Categoría: RELATOS TEMÁTICOS EN SONYMAGE

PERDIDO EN LA BELLEZA


"Les llums de l'Ouillat" - Autor: Sirius

“Les llums de l’Ouillat” – Autor: Sirius

PERDIDO EN LA BELLEZA

FOTOGRAFÍA: “Les llums de l’Ouillat” de Sirius
Texto: Slictik

$ Copyright conjunto Sirius-Slictik.

FRAGMENTOS DEL DIARIO DE ALFREDO EL MONTAÑERO

24 de octubre del 2013-10-24

Acabo de regresar de la montaña, donde estuve perdido en un bosque durante una semana, antes de ser rescatado por la guardia civil, a quien no agradezco para nada el rescate porque ni yo lo pedí, ni lo necesitaba… y ahora encima me pasan una minuta de 3000 euros, por tonto, me ha dicho mi señora.

Desde niño- ¡qué digo, desde bebé!- adoro la montaña, adoro los bosques, adoro la naturaleza, adoro comerme una tortilla de patata con hormigas, regada con una bota de vino y sentado sobre un tronco. Mi adoración no ha llegado hasta hacer sacrificios humanos a la diosa naturaleza o a las ninfas de los bosques, por lo demás lo he hecho todo.

Hace unos diez días, aprovechando que me quedaba una semana de vacaciones, que podía alargar con un fin de semana al principio y otro al final, y teniendo en cuenta que mi señora trabajaba en turno de mañana y tarde, con alguna noche de añadidura y que además prolongaba porque nadie más quería prolongar y teniendo en cuenta… (en fin, para qué les voy a contar más, me basta con decirles que trabaja en la sanidad y con los recortes ya se sabe…), pues decidí marcharme yo solito a la montaña. Mi hijo mayor, Juanito, también tenía jornada doble y horas extras no pagadas o remuneradas con un trocito de queso de cabra, por lo que no podría acompañarme (lo que agradezco porque siempre se burla de mí y de mis historias).

Lo dicho, tomé la tienda de campaña, la mochila que llené de latas de fabada, de callos, de fiambre del bueno, de jamón, chorizo, queso y alguna lata, por si acaso; me compré una botella de tinto de Ribera del Duero y lo embutí en la bota de vino (algunos lo consideran una herejía, eso es porque no se lo han tomado en plena naturaleza con una tortilla de patata con hormigas) y con ello y un bizcocho para el desayuno me subí al coche y conduje y conduje y conduje… Confieso con toda humildad que me perdí. Al final me encontré, no diría que sin comerlo ni beberlo, porque había comido antes y bebido un poco (mi señora diría que me perdí porque estaba borracho, pero ella es así, no hay que hacerla caso) digo que me encontré en unas montañas que no conocía, y eso es muy raro porque las conozco todas. Y en un valle preciso, maravilloso, adorable, con un bosque fantástico, inimaginable. Nunca había visto árboles tan altos ni vegetación tan tupida y limpia al mismo tiempo. Era genial y no desaproveché el tiempo, me tomé unas lonchas de jamón, unos taquitos de queso y un buen trozo de chorizo montañero, ahumado y curado a la helada, y me puse en camino, adentrándome en el bosque. Llevaba conmigo la mochila, repleta de comida, por si acaso, la bota de vino y un poco de ropa de abrigo, porque nunca se sabe…

Dejé la tienda de campaña sobre un verde campo, bajo la copuda copa de un árbol, sin montar, pensando que llegaría antes de que se hiciera de noche y la montaría y podría dormir a pierna suelta. No tenía el menor miedo de que me la mangaran o chorizaran, los montañeros somos muy solidarios, empáticos, respetuosos con los colegas y buena y campechana gente. Mi señora siempre me dice que algún día me voy a arrepentir y que me darán un serio disgusto y que bla…blá y blá. Lo cierto es que nunca me ha pasado.

Como digo me adentré en el bosque y me perdí entre tanta belleza, el color otoñal de las hojas me hacía caer la baba y el suelo estaba repleto de hojas secas que rechinaban bajo mis botas de montañero que me costaron una pasta gansa (mi señora se pasó un año quejándose de semejante dispendio para un montañero que lo único que hace es irse a la montaña a tragar para que no le vea su señora y le controle) y sentado bajo un árbol escuché el trino de los pájaros y me tomé un buen trago de la bota y mordisqueé un trozo de queso con una bellota que encontré a mano. Encendí un pitillo y me sentí en la gloria. Eso sí la ceniza y la colilla la puse en una cajita metálica. Jamás me perdonaría quemar el monte en un descuido, jamás. Los que amamos la montaña y el bosque nunca lo quemamos, ni en un descuido. Sería como quemar la piel de nuestra maravillosa amante después de haber hecho el amor como dioses. Ni por un pitillo post-coito quemaría yo la piel de mi amante, nunca, jamás… y la de mi señora tampoco porque buena es ella para dejarme fumar en casa, me arrojaría a los leones y no echaría ni una lagrimita. Los que queman los bosques son esos malditos pirómanos que seguramente reciben una pasta gansa de las constructoras que quieren hacer un residencial de montaña o de millonarios que no tienen bastante con los campos de golf que ya tienen y ordenan a pirómanos idiotas que quemen lo más bello de la naturaleza, un bosque… en otoño.

