Categoría: UN POEMARIO NEGRO

UN POEMARIO NEGRO XI


ADIOS AMIGO

He tomado una amarga decisión,
Antes que me rechaces, te rechazo.

No voy a esperar a que se acabe tu paciencia.
Sabes que nunca pasaré por el aro.
Tienes que aceptarme como soy
O dejemos que pase la corriente.
Ya estoy harto de tu vieja cantinela
Si yo fuera esto, lo otro, lo de más allá.
Soy como me ves, ni más ni menos.

A veces me arrebata la pasión.
A veces me lleva el viento.
Otras caigo en un profundo silencio.
No pediré disculpas una vez más.
No soy la horma de tu zapato.
Los puentes se construyen sobre abismos
No para evitar mojarse el culo.

No te he pedido comprensión,
No necesito una palabra de consuelo.
Si quieres empezar el puente
Comienza por clavar una estaca en tu terreno.
Sabes que no dedicaré mi vida a otra cosa
Pero no estoy dispuesto a perder el tiempo.

He tomado una amarga decisión,
Antes que me rechaces, te rechazo.

Quiero que dejes de buscar,
Quiero que te adaptes al rebaño,
Quiero que me des tu palabra.

Quieres muchas, muchas cosas,
Pero tú, amigo, no das nada.
Porque nunca te hago peticiones
Crees que me basta con mirarte.
Piensas que estoy para servirte.
¿Qué necesita hoy el señor?
¿Una palmadita en el hombro?
¿Una sonrisa que te perdone?
¿Qué camine contigo en círculo?

La amistad es generosa,
Das y no esperas nunca recibir.
¿Porqué no te aplicas el cuento?

He tomado una amarga decisión,
Antes que me rechaces, te rechazo.

Sé que tu tienes la razón,
Pero a mí no me sirve para nada.
Antes la llevaba en el bolsillo
para repartir a cambio de sonrisas,
Pero ya estoy harto de chantajes,
Si quieres una palabra de amistad
Es preciso que intentes dejarme vivir en paz.

No soy el esperado juguete.
Pídele a los Reyes Magos tu regalo.
Tal vez te traigan un poco de empatía.
Con ella puedes intentar dejar de ser
El ombligo de un mundo a tu medida.

He tomado una amarga decisión,
Antes que me rechaces, te rechazo.

 

UN POEMARIO NEGRO X


CARA AL VIENTO

Has cometido un tremendo error:
No se acepta a los que no se doblan.

Permanecer firme contra el viento
Es una solemne tontería,
Todo el mundo sabe
Que el viento es el más fuerte.

Vale, amigo, el viento no tiene razón,
Pero es preciso saber perder,
Te inclinas un poco al desgaire,
Haces como que te atas el zapato
Y el viento soplará muy suave
No tiene gran interés en acabar
Con quien inclina la cabeza.

En un mundo de tormentas
Solo los tontos permanecen firmes.
O alcanzas el trono de Eolo
Desde donde se domina el mundo
O te escondes en las fangosas zanjas.

En días tranquilos y soleados
Puedes surgir como topo despistado,
Asomar curioso la cabeza
Y mirar tranquilo hacia el horizonte.

Incluso podrías caminar, medroso,
tan solo unos pasos sobre el árido terreno.
No te alejes mucho del hoyo,
Sabes que todo viento es caprichoso.

Da pena verte, la cara erosionada,
Torcida la columna vertebral,
Los pies hundidos en el cieno,
Los ojos tristes, lacrimosos.

Da pena verte, aguardando la tormenta,
Perdiendo de esa manera miserable el tiempo.
Nadie te mira, estás solo,
Porqué empecinarte en esa postura.

Eres orgulloso, soberbio,
Te bastaría con inclinar
Ligeramente la cabeza,
Tan solo una pequeña reverencia,
Y ya no estás solo.
Pacerás en los huertos,
Bajo el tórrido sol,
Sin miedo al viento.

He oido que esta noche
Va a soplar dura la tormenta,
Mientras todos dormimos.
Solo te cogerá a ti despierto,
De pie, cara al viento,
Te va a quebrar el espinazo.

Será una verdadera pena:
Un hombre que prometía tanto.

