DICCIONARIO POR AUTORES LITERARIOS I


NOTA/ Siguiendo con todos los diccionarios que iniciara allá por el año 1995 ( cuando me compré mi primer ordenador, pero aún no estaba conectado a Internet, lo que tardaría en hacer por un miedo supersticioso o tabú de una generación que tuvo que asimilar la informática como nuestros abuelos la llegada del hombre a la luna) ha llegado el momento de conocer las “palabrejas” que fui anotando de mis lecturas literarias, por autor, como si cada autor tuviera un vocabulario propio, lo que no deja de ser cierto en algunos casos. Aún quedan más diccionarios que sería una pena que se perdieran tras un trabajo ímprobo generado por la fascinación de las posibilidades de mi primer ordenador. Algunos diccionarios están más avanzados que otros, como en este caso, pero todos fueron concebidos como ayuda o herramienta para escritores aficionados, algo que espero al fin pueda servir de algo, tras muchos años durmiendo el sueño de los justos en los cedés, discos duros externos y pendrives, porque eso sí, mi obsesión por conservarlo todo y no perder nada por el camino fue realmente patológica en alguna etapa de mi vida.

https://books.google.es/books?id=32EnfNqCb9EC&pg=PA85&lpg=PA85&dq=cercioro+en+Tirano+Banderas&source=bl&ots=kDDTNgtwcb&sig=U6br_2w0F5WfK9RaYtO6HIojzK4&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjVsoLi1crXAhUF0RQKHcjQDqUQ6AEISTAH#v=onepage&q=cercioro%20en%20Tirano%20Banderas&f=false

VALLE INCLÁN/TIRANO BANDERAS

42 CHARRASCO Charrasca/Arma arrastradiza por lo común sable/Navaja de muelles
charrasca
Voz onomat.
1. f. fest. coloq. Arma arrastradiza, por lo común el sable.
2. f. coloq. Navaja de muelles.
3. f. Ven. Pequeño instrumento musical de percusión, de forma cilíndrica, hecho de metal o madera y provisto de ranuras que producen sonidos broncos al ser frotadas con una barrita metálica, un clavo, etc.
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43 COIME Del arb. Qaim el que se encarga de algo / el que cuida del garito y presta con usura a los jugadores/

coime
De or. inc.
1. m. Hombre que cuida del garito y presta con usura a los jugadores.
2. m. Mozo de billar.
3. m. despect. Col. camarero (‖ persona que sirve en restaurantes o bares).
4. m. germ. dios. Grande, sagrado coime.
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44 CHUPALLA Planta bromeliácea que tiene las hojas en forma de roseta y cuyo jugo se emplea en medicina casera
Chile sombrero de paja hecho con tirillas de las hojas de esta planta

RAE

chupalla
De achupalla.
1. f. Chile. Planta bromeliácea que tiene las hojas en forma de roseta y cuyo jugo se emplea en la medicina casera.
2. f. Chile. Sombrero de paja hecho con tirillas de las hojas de chupalla.
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45 HUIPIL

RAE

huipil
Tb. güipil en acep. 1, El Salv., Guat., Hond. y Nic.
Del náhuatl huipilli.
1. m. El Salv., Guat., Hond. y Méx. Especie de blusa adornada propia de los trajes indígenas.
2. m. El Salv. Enagua o falda que usan las mujeres indígenas.
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46 MAGÜEY

RAE

maguey
Voz antillana.
1. m. Am. pita (‖ planta amarilidácea).
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pita1
De or. inc.
1. f. Planta vivaz, oriunda de México, de la familia de las amarilidáceas, con hojas o pencas radicales, carnosas, en pirámide triangular, con espinas en el margen y en la punta, color verde claro, de 15 a 20 cm de anchura en la base y de hasta 3 m de longitud; flores amarillentas, en ramilletes, sobre un bohordo central que no se desarrolla hasta pasados varios años, pero entonces se eleva en pocos días a la altura de 6 o 7 m. Se ha naturalizado en las costas del Mediterráneo. De las hojas se saca buena hilaza, y una variedad de esta planta produce, por incisiones en su tronco, un líquido azucarado de que se hace el pulque.
2. f. Hilo que se hace de las hojas de pita.
3. f. Bol. Cordel de cáñamo.
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47 MÉDANO