Lo dicho, que me quedé ligeramente traspuesto. Al despertar miré al cielo entre dos árboles y me pareció que había pasado un tiempo (no sé cuanto porque me dejé el reloj en el coche). Me dije no obstante que nadie me impediría adentrarme aún más en el bosque y disfrutar de semejante belleza. Lo hice pero a medio camino me entró un hambre atroz, saqué el bote de fabada, lo abrí y lo puse al sol; abrí la lata de callos y lo mismo y mientras tanto me comí un poco de cecina con un pedazo de pan de hogaza. Me bebí otro trago y eché un pitillo con mucho cuidado de que la ceniza cayera en la latita y la colilla, apagada con mi pis, fuera a parar al vil metal y no a la fértil tierra.

Les digo que comí tan a gusto y con tantas ganas que no van a creerme y me entró un sopor terrible. Y así me quedé. Al despertar ya era de noche y las estrellas podían apreciarse y amarse a través de los claros del bosque. Todo estaba en silencio. Y entonces comprendí que había cometido un terrible error. Absorto entre tanta belleza no me apercibí del discurrir del tiempo. Ahora estaba perdido en un bosque, de noche, sin la tienda de campaña, solo con una mochila repleta de comida y una bota de vino que estaba en las últimas. Tampoco me había apercibido, al menos no del todo, de que era otoño y en la montaña hace un frío que pela por las noches.

Lo dicho, que pasé una noche criminal, mala de narices, un frío horroroso, tanto que me puse toda la ropa de abrigo que llevaba y me cubrí con las hojas del suelo. Ni por esas, me desperté a mitad de la noche, supongo, y muerto de frío me dispuse a comer para remediarlo, el frío, y encendí un pitillo, pero no encendí fuego, preferí pasar frío a quemar el bosque. ¡Para que luego digan que somos los montañeros los incendiarios!

No les voy a contar más. Me estoy agobiando. Me pasé una semana recorriendo el bosque sin encontrar la salida, comiendo tanto y tan m bien que terminé la mochila al tercer día, luego tuve que alimentarme de hojas, tallos y lo que encontrara. Pasé más frío que “Carracuca” y no podía avisar a nadie porque me había dejado el móvil en el coche y aunque no me lo hubiera olvidado allí no había cobertura, seguro.
Eso sí, disfruté de la belleza del bosque como nunca lo había hecho. Una experiencia casi mística. Lo malo fue el frío y el hambre y el miedo, por las noches, a que bajaran los lobos o me atacaran los jabalíes. En resumen que una mañana escuché lo que me pareció un helicóptero – ya había escuchado un ruido parecido el día anterior- y me asomé a un claro, a ver qué pasaba. Pude ver que era verde y llevaba las insignias de la guardia civil. Verde y en botella….

Enseguida pensé que mi señora les había avisado y eso que le dije que agotaría las vacaciones. No quería que me rescataran, pero por si acaso les saludé con las manos. Parece que me vieron, porque un musculoso número bajó hasta mí con una cuerda de rapel, me ató a otra cuerda y me subieron en volandas. El helicóptero, sin más, me llevó casi hasta casa. Allá abajo pude ver a mi señora, llorando a moco tendido. Ni se imaginan la bronca y todo lo demás.

Con tanta prisa se habían olvidado del coche y la tienda de campaña. Tuve que pedirle a un amigo que me llevara a escondidas, porque mi mujer no me dejaba salir de casa (me escapé por una ventana) y Juanito, mi hijo, no quería ni oírme hablar de llevarme a la montaña. Rescaté el coche y la tienda de campaña (¡ves cómo tenía razón, alma cándida! Esto se lo digo a mi señora) y ahora estoy disfrutando, arrobado, de mi aventura. Perdido en la belleza, eso sí, pero muy contento.

POSTDATA: ¿Y la tortilla de patata? Bueno, es que no se lo puedo contar todo al detalle. Miren, siempre llevo unas cuantas patatas y los huevos los llevo ya rotos y batidos. Siempre llevo una especie de sarten-cazo que lo mismo me sirve para hacer una sopa que una tortilla de patatas. Me la comí el segundo día, al anochecer, antes de disponerme a pasar frío.

NOTA PARA MÍ: Atento, si viene la guardia civil a casa, salir pitando a borrar eso del pitillito en el bosque.

