Categoría: Libros

DON QUIJOTE DE LA MANCHA


Cuando lo leí por primera vez, con quince años, lamenté que aquella maravilla no estuviera traducida a “castellano moderno”. Me costó mucho paladear aquel castellano barroco. En mi segunda lectura comprendí que había sido un tonto al pensar semejante tontería, el lenguaje es perfecto y maravilloso. Hay que aceptar que nada es atemporal, cada obra literaria o artística se crea en un tiempo y cada autor es hijo de su época, intentar trasladar obras literarias o artísticas al tiempo del lector o del espectador es un ejercicio que puede tener su interés como experimento pero siempre que se tome como una obra distinta. Están muy bien las versiones modernas de las obras de Shakespeare en las que los actores van vestidos con ropas actuales y se mueven en decorados de nuestro tiempo pero no dejan de ser experimentos para acercar al espectador a representaciones a las que no iría sin ese reclamo. En el caso del Quijote cualquier versión que se haga para acercar la obra a los niños o a los adultos a los que les cueste mucho su lectura tiene que ser bienvenida. En este caso las ilustraciones de Mingote son el maravilloso nexo de unión con nuestro tiempo. Por suerte la obra ha llamado la atención de numerosos ilustradores que han desplegado en él su mejor arte, como es el caso de Gustav Doré.


Tal vez el lector cansado piense que a la obra le sobran las novelas cortas intercaladas y que todos conocemos muy bien, que el ritmo narrativo ganaría con ello y la historia de Quijote y Sancho es ya de por sí suficientemente atractiva para que no necesite de esos aderezos. Es cierto que el ritmo de la novela pierde mucho con estas historias tan del gusto de la época, pero forman parte esencial de lo que el autor pensó y diseñó al escribirla y con su supresión se pierde sabor, como un exquisito plato al que hay que privar de la sal y el picante porque uno tiene problemas de estómago… Si no hay más remedio… no hay más remedio, pero el Quijote debería leerse tal como se escribió y disfrutar de todos y cada uno de sus capítulos, de sus personajes, de sus historias, de su lenguaje… No es una novela para leer de un tirón, como los famosos best-sellers o las novelas policiacas que tanto nos gustan, es un placer para ser degustado a lo largo del tiempo, como unas jornadas gastronómicas en las que no se pueden comer todos los platos nada más llegar porque uno acaba reventando. El Quijote es para leer con calma, día a día, degustando cada capítulo, apreciando el lenguaje, tomando notas, disfrutando de sus maravillosos personajes, únicos en la historia de la literatura, apreciando y maravillándose ante el sentido del humor que se despliega a lo largo de toda la obra y viviendo en ella como si el agujero de gusano de mi personaje, Carl Future, nos hubiera llevado hasta esa época y esa realidad ficticia.

He releído una y otra vez la novela a lo largo de mi vida, he tomado notas, estoy confeccionando un diccionario de refranes y frases, de lenguaje quijotesco. Su estilo me admira cada vez más a pesar de la dificultad que tiene todo lector moderno para hacerse con él y acabar disfrutándolo. Pero lo que es para mí un auténtico milagro son sus personajes, tan realistas que mientras uno sigue la ruta de Don Quijote, aquí en la Mancha, donde he recalado gracias al destino, casi cree verlos, bien vestidos de época o con ropaje moderno pero con físicos y lenguaje parecidos. Son personajes sólidos, humanos, tan bien trazados que parecen caminar solos y que Cervantes, Miguel, se limitara a sacarles fotografías con su pluma y su tintero. Su sentido del humor es portentoso. Todo mi sentido del humor, poco y malo, todos mis personajes, han nacido de aquí. Le debo todo a Cervantes y al Quijote. Lo mejor de mi humor es quijotesco y lo peor nace de mi cinismo y mala leche personal. algo que viene de fábrica y que no se puede cambiar.

Me faltan palabras para describir todo lo que debo a esta maravillosa obra. Pero eso no me impide aceptar y admitir que no es una obra fácil. Me costó leerla por primera vez y aunque cada vez me cuesta menos releerla y la paladeo con más profundidad e intensidad, no es algo que un lector pueda hacer sin sacrificio por su parte, lo mismo que no se pueden comer todos los platos de unas jornadas gastronómicas universales de un solo tiento, porque la indigestión sería monumental. Mi consejo a todos los que se animen a leerlo y no solo a decir que lo han leído (gracias a Dios parece que aún sigue dando vergüenza decir que no se ha leído) es que se lo tomen como un crucero alrededor del mundo. No se puede ir demasiado deprisa porque no te enteras de nada. Es conveniente detenerse en los lugares que más te gustan y disfrutar sin prisa. Puedes pasar más rápido por lugares que te gustan menos. Puedes pedir ayuda de otros que lo han leído y comentado, es muy interesante rastrear la influencia del Quijote en otros escritores. Puedes ver películas o dibujos animados o si alguien no conoce La Mancha puede venir hasta aquí y seguir la ruta del Quijote. Para mí ha sido una gozada en estos más de tres años que llevo por estas tierras ir viendo poco a poco todos los lugares y nombres relacionados con el Quijote. Se puede ir al Toboso y disfrutar del pueblo y la gastronomía, acercarse a Puerto Lápice y apreciar el lugar que ocupa en la obra del Quijote porque no es una población que conserve mucho de aquella época. Todo nos puede ayudar y ese viaje turístico más que otra cosa. Si se quieren acercar por Alcazar de San Juan, Slictik-Torre de Babel, hará de anfitrión de mil amores, dentro de sus posibilidades y limitaciones. Y si ustedes se animan a escribir algún texto para este magno día será el mejor regalo que me hagan por mi cumpleaños. Pueden dejarme su fecha de nacimiento en el correo interno y les recompensaré con una comida en el restaurante Sonymage y con algún regalito del profesor Cabezaprivilegiada, una especie de Don Quijote sajón y puritano.

SINOPSIS: 

Casi no es necesaria, todos sabemos de qué va el Quijote y cada uno de sus episodios. Alonso Quijano el bueno es un hidalgo pobretón que reside en una de estas casas manchegas que aún se pueden apreciar en un viaje turístico, especialmente en el Toboso. Se dedica a la lectura porque tal vez piense como yo, que la vida es demasiado dura y hay que endulzarla con sueños y ficciones. Se le trastoca la cabeza, lo mismo que a mí, y sale por ahí a matar gigantes (no se pierdan los molinos de Campo de Criptana y de Alcázar, no tienen mas que llamarme y se los enseñaré de mil amores), a pelear con malandrines, a suspirar por Dulcinea, a ser honrado y cabal caballero, a pelear con magos que intentan engañarle haciéndole ver que sus sueños son pura locura porque la realidad es la que es. Cada episodio es una maravilla. No se pierdan el de la venta, que no castillo, el caballo clavileño, a ese maravilloso secundario de lujo que es Ginés de Pasamonte o de Parapilla, como le llama Don Quijote y que es uno de esos personajes secundarios de los que se puede decir, como en el cine español, que se merece toda una película. Al final de tantas aventuras Don Quijote se vuelve cuerdo, pero solo para morir, por suerte, porque de haberse vuelto “normal” mucho antes del fin yo y todos los soñadores hubiéramos derramado amargas lágrimas.


FICHA TÉCNICA

AUTOR: Miguel de Cervantes Saavedra.
TÍTULO ORIGINAL: El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
EDITORIAL: Planeta 2005.
ISBN: 9788408058212
GÉNERO: Novela humorística, aunque algunos la califican de novela de aventuras o de novela… Es la novela completa, total, absoluta, la primera y no diría que la única porque en la historia de la literatura hay verdaderas maravillas.
NÚMERO DE PÁGINAS. 680.

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3001 ODISEA DE LA JUSTICIA


 

     El robot Gestoreitor BX al cuadrado. Manolín para los amigos, paseaba preocupado por la oficina judicial, las manos a la espalda y la cabeza baja. En un momento determinado se dirigió a su compañero, Tramiteitor AZ al cubo, Alfredín para los amigos, y le comentó:

    -Hoy parece que la oficina está vacía. No lo entiendo. Llevamos casi un mes sin que nadie asome la cabeza por la puerta.

     Tramiteitor alzó la cabeza robótica de su ordenador, una vieja antigualla del año 2000 (a pesar de que en la década anterior se hizo un gigantesco esfuerzo presupuestario y se reemplazó a todos los funcionarios por robots, lo cierto es que el déficit les dejó en blanco, impidiéndoles renovar mobiliario y ordenadores, las oficinas parecían destartalados cuchitriles)y con una sonrisa mitad cínica, mitad metálica, le respondió:

    -No sé si eres tonto, Gestoreitor, o te lo haces. Desde que te comenté el episodio de Salomón, el bebé y las dos madres que lo reclamaban (el episodio histórico más conocido sobre la justicia perfecta) no dejas de partir por la mitad todo lo que asoma por la puerta: matrimonios, hijos, pisos… ¿Y aún te asombras de que llevemos más de un mes sin una denuncia o demanda que llevarnos a la boca?

   -Uuummmm. Creo que me pasé un poco. Lo reconozco.

     No se pierdan el siguiente episodio de este culebrón, donde se dará cuenta de dónde se encuentra el narrador de esta saga y de otras peripecias igualmente regocijantes.

     COMENTARIO DE OLEGARIO BRUNELLI, EL HUMORISTA NUMBER ONE

     ¿Creeis que esto tiene gracia? Tendríais que visitar mi show, en Las Vegas. Desgraciadamente no soy funcionario de Justicia y no puedo montar aquí mi show. ¿Para cuando un nuevo cuerpo de funcionarios? ¿Para cuando las oposiciones a humoristas en el nuevo Ministerio del Humor? ¿Alguien cree que si le hacemos cosquillas al gobierno y comienza a reírse de su propia sombra la crisis no mejorará un poco?

