primer sueldo me compré un transistor con FM, grande, con una buena antena, algo muy caro en aquellos tiempos, al menos para un jovencito que comenzaba a trabajar y a quien le pagaban muy poco. Recuerdo que la lectora de esta novela, al tiempo que escuchaba por primera vez la música clásica en el transistor, fue una de las experiencias más placenteras y hermosas de mi vida. Tal vez por ello El hombrecillo de los gansos siempre permanecerá en mi memoria como una de las experiencias más agradables que he tenido nunca como lector. No me importó su “prolijidad” porque necesitaba novelas muy largas para que me duraran hasta la próxima compra, razón por la que si podía elegía novelas muy largas, dentro de mis gustos por la buena literatura. No me importó el costumbrismo porque aquellas descripciones, ahora sé que de las afueras de Nuremberg, ciudad que he conocido recientemente, en mis primeras vacaciones tras el divorcio, en el viaje que hice a Alemania y Austria, con gran deleite por mi parte porque me pareció una ciudad muy, muy hermosa.

He tenido que leer la sinopsis para recordar que el protagonista era músico y se llamaba Daniel y que la estatua a que se refiere el título estaba precisamente en una plaza de Nuremberg. La lectura de esta novela me marcó y su autor formaría parte de mis grandes autores favoritos a partir de entonces. En alguna reseña se le ha comparado a Dostoievski, algo que me parece un poco exagerado, teniendo en cuenta la pasión que siento por el gran escritor ruso. Dicen que fue una novela muy popular en su época, de lo que me alegro mucho. Sin duda su autor, Jakob Wasserman ha pasado a la historia de la literatura.

Entre mis relecturas pendientes está la de esta novela, así como, si me es posible, ampliar mi conocimiento del autor y del resto de su obra. En mi biblioteca personal El hombrecillo de los gansos siempre tendrá un lugar especial, aunque el ejemplar de la colección Reno, sino recuerdo mal, está ya un poco deteriorado.

MI BIBLIOTECA PERSONAL IX


EL DICIEMBRE DEL DECANO DE SAUL BELLOW

Sigo leyendo en papel todos los libros que puedo, aunque reconozco que el libro electrónico es una gran herramienta, sobre todo cuando necesitas un libro que no tienes en casa para una consulta rápida y te puedes hacer con un PDF en Internet. El invierno del decano fue una de las novelas que adquirí en una librería, en León, hace ya años, y que no había tenido tiempo de leer. En mi biblioteca en papel siempre hay varias estanterías dedicadas a los libros que aún no he tenido tiempo de leer. En mi mesita de noche hay varios libros que voy leyendo antes de dormir, sin perjuicio de leer en otros momentos del día. Pues bien Saul Bellow ha estado en la mesita de noche varios meses. Acostumbro a buscar autores nuevos, que me puedan llenar por su gran calidad literaria y entre los muchos premios Nobel desconocidos y aún no leídos se pueden encontrar agradables sorpresas. No sabía nada de Saul Bellow (1905-2015) escritor norteamericano-canadiense de origen judío que recibió el premio Nobel en 1976. Su familia era de origen ruso, lo que me hace pensar en Nabokov, por ejemplo, y vivió Chicago, la ciudad del frío y de los gansters, que aparece en esta novela como uno de los decorados de la historia que transcurre entre Bucarest, la ciudad de su esposa, a la que tienen que ir en invierno para el entierro de la madre y el Chicago donde residen habitualmente y donde el protagonista Albert Corde, decano de la facultad de periodismo, tiene algunos problemas por sus artículos de prensa sobre temas de corrupción y racismo.

La historia transcurre plácidamente entre un frío y otro, del frío de Bucarest al de Chicago. Mientras en Europa el protagonista intenta llevar como mejor puede todo lo que supone el entierro de su suegra, con el desmoronamiento de su esposa y la relación con sus parientes, en Chicago su compromiso personal con sus propias ideas, al margen de modas y de del terreno sólido de lo políticamente correcto, le llevará a los terrenos pantanosos que debe pisar todo escritor, periodista, artista, creador, que decida mantener sus propias ideas, pese a quien pese, en un mundo donde quien se salga las líneas marcadas por quién sabe quién y que conforman las vallas o cercados donde pastan las verdes ovejas del Edén consumista, sufrirá las severas consecuencias modernas de lo que en otros tiempos fue la herejía castigada por la Inquisición.