CARNAVAL Y PRIMAVERA EN EL JARDÍN DEL EDÉN


 

ImagenANTECEDENTESCARNAVAL Y PRIMAVERA EN EL JARDÍN DEL EDÉN

ANTECEDENTES

Carl Future llegó a nuestro tiempo presente desde un lejano y deteriorado futuro. Como todo héroe que se precie tuvo que elegir entre la espada y la pared, o lo que es lo mismo, entre una muerte segura y una muerte muy probable, casi segura. Rebelde contra todo lo establecido en aquel tiempo, que era mucho peor que todo lo establecido en este tiempo, fue considerado terrorista y su cabeza puesta a precio, un precio variable según la cotización en bolsa. Decidió robar una nave y lanzarse de bruces contra un agujero negro, pensando que o bien resultaba comprimido y nadie lograría nunca descomprimirlo o bien terminaría en algún lugar de la curvatura espacio-tiempo, con lo que se habría salvado y sus perseguidores no podrían perseguirle salvo que arriesgaran su pellejo, algo que pensó no harían nunca, puesto que ellos no tenían que elegir entre la espada y la pared.

Por suerte nuestro intrépido héroe aterrizó en nuestro presente espacio-temporal, donde llevó a cabo diversos trabajos como ingeniero informático, electrónico, industrial, aeroespacial y algunos trabajillos más. En su currículum consta que también estuvo como jefe de mantenimiento en el Hotel de los Disparates, en tiempos del director Sr. Pestolazzi. Fue allí donde conoció al profesor Cabezaprivilegiada.

Enterado de que sus perseguidores habían logrado encontrar el punto exacto de la curvatura espacio-temporal donde se encontraba Carl y lo estaban buscando con GPS, no perdió el tiempo preguntándose cómo lo habían encontrado y por qué razón se atrevieron a lanzarse de cabeza al agujero negro, se entrevistó de inmediato con el profesor Cabezaprivilegiada, le contó toda la historia y le pidió que le ayudara a construir un generador capaz de transportarlo en el espacio-tiempo, hacia algún lugar remoto donde nadie, ni siquiera sus perseguidores pudieran localizarlo. Tras una ardua negociación en la que el profesor le pidió ayuda para construir alguno de sus preciados juguetitos a cambio de la inapreciable ayuda que solicitaba, ambos se pusieron manos a la masa.

Por suerte o por desgracia el primer experimento fue fallido y ocurrió lo siguiente:

CONSECUENTES

No solo Carl Future sino también el propio profesor Cabezaprivilegiada y el millonario Slictik y su esposa Karen Lactic y hasta el monje Milarepa resultaron también “abducidos” por así decir y ambos-todos “aterrizaron” en una curvatura del espacio-tiempo muy especial, porque nadie tiene claro que el jardín del Edén o Paraíso terrenal esté situado en un espacio y en un tiempo determinados. Justo al entrar en la atmósfera sus ropas se volatilizaron. Digamos que la estampa sería la siguiente: Todos caminan desnudos, en pelota picada, como sus mamás los trajeron al mundo, hacia el gigantesco árbol de la ciencia del bien y del mal, bajo cuya copuda copa están nuestros primeros padres, Adán y Eva, desnudos y aburridos. Solo Milarepa, casto y célibe, ha colocado sus manos sobre sus partes pudendas y camina a saltitos. Al parecer otros han resultado también abducidos, aunque por “aterrizar” en otros puntos del jardín del Edén, desconocemos su número y nombre, aunque es seguro que también han terminado en pelota picada.

En la hora universal estándar faltan pocos días para los carnavales o carnestolendas y algunos más para la primavera. Lo que suceda allí, Jardín del Edén o Paraíso Terrenal, o como quieran llamarlo dependerá de nuestros primeros padres, de nuestros invitados, de los abducidos, de la serpiente, de la manzana, del ángel con la espada de fuego y de nuestro divertido creador, o sea Dios, padre el humor y el divertimento.

NOTA DEL NARRADOR O POSDATA A ESTA MISIVA ESPACIO-TEMPORAL

Celebrar la primavera en pelota picada no es complicado. Dicen las malas lenguas que ya Stravinsky imaginó su Consagración de la primavera en una ceremonia desatada y orgíastica, en la que faunos y ninfas, y nuestros ancestros, la celebraron de esta guisa, desnudos, pero les aseguro que celebrar un carnaval sin disfraces y en pelota picada no es sencillo, ni en Cadiz. No obstante barrunto que andando por medio Carl Future y nuestro ínclito profesor algo se les ocurrirá… seguro.

EN CAPÍTULOS ANTERIORES…Carl Future pide ayuda al profesor Cabezaprivilegiada para escapar de sus perseguidores que le han localizado en este tiempo. Ignora cómo han podido hacerlo y que al atravesar el agujero de gusano hayan caído precisamente sobre su cabeza, pero ha ocurrido y en esta situación de emergencia no duda en negociar con el profesor chiflado que le ayude a generar un nuevo agujero de gusano que le lleve lejos de los matones que el futuro ha enviado en su busca. A cambio el profesor le ha pedido unos cuantos artilugios y algún que otro secretillo para utilizar en sus inventos y regalos. Por desgracia se produjo algún fallo en el generador de agujeros de gusano porque no solo Carl Future se fue al futuro o al menos a otra dimensión sino que le acompañó el profesor chiflado y junto con él cayeron sobre una tierra extraña un grupito de personas muy variopinto, entre ellos el millonario Slictik, su esposa Karen Lactic, y un monje budista llamado Milarepa.