 

UN POEMARIO NEGRO IX



ESTA TRISTE NOCHE

Esta triste noche quisiera hablar contigo,
no importan las palabras, aunque dialogue el silencio.

Esta triste noche quisiera amar tu cuerpo,
no importan los besos aunque sean tan fríos
como los de una esfinge de hielo.

Esta triste noche quisiera ver tus ojos;
no importa la mirada, aunque solo advierta en ella desprecio.

Esta triste noche en que estas tan lejos
quisiera poder llorar sobre tu cálido pecho,
no importan los latidos, aunque no digan: te quiero.

Esta triste noche quisiera morir entre tus brazos
para olvidar mi tristeza, no importa nada, amor,
aunque me olvides mañana y no entierres mi cuerpo.

Esta triste noche, te hablo a ti, mi sueño,
¡Qué te importa mi amargura!, aunque escupas mi dolor
aunque ni siquiera existas: te quiero.

Esta triste noche no pasará nunca,
no vendrás a consolarme y yo gemiré despierto.

Esta triste noche, ¡Oh Dios, qué noche más triste!,
quisiera no quererte, pero no puedo, amor mío;
no moriré, no, lo sé, tendré que sufrir en silencio.

UN POEMARIO NEGRO VIII


UN TESTAMENTO DESESPERADO

Te parece mal
Que no esgrima mis razones
Contra las tuyas.
Vienes a mí cargado
Con sólidos argumentos,
Para anunciarme
Que me he separado del rebaño.

¿Qué puedo oponer
a una verdad indubitada?.
Es inútil que rebusque
En mis bolsillos vacíos.
El último pedazo de razón
Se perdió hace ya tiempo,
Cayó al río de la vida
Al pasar un puente cualquiera.
En un descuido se deslizó
De mis manos temblorosas
Y la corriente lo arrastró muy lejos.

Dices que vas a tocarme el corazón
Con tus sabias palabras de gurú.
Aunque consigas abrir la puerta
Solo encontrarás el frío viento del vacío.

Anuncias, exultante, que tu fino bisturí
Ha tropezado por fin con el músculo de mi alma.
Te engañas miserablemente,
Lo que queda de ella
Ha sido devorado por los perros
A la puerta de mi casa,
Mientras hozaban en el cubo de la basura.

¿Qué es lo que me queda?.
Preguntas con sutil sarcasmo.
Me queda una muerte digna
Lejos del rebaño que bala
A la puerta del matadero.

Allí donde soplan los vientos,
Lejos del gran redil,
Los corderos extraviados
Son devorados por lobos hambrientos.

No pude elegir mi vida,
Pero elijo mi muerte.

Tu estás bien arropado,
Al calor de ejemplares lanudos
Que bajan la cerviz
Para no ver al matarife.

Prefiero la muerte en la montaña
Mientras la nieve cae mansa
Y ululan vientos de terror.

Nos hemos equivocado todos
Sobre todo el gran rebaño.
Elegimos llenar la barriga
Con el suculento pienso
Que se fabrica con la magra carne
De nuestros desaparecidos hermanos.

Ahora, mientras balan alegres
A la puerta del gran baile
Me tumbo sobre el frío suelo,
Alumbrado por la luna cálida

 

UN POEMARIO NEGRO VII


SOLEDAD MAQUILLADA

No maquilles tu rostro con colores chillones,
no escondas tu mirada en amarillos,azules,
verdes esmeraldas;en arcoiris tendidos
como pingajos de alegría.

Mis ojos son penetrantes
y taladran la muselina
de tu procaz vestido,
descubren tu cuerpo
frio, gélido, deforme,
con venas incoloras
que va recorriendo la angustia
con su paso siempre uniforme,
cargado de viscosos presagios.

¡Qué fea eres, tan maquillada!
¡Qué mal suena tu voz cuando dices,
engolada, tus ingenuas mentiras!.

No intentes vestirte de esperanza
porque conozco tu desnudez,
esa honda perspectiva
de tunel hacia la nada.

Rodeas el circulo de la Divinidad
con un vacío de voces estridentes
que pregonan tu nombre
en millones de lenguajes donde
siempre balbucea la tristeza.

Solo la plenitud puede liberarse de tu acoso
que aplasta impunemente a todo ser,
herido con la llaga mortal
que significa no serlo todo,carecer de algo.