RAE

médano
Del ár. hisp. máydan, y este del ár. clás. maydān ‘explanada [de arena]’; cf. port. médão.
1. m. duna.
2. m. Montón de arena casi a flor de agua, en un paraje en que el mar tiene poco fondo.
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48 ASEÑAR

RAE

señar Conjugar el verbo señar
De seña.
1. tr. Arg., Par. y Ur. Dar una cantidad de dinero del total del precio de algo como adelanto a su reserva o compra.
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DICCIONARIO DE ENTORNO Y PAISAJE II


ENTRELIÑO

Alfonso Grosso, de su novela Guarnición de silla.

RAE

entreliño
1. m. Espacio de tierra que en las viñas u olivares se deja entre liño y liño.
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liño
De liña.
1. m. Línea de árboles u otras plantas.
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BESANA

Alfonso Grosso, de su novela Guarnición de silla.

RAE

besana
Der. del lat. versāre ‘volver’.
1. f. Labor de surcos paralelos que se hace con el arado.
2. f. Primer surco que se abre en la tierra cuando se empieza a arar.
3. f. Medida agraria usada en Cataluña, equivalente a 2187 m2.
4. f. haza (‖ porción de tierra labrantía).
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LAMA
Alfredo Grosso,de su novela Guarnición de silla

RAE

lama1
Del lat. lama.
1. f. Cieno blando, suelto y pegajoso, de color oscuro, que se halla en algunos lugares del fondo del mar o de los ríos, y en el de los recipientes o lugares en donde hay o ha habido agua largo tiempo.
2. f. Prado, pradería.
3. f. Alga u ova de los lamedales o charcales.
4. f. Ingen. En minería, lodo de mineral muy molido, que se deposita en el fondo de los canales por donde corren las aguas que salen de los aparatos de trituración de las menas.
5. f. And. Arena muy menuda y suave que sirve para mezclar con la cal.
6. f. Chile, Col., Hond., Méx. y P. Rico. musgo (‖ planta).
7. f. Chile, Col., Hond. y Méx. Capa de plantas criptógamas que se cría en las aguas dulces.
8. f. Col. y Méx. moho (‖ capa que se forma en un cuerpo metálico).

COLADA

Alfonso Grosso, de su novela Guarnición de silla

RAE

colada1
1. f. Acción y efecto de colar2.
2. f. Lejía en que se cuela la ropa.
3. f. Ropa colada.
4. f. Lavado de ropa sucia de una casa.
5. f. Ropa lavada.
6. f. Faja de terreno por donde pueden transitar los ganados para ir de unos a otros pastos, bien en campos libres, adehesados o eriales, bien en los de propiedad particular, después de levantadas las cosechas.
7. f. Paso o garganta entre montañas difícil de cruzar por su angostura y mal suelo.
8. f. Dep. internada.
9. f. Geol. Masa de lava que se desplaza, hasta que se solidifica, por la ladera de un volcán.
10. f. Ingen. Sangría que se hace en los altos hornos para que salga el hierro fundido.
11. f. Taurom. Situación en la que el toro toma mal el engaño y pasa muy cerca del torero o lo golpea.
12. f. Tecnol. Vertido del metal fundido en un molde o recipiente.
13. f. Col. y Ec. Especie de mazamorra hecha con harina y agua o leche, a la que, en algunos sitios, se añade sal y, en otros, azúcar.

ALCOR

Alfonso Grosso, de su novela Guarnición de silla

RAE

colada1
1. f. Acción y efecto de colar2.
2. f. Lejía en que se cuela la ropa.
3. f. Ropa colada.
4. f. Lavado de ropa sucia de una casa.
5. f. Ropa lavada.
6. f. Faja de terreno por donde pueden transitar los ganados para ir de unos a otros pastos, bien en campos libres, adehesados o eriales, bien en los de propiedad particular, después de levantadas las cosechas.
7. f. Paso o garganta entre montañas difícil de cruzar por su angostura y mal suelo.
8. f. Dep. internada.
9. f. Geol. Masa de lava que se desplaza, hasta que se solidifica, por la ladera de un volcán.
10. f. Ingen. Sangría que se hace en los altos hornos para que salga el hierro fundido.
11. f. Taurom. Situación en la que el toro toma mal el engaño y pasa muy cerca del torero o lo golpea.
12. f. Tecnol. Vertido del metal fundido en un molde o recipiente.
13. f. Col. y Ec. Especie de mazamorra hecha con harina y agua o leche, a la que, en algunos sitios, se añade sal y, en otros, azúcar.