UN CARNAVAL UN TANTO ATÍPICO

Tan pronto tocó suelo Milarepa se preguntó qué había fallado, porque a su lado se lamentaba del golpe el profesor Cabezaprivilegiada. Antes de hacerse otras preguntas, todas muy urgentes, como dónde se encontraba y qué ocurriría ahora si necesitaba regresar o escapar a otro lugar, dado que el profesor estaba con él y sin el generador. Carl Future volvió la cabeza y miró al cielo, observando un extraño fenómeno que le llenó de pavor.

Sobre una colina grisácea, con algún que otro arbolillo y pedrusco, y en un cielo igualmente en blanco y negro, podía apreciarse un revoltijo de nubes que parecían seguir dando vueltas en círculo o espiral. Sin duda eran los últimos coletazos del agujero de gusano que les había exportado hasta allí. ¿Pero dónde estaban? Esa era la pregunta del millón.

Ayudó al profesor a levantarse y fue entonces cuando se llevó una sorpresa morrocotuda al observar que el egregio personaje se encontraba en pelota picada y le miraba con un horror inexpresable pero sí expresado. Future bajo la vista y pudo ver algo que podía contemplar habitualmente en la ducha pero no en público. La conclusión fue evidente, ambos dos estaban desnudos, en pelota picada, y se contemplaban con cara tal de sorpresa que era para hacerles una buena foto. Se pusieron en camino, bajando de la colina hasta un hermoso valle, florido y hermoso, repleto de amapolas, y allí descansaron y giraron en redondo buscando una dirección hacia la que encaminar sus pasos con algún sentido.

Fue entonces cuando contemplaron un espectáculo digno se ser contemplado: Una pareja desnuda se deslizaba entre hierbas y amapolas en dirección a un gran árbol, muy copudo, que ascendía hacia el cielo, como si deseara tocarlo. A su lado un joven desnudo brincaba con las manos sobre las partes pudendas, dando un espectáculo muy penoso. Decidieron seguirles y al cabo de un tiempo no muy prolongado estuvieron a vista de saltamontes del enigmático árbol.
La sorpresa no tuvo límites cuando escucharon unas risitas que parecían proceder de aquel árbol mágico. Tras de su orondo tronco salieron dos figuras desnudas que tal parecían nuestros primeros padres Eva y Adán o Adán y Eva, puesto que el mito de la costilla de Adán, de la que surgió Eva fue abolido como mito machista, lo mismo que el posterior mito en el que Adán salía de la costilla de Eva, un novedoso mito feminista y lo mismo que el mito gnóstico, según el cual Eva fue preñada por la serpiente y dio a luz a Adán, el cual intentó matar a la serpiente pero ésta se lo tragó, como a Jonás, y al salir de su vientre el hombre no recordaba nada e intentó seducir a Eva… y así está la historia en el jardín del Edén.Bajo el árbol del bien y del mal –porque para entonces todos los “invitados” ya sabían dónde se encontraban- se produjo una curiosa asamblea hippie, con desnudos y flores., Desnudos estaban ellos y las flores estaban bajo sus traseros. El millonario Slictik miraba el desnudo de Eva como si no fuera su madre sino una rubia de playboy (y aquí el narrador se hace una pregunta, ¿era Eva rubia o morena, de raza blanca o de otro color?) y Eva le miraba como si ya supiera cómo eran los hombres, pero preguntándose cuándo había tenido un hijo y por qué no recordaba la preñez y por qué le había salido tan deformado y tonto.

Adán miraba a Karen Lactic con el deseo con el que todos los hombres miran a las mujeres y especialmente si son atractivas. Y Carl Future miraba su muñeca donde aún permanecía la pulsera de control de agujeros de gusano que el profesor le había puesto con el fin de enfrentarse a cualquier posible imprevisto. Y el profesor miraba al cielo porque no se atrevía a mirar a su madre Eva, así desnuda, ni a Karen Lactic, ni se atrevía a mirar para abajo por temor a observar su órgano genésico y mingitorio a la vez. Y Milarepa estaba intentando entrar en meditación, pero no lo conseguía porque no soportaba su propia desnudez y menos la desnudez ajena. Todos somos imperfectos y quien no lo fuere que tire una cualidad al río e intente pescarla. Hasta el más santo, hasta el más místico, hasta el pedazo de pan con tumaca que era Milarepa tiene un defecto de carácter y al pobre le dio por no soportar la desnudez, ni la propia –se duchaba con su túnica- ni la ajena y menos la desnudez femenina y aún menos la desnudez femenina seductora y aún menos la desnudez de su madre original y seductora.