No es una novela de suspense, no hay una trama que te pille y te mate de tanto estrés por saber el final, más bien es una de esas narraciones clásicas, típicas de las novelas del siglo XIX, especialmente las rusas, en las que el narrador nunca tiene prisa por llegar a parte alguna y deja que sus personajes se tomen el tiempo que necesiten para reflexionar sobre lo divino y lo humano, la cultura, la política, América y Europa, la condición del hombre moderno, la violencia, el racismo y todo lo que se tercie. El protagonista, seguramente una cara en el espejo deformado de la feria de la ficción del propio autor, intenta llevar como puede la relación matrimonial, el viaje a un país europeo, que no es el suyo y donde se siente perdido, sus conflictos sociales debido a sus artículos de prensa y sus actitudes frente a la sociedad en la que vive, poco comprendidas en su entorno, y ese afán molesto, como un moscardón del frío, como una mosca cojonera del hielo, por analizarlo todo, por bucear en la condición humana, pese a quien pese, y por comprometerse con las consecuencias de intentar cambiar lo inmutable, los tejemanejes de la política, la pesadez bóvida de una sociedad que solo piensa en consumir, lo que sea y a cualquier precio, incluso sus propias carnes si fuera necesario. Una sociedad que no quiere saber nada de problemas, ni de inquietud de conciencias, ni de saber a dónde vamos ni por qué vamos. Una sociedad dormida, conducida al matadero de la violencia por extraños intereses ocultos que son como el viento caprichoso, tan pronto giran en una dirección como la otra.

El invierno del decano no es una novela para leer con prisas, intentando divertirse siguiendo suspenses bien trazados, para aprovechar el poco tiempo de ocio que conseguimos tras el duro ajetreo cotidiano. Es una novela para tener en la mesita de noche y leer unas páginas cada noche, antes de dormir, sin prisas, rumiando ideas y emociones, sintiendo el calorcito bajo las sábanas mientras observamos, como en una película, el frío que está pasando el pobre hombre. Algo que en mi caso es un aliciente más para tirarse de cabeza a la historia. Nunca me atrevo a dar una opinión sabia sobre el estilo de un autor que ha sido traducido, pero tengo la sensación de que en inglés será aún mejor. Un estilo adaptado a la historia que quiere contar, sin exquisiteces estéticas, tampoco sin vulgarismos inútiles, un estilo al servicio del pensamiento del decano y de sus peripecias de un frío a otro, atravesando un océano de ignorancia, en sociedades, capitalistas y comunistas, que curiosamente se parecen mucho en lo básico, nadie quiere pensar por su cuenta, nadie quiere sufrir las consecuencias del compromiso.

Saul Bellow ha supuesto para mí otro gran descubrimiento, una puesta al día de los autores modernos de la literatura norteamericana, autores que siempre me interesan y muchas veces me deslumbran. Seguiré leyendo a este autor que según la wikipedia a influido en casi todos los autores norteamericanos de origen judío, como “ernard Malamud (1914-1986), Howard Fast (1914-2003), Peter Viertel (1920-2007), Betty Friedan (1921-2006), Norman Mailer (1923-2007), Joseph Heller (1923-1999), Herbert Gold (1924), Allen Ginsberg (1926-1997), Neil Simon (1927), Ira Levin (1929-2007), William Goldman ( 1931), Philip Roth (1933), etc. Philip Roth ha escrito:

“La columna vertebral de la literatura estadounidense del siglo XX fue proporcionada por dos escritores: William Faulkner y Saul Bellow.”

SINOPSIS

Alber Corde, decano de la facultad de periodismo, en Chicago, debe viajar con su esposa Mina a Bucarest, su lugar de nacimiento, donde su madre, la suegra de Corde, está muy enferma y fallecerá al poco tiempo de su llegada. Mientras Corde intenta consolar a su esposa y cuidarla, haciéndose cargo de lo que supone un funeral en un país comunista, tiene tiempo para recordar lo ocurrido en Chicago, con sus artículos de prensa que intentan despertar un poco de su letargo a una sociedad que se deja mecer por la corrupción, el racismo y la violencia. El presente de la narración se desarrolla en Bucarest, una ciudad fría, como Chicago, con extensos y meticulosos flashback hacia la vida que el protagonista ha llevado en Chicago, a donde regresará para que la narración tenga un punto y final.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: SAUL BELLOW
TÍTULO ORIGINAL: The Dean’s December (1982)
EDITORIAL: DEBOLSILLO.
ISBN: 9788497937009
GÉNERO: NARRATIVA

LAS NOVELAS DE KURT WALLANDER


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Este es el comentario que he subido en Sonymage sobre las novelas de Kurt Wallander que fueron recomendadas allí por un compañero. Aprovecho para extenderme un poco más sobre el análisis que hice del personaje y de la saga.

