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UN POEMARIO NEGRO XV


DONDE HABITE EL OLVIDO

A LUIS CERNUDA, UN COMPAÑERO DE VIAJE AL OLVIDO

Donde habite el olvido,
Allí estarás tu.
No quiero, no quiero,
Ni puedo recordar.
Ni siquiera el pasado,
Ni el amargo presente,
Ni el futuro que vendrá.
Los recuerdos me acechan
Como lobos hambrientos.
Deseando devorarme,
Deseando hincar el diente
al magro plato de mi felicidad.

Allí donde habite el olvido,
Allí…allí estarás tú.
Escondido en la sombra
Agazapado en el silencio,
donde nadie te encuentre
Ni siquiera el recuerdo.

Te hirió el sufrimiento,
Te asesinó el remordimiento.
Te hicieron mucho daño
Pero lo peor es el recuerdo.
No es tan duro el desamor
Lo peor es la remembranza.
Duele mucho la soledad
Pero duelen más los amigos,
Perdidos, abandonados, heridos,
Traicionados, sepultados.

Donde habite el olvido,
allí estarás tú.
En una fosa sin nombre,
Apartada de cualquier sendero,
Para que nadie te pise
y pueda tal ver recordarte.

Donde habite el olvido,
Allí estarás tu,
Tu cuerpo, tu mente,
Tu alma, tu destino.

El recuerdo es amargo
Como un pésimo vino.
El recuerdo aún es camino
No dulce y apacible descanso.
El recuerdo es dolor
El recuerdo es desamor.

Allí, allí, donde habite el olvido,
Allí, allí está tu destino.

La vida es recuerdo
del odio clavado como
estandarte de pecado;
de la inútil tristeza
que nunca, nunca ceja,
de la angustia sin esperanza
royendo las vísceras del alma.
Donde habite el olvido
Allí estarás tú,
Tu cuerpo, tu mente,
Tu alma, tu destino.

El insomnio no cesa
Ni con el fin de la noche
Y el recuerdo corrompe
La anhelante mirada.
Recuerdo el presente
Recuerdo el pasado,
Hasta el invisible futuro
Asoma a mi recuerdo.

Allí donde habite el olvido,
Allí…allí está tu destino.
Recuerdo hasta el momento
De mi pecaminoso nacimiento.
Solo el pecado puede
Hacernos nacer a un mundo
Donde recordar es llorar.

Recuerdo cada paso
Cada instante, cada sueño.
Tengo la cabeza vuelta
Hacia el camino recorrido.
Me tambaleo hacia delante
Pero quiero volver atrás
Para vivir la misma vida
Para enmendar los errores
Para cambiar mi destino.

Es un sueño insensato
Repetiría la misma jornada
El instinto asesino
No permite el descanso
La libertad es una burla
Cuando manda tu cuerpo.
Donde habite el olvido
Allí estarás tu,
Tu cuerpo, tu mente,
Tu alma, tu destino.

Quiero la memoria del pez
Vivir siempre el presente
Olvidarme del pasado,
No saber que existe futuro.
El recuerdo hace a la persona
La persona recuerda el dolor
El dolor se prolonga en el tiempo.
No es posible la felicidad
Cuando recuerdas tus errores
Cuando revives tus amores
Cuando nada puedes cambiar.

Ni el odio de tu hermano
Ni el perdón de tu enemigo.

En la noche del olvido
Quisiera poder permanecer.
El recuerdo es una luz deslumbrante
Que ahoga toda esperanza.
El silencio no recuerda
ni el grito ni el gemido
No le llega la voz parlanchina
Hecha de puro recuerdo
El silencio es olvido
Hermano de la muerte.
Allí donde habite el olvido
Allí…allí está tu destino.

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UN POEMARIO NEGRO XIV


 

LA BÚSQUEDA

No es fácil encontrar lo que busco,
No es la satisfacción de un deseo
Lo que guía mis pasos temblorosos,
Ni la esperanza de un mañana diferente,
Ni la tierra de la gran promesa.
Ni siquiera el amor puro
Ni la amistad sin fisuras
Ni el sol cálido de mediodía.

Aún no soy capaz de definirlo,
Pero no es el aire que respiro,
Ni la caricia del océano en mis ojos,
Ni trepar a la montaña para verlo todo.