EL SILENCIO VIII


 

XiTWFY6

El día transcurrió en un silencio que habría calificado de dulce y acogedor sino fuera por el drama soterrado que su mujer y él estaban viviendo. Volvió a quedarse dormido y a despertarse en medio de una fuerte pesadilla que no quiso recordar. Hacía frío en la habitación; se levantó y a través de la rendija de la puerta pudo ver el fuego agonizante. No se oía nada, asomó la cabeza, sin ver a su mujer, estaría en la cama, puso la oreja en el tabique un momento, luego pensó en lo ridículo que resultaba y haciendo más ruido del necesario volvió al salón, atizó el fuego quedándose de pie muy cerca hasta entrar en calor. Miró el reloj de pulsera, eran casi las dos de la tarde, por la ventana pudo ver el cielo cerrado y la blancura del paisaje, había cesado de nevar. Sin saber lo que hacía empezó a rezar mecánicamente porque volviera a nevar. Deseaba ardientemente que su mujer no pudiera salir de allí en varios días. Entonces recordó el pequeño transistor encima de la repisa de la cocina, buscó una emisora donde estuvieran dando noticias y puso al máximo el volumen esperando que eso hiciera reaccionar a su mujer. Oyó el parte metereológico, nieve en las montañas. Dejó al fuego una gran lata de fabada y decidió dar una vuelta antes de comer, recordando que había visto unas raquetas para la nieve en el sótano bajó y las cogió quedándose un rato haciendo inventario de todo lo que había por allí por si necesitaba algo más adelante.

En el porche se calzó las raquetas y con mucho cuidado pisó la nieve hasta acostumbrarse a ellas, nunca había tenido que utilizarlas antes. Caminó por la nieve intentando disfrutar, recordó las alegrías infantiles, los días de nieve cuando su madre le ponía el abriguito, la bufanda y las botas de goma. En el parque se juntaba con otros niños lanzándose bolas y haciendo muñecos de nieve.Cogí un pedazo apretándolo hasta hacer una prieta pelota y la lanzó contra el columpio fallando por mucho. Las manos se pusieron rojas de frío y tuvo que meterlas en los bolsillos. Se quedó allí de pie, mirando el valle. A lo lejos el pueblo, en la falda de estribación montañosa, parecía dormido, observó largo rato hasta ver alguna chimenea humeando. Pensó en aquella gente refugiada junto al cálido fuego, la mujer preparando la comida, el marido arreglando algo que había dejado para el largo invierno, cuando el tiempo se estira como una goma y los recuerdos de toda una vida fluyen mansamente. Los niños estarían viendo la televisión- ¿habría escuela en el pueblo?- porque televisión sí tenían, ahora veía las antenas sobre los tejados.

Volvió a la casa notando que la tristeza  se apoderaba de él. Si todo se arreglaba se prometió volver con las niñas para que disfrutaran del paisaje, su amigo no le negaría otra visita. Su mujer seguía en la habitación mientras el transistor sonaba a todo volumen, se había olvidado de apagarlo o no había querido hacerlo, todo se confundía en su cabeza. Cuando se abandona la vieja y conocida rutina cotidiana la mente parece querer vengarse por verse obligada a dejar la comodidad del deslizamiento por el monorail de la conciencia y trastorna emociones, pensamiento, todo lo que encuentra a su paso. Uno acaba sintiéndose más perdido que un aldeano de la desértica meseta en la selva del Amazonas: teme a todo, se preocupa por las cosas más nimias, le angustia dar la vuelta a un árbol por si puede perderse, acaba subido a cualquier sitio temblando mientras espera un imposible y ridículo rescate.