 

   3001 ODISEA DE LA JUSTICIA II

      EL NARRADOR

 

TIEMPO

Año 3001. Hacia finales del mes de febrero.

LUGAR

Hawai. Una playa. Concretamente donde se rodó la serie, ya clásica, de Perdidos.

 

Hola a todos. Me voy a presentar, porque es de buena educación hacerlo cuando no te conocen. Soy el narrador de esta saga y me encuentro en la playa antes mencionada, sentado en una tumbona, con un portátil. última generación  de Microjet Corporation, en el ragazo y tapado con unas gigantescas bermudas de colorines para disimular mi barriga.

Para mi desgracia soy uno más de los funcionarios de justicia que fueron despedidos sin indemnización y reemplazados por robots hace casi una década. Me dedico a escribir, pero no relatos o novelas o poesía. La literatura ha desaparecido, tragada por la imagen. Sin embargo aún son necesarios guionistas para películas, series de televisión o videojuegos. Por suerte hasta para unir dos imágenes se necesita cierta clase y un buen narrador. A eso me dedico y no me va mal, aunque tampoco muy bien.

La idea de escribir esta saga se me ocurrió hace unos días. Tuve que implantarme en la barriga un termostato para regular la temperatura corporal (la razón la conocerán más adelante) y eso me arruinó. Necesitaba escribir algo que pudiera transformarse en un éxito, como Perdidos, y tras darle muchas vueltas al magín, encontré la solución. ¿Qué tema conozco mejor que los demás? Sin duda de la Justicia, no en vano fui funcionario más de treinta y cinco años.

Así que decidí narrar mi amarga historia, la de mis compañeros y también, ¿por qué no?, la de mis estimados colegas robóticos. Y en ello estoy. Escribo cinco minutos y el resto de la hora me lo paso viendo pasar bikinis y más bikinis. Sí, soy un machista, lo reconozco. Lo paritario sería que mi esposa se sentara en la tumbona de al lado para ver pasar tangas y más tangas, o sea guapos mozos. ¿Qué más quisiera yo!

Apenas sobrevivimos unos cuantos millones de humanos en el planeta Tierra. Entre el cambio climático, las luchas intestinas por el poder y un montón de causas más, que sería prolijo enumerar aquí, las máquinas nos invadieron y uno se las ve y se las desea para saber quién es máquina y quién humano. De momento ustedes piensen que si fuera máquina no tendría esta barriga, ni estaría calvo, ni portaría unas bermudas, tan horrorosas. Piénsenlo de momento, porque al final a lo mejor se llevan una sorpresita, como en Perdidos.

Pero antes de proseguir con la historia necesito darles algunos datos esenciales para que puedan entenderla. A eso me dedicaré en el siguiente episodio. Nos vemos…

 

COMENTARIO DEL DOCTOR SUN, DISCÍPULO DE JUNG

¿Alguien puede secuestrar a este narrador y traérmelo? Pago bien. Estoy deseando hincarle el diente a su subconsciente.

 

3001, ODISEA DE LA JUSTICIA III

ALGUNOS DATOS ESENCIALES PARA COMPRENDER ESTA HISTORIA

Hola de nuevo. Intentaré ser sobrio. Hay muchos datos que deben ustedes conocer. Como por ejemplo, la razón de que los robots nos reemplazarán.

JAPÓN Y LOS ROBOTS

Japón permaneció durante casi todo el siglo XXI hibernado. De pronto despertó y se puso a fabricar robots como churros y de los buenos. Se dice, se cuenta, que un tal Profesor Cabezaprivilegiada les vendió una especie de fórmula mágica, un algoritmo portentoso, que les permitió solucionar todos sus problemas con la inteligencia artificial.

Sus fábricas se pusieron en pie de guerra y comenzaron a salir robots de todas las clases, tamaños, funciones y posibilidades. Incluso transformaron los objetos inanimados de nuestro entorno. Así construyeron una casa-robot y la pusieron patas. De ahí que el comentario de Tramiteitor cobre ahora pleno sentido. Algunos pisos o casas robotizados comenzaron a acudir a los Juzgados para solucionar problemas con sus dueños o entre ellas. Se vieron obligados a hacerlo por un decreto ley. Hasta entonces solucionaban sus problemas a tiros y no era raro ver dos casas, las piernas separadas, una a un extremo de una calle y otra al otro, con los colts al cinto, dispuestas a dirimir sus disputas a tiros.

Bien, a lo que vamos. En cuanto nuestro gobierno se enteró de que podría hacer un encargo a Toyota Robots Corporation para sustituir a todos sus funcionarios de justicia, lo estudió, lo analizó, hizo cuentas y decidió tirar la casa por la ventana y los presupuestos por la cloaca.

De la noche a la mañana nos vimos en la calle. Cuando salíamos de nuestras oficinas judiciales, cariacontecidos y desesperados, nos encontramos con los robots que entraban. Cada uno tenía nuestra cara y nos sonrieron con sonrisa vil y metálica. Ni siquiera nos ahorraron esa humillación. Emplearon nuestras tarjetas identificativas, donde nos habían obligado a poner la mejor de nuestras fotos, para que los nuevos robots tuvieran aspecto humano.

Quedan muchos detalles más. Les espero en el siguiente episodio.

 

COMENTARIO DEL PROFESOR CABEZAPRIVILEGIADA

Mentira, vil mentira, maledicencia, cotilleo malsano. Si yo hubiera vendido ese invento a los japoneses ahora sería millonario y estaría en la playa de Hawai, al lado del narrador. ¿Me ven allí? Si yo hubiera podido vender mis inventos portentosos y geniales el mundo sería mío y mucho más acogedor y evolucionado de lo que es. No hagan caso de todo lo que les cuenten.

 

 3001 ODISEA DE LA JUSTICIA IV

MÁS DATOS, MÁS, ESENCIALES PARA COMPRENDER ESTA HISTORIA

LOS HUMANOS QUE QUEDAMOS

Nadie sabe cuántos somos ni dónde estamos. El proceso fue imparable. Tras la justicia, la primera que cayó, porque todos la consideraban una rémora (¿qué produce la justicia aparte de papel y un montón de bits desechables?, nada, absolutamente nada, al menos nada aprovechable, productivo, aparte de dolores de cabeza a todo el mundo) fueron cayendo los demás, funcionarios de Hacienda, funcionarios de los cuerpos de seguridad, funcionarios… todos los que había.

No se contentaron con eso. La empresa privada cayó en sus manos y todos los trabajadores del mundo fueron sustituidos por robots. Nadie sabe cuántos humanos murieron de hambre, de humillación, de cólera sorda o luchando por sus derechos en las cloacas de las ciudades. Algunos decidieron ponerse piezas de recambio, cambiaron sus cerebros y se dejaron inyectar programas humanoides. Modificaron sus cuerpos para hacerse tan guapos y delgados como los robots. Se escondieron entre la tropa robótica y trataron de sobrevivir.

Esta fue la primera etapa. Los gobiernos mundiales echaron marcha atrás. Nadie se fiaba ya de que los políticos y gobernantes no acabaran siendo sustituidos por robots. Sacaron decretos leyes a toda pastilla y los humanos supervivientes pudieron regresar del anonimato y recibieron credenciales que les acreditaban como ciudadanos de primera. Algunos regresaron a sus cuerpos, fofos, gordos y feos. Fueron muy, muy pocos. La mayoría decidieron quedarse con sus cuerpos robotizados, aunque muy perfeccionados, para que las manos que los tocaran creyeran a pies juntillas que eran de carne y hueso.

Así este narrador de ustedes pudo reincorporarse a su cuerpo obeso y ponerse este bañador de colorines y buscar trabajo en la industria de la imagen, donde fue recibido con loores y vítores, porque los robots eran muy buenos para casi todo, excepto para imaginar historias, escribir guiones y salirse de la matemática. Y aquí me tienen, más solo que la una, sin una esposa que me acaricie cuando hundo la cabeza en la barriga y lloro. ¿Quién se atreve a buscar esposa con este lío? Yo no, al menos. Seguro que se les pusieron los dientes largos cuando les hablé de los bikinis. Vayan recortándoselos con una lima. La mayoría son robotinas y muy poco humanas. Pónganles las manos encima y notarán cómo su termostato se regula hasta alcanzar temperaturas gélidas. Si continúan con las manos donde no deben se encontrarán convertidos en carámbanos.  En mi caso un carámbano obeso y feísimo.

Aún quedan más datos, muchos más datos. Pero los dejaremos para el siguiente episodio.

COMENTARIO SARCÁSTICO DEL PROFESOR CABEZAPRIVILEGIADA

Este narrador delira. Puede que algo de lo que cuenta sea cierto, acaso mucho, pero los humanos seguimos existiendo y no nos ha pasado nada… al menos a mí. Claro que me pasé buena parte de estos años en mi bunker, inventando sin parar, pero no puede ser cierto, de ninguna manera, que los robots sean tan perfectos (aún no he descubierto ese algoritmo portentoso de que habla el narrador) ni que todo el mundo fuera sustituido por robots, excepto los políticos y los gobiernos. Lo de los funcionarios de justicia me lo creo. No se les permite pensar por sí mismos y eso acaba creando robots, antes o después.

 

3001, ODISEA DE LA JUSTICIA V

TERMINO CON LOS DATOS Y SIGO LA HISTORIA

Hay muchos más datos que deberían conocer, pero no quiero atosigarles, porque aunque los funcionarios de justicia estén acostumbrados a estar constantemente inundados de datos y más datos, todo cerebro tiene un límite y el nuestro lo está alcanzando ya.