Noto su presencia acurrucada en el fondo,
Parece esconderse de mí, temerosa,
Carece de figura, no tiene mirada
A veces creo sentir su aliento.

No tiene nombre, no puedo llamarla,
Para atraparla entre mis manos,
Para rozarla suavemente al pasar.
Siempre desaparece en el silencio,
Parece un sueño olvidado.

A veces hablo con ella en voz alta
O le canto muy suave como a un niño.
A veces me detengo sorprendido
Y la busco en cualquier mirada
O me escondo debajo de la cama:
Tal vez le guste jugar al escondite.

Le doy forma de mujer hermosa
Y sueño con un amor sublime
La requiebro con palabras olvidadas
O escribo poemas invisibles.

Me aturdo en el ruido insolente,
Me duermo para calmar su vigilia,
Me pierdo uno y otra vez entre la gente.
Pero noto su amable presencia
Allí donde no la espero.

No es fácil encontrar lo que busco
No es un sueño de mi mente
No es un relámpago en la noche,
No es el elixir de la perpetua alegría.
Me siento triste y cabizbajo
cuando acaba el día preguntándome:
¿cuándo empezó este tormento?

Puede existir algo que no busque?
Que no me necesita, es evidente.
¿Entonces porqué me mira?
¿Porqué sigue ahí, en cualquier parte?

No es fácil encontrar lo que busco
O tal vez, tal vez, no lo deseo.

UN POEMARIO NEGRO XIII


EN MEDIO DE LA NADA

No recuerdo el tiempo.
No sé qué es el espacio.

La materia parece un sueño.

Solo me queda la consciencia.
Pero de qué: no de mi cuerpo,
Si alguna vez lo tuve.
No de un pasado muerto.

Tal vez de mi existencia,
Del suspiro de mi mente.
Me estoy moviendo,
Pero ¿hacia dónde, desde dónde?

En algún tiempo olvidado
Me refugiaba en los espacios,
En los intersticios de la materia inerte.
O huía del presente
Acosado por la culpa
De nacer de un vientre.

El tiempo se curva
En un circulo perfecto.
Fui una vez sin pretenderlo.
Ahora intento recordar
para no permanecer ciego
En el centro de la noche eterna.

No hay caminos en el más allá,
Sólo esperanza de encontrar
Una respuesta en el silencio.

Me imagino caminando
Por senderos de pasión.
Tal vez el sentimiento
No sea algo tan malo.
Tal vez el amor sea
La única respuesta posible.

No quiero engañarme.
Busco al otro en el vacío,
Pero tiene que llenarme.
Estoy aterido de frío
En la helada llanura.
Tiene que ser todo lo que necesito
No me conformo con un poco
De esto, de aquello, de lo otro,
O no me moveré de aquí:
El lugar que he elegido para mí
Está en el centro del silencio.

UN POEMARIO NEGRO XII


EL CÍRCULO DE LA CONSCIENCIA

Confiaba en su consciencia
Como en un pasaporte a la eternidad.
Nada puede matar la consciencia,
Pensaba, apretando los dientes
Como si pudieran arrebatar
La única esperanza de su vida.

A mi lado puede pasar el tiempo
Como un río de mansa corriente,
Los días, como locas cabritillas,
Los meses como apacibles bóvidos
Los años como sabias tortugas,
Pero nada puede agotar
La fuente inagotable,
Oscurecer la luz inasible

Soy un espectador de la vida,
Intento mirar sin involucrarme
Cuando mi cuerpo se duele
Me refugio en el fondo
Allí donde la oscuridad es más profunda,
Donde nada llega, ni siquiera
Las olas del océano del dolor.

UN POEMARIO NEGRO X


CARA AL VIENTO

Has cometido un tremendo error:
No se acepta a los que no se doblan.

Permanecer firme contra el viento
Es una solemne tontería,
Todo el mundo sabe
Que el viento es el más fuerte.

Vale, amigo, el viento no tiene razón,
Pero es preciso saber perder,
Te inclinas un poco al desgaire,
Haces como que te atas el zapato
Y el viento soplará muy suave
No tiene gran interés en acabar
Con quien inclina la cabeza.

En un mundo de tormentas
Solo los tontos permanecen firmes.
O alcanzas el trono de Eolo
Desde donde se domina el mundo
O te escondes en las fangosas zanjas.