Tras las presentaciones y un poco de cháchara intrascendente, para que todo el mundo se repusiera del susto, a Carl Future casi se le saltan las lágrimas al ver la incomodidad de Milarepa. Se acercó a la oreja del profesor y ambos, poniéndose en pie, sin preocuparse ni mucho ni nada de su tubo mingitorio, pidieron permiso a nuestros primeros padres, como nietos o biznietos o tataranietos o ¡vaya usted a saber! que eran que les permitieran ausentarse un momento.Cuando regresó Carl, solo, Milarepa corría entre las amapolas, intentando que se le viera lo menos posible, y el millonario Slictik estaba invitando a la pareja formada por Adán y Eva a su club de millonarios en Marbella. Future le pidió a Milarepa que le acompañara tras unos matorrales y cuando salieron Milarepa portaba una máscara sobre el rostro y otra sobre sus partes pudendas. Según explicó Future a todos se habían encontrado con un tal Don Alcanfor, modisto y decorador, quien a requerimiento de ambos confeccionó un par de máscaras para Milarepa y ambos, profesor y don Alcanfor, se quedaron parloteando sobre cómo solucionar de una forma menos provisional la desnudez de Milarepa. Fue entonces cuando Cabezaprivilegiada recordó su reloj de pulsera multiusos, al estilo James Bond, y mirando la fecha observó complacido que estaban en pleno carnaval. Eso le dio una fantástica idea, si conseguía alambicar y luego mezclar los pigmentos necesarios y don Alcanfor lograba construir un pincel especial, podrían tatuar a Milarepa y a todo el que quisiera, puesto que si estaban en carnaval ni el jardín del Edén les impediría celebrarlo.

Continuará.

DESFILE DE CARNAVAL EN EL JARDÍN DEL EDÉNEste narrador no tiene palabras para describir el caos, el pandemonium, el alboroto, el desorden, el aquelarre que acabó por adueñarse del en otro tiempo (es un decir, porque al parecer en dicho jardín no existía el tiempo) idílico jardín donde nuestros primeros padres fueron situados para que se conocieran, se amaran y procrearan hijos, nietos, bisnietos y así generación tras generación durante siglos y milenios (es un decir de nuevo).

Este narrador no acaba de entender muy bien lo que al parecer se describe en la Biblia, concretamente en el Génesis, porque es imposible que nuestros primeros padres tuvieran hijos si no se habían apercibido aún de que estaban desnudos (se dice en la narración bíblica que lo supieron al comer de la manzana). Fueren cuales fueren los hechos acaecidos y las explicaciones hilvanadas a posteriori, creo que fue una pena que se comiera la manzana, bien por instigación de la serpiente o de la propia Eva o del machista Adán, que primero tiraba la manzana y luego escondía la mano, o bien como describiré en algún momento debido a al desfile carnavalesco que acostumbra a terminar mal –o bien, según se mire- porque con tanta máscara uno se olvida hasta de su personalidad y responsabilidad social. Y digo que fue una pena porque al parecer, sino se hubiera comido ahora no existiría el mal en el mundo, ni las guerras, ni el hambre, ni la violencia, ni … tantas cosas malas que prefiero no nombrarlas y toco madera… del árbol de la ciencia del bien y del mal. Ahora mismo, sin que hubiera transcurrido el tiempo, todos podríamos estar, tan ricamente, en el jardín del Edén, desnudos y sin apercibirnos de ello, amándonos y dejando que los frutos del amor se nos subieran a las barbas patriarcales, extendiéndonos por el vasto territorio del jardín sin que ello produjera conflictos y guerras fraticidas por las fronteras y gritos de independencia y la confusión de lenguas que se produjo con la Torre de Babel… que esa es otra y prefiero no mentarla, como a la bicha.

Dicho lo cual procedo a narrar los eventos, tal como llegaron a mis sentidos y luego fueron procesados, atenuados, censurados por mi mente de narrador que quiere quedar bien con todo el mundo y mal con nadie. No se sabe muy bien cómo el resto de abducidos supo de la reunión junto al árbol de la ciencia del bien y del mal. No se sabe, pero se intuye que en aquel idílico jardín el árbol, enorme como una secoya y copetudo como un político en un mitin, necesariamente tendría que atraer a todo el que tuviera dos ojos y dos dedos de frente en un vasto radio de dos millones de kilómetros a la redonda, pongamos por caso. Así fue como fueron llegando más y más abducidos, que eran tantos como las arenas de la playa y las gotas en el mar, si bien fueron llegando poco a poco y eso permitió un poco de respiro a todo el mundo.