Baste de momento con que sepan que el mundo no es lo que era. En cualquier momento las máquinas pueden asaltar el poder como en Termineitor y las Crónicas de Saraha Connor, y necesitaremos muchos capitanes rebeldes, como ese muchacho, ¿cómo se llama? Uumm Bueno, no me acuerdo. Lo importante es que estén preparados y sigan las peripecias de estos robots de Justicia. En cuanto puedan háganse pasar por ellos y escóndalos en un sótano. Imiten su sonrisa metálica, procuren sacar tantos asuntos como ellos, o al menos un cincuenta por ciento, y esperen a ver en qué acaba todo esto.

No hagan caso de lo que les diga el chiflado del profesor. Que dé la cara. Que salga de su bunker y nos explique qué hay de mentira en lo que estoy contando.

El proceso fue largo, pero llegaron a lo que pretendían. Querían una economía perfecta, sin crisis periódicas, mano de obra barata y muy productiva. Con los robots encontraron el elixir de la perfecta economía. ¿Qué se necesita más producción? Pues se les programa a doble velocidad. ¿Qué se necesita menos? Se les ralentiza. ¿Qué hay que despedir? Pues se les hiberna en almacenes perfectamente acondicionados y con un robot barato echando aceite a sus junturas y limpiando el polvo de sus carcasas. Así hasta que haya que contratar mano de obra. Entonces se les saca del almacén. Se les pone a punto y se les reintegra a su puesto de trabajo.

¿Que eso no soluciona el problema del consumo? Se programa a los robots para que compren todo lo que se produce. ¿Que se necesita más consumo? Se les acelera para que se pasen el día comprando, de tienda en tienda. ¿Que ya no es preciso consumir tanto? Se les quita un chip y se les pone otro y a estar en casita, viendo la televisión.

Todo tiene solución si se sustituye a los humanos por robots.  El problema es que los humanos sigamos viviendo y poblando el planeta sin que la economía se vaya a pique cada dos por tres o consumamos más de la cuenta o menos de lo necesario o decidamos tener muchos hijos o pocos o ninguno o seamos libres para ver los programas de televisión y las películas que se producen o decidamos comprar tantos libros de repente que hagamos millonarios a los editores y a los escritores (menos que a los editores) o un día decidamos estudiar economía y así no puedan engañarnos con eso de que la economía es lo que es y a ti te encontré en la calle o pensemos por nosotros mismos y decidamos que los políticos no nos sirven o que los gestores que tenemos son una birria y los cambiemos. La solución no es el socialismo ni el capitalismo ni ningún “ismo” que se les ocurra. La solución es el ser humano. Y no el “humanismo”, porque eso ni sé lo que es ni me importa.

Y perdonen el rollo que les he soltado, pero me he puesto a mirar a una preciosidad en bikini, se me caía la baba, hasta que me puse a pensar por mí mismo y comprendí que era una robot y que en la cama puro mecanicismo y que fuera de la cama idem de idem. Me he puesto muy triste, pero ya se me pasará.

En el siguiente capítulo contaremos cómo Gestoreitor decide pedir el traslado. La reacción de Tramiteitor y cómo viene en su ayuda AuxEjecuteitor y otras peripecias igualmente regocijantes. De la edad de jubilación hablaremos más adelante. Aún hay tiempo hasta los 67,68,69,70. Como todos los funcionarios del 3001 son robots bien podrían jubilarse a los 500 años o no hacerlo nunca. Un robot nunca se queja, por eso es un robot.

COMENTARIO MÍSTICO DE MILAREPA

No hagan caso de paraísos artificiales, de economías sin altibajos ni crisis, de futuros sin problemas, repletos de ocio, de robotinas en bikini, y de dinero virtual que se consigue con solo respirar. Ser humano conlleva un dolor permanente. Ser humano es aprender las lecciones tras cada crisis. Ser humano es poder decir no y aceptar las consecuencias. Ser humano es aceptar con dignidad las desgracias de la vida y luchar por la justicia, por la verdadera justicia, porque el maestro Jesús ya lo dijo: Bienaventurados los que luchan por la justicia.

No acepten que los transformen en robots. No hagan caso de dogmas mecanicistas. La economía no es como es porque no puede ser de otra forma. Eso es puro mecanicismo. Los humanos la manejan y la economía es un instrumento en sus manos. Si nos proponemos metas humanas y somos solidarios descubriremos que la economía funciona (¡Milagro!) y que algún día nos podremos jubilar a una edad razonable y que los funcionarios de justicia nunca serán sustituidos por robots y que los parados encontrarán trabajo cuando los cabezas cuadradas dejen de pensar en la matemática y piensen en el ser humano.

Algún día les hablaré del ser humano, como algo más que un cóctel de hormonas o una fábrica de genes. Algún día descubrirán que solo el lado espiritual del ser humano le librará de su crisis permanente, de su ruina. Porque mientras pensemos que solo somos cuerpos o estructuras de ladrillos genéticas ambulantes nos resultará complicado ver al otro como a un hermano. Cada uno luchará a muerte por lo suyo y las soluciones que nos daría la solidaridad habrá que buscarlas en guerras fratricidas entre robots. Entonces podrá ocurrir que se fije la edad de jubilación a los cien años, que los gobiernos saquen de la crisis a la banca y al sistema financiero y dejen hundirse a los trabajadores. Todo dependerá del sistema político, de los votos y de las estrategias. Digan no. Somos humanos. Queremos que se nos respete, que se nos considere como a tales y que se dejen del mecanicismo de las crisis. Un ser humano solidario sabe cómo salir de cualquier crisis y un ser humano que luche por la justicia sabe cómo enfrentarse a las injusticias. En otro momento les hablaré de su lado espiritual. Ahora sigan con la crisis.

 

NOTA DEL NARRADOR PARA SUS FUTUROS TELESPECTADORES

Nada de lo que aquí se cuenta es verdad, ni ha sucedido, ni sucederá nunca. Todos los personajes que aparecen son ficticios, puesto que como todos ustedes saben Japón aún no se ha puesto a fabricar robots como churros.

Así pues disfruten y ríanse como yo a carcajadas. Ustedes no están en una playa de Hawai, con éstas bermudas horripilantes, pero aún desde su oficina podrán echar a volar la imaginación y divertirse un rato… hasta que llegue el monstruo de humo, como en Perdidos, y tengan que salir por piernas.

No se crean nada, como no se lo creían los protagonistas de Perdidos, y ya ven dónde están ahora, luchando por su supervivencia, dando vueltas y más vueltas a la noria del tiempo que los lleva de una dimensión a otra, los trae, hace que se olviden, luego recuerdan, luego vuelven a olvidar y están aquí y están allá, como dicen que sucede en el universo de la física cuántica.

Nada es cierto, nada es verosímil, pero sigan mi consejo: metan sus ahorros en un calcetín y así la próxima crisis no se los llevará consigo; cuando oigan hablar de Japón y sus robots, échense a temblar; cuando escuchen las trompetas del Apocalipsis salgan pitando… por si acaso.

Les agradezco mucho su seguimiento de este culebrón que aún está en fase de guión. Me consta que antes han seguido otros, pero no los había escrito este su seguro servidor.

Quiero dejar bien claro que los comentarios a pie de página no son míos. El profesor Cabezaprivilegiada es un chalado. No le hagan caso. En cuanto a Milarepa, es un joven monje budista, un santo, un cielo de hombre, pero no tiene los pies en la tierra. Anda predicando el advenimiento de una futura humanidad solidaria y sin crisis, olvidada del materialismo y dedicada al espiritualismo y a la meditación. Sus reflexiones pueden ser muy profundas. Pero no se dejen engañar por ellas. Lo único que tocarán sus manos será el dinero. Si hay paro no comerán, si no tienen techo se mojarán… La espiritualidad está muy bien, pero para Milarepa, quien vestido con su túnica azafranada predica nuestra próxima reunión en el Todo, nuestra condición de hijos de la luz, de Dios. La espiritualidad está muy bien para Milarepa, quien baja los ojos a sus pies desnudos cuando observa de lejos a una señorita en bikini, aunque esté en la playa. Nosotros, los menos espirituales, solo creemos en lo que vemos y palpamos.

DIARIO DE UN REPORTERO DE GUERRA I


Diario de un reportero de guerra (I)

 

– Slictik

 

 

¿Por qué se hace uno reportero de guerra?. ¿Por vocación?. Esta es la pregunta del millón. ¿Por qué se hace uno cirujano?. ¿Para hurgar en las entrañas del prójimo todos los días?. ¿Se hace uno soldado para saciar sus instintos asesinos o se hace uno abogado para defender a psicópatas, a asesinos en serie, a violadores, a corruptos o mangantes de guante blanco?

 

No es tan fácil encontrar la verdad. Ya Poncio Pilatos hizo la pregunta del millón y se largó corriendo porque no deseaba escuchar la respuesta o tal vez porque creyera que nadie y menos que nadie aquel hombrecillo con una corona de espinas sobre su cabeza pudiera tener un tesoro tan grande en el fondo de su corazón.

 

Si la verdad fuera un diamante enorme y reluciente en un basurero repleto de porquería hasta un ciego podría verla. Pero no es fácil hallar la respuesta a la gran pregunta; ni tan siquiera la pregunta del millón es sencilla de contestar y eso que se aproxima tanto a la verdad como un grano de arena a un universo infinito.

 

Viajo en segunda clase en un vuelo normal camino de la última guerra. Me estoy haciendo estas preguntas y otras parecidas más que nada para no probar aún la porquería de comida que tengo en una bandeja sobre las rodillas. Necesito que pase el tiempo y recurro a preguntas que me he planteado una y mil veces sin encontrar la menor respuesta que echarme a la boca en lugar de esta bazofia que tengo delante de los ojos.