En días tranquilos y soleados
Puedes surgir como topo despistado,
Asomar curioso la cabeza
Y mirar tranquilo hacia el horizonte.

Incluso podrías caminar, medroso,
tan solo unos pasos sobre el árido terreno.
No te alejes mucho del hoyo,
Sabes que todo viento es caprichoso.

Da pena verte, la cara erosionada,
Torcida la columna vertebral,
Los pies hundidos en el cieno,
Los ojos tristes, lacrimosos.

Da pena verte, aguardando la tormenta,
Perdiendo de esa manera miserable el tiempo.
Nadie te mira, estás solo,
Porqué empecinarte en esa postura.

Eres orgulloso, soberbio,
Te bastaría con inclinar
Ligeramente la cabeza,
Tan solo una pequeña reverencia,
Y ya no estás solo.
Pacerás en los huertos,
Bajo el tórrido sol,
Sin miedo al viento.

He oido que esta noche
Va a soplar dura la tormenta,
Mientras todos dormimos.
Solo te cogerá a ti despierto,
De pie, cara al viento,
Te va a quebrar el espinazo.

Será una verdadera pena:
Un hombre que prometía tanto.

 

UN POEMARIO NEGRO IX



ESTA TRISTE NOCHE

Esta triste noche quisiera hablar contigo,
no importan las palabras, aunque dialogue el silencio.

Esta triste noche quisiera amar tu cuerpo,
no importan los besos aunque sean tan fríos
como los de una esfinge de hielo.

Esta triste noche quisiera ver tus ojos;
no importa la mirada, aunque solo advierta en ella desprecio.

Esta triste noche en que estas tan lejos
quisiera poder llorar sobre tu cálido pecho,
no importan los latidos, aunque no digan: te quiero.

Esta triste noche quisiera morir entre tus brazos
para olvidar mi tristeza, no importa nada, amor,
aunque me olvides mañana y no entierres mi cuerpo.

Esta triste noche, te hablo a ti, mi sueño,
¡Qué te importa mi amargura!, aunque escupas mi dolor
aunque ni siquiera existas: te quiero.

Esta triste noche no pasará nunca,
no vendrás a consolarme y yo gemiré despierto.

Esta triste noche, ¡Oh Dios, qué noche más triste!,
quisiera no quererte, pero no puedo, amor mío;
no moriré, no, lo sé, tendré que sufrir en silencio.

UN POEMARIO NEGRO VIII


UN TESTAMENTO DESESPERADO

Te parece mal
Que no esgrima mis razones
Contra las tuyas.
Vienes a mí cargado
Con sólidos argumentos,
Para anunciarme
Que me he separado del rebaño.

¿Qué puedo oponer
a una verdad indubitada?.
Es inútil que rebusque
En mis bolsillos vacíos.
El último pedazo de razón
Se perdió hace ya tiempo,
Cayó al río de la vida
Al pasar un puente cualquiera.
En un descuido se deslizó
De mis manos temblorosas
Y la corriente lo arrastró muy lejos.

Dices que vas a tocarme el corazón
Con tus sabias palabras de gurú.
Aunque consigas abrir la puerta
Solo encontrarás el frío viento del vacío.

Anuncias, exultante, que tu fino bisturí
Ha tropezado por fin con el músculo de mi alma.
Te engañas miserablemente,
Lo que queda de ella
Ha sido devorado por los perros
A la puerta de mi casa,
Mientras hozaban en el cubo de la basura.

¿Qué es lo que me queda?.
Preguntas con sutil sarcasmo.
Me queda una muerte digna
Lejos del rebaño que bala
A la puerta del matadero.

Allí donde soplan los vientos,
Lejos del gran redil,
Los corderos extraviados
Son devorados por lobos hambrientos.

No pude elegir mi vida,
Pero elijo mi muerte.

Tu estás bien arropado,
Al calor de ejemplares lanudos
Que bajan la cerviz
Para no ver al matarife.

Prefiero la muerte en la montaña
Mientras la nieve cae mansa
Y ululan vientos de terror.

Nos hemos equivocado todos
Sobre todo el gran rebaño.
Elegimos llenar la barriga
Con el suculento pienso
Que se fabrica con la magra carne
De nuestros desaparecidos hermanos.

Ahora, mientras balan alegres
A la puerta del gran baile
Me tumbo sobre el frío suelo,
Alumbrado por la luna cálida