Se formó un comité carnavalesco, presidido por el profesor Cabezaprivilegiada y con Carl Future en la secretaría técnica y logística, y todos, uno tras de otro, el primero Milarepa, fueron pasando por las cabañas de ramas, cañas y hojas que todos contribuyeron a levantar. Allí se les tatuó la piel con dibujos surrealistas, diseñados por don Alcanfor, naturalistas, diseñados por el millonario Slictik, místicos y mandálicos, diseñados por Milarepa y en cada tatuaje, elegido por el cuerpo desnudo correspondiente, se mostró toda la imaginación malévola producto de la sacudiría del mal que la humanidad adquiriría con el tiempo. Tan solo Adán y Eva, Eva y Adán, para que la igualdad que algún día será alcanzada en el futuro de la especie humana asome ahora los pelos de su cabeza, no se tatuaron porque aún no eran consciente de su desnudez, aunque sí de la desnudez ajena, con lo que se cumplía el futuro proverbio de que antes ves la paja en ojo ajeno que la viga en el propio.

Milarepa pidió que se le taturan mandalas por todo el cuerpo, con el fin de que todo aquel, o aquella, que le mirara entrara en contemplación mística en lugar de abandonarse a los bajos instintos que nos tientan a todos cuando vemos cuerpos desnudos, incluso con barriga y arrugas, incluso con la fealdad que la erosión del tiempo siempre acaba deteriorando hasta las Venus más bellas. El millonario Slictik solicitó que se dibujaran sobre su piel escenas eróticas y que se alargara su miembro viril mediante un tatuaje reflectante. Y así fueron tatuándose todos, según sus preferencias e inhibiciones, que de todo hay en la viña del señor o en el jardín del Edén correspondiente.

El comité para los actos carnavalescos en el paraíso terrenal decidió que un carnaval sin música no era nada y un subcomité eligió los instrumentos musicales y a los artesanos que lo confeccionarían. De esta forma se formó una orquesta de flautas de pico, traveseras, de pan, ocarinas, quenas, flautas dulces, flautines, trompetas, trombones, etc etc, todos los ecéteras de madera. Se hicieron tambores, platillos, timbales, cajas, zambombas, baterías, castañuelas, etc, etc, todos los ecéteras de madera. Y así, poco a poco, día a día –días atemporales, por supuesto- se formó la orquesta, se formaron las comparsas, se destilaron vinos y licores (que no hacían daño porque aún no se había comido la manzana, pero sí embriagaban) y las fiestas de carnaval se iniciaron en el jardín del Edén con un millonario Slictik, completamente desmelenado que sacó a bailar a Eva mientras Adán sacaba a su vez a danzar a Karen Lactic y cada oveja se fue con su pareja y de esta forma al llegar la noche se hicieron antorchas (todas de madera) y comenzó el desfile al compás de la música, al ritmo de los tragos de licores variados y las comparsas desfilaron por la gran llanura y todos portaban máscaras y habían tatuado sus pieles y al frente del desfile iban nuestros primeros padres, desnudos y no tatuados, y después Milarepa, con las manos en la cabeza, porque ya preveía el mal que caería sobre toda la humanidad a través de la dichosa manzana, y luego el comité formado por el millonario, su encantadora esposa, el profesor, Carl Future y algunos más. Y luego la primera comparsa y luego la segunda y la tercera y así hasta…
Hasta que basta, que esto es muy cansado y necesito echarme un trago, de esos de antes del advenimiento del mal, cuando hasta las embriagueces no producían dolor de cabeza. Antes de caer la noche hizo su aparición el ocaso, que ya anunciaba a la primavera –atemporal, por supuesto- que asomaba su cabecita rubia, melenita de miel y vitalidad de joven que no conoce el otoño. Y de esta amable guisa se juntaron y ayuntaron el carnaval y la primavera. Pero de su progenie hablaremos otro día –atemporal, por supuesto-.

Continuará.


 

CARNAVAL EN PRIMAVERA EN EL JARDÍN DEL EDÉN

Cayó la noche sobre el jardín del Edén o Paraíso terrenal, que por ambos nombres sería conocido a lo largo de la dilatada historia del planeta o valle de lágrimas como lo llamaron algunos. El hecho de que fuera un paraíso no significa que tuviera que ser de día las veinticuatro horas, de hecho hay para quienes la noche es el paraíso y el día el infierno. Y el hecho de que en el paraíso no hubiera tiempo no significa que no fueran horas las que costaron al millonario seguir el desfile carnavalesco a lo largo de una oscuridad difusa y confusa, maldiciendo de sus pies desnudos que atrapaban todos los cardos que había en el jardín (hasta la más bella rosa tiene alguna espina, especialmente en la cintura).

Sonaba la música de las comparsas en la clara noche del jardín del Edén (antes habíamos dicho que era confusa, lo que no contradice lo anterior puesto que en el paraíso todo puede ser claro y confuso al mismo tiempo, o sea relativo o cuántico) y el gran desfile carnavalesco pasó el equinoccio nocturno y entró en primavera, como sin saberlo, por eso se la llamó “prima” “vera” o sea la primera verdad con que se topó el desfile, que serían muchas más y algunas tan malignas y terribles como el gusano en la manzana.