Comprendiendo que sus pensamientos no conducían a nada se dispuso a comer. Se sentía tan enrabietado por la situación que no pensó para nada en su mujer. Se hizo una sopa, comió fabada hasta reventar y lo que sobró lo dejó en dos pequeños potes sobre la tarima, ni siquiera se tomó la molestia de poner los cacharros en el fregadero o limpiar la mesa. Se sirvió un whisky abundante y poniéndose su cazadora de invierno, de cuero forrada por dentro, salió hasta el porche, donde permaneció fumando y bebiendo hasta que el frío se hizo insoportable, había vuelto a nevar con fuerza y a pesar de la belleza del espectáculo decidió volver dentro, atizar la chimenea echando los restantes troncos que quedaban en el capazo y permanecer junto al fuego. Trajo el transistor desde la cocina y elevó el volumen al máximo. Su mujer no iba a salir de la habitación para comer. El silencio era absoluto, ni el más mínimo ruido.

La copiosa comida y el alcohol le habían abotargado pero como siempre que comía y bebía copiosamente los nervios se retorcían y una intensa cólera se apoderaba de él. Esta vez no tendría el detalle de refugiarse en su habitación para que ella pudiera comer a gusto sin ver su cara. Aún eran marido y mujer, estaban allí juntos, retenidos por la nieve y no iba a consentir que le ignorase como a un mueble viejo.

elsilencio

UN CADÁVER EN LA CARRETERA X


CADAV

-Tenemos una botella de whisky y unos benjamines en la nevera. Nos vendrá bien un trago. ¿Qué prefieres?

El no dijo nada. Ella le sirvió un largo trago en un vaso y echó unos cubitos. Se sirvió uno triple para ella.

-Bebe, pichón. Esto te animará.

Él lo apuró de un trago. A ella le pareció muy bien que empezara a reaccionar. Ella le ayudó a acostarse, le desvistió con cuidado y le dejó desnudo sobre la cama, la venda tenía manchas de sangre en su pierna izquierda. El cerró los ojos. Ella le obligó a abrirlos. Puso la radio y buscó una emisora con música de baile. Hizo el mejor streap-tease de su vida pero él no reaccionó.

Ella le chupó la polla con sabiduría de prostituta. El no quería pero la naturaleza cumplió con las leyes no escritas. Ella le violó muy dulcemente, con mucha pasión, con ternura, con un romanticismo enfermo.

Al fin se quedó dormido. Ella se movió desnuda por la habitación como una pantera enjaulada. Susurraba en voz baja. “La mejor solución, la única, todo ha terminado, un gilipollas se lo tragaría sin hacer preguntas y este cretino lo va a echar todo a perder. Creí que tenía más huevos. Puede que aún sea capaz de hacerle reaccionar, está muy encoñado”.

Ella se dio una ducha mientras él dormía, puso la pistola bajo la almohada y se tendió desnuda a su lado. Le contempló en silencio, luego empezó a acariciarle suavemente el cuerpo, jugueteó con su sexo dormido.
Ella tardó en dormirse, al fin lo consiguió pensando que mañana sería otro día.

OCTAVA MAÑANA

 

Él se despertó al olor del desayuno. Ella estaba desnuda, sentada en la cama, con una repleta bandeja a su lado. El no quería comer, pero ella le obligó a tragar unos trozos de tostada y a beberse un trago de café fuerte. Ella dejó la bandeja en el suelo y trabajó de nuevo su pajarito dormido. El dijo que quería morirse.

-No, no te morirás, pichoncito. En todo caso de amor. Porque te voy a matar a polvos.

Ella le violó de nuevo, muy suave y largamente. El no opuso resistencia. Ella le oyó gemir dulcemente y se sintió feliz. Por fin él reaccionaba. Aceleró su movimiento para terminar en un orgasmo muy largo, muy frenético.

Ella pensaba. “Ha sido el mejor polvo de mi vida, quién me lo iba a decir”. El pensaba “quiero morir, no puedo seguir viviendo”, pero en el fondo sabía que era un pelele en sus manos. Su sexo tenía atrapada su alma, con forma de pene, para siempre. Ella le besó sobre un universo sin tiempo, antes de dejarse caer a su lado. El miraba el techo de la habitación como si en el pudiera encontrar la solución a su tragedia.