Soledad te llamaste en mi ayer atormentado,
soledad te llamas en el hoy esperanzado
y en el triste mañana donde habitan
los esqueletos podridos de mis tiernas ilusiones
te llamarás como te nombre hoy:
Desnuda soledad, maquillada piltrafa
de muertos colores,cadaver putrefacto
escondido dentro de un brillante mausoleo.

Soledad, te quiero desnuda hasta el tuétano de los huesos,
quiero sentir en el paladar el sabor bilioso de tu médula,
no intentes engañarme con feas caretas despintadas.

 

UN POEMARIO NEGRO VI


 

BAILA POETA.


La luz golpea
Silenciosa
El cerebro.

El sonido rasga
La carne rebelde.

Baila poeta,
Al ritmo de tu angustia.

Retuerce tu cuerpo
Hasta olvidar
Tu amarga soledad.

Escupe tu impotencia
Blanco y rojo
Rojo y blanco
Giran y giran
En tu pupila

Patea tu amargura
Con las plantas de tus pies
Donde has escrito tus versos.

Verde, rojo, blanco.
Blanco, rojo, verde.
En tu alma
Arcoiris de tristeza.
Girando
La esperanza del olvido.

En la penumbra
Sangre
Se apaga y se enciende
Llamando
A la locura.

Poeta
Baila y llora
Sobre el amor soñado.

Pisa
La blanca luz
Que hiere
Tu dolor.
Aplasta
Cruel
Tus entrañas vivas
De gemidos
De amor
De gritos del corazón.

Poeta
Triste
Oculta
Tus lágrimas
A los ojos indiferentes.
Devóralas
Muy dentro.
Y baila
Espectral
Con la sonrisa
Muerta
En la máscara riente.

¿Quién te quiere
poeta
angustiado?

¿Quién comprende
tu espíritu
dulce?
Atormentado
Ayer
Melancólico
Hoy
Y triste
Siempre.

¿Quién puede
amar
tu desnuda ternura
erizada
de angustia?
¿Abrazar
tu corazón
abierto al infinito
agitado
en la ansiedad
de una espera
ETERNA?

¿Quién puede
besar
los lejanos
horizontes
entrevistos en tus sueños?

¿Quién descubrirá
más allá
del frío
de tu mente
viajera
Tempano
A la deriva
Fragil
Y luminoso
En la noche polar
Ese fuego
ARDIENTE
Con brazos
De llama
Estrechando
El vacio?-

Oh poeta
Poeta
¿quién te condenó
a percibir
la luz
en un mundo
ciego?

¿A sentir
EL AMOR
En la patria sin sol
De la oscura
Violencia?

¿Quién te obligó
al parto
de la mente
en la tierra yerma
de la abortiva estupidez?

UN POEMARIO NEGRO V


 

EL HOMBRE TRISTE

Era un buen hombre de mirada clara.
Joven el rostro, el alma enlutada.
El tiempo acechante robó su alegría
Cualquier camino sirve al desdichado
Cualquier destino al hombre triste.

De parcas palabras, de pulcra ropa
Siempre llevaba la sonrisa en ristre
Hasta que la vida le golpeó la cara
Con puño anónimo.
Es más fácil herir sin temor a la venganza.

Era un hombre sin miedo
Por eso hablaba sin medir las palabras.
Creía en la bondad de la gente
El mal no existe, solo la ignorancia.
Un día encontró al demonio: era su hermano.

Tenía el alma blanca, el corazón del color del cielo,
El bolsillo vacío no pesaba en su mente.
Poco era bastante y nada suficiente,
Nadie compraba su libertad
Con promesas de felicidad.
Me basta con nada
Decía sonriente.

Pero hasta quien no busca
Termina encontrando al demonio.
Fue al volver una esquina,
Nada tenía que perder
Por eso confió en su hermano
Y perdió el envite.

Puso el corazón en su mano
Sin reguardo ni ticket.
Puedes hacer con él lo que quieras,
Solo te pido me lo devuelvas un día.
Dijo y siguió caminando alegre,
Con un hueco en su pecho.
Al cabo de un tiempo
Lo encontró en el arroyo,
Brillaba entre la basura
Hasta los vagabundos
Lo habían desechado.