¿Una bazofia?. ¡Tendrían que ver lo que llega uno a comer en las guerras!. Hay momentos en que uno deglutiría hasta los casquillos vacíos si no fuera peor el remedio que la enfermedad. Pero este no es el momento de pensar en cosas tristes. Mejor recordar a la familia que se quedó en casa ocultando sus lágrimas en las esquinas.

 

Me casé hace un par de años y tengo un hijo que no lloró al despedirme porque aún es un bebé. Estaba dormido y no me atreví a despertarle. No soy precisamente un pipiolo ni en el amor ni en la guerra. Tengo la piel curtida en mil batallas y las cicatrices recorren todo mi cuerpo y hasta mi alma, si es que un concepto tan sutil pudiera referirse a algo real. No podría responderles a la pregunta de si existe el alma. Las guerras no son precisamente el lugar más adecuado para encontrar almas, ni la propia ni las ajenas.

 

Mis colegas me consideran un veterano de mil batallas. Hace un par de años decidí sentar la cabeza, casarme con la mujer que me llevaba esperando media vida y a la que sólo veía unos cuantos días entre guerra y guerra. Me sentía viejo y cansado pero sobre todo estaba asqueado de ver morir gente por razones que nunca comprendí ni creo que pueda comprender nadie. Estos dos años me he dedicado a disfrutar de la vida (un concepto que siempre me chocó, entiendo mejor el de muerte), de la familia, de la profesión de articulista en la prensa diaria. Todo esto al tiempo que intentaba rematar mi primera novela. No, no tenía nada que ver con la guerra. En realidad el argumento no podía ser más sencillo y ameno. Trataba de un joven magnate del negocio de la comunicación que se dedicaba, entre amante y amante, a manipular a la opinión pública. De esta forma mataba dos pájaros de un solo tiro. Me vengaba de ciertos tipos, por llamarles de algún modo, que sobrevuelan la sociedad como los buitres carroñeros los cadáveres recientes, al tiempo que satisfacía una de mis pasiones favoritas desde que el cine me abriera los ojos a leyendas de pasión, a hermosas mujeres que se movían en la pantalla grande como en su propia casa.

 

En esto estaba, feliz papá que se levantaba varias veces en la noche para contemplar embobado a su retoño, cuando estalló la última guerra. Esta vez tan cercana y trascendente que todos hablaban de que el orden mundial ya no sería el mismo nunca más. ¿Cuántos años llevo oyendo lo mismo?. Mi esposa no me dejaba ver la televisión y apagaba la radio en cuanto me veía cerca. Dejamos de recibir la prensa, al parecer por problemas con la suscripción o algo por el estilo. El teléfono fijo se averió y perdí el móvil, pero eso no impidió que mi ex jefe se presentara en casa y se autoinvitara a comer. Durante la comida no dijo una sola palabra sobre el conflicto, se limitó a piropear a mi bella esposa con tanto descaro que estuve a punto de partirle la cara.

 

Al marcharse me abrazó, no muy fuerte, y me pidió que le acompañara hasta el coche. Allí me habló de que viejos amigos querían saludarme, me esperaban en un café que solíamos frecuentar años atrás para tomar unas copas. Ni siquiera pude despedirme de Elena. Me empujó al interior del mercedes y salió pitando.

 

El resto se lo pueden ustedes imaginar. Es curioso cómo tira esta maldita profesión. Un psiquiatra amigo me dijo una vez que nos acostumbramos tanto a los subidones de adrenalina que ya no somos capaces de permanecer más de un par de minutos con las manos a la espalda contemplando un hormiguero en el campo. Y mucho menos si las hormigas no son de la raza caníbal sino unas simples acaparadoras de comida para el invierno. Necesitas el sabor ácido de la adrenalina en la boca, necesitas vivir el riesgo, el peligro acechante en la mirada de cuantos te rodean.

Tal vez esto sea verdad aunque sin duda no se trata de toda la verdad. En mí aún quedan viejos resabios de idealismo trasnochado, de estúpido romanticismo de siglos atrás cuando en las guerras podías insultar al enemigo que corría hacia ti con la lengua fuera. Aún soy capaz de pensar que la humanidad puede tener remedio, que no todo está perdido, que si consigo poner en el plato del ciudadano normal un cadáver que hieda lo suficientemente fuerte tal vez el cristal estalle en mil pedazos, ese cristal incoloro, inodoro e insípido que el televisor pone delante de nuestros ojos para que la realidad no pueda ser tocada ni sentida con demasiada intensidad.

 

Estos pensamientos me hacen gracia pero no puedo evitarlos. Aún recuerdo la última cena en casa con un par de viejos amigos. Bromeábamos viendo en el televisor escenas de conflictos lejanos, pero luego, en el jardín, fumando un buen habano y trasegando coñac francés se hizo un silencio que se podía cortar con un cuchillo.

 

Al despedirme de Elena al tiempo que besaba sus lágrimas no dejaba de jurar y perjurar que éste sería mi último trabajo. Ella no me creyó. Ahora, mirando esta bazofia de plástico en plato de plástico, me pregunto si algún día encontraré redaños suficientes para cumplir lo prometido. Estoy intentando ver algo atractivo en esta comida que reposa en el plato de plástico que aún no he tocado. Tengo el tenedor de plástico en la mano y pienso que cuando esté allí la echaré de menos. Un conocido cosquilleo me recorre la nuca, hace temblar mis piernas contra el asiento delantero. Es por el miedo y por algo más que no me atrevo a definir. Clavo el tenedor de plástico en el bistec de plástico al tiempo que repaso si me he dejado algo, si en mi magro equipaje falta algo esencial para retratar la guerra.

 

Continuará.

 

DIARIO DE UN REPORTERO DE GUERRA-INTRODUCCIÓN


 
 
                        DIARIO DE UN REPORTERO DE GUERRA-INTRODUCCIÓN
 
         Es mi primer intento de un relato de guerra. Lo escribí hace ya algunos años y le di un final, cosa que no es muy común en mis historias. Intento recuperar viejos textos. Ver si soportan el paso del tiempo y las posibilidades que tienen de ser reescritos, reformados y aceptados de forma permanente en las obras completas de Slictik.
 
        Lo único que recuerdo de este relato es que fue escrito durante la Guerra del Golfo y tal vez fuera la muerte del periodista español la que me provocó a escribirlo.

Diario de un gigoló (Guía para lectores)


 

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  DIARIO DE UN GIGOLÓ

 

   UNA GUIA PARA EL LECTOR

 

NOTA INTRODUCTORIA

La complejidad de la trama de este culebrón erótico es un auténtico laberinto, incluso para el autor, mucho más para el lector que se encuentra constantemente con personajes nuevos y con saltos en el tiempo y en las historias que lo despistan por completo. El lector poco avisado que cae sobre un capítulo por casualidad se siente tan perdido como un elefante en una cacharrería.

Para ayudar al lector a situar cada capítulo en su contexto cronológico, topográfico y a cada personaje en su rama, como cada mochuelo en su olivo, y sobre todo para ayudar al autor a no perderse en el ramaje de esta especie de secuoya erótica he confeccionado esta guía donde cada lector podrá buscar al personaje correspondiente o el capítulo de la historia que esté leyendo en ese momento.  Para el autor será una valiosa herramienta a la hora de situar cada parte de la historia en el trozo de puzle que corresponda.

 

         GUIA CRONOLÓGICA, TOPOGRÁFICA Y DE PERSONAJES

INICIO DE LA HISTORIA

Johnny se encuentra en la bañera del apartamento que le ha regalado Lily, escuchando las variaciones Golberg de Bach y recordando cómo empezó todo.

Este episodio corresponde al primer capítulo de “Diario de un gigoló” ya subido a Internet.

Cronológicamente podría situarse a principios de la década de los ochenta, en Madrid. Nunca se mencionan fechas exactas ni se concretan lugares. El apartamento de Johnny bien podría estar situado por Chamartín, no muy lejos del piso de Anabél.

La historia retrocede en el tiempo, hasta el momento en el que nuestro protagonista conoce a Lily, una madame que está buscando “sementales” para su cuadra o profesionales para su negocio de sexo, como prefieran decirlo.

No se mencionan fechas, aunque bien podría situarse este momento a finales de la dictadura franquista en España, hacia 1974 o 1975.

El pub de Paco, donde Johnny trabaja por las noches para ayudarse en sus estudios universitarios de psicología, estaría situado por la zona de Bilbao o Malasaña o tal vez en el casco viejo, cerca de la Plaza Mayor, donde se desarrolla la cena con Marta y su amiga Esther, en el restaurante de comida típica, que da inicio a este episodio, subido ya en parte.

PACO

Es un personaje secundario y de transición que solo reaparecerá en algún momento puntual y que apenas tiene trascendencia en la historia. Hombre de unos sesenta años, trabajador y con cierto don para las relaciones públicas, acoge a Johnny como a un hijo y hará la vista gorda ante sus escarceos y líos con algunas clientas, que se mencionan en algún momento de la historia, cuando nuestro protagonista habla de su época universitaria.

LILY

¿Quién es Lily? Johnny la describirá como una mujer madura y que se parece mucho a Joan Collins. Nunca se sabrá su verdadera edad. Podría deducirse que al conocer a nuestro protagonista tiene una edad indefinida, entre cuarenta y cuarenta y cinco años, aunque bien podrían ser algunos menos.

Cuando Johnny descubra su diario, a la muerte de su patrona, se le aclararán muchas dudas y conocerá datos que hasta ese momento ignoraba por completo, tales como que Lily, aparte de su gran vitalidad y belleza, de su capacidad para hacer creer que no envejece, que el tiempo no pasa por ella, se ha sometido a operaciones de cirugía estética y utiliza productos, casi mágicos, que le proporcionan desde su laboratorio farmacéutico en Suecia, regentado por un sabio sueco, a quien Johnny llamará el profesor “Mefisto”.