Ella esperó a que la respiración de él se calmara y luego habló.

-¿Sabes?, no es tan difícil matar. Únicamente nos retiene el miedo al castigo. Pero a nosotros no nos pillarán nunca. Buscaremos un sitio apartado y esperaremos un poco. Con el tiempo tú pondrás la empresa en buenas manos y nos iremos fuera. Haremos un crucero por todo el mundo. Seremos muy felices, pichoncito. Te prometo que no volveré a matar. Empezaremos de cero, como dos tortolitos que se acabaran de conocer. Seremos los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.

Ella se rió con ganas. El pudo al fin hablar.

-¿Cómo puedes decir eso? El próximo que te estorbe en tu camino recibirá un tiro en la nuca.

-Aún estás nervioso pero se te pasará. Ya lo verás. Dentro de unos días no te acordarás de nada.

Ella le ayudó a vestirse y recogió todo con esmero. El se dejó llevar hasta el coche.

PERDIDO EN EL TIEMPO XVIII


PERDIDO EN EL TIEMPO XVIII
Sinfonía n.º 9, Beethoven, Primer Movimiento-Allegro ma non troppo, un poco maestoso.

Algo me despierta, como un sonido lejano, como la intuición de algo que está ocurriendo cerca de mí y que aún no soy capaz de captar. Mi cuerpo está incómodo, noto la sucia rugosidad del asfalto bajo mí, un lecho infernal para una vida infernal. Sí, porque estoy empezando a recordar. ¡Ojala no pudiera recordar nunca! ¡Ojala me atrapara el olvido para siempre!

El golpe, sí en efecto, el golpe. He debido desmayarme. Tardo en captar todo su significado. Parece que en mi nueva vida no puedo dormir y olvidar, pero por lo visto se me ha concedido la gracia de los condenados a muerte, con un fuerte golpe en la cabeza puedo quebrar la lúcida tortura de permanecer siempre despierto, dando vueltas y más vueltas a esta autopista infernal. Es un consuelo saber que cuando ya no pueda más, cuando necesite olvidar, puedo lanzarme de cabeza contra el coche, o contra el guardarraíl y quedar inconsciente. ¿Cuánto tiempo he permanecido así? Soy incapaz de calcularlo. Tal vez si no hubiera puesto el reproductor en modo aleatorio lo podría saber por el número de piezas reproducidas desde el momento en que estaba consciente hasta el despertar, todo sería cuestión de calcular el tiempo que aproximadamente dura cada pieza. La imposibilidad de calcular el tiempo, ya que se han parado todos los relojes a mi disposición, el del coche, el reloj de pulsera, el del móvil, sería un gran incordio si tuviera algo más que hacer que dar vueltas y vueltas en la noche a una carretera que nunca me llevará a parte alguna.

Con dificultad deduzco que el sonido que me está llegando viene del coche, el reproductor sigue haciéndome escuchar pieza tras pieza, como el único norte de mi brújula, como el único placer de mi vida. Por fin logro saber qué pieza toca ahora. Me ha costado un poco, bastante, más de lo normal en un estado de vigilia. Es el primer movimiento de la novena sinfonía de Beethoven. El extraño sonido de los primeros compases me pareció al principio como la llamada de la polilla de Castaneda. ¿Por qué me viene ahora a la cabeza Castaneda y sus libros? No lo sé. Todo es muy extraño. Me siento como si hubiera transcurrido un día y despertara al siguiente tras una noche de sueño profundo. Pero no es así. Noto la palpitación en el lugar del cráneo donde recibiera el golpe. Me hago consciente del terrible dolor de cabeza que estoy sintiendo. Intento moverme, pero no lo consigo, el cuerpo parece haber quedado paralizado. Tampoco tengo prisa alguna, no me esperan en ninguna parte. Pero es un poco molesto estar aquí, tumbado sobre el incómodo y rugoso asfalto.