Fue una suerte porque los magullados pies del millonario Slictik se acolcharon en un suelo de flores primaverales y virginales y las amapolas refrescaban sus tobillos y pantorrillas y estas bellísimas y encarnadas flores podían ser vistas por todo aquel que tuviera ojos, porque al llegar al Edén, como contrapeso a estar desnudos, fueron dotados de infrarrojos en los ojos. Y todos al percibir el florecimiento primaveral bebieron como Dionisos y Dionisas el licor o ambrosía de elevado octanaje que el profesor Cabezaprivilegiada había fermentado a toda prisa en tinajas de madera, con las frutas arborícolas, y así alcanzaron la solera de un buen vino en un vino y se fue, porque el tiempo en el Edén es caprichoso y corre que se las pela cuando le interesa.

 

Y con tanto vino y licor las alegres gargantas se explayaron en cantos gregorianos y en contrapuntos y fugas y la alegría y la felicidad hincharon los pechos, especialmente los de las damas, y los ojos turbios por el alcohol de los caballeros se volvieron más turbios y libidinosos y por el camino se fueron quedando unos y otras, otras y unos, escondidos entre matorrales y sobre el suelo alfombrado de florecillas o “floreciglias” como dirían con el tiempo y mucha historia unos cómicos hispanos. Y el desfile carnavalesco perdió adeptos pero no así intensidad, puesto que los músicos tocaban que se les pelaban las manos y las damas bailaban desnudas (la piel muy tatuada, pero como era de noche no se les veía bien) y las damas desnudas daban de beber a los caballeros tatuados pero desnudos y todo el mundo estaba alegre y era feliz. Por eso al jardín donde estaban Adán y Eva, nuestros primeros padres, se le llamó el jardín del Edén, donde las damas dicen “ven” y los caballeros “voy “ y todo susurra en el aire, ven, ven, ven al jardín del Edén. Y se le llamó el Paraíso, porque todos por el camino iban diciendo a las parejas que retozaban entre flores y amapolas, para, para, que te piso. Con las contracciones lingüísticas que sufrió la lengua embarazada no es de extrañar que el “para que te piso” se transformara en paraíso, y era terrenal porque la tierra acogía a todo aquel que la besara y no le negaba su fruto, como ocurriría más tarde, cuando llegara el mal y todo el mundo tuviera que besar la tierra reseca y a cambio recibiera lágrimas en la frente.

 

Y nuestros primeros padres, Eva y Adán, Adán y Eva, estaban muy contentos de tener tanta progenie sin previo embarazo y de que el tiempo se hubiera comprimido con tanto tino que allí hubieran llegado abuelos y nietos y tataradescendientes sin haber pasado antes por su vientre. Pero como les pareció mal que tan inmensa muchedumbre carnavalesca retozara sin su permiso, sin haber retozado ellos antes, decidieron perderse el desfile y encontrarse tras tupidos matorrales, sobre el florecido césped y buscar en el pecado el deseado embarazo, pero como aún no habían comido la manzana y descubierto que estaban desnudos y que mirarse y tocarse era pecado, Eva no se embarazaba ni a la de tres, y eso que se tocaban mucho, pero como entonces tocarse no era pecado, no se producía el castigo del embarazo y el parto con dolor. Y así retozaron nuestros primeros padres toda la noche y así continuó el desfile carnavalesco y la primavera asomaba su rubia cabecita tras el dorado horizonte y la primera alborada de la primera primavera del mundo se fue haciendo presente ante los ojos cerrados de la mayoría y los últimos suspiros de los retozantes.

 

Continuará… si no castigan a este narrador por crónica tan blasfema.

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL

Nadie recuerda nada tras una noche de carnaval “comme il faut”, ni nuestros amigos, que se bebieron todo el alcohol destilado por el profesor Cabezaprivilegiada, ni este narrador que se animó a celebrar el carnaval por su cuenta, entre párrafo y párrafo, bebiendo todo lo que quedaba en mi bar casero. Me disculparán ustedes si aligero un poco la narración y procuro estar sobrio, aunque con la inevitable resaca pos-carnaval.

Aquella tarde todos se levantaron con resaca en el Jardín del Edén (que será edénico pero no tonto, el que la hace la paga) y donde pudieron y como pudieron. Podría decir que se organizó una buena orgía carnavalesca, pero no sería muy cierto, dado que el alcohol no es precisamente un afrodisíaco y aunque lo fuera o fuese lo cierto es que si no te acuerdas de lo que hiciste aquella noche y con quién, es como si no hubieras hecho nada.