El diario de Lily está solo esbozado y apenas he manuscrito dos o tres capítulos, el primero de los cuales está subido a Internet.

El protagonista hará mención a este diario de pasada, en diferentes momentos de la historia, y solo cobrará protagonismo en el episodio del secuestro de Lily, aún no subido.

Se supone que esta mujer ha llegado a Madrid desde Las Vegas, donde tuvo relaciones con un par de mafiosos. Ha estado montando un negocio de prostitución, en parte con dinero de la mafia, durante uno o dos años.

Johnny conocerá algo de su pasado, que le irá contando Lily, durante los meses que se prolongue su “affaire” con ella como amante fijo, mientras ésta le prueba como futuro pupilo e intenta convencerle de que acepte su fabulosa propuesta. Pero será sobre todo en el diario de su patrona donde nuestro protagonista encuentre toda la verdad sobre su vida, dura en extremo.

Solo en este diario aparece el verdadero nombre de su patrona, nacida en un pueblo castellano sin más, nunca se concreta el lugar ni se menciona nombre alguno. Allí es salvajemente violada, a sus dieciocho años, por un grupo de quintos borrachos que están celebrando su incorporación a la milicia. Este episodio se narra en toda su extensión en el segundo capítulo de su diario y tan solo se menciona muy de pasada por Johnny en algún momento puntual.

Lily nunca logrará superar este terrible trauma y toda su vida será una constante huida de este recuerdo.

Tras la violación llega a Madrid, donde trabaja como empleada de hogar en varias casas burguesas. Hastiada del acoso de sus patronos decide dar el paso de dedicarse a la prostitución. Conocerá este oficio desde muy abajo y sufrirá el maltrato y la humillación de varios chulos hasta que es rescatada por un argentino, profesor de tango en una academia de baile en la capital.

Será el gran amor de su vida. Le enseñará a bailar y formará pareja con ella creando una gran compañía de baile con la que recorrerán el mundo a lo largo de una década.

Para su desgracia recalarán en un casino de Las Vegas, donde el mafioso de turno se encapricha de ella. Manda asesinar al argentino y viola a Lily, que se niega a ser su amante. Ésta tramará su ruina y lo conseguirá, gracias a que otro mafioso se enamora de ella. El episodio de la captura y muerte del mafioso es uno de los más crudos de su diario. Johnny descubrirá asombrado que su patrona fue capaz de torturar al mafioso con saña demoniaca.

Lily será amante del mafioso que le ha ayudado a conseguir la venganza, largamente buscada, hasta que éste se encapricha de una actriz de cine. Le convence entonces de que la deje regresar a España. El mafioso acepta encantado, ingresando en una cuenta en Suiza una gran cantidad de dinero de la que Lily se servirá para crear su negocio. La inyección de dinero desde Las Vegas será constante y la mafia tendrá mucho que decir en el desarrollo de esta empresa.

Johnny la conocerá cuando la estructura del entramado de sus casas de lenocinio está aún en pañales y formará parte de ella desde el principio.

Pero dejemos de momento su historia. ¿Quién es Johnny?

 

JOHNNY EL GIGOLÓ

Es él quien nos cuenta la historia en primera persona, por lo tanto no es de extrañar que los detalles que da sobre si mismo sean pocos y estén muy salpicados a lo largo de la narración. Podemos hacernos una idea aproximada de su físico y personalidad recopilando estos datos de la siguiente manera:

FÍSICO

El detalle que más menciona es el de su estatura. Se supone que mide entre 1,90 y 2,00 metros de altura. Llegaremos a saber con el tiempo que fue pivot en el baloncesto universitario y tuvo que dejarlo por una lesión de rodilla.  La mención que hace de su altura nos hace entrever que se siente un poco desplazado en una sociedad  “construida” para una altura estándar.  Sus “dificultades” como hombre alto, incluso en la cama, serán mencionadas más extensamente en algunos momentos de la historia.

Es un hombre bien formado y musculoso. Además del baloncesto, Johnny practica otros deportes. De adolescente se vio obligado a hacerlo para corregir su físico desgarbado. En su etapa como gigoló visitará el gimnasio con cierta asiduidad e incluso practicará artes marciales con su profesor, un koreano, del que se cuenta buena parte de la historia en “Nuevas historias de Johnny”.

Su rostro posee rasgos duros, aunque en el largo episodio de su estancia en USA, se verá obligado a someterse a una operación de cirugía estética para despistar a sus perseguidores de la mafia. Esta operación dará más suavidad a los rasgos de su cara. Su atractivo reside en una mirada profunda, analítica y chispeante y en una sonrisa muy vital y bastante irónica en ciertos momentos.

No se habla de la longitud de su miembro, sería imperdonable en un caballero que nos cuenta la historia en primera persona, no obstante sus lectores no andarán descaminados si piensan que es bastante inferior al miembro de “Pichabrava” del que se hablará largo y tendido en “Nuevas historias de Johnny” y algo superior, no sabemos cuánto, a la media nacional y globalizada.

Le gusta comer, a veces en exceso, y es un excelente gourmet. Sus ejercicios amatorios a menudo no son suficientes y debe recurrir con saña al gimnasio especialmente durante ciertas etapas.

Algunas características y debilidades de su corpachón se irán viendo a lo largo de la historia.

PSICOLOGÍA

La historia de Johnny se desarrolla durante un largo periodo de tiempo, yendo hacia atrás, en flashbacks a veces muy pronunciados, y hacia adelante, haciendo que atisbemos el final de la historia. Así pues la personalidad de Johnny variará mucho a lo largo del tiempo. Podemos establecer algunos datos básicos de su personalidad en varias etapas:

-Apenas nos habla de su infancia y adolescencia. Podemos deducir que fue un niño flacucho, desgarbado y con ciertos problemas de espalda que suscitaron las burlas de sus compañeros de escuela e instituto. Parece que fue un niño introvertido y sensible, muy dedicado a la lectura. Sufrió una enfermedad muy grave que a punto estuvo de costarle la vida. Casi ni la menciona, pero a lo largo de la historia aparecerá este episodio. Esto nos permitirá comprender algunas facetas extrañas de su personalidad, tales como su ironía, a veces muy cercana al sarcasmo, y una especie de extraño desprendimiento de la vida y una imperturbabilidad casi búdica en ciertos momentos.

-El episodio más llamativo de su adolescencia será su pérdida de virginidad a “manos” de María. Marcará su historia posterior, sobre todo porque deducimos que estuvo muy enamorado de ella y que fueron sus padres los que le obligaron a alejarse del amor de su vida. Johnny nunca perdonará esto a sus padres y le llevará a una ruptura total con ellos y el resto de su familia. De María hablaremos al ir colocando personaje tras personaje en su cronología correspondiente.

-Su etapa como universitario, estudiante de psicología, será narrada en su momento. La atisbamos un poco en el episodio de Nerea, en “Cien mujeres”. Johnny quería ser psiquiatra, pero deberá conformarse con la psicología dado que la carrera de medicina se le hace muy cuesta arriba y abandona casi antes de empezar, durante el primer año.  Llegaremos a saber que está muy ilusionado con esta profesión, primero pensará en dedicarse a la psicología infantil y luego hará planes para armonizarla con la sexología y dedicarse a la terapia de parejas. Su afán, a veces casi patológico y morboso, por desentrañar la psicología de sus clientas nace de esta vocación primigenia.

-El reclutamiento como gigoló por parte de Lilí, marcará uno de los engranajes, de los pivotes, sobre los que girará toda la narración. Su necesidad de trabajar para pagarse la carrera y su afición al sexo, harán muy fácil el trabajo de Lily, que se parece mucho a Joan Collins, y le llevarán por un camino que estaba muy lejos de sus perspectivas iniciales sobre su futuro.

En el próximo capítulo intentaremos esbozar una cronología aproximada de todo lo que se cuenta, tanto en “Diario de un gigoló” como en “Nuevas historias de Johnny” y en las otras diferentes secciones.

Continuará.

 

ESQUEMA CRONOLÓGICO, TOPOGRÁFICO Y DE PERSONAJES

Abandonamos de momento el esbozo de los dos personajes fundamentales de la historia, Lilí y Johnny, para intentar confeccionar un esquema básico que nos permita encajar cualquier episodio de este culebrón en el correspondiente punto concéntrico de esta tela de araña.

EL NARRADOR

Siempre será Johnny, quien cuenta la historia en primera persona, aunque a veces deje escuchar otras voces, como la de Lily en su diario y la de Anabel en sus historias de pervertidos o la del esposo de Esther, la amiga de Marta, el acosador enmascarado.

A pesar del esfuerzo de Johnny por situarse como narrador en el presente de la historia que cuenta en cada momento está claro que su punto de vista irá variando mucho según lo que cuente. Es por ello que vamos a situar al narrador en la historia de tal forma que no haya extravío posible.

NARRADOR PRESENTE

Johnny nos hablará en diferentes oportunidades de que en el momento en el que comienza a escribir la historia se encuentra ya jubilado como gigoló.  Nunca habla de su edad, aunque el lector podría situarla en una horquilla entre los cuarenta y los cincuenta.

Se supone que el narrador nos está hablando desde la década de los noventa, aunque bien pudiera ser que se haya pasado ya el fin de siglo y comenzado el siglo XXI, eso no lo sabremos hasta el final.

Johnny sigue en Madrid. Ha abandonado su nombre de guerra, pero su auténtico nombre, muy común y gris, no lo sabremos hasta el capítulo final. El narrador nos habla de que mantiene una relación sentimental con una escritora, que puede que acabe cuajando o no, esa será la sorpresa final, junto con una explicación bastante detallada de lo que hay de verdad y de ficción en toda la historia.