La música es la apropiada, como escogida por el dedo feroz de un destino encolerizado. Estoy naciendo a un nuevo mundo que me golpea dentro del cráneo, en el corazón que parece empezar a latir tras una parada cardiaca, su ritmo es lento, tímido, como pidiendo permiso para hacer notar su presencia. Pero de pronto se desboca, y con un golpe seco inicia una galopada. Sí, en efecto, estoy en un nuevo mundo y la música es la apropiada para comenzar la nueva andadura. Un mundo nocturno, oscuro, sin forma, sin perspectiva, sin dimensiones, sin alba y sin ocaso, sin comida y sin bebida, sin naturaleza, sin tiempo y sin espacio. Un mundo solitario donde nadie puede aparecer de repente ante mis ojos y presentarse. Un mundo sin habitar, inexplorado, y donde nada puede ser hallado porque toda la luz de que dispongo son los faros de un coche embrujado, con un depósito en el que la gasolina se renueva antes incluso de ser quemada, como contagiada por el castigo de Sísifo.

Es un mundo sin principio ni fin, donde puedo estar quieto y no sucederá nada, donde puedo dar vueltas y vueltas a esta carretera infernal sin ir a parte alguna, donde no se puede dormir, ni comer, ni beber, sin embargo parece que sí puedo fumar y hasta es posible que se renueve también la cajetilla de tabaco, como la gasolina en el depósito. Parece la broma macabra de un dios con un sentido del humor demoniaco. Sé que no puedo morir, porque las heridas infligidas a mi cuerpo se curan por sí mismas. No sé si puedo comer porque no tengo alimento, pero sí sé que no tengo hambre, ni sed. No necesito excretar, no necesito descansar, no necesito estirar o encoger músculos. Aún sé muy pocas cosas de este nuevo mundo, pero lo que sí sé es que nunca saldré de él. Es una intuición, una corazonada, un vacío en el bajo vientre, en el estómago, en el corazón, en el cerebro. De tanto desearlo un dios malévolo me ha concedido el deseo. Estar solo, solo para siempre, lejos de los seres humanos, de la humanidad, solo en un lugar desierto, en una noche perpetua, sin necesidades físicas, sin deseos, sin esperanza, sin metas, sin emociones, sin pensamientos. Bueno, tal vez esto último no entre en el pack de regalo. Los pensamientos bullen en el interior de mi cráneo, como gusanos taladrando un lugar donde poner los huevos. No puedo evitarlo. Lo que aún no sé tampoco es si soy capaz de sentir emociones o si he perdido mi mundo emocional para siempre, algo que agradecería, pero no estoy seguro. Sé que pensar en una tortilla de patata y en un porrón de vino no es un deseo, al menos no un deseo acuciante e incontrolable, es más bien una nostalgia, un recuerdo que se acerca, como una niebla deshilachada. Sé que el deseo de dormir es solo la necesidad de parar el mecanismo de mi mente, que como un molesto motor sigue ahí, al fondo, impidiéndome concentrarme, no sé en qué, pero debería concentrarme en algo. Sé que el deseo de fumarme un pitillo es algo más que un deseo, es como una rebeldía frente a algo, frente a todo. Es como gritar en voz alta: soy libre, lo seré siempre, aunque solo sea para fumarme un maldito pitillo, porque está prohibido, porque no quiero que me salven de nada, que cuiden de mi salud, que me digan que es muy malo morir de cáncer de pulmón y muy bueno morir de soledad, con muy buena salud, a los ciento cincuenta años.