El autor es Henning Mankell, novelista sueco, del que no voy a decir mucho, remitiéndome a la wikipedia.

https://es.wikipedia.org/wiki/Henning_Mankell

Bueno, bueno, me encanta que os animéis a conocer a mi amigo Wallander, debo decir que llevo años leyendo sus novelas y tal vez solo me quede alguna de las últimas, cuando su hija toma el relevo, no voy a decir más para no destripar nada. También he tenido la suerte, ahora que me he suscrito a las series por cable, de poder ver toda la serie protagonizada por Kenneth Branagh, el gran actor y director inglés, y que curiosamente da muy bien el físico del personaje, yo al menos lo imaginaba así. La serie es muy buena y merece la pena disfrutarla. En cuanto a las novelas no pude leerlas cronológicamente puesto que fueron cayendo en mi mano un poco aleatoriamente, pero luego las releí de forma cronológica para ver la evolución del personaje y me gustaron aún más.

Como apasionado de la novela negra soy un lector empedernido, desde los clásicos a los modernos, e incluso me atrevo a intentar escribir yo mismo un thriller. Mi admiración para los escritores de novela negra, es muy, muy difícil escribir una novela con suspense en la que los personajes sean sólidos, se describa bien todo un entorno y una sociedad y al mismo tiempo se mantenga el suspense y el ritmo narrativo, es muy difícil, por eso suelo ser comprensivo con quienes no llegan a una gran altura. Como dice Lola con el boom de la novela policiaca nórdica se han colado autores que tal vez no merezcan mucho la pena. He aprovechado que se han publicado en España muchas de estas novelas para leerlas con interés. Es cierto que en demasiados casos se abusa de la sangre y de la carne cortada, yo mismo pensaba que la sociedad sueca, que se describe en las novelas de Wallander no podía ser así, un país moderno, muy desarrollado, con muchas ayudas sociales, liberal en las costumbres, las famosas suecas, etc. no podía ser tan xenófobo, estar tan plagado de sociópatas y asesinos en serie… hasta que nos llegó la noticia de la matanza de la isla de Utoya, que es noruega, pero hace igual de frío que en suecia y parecen estar muy cerca. Resulta curioso que los asesinos en serie parezcan ser un producto muy típico de las sociedades desarrolladas y supuestamente civilizadas. En el tercer mundo se mata para sobrevivir pero parece que en el primero se ha descubierto que no hay nada mejor que la violencia gratuita y el asesinato brutal en serie para acabar con el aburrimiento. Ya decía Bernanos que no hay peor infierno que el del aburrimiento, el del hastío, l’ennui. Y en el primer mundo todos parecen estar muy aburridos.

Lo que más me gusta de Wallander es la descripción del personaje, un solitario incapaz de vivir en pareja, con una hija con la que le cuesta relacionarse, introvertido, un hombre al que la vida no se le da muy bien, por eso se vuelca en su trabajo como una fuga de su propia realidad, obsesionándose con él. Sin duda es uno de los grandes solitarios de la novela negra, a la altura del Philipe Marlowe de Chandler, por ejemplo. Creo que el gran acierto de la saga es entroncar con la novela negra clásica al tiempo que nos describe una sociedad muy moderna donde todo pasa muy deprisa y los monstruos salen de apartamentos vacíos y solitarios para moverse por un paisaje frío, muy frío, gélido, aterrador, pero que a mí me encanta, razón por la que leería cualquier novela nórdica que me llegara, siempre que la historia se desarrollara allí.

En cuanto a la trilogía de Larsson debo decir que también he leído las novelas y visto las películas. Creo que el gran acierto que la convirtió en bestseller fue el personaje marginal de la chica con el que no es difícil identificarse. El periodista es el típico personaje que ayuda a que la historia siga adelante, al que le pasan cosas para que el lector no crea que es dandy que investiga por investigar, pero me temo que hay demasiados trucos narrativos y el personaje pierde humanidad e interés al mismo tiempo. Como bestseller la trilogía es espléndida pero yo particularmente hubiera preferido que no fuera bestseller, que se quitaran los típicos trucos narrativos y se ahondara más en los personajes y en la historia. Un saludo a todos.

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