A partir de ese momento actual del narrador, éste retrocederá en el tiempo, en un formidable salto en flashback hasta situarse en un punto intermedio de la historia, que él vivirá como presente y desde el que retrocederá en el tiempo hacia el tiempo pasado en el que conoció a Lily y aún más atrás y se adelantará algunas veces en el tiempo para permitirnos atisbar por dónde irá la historia o para explicar algunos detalles de la trama que no podrían saberse si el narrador no nos estuviera hablando desde un futuro que ya ha sucedido.

EPISODIO CENTRAL

Al comenzar la historia, nuestro protagonista se encuentra tomando un baño mientras escucha las variaciones Golberg de Bach. Esto se narra en los primeros capítulos de Diario de un gigoló, ya subidos.

Johnny recuerda que la mujer de la que está enamorado, Marta, y a la que hace mucho tiempo que no ha visto, le acaba de llamar por teléfono, para concretar una cita para su amiga Esther.

Este será el punto central de la historia, que funcionará en círculos concéntricos, como las ondas que se forman en un lago desde el punto donde impacta el guijarro que hemos lanzado.

Johnny retrocederá en el tiempo y en flashback nos narrará cómo se hizo gigoló, cómo fue captado por su patrona, Lily, y cómo se inició en la azarosa vida del gigoló, narrándonos sus aventuras más que en forma de flecha hacia adelante, en forma de círculo que se expande y que lo mismo puede avanzar hacia el futuro que retroceder en el pasado.

PRIMER AÑO DE JOHNNY COMO GIGOLÓ

Se supone que nuestro protagonista conoce a Lily a finales de la dictadura franquista, tal vez en 1974 o 1975, o tal vez antes o un poco después. Nunca están claras las fechas y eso no tiene demasiada importancia en el desarrollo de nuestra historia.

Por entonces Johnny está estudiando en la universidad la carrera de psicología. Se supone que es una universidad pública, no privada puesto que su economía es paupérrima y debe ayudarse trabajando a veces en diferentes oficios, el último es el de barman en el pub de Paco.

Allí le capta o él pica el anzuelo, la mujer que transformará su vida para siempre.  La visión que Johnny tiene de Lily irá cambiando con el tiempo, puesto que él se supone que no sabe ciertos episodios de la vida de su patrona ni tampoco sus pensamientos más secretos y sus sentimientos más íntimos, el lector tampoco los sabrá hasta que el protagonista los vaya desvelando. Será a partir del descubrimiento del diario de Lily, tras su muerte, cuando Johnny sepa todo sobre su vida y sobre sus verdaderos sentimientos y planes de su patrona hacia su pupilo favorito. Entonces nos llevaremos algunas sorpresas.

De momento lo que podemos saber es que Lily se dedica a captar jóvenes para su negocio de sexo. También lo ha estado haciendo con mujeres, pero ahora lo que necesita y urgentemente son hombres. En su diario conoceremos sus andanzas y cómo llega hasta el pub de Paco gracias a las confidencias que le hace una de sus amigas, quien por casualidad aterrizó en el pub y sedujo al jovencito y atractivo barman. Esto no lo sabe Johnny y no lo sabrá hasta que lea el diario de Lily.

A nuestro personaje le llama la atención la elegante mujer que entra en el pub y le pide con una sonrisa incitante y una mirada pícara que le sirva una copa. Su parecido con la actriz Joan Collins hace que Johnny se sienta muy atraído por ella y sienta una curiosidad morbosa por saber quién es esta mujer. Para nuestro personaje Joan Collins no es una actriz por la que sienta adoración, en realidad es una actriz bastante mediocre, pero su físico siempre le llamó la atención desde que la viera, de adolescente, en una película. Entonces pensó que tenía cara de madame de prostíbulo y cuerpo de prostituta de lujo. Formó parte de sus mitos eróticos de adolescente y por eso ahora, al verla entrar por la puerta del pub de Paco, Johnny por un momento la confunde con la actriz y luego se siente apasionadamente seducido por ella, como si la mismísima Marilyn Monroe rediviva se apareciera en persona a la mayoría de los machos de la generación del autor. Un mito erótico de ese calibre, al alcance de la mirada, y sobre todo de la mano, crea un estado de ánimo muy especial.

Eso le sucederá a Johnny y solo así se explica que siga a Lily como un corderillo. Suponemos que el periodo que emplea la mujer en seducirle dura unos meses, durante los cuales es invitado a fiestas, hoteles de lujo y toda clase de espectáculos, como acompañante de la patrona, que lo paga todo.

Cuando Johnny nos hable del diario de Lily nos descubrirá que en realidad la patrona no se enamoró de él desde el principio, como el ingenuo gigoló que comienza su andadura pensó en un determinado momento. Lily le está probando, primero como semental, viendo sus cualidades y su aguante, y luego como hombre social, conociendo cómo se relaciona con otras mujeres, cómo las seduce y la fascinación que las mujeres del entorno habitual de la madame, mujeres muy curtidas, pueden llegar a sentir por él.

En un principio nuestro protagonista decide simultanear su carrera de psicología con su nueva profesión de gigoló, pero pronto se dará cuenta de que son incompatibles y abandonará la primera, dejando para más tarde, cuando tenga dinero suficiente, el regresar a su genuina vocación de estudiante y seguir sus antiguos planes.

En el próximo capítulo ordenaremos los episodios como gigoló durante su primer año. Hay episodios que aún no están subidos pero los situaremos en la parte del esquema que les corresponde para que todo el panorama quede completo.

      

FILOSOFÍA VITAL DE JOHNNY

Su filosofía de la vida es aparentemente muy simple: le gustan las mujeres, le gusta el sexo, no le disgusta en absoluto ser un gigoló. Sin embargo a lo largo de la historia iremos descubriendo rincones secretos de su personalidad que él ha procurado mantener escondidos o en un segundo plano.

Su moral parece muy elemental: vive y deja vivir, no hagas daño a nadie si puedes evitarlo e intenta sobrevivir en esta jungla social de la forma más aceptable posible. Sin embargo, y especialmente en la historia de Amako, en “Cien mujeres”, veremos a un Johnny sorprendente, interesado por el yoga, el tantrismo y todo tipo de filosofías orientales. La influencia de la dulce japonesita en este aspecto será decisiva. Nuestro personaje intenta hablar de ello lo menos posible, pero antes o después y sin pretenderlo, aflorará a la superficie en algunos momentos de su narración. Habrá una sorpresa cuando Johnny nos desvele que también escribe un diario secreto. Cuando decida desvelarlo sabremos mucho más de este tema.

El lector avisado descubrirá con el tiempo que hay muchas cosas que Johnny nos está ocultando o al menos de las que intenta hablar lo menos posible. Así llegaremos a saber que la conducta de sus padres respecto a María, la joven que lo desvirga, y de la que él admitirá haber estado muy enamorado, será algo que nunca les perdonará, que supondrá un importante trauma en su adolescencia y modificará radicalmente su visión de la vida. Cuando éstos se enteran de su profesión de gigoló, a los pocos meses de comenzar a ejercer, romperán definitivamente con su hijo, algo que Johnny aceptará con cierta ironía y agradecido a no verse obligado a seguir manteniendo una relación hipócrita con su familia.  Aceptará la vida tal como es y no como a él le gustaría que fuera. Apenas tendrá amigos, rara vez se menciona su amistad o relación con algún hombre y serán las mujeres, especialmente las clientas, las que le darán la amistad y el afecto que necesita, aparte del sexo, naturalmente.

Además de esto hay algo muy importante que Johnny nos está ocultando durante buena parte de la narración: su relación con Lily no ha sido siempre tan positiva y encantadora como nos hace creer. Ha habido momentos especialmente tensos y rupturas. Pero de ello hablaremos más detenidamente cuando hagamos un esquema cronológico y temático de su primer año como gigoló.

Johnny era un agnóstico convencido y hará gala de ello hasta que la relación con Amako modifica radicalmente su visión de la vida. Pero esto se tratará con todo detalle en la historia completa de Amako en “Cien mujeres” que tengo manuscrita pero que aún no he subido a Internet. Su filosofía se hará más espiritualista y nos sorprenderá con una perspectiva novedosa y muy personal de la existencia. Esto lo conoceremos con todo detalle en su, por el momento ignorado, “Diario secreto de Johnny”.

Johnny estará cerrado al amor durante algún tiempo.  No lo considera posible, al menos para él, después del desastroso final de su relación con María. No obstante vivirá una extraña relación, muy maternal, con Lily y llegará a plantearse dejar la profesión para compartir su vida con Anabel, su “Ani”.  Descubrirá con el tiempo que es un sueño irrealizable debido al trabajo que realizan ambos.

Marta hubiera sido la mujer de su vida, sin duda, puesto que a ella llega a entregarle todo su corazón e incluso a confiar en su palabra y en un agradable futuro juntos. No será posible puesto que acabará descubriendo en Marta un lado oscuro y ésta abandonará ese proyecto común a las primeras de cambio.

Lo que tardaremos en saber, hasta que leamos la historia de Amako, será que ésta también será una de las pocas mujeres que entran en el corazón de Johnny y por las que se planteará dejarlo todo. Pero dejemos este episodio para su lugar y su momento.

En cuanto a Lily ya hemos hablado de episodios que Johnny hace que permanezcan ocultos. Solo cuando a su muerte nuestro personaje descubra el diario de su patrona sabremos mucho de los aspectos más ocultos y oscuros de su relación. Para él Lily es una mujer extraña, con un lado muy oscuro en el que él no intenta penetrar demasiado. A pesar de ello siempre la considerará una amiga y casi una madre, la que perdió en su adolescencia. Es una de las mujeres con las que mejor se lo pasa en la cama y ello a pesar de que en su diario descubrirá que su patrona tenía un grave problema sexual. Pero eso es mejor dejarlo en suspenso hasta que llegue su momento.