En todo este discurso mental me va acompañando la música del genial sordo, del genial malhumorado, del genial y colérico Titán de la vida y de la libertad. Sí, es como si hubieran puesto música al nacimiento de este nuevo mundo, de este distorsionado y delirante universo. Intento levantarme de nuevo, pero el esfuerzo me hace pensar que estoy bien así, al menos durante un tiempo, si es que pasa el tiempo. Sin poder evitarlo dejo que mi mente recapitule, haga un somero inventario de la situación. Estoy solo, en una dimensión desconocida, que se parece a aquella en la que estaba en que mi cuerpo físico parece seguir siendo el mismo, aunque al parecer no necesita alimentarse, ni comer ni beber, ni dormir ni descansar. Aún es pronto para tener alguna seguridad al cien por cien, pero dado el tiempo transcurrido lo que es seguro es que algo ha ocurrido, y como parece que nada en este universo es reversible, tendré que acostumbrarme a la nueva situación. No parece que me canse, ni de estar en pie ni de estar sentado, ni de correr ni de saltar. El tiempo se ha detenido, al menos el tiempo que marcan los relojes, porque yo sé que las piezas de música han estado sonado todo el tiempo y que su duración sigue siendo la misma. Determinadas leyes físicas se han modificado o desaparecido. La ley de la gravedad parece seguir funcionando, pero no conozco ninguna ley física que permita a un motor de combustión ir quemando la gasolina y que ésta se vaya renovando, como si tal cosa. Lo que es seguro es que estoy solo en este pequeño universo, aunque tal vez sea grande, pero no pienso explorarlo. Lo que es seguro es que no necesito comer ni beber, aunque si lograra, por un milagro, encontrar algo de comida o de bebida, tal vez sí pudiera comer y beber, solo para disfrutar, sin necesidad de hacerlo para sobrevivir. Me pregunto si tendría que excretar si comiera, si tendría que mear si bebiera. Me imagino cagando en medio de la carretera y me entra tal ataque de risa que se me cierra el esfínter. Esto no tiene ni pies ni cabeza, lo que no me sorprende, porque nada de lo que ocurría en mi mundo de procedencia tenía el menor sentido, no hubiera sido lógico que simplemente por trasladarme a un mundo nocturno y delirante todo comenzara a cobrar sentido por primera vez.

Sigue la música y me pregunto si el universo de Beethoven era también un universo solitario. El necesitaba a la humanidad, pero huía de ella, él necesitaba el cariño y la proximidad de un ser querido, pero le gritaba encolerizado si se aproximaba demasiado. No termino de hacer el inventario. Tal vez, con el tiempo, si es que existe, debiera salir de la autopista y explorar en la oscuridad. Tal vez la linterna del maletero sea también incombustible y eterna. Necesito saber si estoy realmente solo, si han desaparecido las gasolineras, los restaurantes, los moteles, los edificios, si todo, excepto mi coche y yo, se quedaron en la otra dimensión mientras nosotros saltábamos. ¿Necesito? Me temo que no necesito ya nada, pero siento curiosidad por saber si al otro lado de la autopista hay árboles, vegetación, naturaleza, si hay arroyos de agua cristalina de los que pueda beber, aunque solo sea por placer puro y simple. Siento curiosidad por saber si aquí hay animales, tal vez pueda hacerme con una buena mascota que me haga compañía. ¿Realmente siento curiosidad por algo? Creo que no.

Al fin consigo levantarme, regreso al interior del coche, busco con ansiedad la cajetilla de tabaco y enciendo un pitillo. Fumo como si encontrara placer en ello, o como si el humo pudiera abrir un boquete en la oscuridad y ver el cielo azul y el sol en lo alto. Justo cuando termino el pitillo acaba la música. Aunque sé que vendrá otra pieza, aleatoria, y que tal vez me sorprenda, y que a ésta seguirá otra y otra y otra, porque aquí nada parece desgastarse, estropearse, lo que tienes lo tienes para siempre y lo que no tienes nunca lo conseguirás. Enciendo otro pitillo, como deseoso de que se termine la cajetilla para ver si se renovará como la gasolina en el depósito. Siento curiosidad por saber hasta dónde llega el humor de los dioses. Me proyecto hacia el futuro, ¿encenderé el motor y seguiré dando vueltas, o me quedaré aquí, un sitio tan bueno como cualquier otro? Me entra la risa tonta. ¿Pensar en el futuro, proyectar mi mente hacia el futuro? Lo que sí sería un alivio es el vacío en mi mente, la ausencia de pensamientos. Entonces recuerdo mis técnicas de yoga mental y sigo carcajeándome. En este nuevo mundo que acaba de nacer al compás de la música del sordo genial tal vez solo ellas me sirvan de algo, porque está claro que no he podido dejar la mente al otro lado de la línea dimensional. Donde va la mente va la angustia y los problemas y el hacer el idiota en un bucle perpetuo. Sí, menos mal que me he traído esas dichosas técnicas. Recuerdo a Castaneda y su guerrero impecable. Está claro que vayamos donde vayamos y suceda lo que suceda siempre nos acompañará la mente, como una cabra loca que siempre tira al monte, a la oscuridad, más allá de esta onírica y corta iluminación de los faros.
Termino el pitillo y enciendo el motor del coche. Seguiremos dando vueltas y vueltas, puesto que no hay nada mejor que hacer.