Nuestros primeros padres, que habían pillado la primera borrachera de su vida, antes de que su descendiente Noé probara la uva pisada y fermentada, y que sabían muy bien lo generoso que podía ser aquel jardín, se acercaron a un árbol cualquiera y pidieron una fruta jugosa y medicinal. La fruta cayó del árbol y ellos se la comieron y se sintieron mucho mejor. Los resacosos huéspedes del jardín hicieron tres cuartos de lo mismo y se sintieron mejor, pero la desgracia siempre tiene nombre, venga sola o acompañada, y en este caso su nombre es Slictik, concretamente millonario Slictik. Su esposa Karen Lactic le ofreció una manzana del árbol del que habían comido ya todos, pero este buen hombre, sea porque se sentía celoso de las miradas de Adán a su costilla o sea porque siempre tenía que llevar la contraria en todo a Karen, lo cierto es que dijo que él de aquella manzana no comía. Se puso las manos sobre los ojos, como anteojeras de burro, y mirando al gran árbol copudo que elevaba sus ramas y su grácil tronco en medio de la llanura o sabana, comenzó a dar grandes voces diciendo que él solo comería manzanas de aquel árbol.

Adán intentó convencerle de que no fuera tan cerril y comiera de cualquier otro puesto que el creador les había advertido, y bien advertido, que nunca comieran de aquel árbol o sufrirían las consecuencias. Incluso Eva se acercó, cariñosa, y comenzó a hablarle con seductora voz y a prodigarle todo tipo de caricias, algunas muy íntimas. Tal vez en otro momento el millonario Slictik se hubiera olvidado de Karen y de Adán y de dónde y como pasaron o no pasaron la noche y lo que hicieron o deshicieron, contemplando a aquella espléndida rubia (la primera de la humanidad, y sí Eva era rubia digan lo que digan algunos historiadores) que estaba tan desnuda y maciza como el creador la había traído al mundo. Pero el millonario Slictik era muy suyo, muy cerril y muy cabezón, y decidió que no se olvidaría de la presunta infidelidad de Karen con Adán recreándose él con Eva y que si decía que iba a comer la manzana de aquel árbol, se la comería, así llegara el Apocalipsis y el cielo cayera sobre su cabeza.

Foto abducida a Patxii porque me pareció espléndida para representar la primevera que se nos va, y todo por culpa del millonario Slictik, a él es a quien hay que pedir cuentas.

Fueron inútiles las súplicas de nuestros primeros padres y las de Karen, deshecha en lágrimas, y las de todos los desfilantes carnavalescos, muchos y variados, Slictik se mantuvo erre que erre y se lanzó a toda carrera hacia aquel árbol copudo. Los demás le siguieron, curiosos los que nada sabían y cariacontecidos los que sí sabían (Adán y Eva) y hasta Milarepa se barruntaba algo porque decidió sentarse en postura del loto y levitar hasta el árbol, donde llegó antes que Slictik y los demás.

Tan pronto el cabezón millonario estuvo bajo sus ramas suplicó una manzana jugosa. Entonces una sibilina serpiente se manifestó (había permanecido camuflada todo el tiempo) y le ofreció una manzana al buen hombre. No se sabe muy bien si fue un descuido de la serpiente, que dejó que Slictik viera su cara demoniaca, de demonio macho sin ir más lejos, o bien que la imaginación celosa del hombre le representó a la serpiente como una serpiente macho y no hembra, el caso es que se negó a comer la manzana, al menos el primero. Su esposa Karen se acercó y con paciencia infinita decidió comérsela ella primero, al menos dar un mordisco, para que Slictik comprobara que no estaba envenenada. Pero fue Eva la que se adelantó a todos, y como madre universal que era, generosa hasta las caderas y dispuesta a sufrir cualquier castigo que mereciera la humanidad, tomó la manzana de la boca de la serpiente y se dispuso a llevársela a la boca.

Antes miró a todo el mundo, consciente de que la historia de la humanidad se bifurcaba en aquel momento y lo que pudo haber sido una historia de miel sobre hojuelas se convertiría en la demoniaca caza del hombre por el hombre. Miró especialmente a Milarepa, que levitaba frente a ella, con los ojos muy abiertos, dudando si impedir la desgracia kármica o dejar que el karma actuara con todas sus consecuencias. Podía haber meditado con los ojos abiertos y tal vez hubiera hecho dudar a Eva, pero como no pudiera resistir la visión de sus encantos y la desnudez de sus formas, cerró los ojos y entró en meditación profunda. Eva se encontró sola frente al mundo y decidió comer la manzana y sufrir la maldición correspondiente. Y así nos encontramos con la paradoja de que por evitar un pecado y resistir a la tentación, concretamente de lujuria (el bueno de Milarepa), Eva comió la manzana y le pareció muy sabrosa y dio de comer a su esposo Adán, que comió el segundo y luego el millonario Slictik se la arrebató, pensando que podría partir la manzana en acciones y venderlas en bolsa, y también comió un poco para probarla y se la ofreció a Karen y así fueron comiendo todos.

Y he aquí que se escuchó una gran voz y el cielo se nubló y se hizo de noche en pleno día y la primavera se agostó y el verano tórrido quemó las flores y los frutos y toda la tierra se volvió yerma y el jardín se convirtió en erial y… Pero me disculparán que deje el final para un próximo capítulo, con tanto hablar del calor ¡me han entrado unas ganas de echarme la siesta!

Foto de Espartano, que he pillado sin permiso. Espero que le guste este robo de guante blanco y me perdone.