Lily no es la diosa oscura y fuerte que él creía, sino una mujer frágil que ha sabido y podido sobrevivir a pesar de un pasado terrible y de un presente muy complicado. Aún después de leer de cabo a rabo su diario seguirá sintiendo una gran fascinación hacia ella y esta mujer siempre permanecerá en su recuerdo como un hermoso episodio de su vida.

LA PSICOLOGÍA OCULTA DE JOHNNY

                                                                                        

A lo largo de la historia vamos notando que Johnny, demasiado ocupado en contarnos su vida sexual y la relación que mantiene con las muchas mujeres que entran y salen de su vida, se ha olvidado un poco de hablarnos de su psicología más oculta.

Así solo casi al final, en el episodio de la escritora, sabremos que Johnny abrigaba el sueño de ser un gran escritor, simultaneando su profesión de psicólogo con este anhelo que casi no se atreve ni a confesarse a sí mismo.

Johnny siempre es extremadamente positivo con el sexo. Todo en él le parece bien y practicar sexo es para él entrar por la puerta del paraíso. No obstante en algunos momentos de su narración y especialmente en su diario secreto descubriremos que al final el sexo es solo sexo, que todo placer tiene sus límites y carencias y que las mujeres, a pesar de su halo de misterio son personitas a veces bastante mediocres y molestas. Eso no le impedirá soñar a veces con una mujer y solo una con la que compartir su vida, con una familia, unos hijos y una vida tranquila, con una profesión menos llamativa y una vida gris tras los cristales de un agradable hogar. ¿Lo conseguirá? Esa es la sorpresa final.

Cárcel de alta seguridad


RELATOS CARCELARIOS

 

NOTA.- Hace unos meses fui elegido para sustituir a una compañera enferma en la oficina judicial de una cárcel de alta seguridad. Estuve allí cerca de dos meses y llené un montón de libretas con notas que luego me servirían para escribir estos relatos carcelarios. No estuve solo, compartí la oficina con tres compañeras que eran un verdadero encanto. Al saber que escribía y que estaba interesado en recopilar, cuantos más datos mejor sobre la vida en las prisiones, se ofrecieron a darme cuanta información estuviera en sus manos. Fue una experiencia interesante, a veces muy dura, a  menudo rutinaria, pero siempre suavizada por el encanto de estas tres compañeras a quienes dedico esta serie de relatos. He decidido no poner sus nombres por si pudiera causarles algún problema. No lo creo, pero mejor que acepte yo solito la responsabilidad.

 

A pesar de la documentación recogida debo decir que está tan manipulada que resulta difícil que alguien o algo pueda ser reconocido como real. Me he basado libremente en mis experiencias para escribir estos textos. Tan libremente que debo decir que todos los personajes que aquí aparecen, con excepción del protagonista, que es el autor también muy manipulado, son pura ficción y cualquier parecido con la realidad sería pura coincidencia.

 

El mundo de la delincuencia, de los presos, es una de las zonas marginales de nuestra sociedad a la que pocos se atreven a hincarle el diente. No es fácil mirar a la cara a un asesino y preguntarse qué hay en la naturaleza humana que pueda llevar a semejante degradación o qué hay en nuestra sociedad que lleva a muchos de sus miembros a la delincuencia e incluso a la más absoluta degradación como puede ser el asesinato, terrorista o no, o a la violación o simplemente a la delincuencia de guante blanco. Puedo decir que he visto asesinos, terroristas, violadores, pedófilos, estafadores y toda clase de condenados. A veces, al intentar ponerme en su piel, he sentido el tremendo vértigo de la nada azotarme por dentro. Otra veces he intentado mirarlo todo desde fuera, con frialdad y objetividad. Como dijo un clásico "nada humano me es ajeno". Aunque resulte difícil de digerir, los presos siguen siendo seres humanos. Puede que hayan llegado justo al límite donde termina la naturaleza humana y empieza la bestia, pero siguen siendo humanos. Yo al menos no me atrevo a quitarles esa condición, aunque la mayoría de ellos están bien donde están y más vale que nunca nos los encontremos por la calle.  Puede que esta serie vaya muy lentamente porque cada relato supone un gran esfuerzo por superar el miedo y el deseo de abandonarlo todo, dejarlo como está. Pero ya que estuve allí y fui testigo creo que debo contar mi historia. Muy manipulada, eso sí, pero mi historia.

 

                        I

 

 

        CARCEL DE ALTA SEGURIDAD

 

 

Cuando mi jefe me notificó por escrito el traslado forzoso a la oficina judicial de la cárcel de alta seguridad "Villabarrotes" pensé que se trataba de una de sus mezquinas venganzas (¡Que Dios me perdone!.) Si no fuera tan mal pensado habría captado enseguida sus buenas intenciones respecto a  uno de sus subordinados favoritos. ¿Por qué no aceptar sin más trámites que mi jefe estaba pensando en facilitarme un material de primera para una serie de relatos que acabarían, algún día, por darme fama, dinero y honor?. Ni siquiera me planteé semejante posibilidad, lo que indica bien a las claras lo rebelde, "amargao" y  retorcido de mi carácter. Siempre pensando mal del prójimo, asi no hay quien viva.

 

La cara que puse aquella mañana al subirme al coche oficial que me llevaría  a mi nuevo destino era todo un poema carcelario. Farfullé  un "bueos días" al conductor con el que también me llevaba mal. ¿Con quién me llevaba yo bien, si es que puede saberse?. Para disimular mi mal humor e impedir que me dirigiera la palabra cerré los ojos y me hice el dormido. Pero no hubiera podido hacerlo ni con una orquesta de cámara sobre el capot, dedicándome la hermosa nana de Schubert en sí menor, es un decir. Con los ojos cerrados noté todas las curvas, los frenazos, los acelerones, los cruces y hasta el olor del campo, seco, esquilmado, que entraba por la ventanilla semiabierta.

 

Entonces abrí los ojos y pude ver allá a lo lejos, a un tiro de curva, la cárcel de alta seguridad que habían inaugurado cinco años atrás, como mucho. Era pues nuevecita y reluciente. Luego me enteraría que había sido diseñada para dar cabida a unos dos o tres mil presos. Como sucede con las cárceles siempre suele haber más presos que plazas. Tal vez se deba a esa necesidad gregaria del ser humano, incluidos los presos, de apelotonarse unos contra otros en cualquier espacio. ¡Con lo grande que es el campo!.

 

Mi corazón destilaba hiel y mi fantasía no cesaba de ponerme ante los ojos mil escenas, a cual mal sangrienta, en las que los presos, amotinados y subidos como uno solo en el santo burro de la cólera, me convertían en rehén para negociar con papá Estado cualquier mandanga más o menos justa. También podía ocurrirme que me secuestraran los terroristas, como ya había ocurrido con un funcionario de prisiones, y me mantuvieran en un zulo meses y meses a pan y agua. O tal vez fuera violado en algún pasillo por alguna bestia feroz muy necesitada, pero que muy necesitada de carne o más bien de grasa. Todo puede suceder en una cárcel. Lo hemos visto en las películas, en los telediarios, en los titulares de la prensa y hasta en los tebeos. Nunca pasa nada, tranquilos, nunca pasa nada, pero como pase te van a joder "pa vino".

 

Estos y no otros eran mis tétricos pensamientos cuando el coche se detuvo frente a la entrada principal y mi cuerpo, dormido y temblón, tomó tierra. Estaba solo frente al peligro y nunca mejor dicho porque entre bajas y vacaciones en la oficina judicial de Villabarrotes estaría más solo que la una, recientemente divorciada del uno. El coche, que volvería a recogerme a la salida del trabajo, se alejó ráudo y yo me quedé allí, como un alma en pena, mirando primero a la cámara que rotaba de izquierda a derecha, enfocándome en ese preciso momento y luego volviendo a su sempiterno movimiento perpetuo. Estaba situada en una esquina sobre una pared que daba acceso al vestíbulo principal. Miré hacia el campo donde una vaca pastaba con esa imperturbabilidad que da haber alcanzado la budeidad perfecta o sencillamente ser más tonta que el que asó la manteca. Cerca de la cabina que controlaba el paso de funcionarios y proveedores a la prisión, por detrás de esta, un hombre canoso, con el uniforme azul de los funcionarios de prisiones, estaba haciendo carantoñas a un perrito que se dejaba querer. Luego me enteraría de que al construirse la prisión aparecieron por allí dos perritos abandonados a quienes todos recibieron con mucho cariño. Les llamaron Martín y Sarmiento por los apellidos del entonces director de prisiones.

 

Me pareció una escena muy tierna, aunque menos simbólica que un pajarito posado sobre la alambrada y cantando como un feliz tenorcillo de ópera. Harto ya de tanto lirismo me trasladé, moviendo un pie tras del otro, hacia el interior de la prisión que sería durante un tiempo mi nuevo lugar de trabajo. Me presenté a la funcionaria que controlaba la entrada (todas las puertas se movían al compás de botones que se apretaban para abrirse o cerrarse) y cuando ya me disponía a presentar mi documentación y a dejarme cachear si fuera preciso la joven me indicó que podía pasar.  Me deseó una feliz estancia y me entregó la llave de la oficina que iba a ser exclusivamente de mi propiedad. Me indicó que debería pasar por la oficina de peculio, a la derecha y subir por unas escaleras. Imaginé que allí en el peculio y no sé qué más controlarían el dinero de los presos. Dos funcionarios trabajaban a los ordenadores. Les saludé, me presenté, les dijo que hacía una baja, me dieron los buenos días y me indicaron que debería subir las escaleras, a mano derecha y enseguida vería la oficina. No tenía pérdida porque escrito en la puerta ponía bien clarito: Oficina judicial.