ANTOLOGÍA POÉTICA VII


LUIS CERNUDA

DONDE HABITE EL OLVIDO

NOTA/ A lo largo de mi juventud me hice con antologías de diversos poetas de mi predilección, la mayoría en ediciones de la colección Austral. Luis Cernuda es uno de mis poetas favoritos, junto con todos los demás de la generación del 27, unos más que otros, aunque solo ligeramente. La prueba de lo que me impactó Cernuda está en un poema que escribí con el mismo título que su libro de poemas de 1933, Donde habite el olvido, y que subo a continuación a mi Poemario negro en Algo más que palabras. Es un poeta de la soledad, un tema que a mí nunca me pasará desapercibido porque también es un tema recurrente en mi poesía o como se la quiera llamar, porque nunca tuve claros los linderos literarios. La realidad y el deseo y el amor son temas muy importantes en su poesía, al mismo nivel que la soledad. Como a Lorca su condición de homosexual le marcó y marcó su vida por razones obvias, no eran buenos tiempos para nadie y menos para quienes se salían del camino marcado por los represores del régimen franquista. He releído la antología que tengo un par de veces y creo que ha llegado el momento de hacerlo una tercera vez. Elijo como poema para esta antología precisamente Donde habite el olvido, que siempre me impacta mucho emocionalmente.

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

ANTOLOGÍA POÉTICA VI


DYLAN THOMAS

También fue viendo una película en blanco y negro, hace unos meses, sobre el recorrido que hizo por USA en un viaje de recitales poéticos y alcohol, que me prometí enmendar el terrible lapsus poético que supone para mí no haber leído su obra sistemáticamente. La película se titula Set Fire to the Stars de Elijah Wood. Se dice que Bob Dylan tomó su nombre artístico de este poeta al que admiraba mucho.

https://es.wikipedia.org/wiki/Dylan_Thomas

Y LA MUERTE NO TENDRÁ SEÑORÍO

Y la muerte no tendrá señorío.
Los muertos desnudos serán uno
Con el hombre del viento y la luna del Oeste;
Cuando descarnados y limpios hasta el hueso sus huesos se dispersen,
Tendrán estrellas por codo y pie;
Aunque enloquezcan serán cuerdos,
Aunque se hundan en el mar resucitarán de nuevo;
Aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
Y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Los largamente tendidos bajo las envolturas del mar
No morirán a la intemperie;
Aun retorcidos en el potro, mientras ceden sus tendones
Amarrados a una rueda, ellos no se romperán;
La fe en sus manos ha de partirse en dos
Y los han de atravesar males unicornes;
Escindidos los extremos, ellos no se quebrarán;
Y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Nunca más gritarán las gaviotas en su oído,
Ni rugirá el rompiente de las olas en la orilla;
Donde alentó una flor nunca más una flor
Podrá elevar su rostro a los golpes de la lluvia;
Aunque estén locas y muertas como clavos,
Las cabezas de los personajes martillean entre las margaritas;
Estallan bajo el sol hasta que el sol se apague,
Y la muerte no tendrá señorío.

AMOR EN EL EXILIO

Ha venido una extraña
A compartir mi cuarto en esta casa, mal de la cabeza
Una chica loca como los pájaros

Acerroja la noche de la puerta con su brazo su pluma
Reducida a su cama perpleja
Burla con nubes invasoras la casa a prueba de paraíso

Y burla con sus paseos el cuarto de pesadilla
A sus anchas como los muertos
O cabalga los océanos de ensueño de las salas de hombres.

Ha llegado poseída
La que admite la burla de la luz a través de la pared que rebota,
Poseída por los cielos

Duerme en su estrecha tumba pero pasea por el polvo
Si bien rabia a voluntad
Sobre las tablas del manicomio gastadas por mis paseos de lágrimas.

Y prendido por la luz en sus brazos al largo y querido fin
Podré sin desfallecer
Sufrir la visión primera que prendió fuego a las estrellas.