 

Atravesé un salón donde pude ver una cinta transportadora, una de esas máquinas que sirven para detectar el interior de los paquetes que se les entregarán a los presos y unas estanterías donde se amontonaban algunos enseres de los residentes forzosos,  Abrí la puerta de la oficina y tomé posesión de ella con calma, con una calma asombrosa. Sabía lo que debería hacer. Registrar los exhortos en el libro correspondiente, hacer las listas de presos a los que llamarían al día siguiente a locutorios, preparar todo el papeleo para perder el mínimo tiempo con cada preso y algunas cosillas más que no tenía muy claras pero que acabaría dominando con el tiempo.

 

Observé que la carpeta de aislamiento estaba llena, así como la del módulo once. Tendría que hacerlo después de locutorios. Coloqué mi libretita sobre la mesa, la abrí y anoté en la primera página en blanco: "Relatos carcelarios". Debajo, en mayúsculas, escribí: "Indice".  Y a continuación en diferentes apartados: personajes, historias carcelarias, distribución de la cárcel, horario, jerga carcelaria, anotaciones interesantes y apéndice. Luego me puse a planificar la mañana. Primero haría la lista de los presos para mañana, prepararía todo lo que hubiera que preparar y bajaría a locutorios, luego a las celdas de aislamiento y finalmente al módulo once. Con un poco de suerte aún me sobraría un poco de tiempo para tomar nota en mi libreta de lo que me interesara, relajarme un rato estirando las piernas por debajo de la mesa y mirar por la ventana.

 

Me costó un poco acoplarme al mecanismo, al principio siempre cuesta un poco, pero luego todo fue bastante bien. Plif-plaf, fechador, rellenar impreso, quitar las grapas y poner un clic sujetando los papeles para que el preso no tuviera que esperar ni cinco, sino se impacientan. Al montón, siguiente, plif-plaf, fechador, etc. etc.  Cuando hube terminado repasé los papeles uno por uno. ¡Vaya!, me había olvidado de cambiar el fechador y tenía fecha de ayer. A modificar las fechas de todos los papeles con bolígrafo. ¡Maldita sea!. Hay que ser idiota, cretino, o me despierto ya, de una vez, o voy a meter la pata en serio. Con las cosas de los presos no se juega.

 

Bueno, me dije, todo es cuestión de conseguir programarme y luego todo irá como un engranaje perfectamente engrasado. Miré el reloj de pulsera. Hora de bajar a locutorios. Tomé la carpeta y dos bolígrafos, uno para los presos por si los sidas o cualquier otra enfermedad infecciosa que puedan tener. En la oficina de peculio la funcionaria me pidió que esperara un poco. Estaba sola y tenía que terminar algo urgente. Siempre falta personal en la administración. Si alguien cae de baja otro tiene que hacer su tarea hasta que contraten un interino si lo hacen. Si hay vacaciones unos tienen que acoplarse para que no se note la falta de los otros. Por fín estuvo dispuesta y seguí sus pasos. Puerta abierta en el pasillo. Cerrarla inmediatamente, me advirtió la funcionaria, o no podremos pasar la siguiente. El sistema informático no admite puertas abiertas o se bloquea. Otro control. Salida a un enorme patio donde los diferentes barracones, módulos numerados, dan cabida a unos cien presos por módulo. Otra puerta, entrada a locutorios. La funcionaria me da la llave para que pueda abrir el candado de la rendija que me permitirá pasarles los papeles a los presos. Al lado un teléfono para poder hablar con ellos a través del cristal blindado. Todo preparado. Comienzan a llegar los presos.

 

Uno me está diciendo algo, no le oígo. Observo que no me habla por el telefonillo. Le indico por señas que lo tome y me hable a través de él. Buenos días, dice el prese. Buenos días, digo yo. ¿Nombre?., pregunto. Me lo dice. Busco en el montón de papeles, encuentro el suyo, le paso la documentación y a continuación el impreso de notificación donde debe firmar. A través de la pequeña rendija le paso el bolígrafo especial para ellos. Le digo que firme. No quiero, me contesta. Vale. Pásame entonces el impreso y el bolígrafo. Puedes irte…. Siguiente.

 

Levanto la vista y veo a una negrita joven, una auténtica preciosidad que me está mirando con cierta cara de chunga. ¿Nombre?. Sisibel. Le paso los papeles lo más rápido que puedo, contesto a sus preguntas. Le paso el bolígrafo y le pido que firme, rápido. Estoy pensando que han cometido un error. No se debería hacer pasar a una mujer junto con los hombres. Se puede armar una buena. Además la chica está de toma pan y moja. Puede que esté allí por prostitución. Algún recluso puede sentir la tentación de manosearla, incluso se puede armar una buena si alguien intenta violarla. Que la saquen de aquí cuanto antes.

 

Con el paso de los días me daría cuenta de que cada funcionario llevaba la rutina como mejor le parecía. Aquellos errores serían corregidos. Nunca pasa nada, pero cuando pasa te pueden "joder pa vino". Termino con un módulo y mientras llega el siguiente anoto en la libreta: Historia de Sisibel. Tengo que documentarme, saber algo más sobre ella. Parece un tema interesante para mis relatos carcelarios. Hago que por un error se cuele la mujer en locutorios donde unos cuantos reclusos con ganas de juerga intentan violarla. Se produce un motín, etc etc. El escritor manipula la realidad, para eso está la realidad y para eso está el escritor. Así funciona la literatura. Me digo que allí podré encontrar muchas y muy interesantes historias para mis relatos carcelarios. Al menos combatiré el canguelo escribiendo e imaginando una cárcel ficticia donde suceden cosas que nunca sucederán en realidad. O puede que todas ellas hayan sucedido ya. La realidad supera ampliamente a la ficción. Bueno, al menos espero que si tienen que suceder no me sucedan a mi. Nunca pasa nada, nunca pasa nada, pero si pasa te joden pa vino.

 

Me espera una larga y agitada mañana. Me siento nervioso. El jefe podía haber elegido a otro, sí podía haberlo hecho, pero me eligió a mi. "Alguien tenía que ser". Me dijo con cara sonriente. Bueno me lo tomaré con calma. Puede que de aquí salga una obra maestra de la literatura, incluso el guión de alguna futura película carcelaria. ¿Cómo se llamaba aquella película en la que el recluso Paul Newman se come unos cincuenta huevos duros por una apuesta y no revienta de milagro?. Ahora no me acuerdo. Bueno, espero tener suerte y salir indemne de allí. Nunca pasa nada, nunca pasa nada, pero si pasa te "joden pa vino".

 

El siguiente. ¿Nombre?.

 

Continuará.

EL TERRORISTA PSICOLÓGICO I


 

              

 

 

                NOVELA

 

         EL TERRORISTA PSICOLÓGICO

 

                

MANUAL DEL PERFECTO TERRORISTA PSICOLOGICO POR JAMES.

 

La guerra psicológica ha permanecido soterrada en nuestra sociedad desde tiempos inmemoriales. Ya en las cavernas, a pesar de que se hablara poco y se utilizara el garrote mucho, no es posible imaginarse que los trogloditas fueran incapaces de utilizar pequeños trucos psicológicos, tales como pisar el callo del jefe en el momento oportuno, cuando el mamut resoplaba encima del cogote y cualquier descuido resultaba fatal.

 

La violencia física es mucho más llamativa y contundente, pero no me negarán que la guerra psicológica es imprescindible para la supervivencia del ser humano y como tal ha sido utilizada por los ejemplares más inteligentes de la raza humana. Como un gusano invisible ha ido socavando las estructuras más elementales de nuestra sociedad. Las lanzas y luego las bombas mataban cuerpos y la guerra psicológica asesinaba almas y estructuras sociales invisibles. Claro que como no existe lo invisible a nadie le importaba el asesinato de cuatro almas perdidas ni el resquebrajamiento de una estructura que no se podía ver ni palpar.

Estoy absolutamente convencido de que la guerra física, la violencia física, desaparecerán de la faz de la Tierra en las próximas décadas y en su lugar la guerra psicológica soterrada durante milenios aflorará mostrándonos su rostro monstruoso y terrible. El maltrato psicológico, el acoso moral, el chantaje emocional, el insulto y la injuria, el señalamiento con el dedo a las ovejas negras, la quema con fuego invisible de los herejes del siglo XXI, serán algunas de las armas en la nueva guerra incruenta que está llamando a nuestras puertas. Y digo todo esto, no por ganas de incordiar, sino plenamente consciente de que la locura de la violencia física no puede continuar durante más tiempo o la raza humana se extinguirá como dinosaurios en el desierto

 

Las estructuras sociales, la convivencia entre los seres humanos, la conducta pública, fueron impuestas a lo largo de la historia por dictadores o sumos sacerdotes del poder que pretendían sojuzgar a sus prójimos para impedirles alcanzar las cotas de riqueza y bienestar que tan solo unos pocos podían gozar so pena de que el pastel se acabara antes del alba. Ahora se utilizan los medios de comunicación de masas para imponer una estructura social injusta, que permita a unos cuantos habitantes del planeta gozar de todas las comodidades de una sociedad moderna y tecnificada mientras el resto de la humanidad muere de pura hambre. Claro que donde las dan las toman y el boomerang acostumbra volver a los morros de quien lo lanzó descuidadamente con sus manos malévolas.

 

 

 

Profetizo que pronto esta guerra psicológica será evidente para todos y sus consecuencias tan nefastas o más que la violencia física. He decidido escribir este manual para que las víctimas, que como le sucedió a James,  sufrirán el acoso psicológico más cruel por el mero hecho de ser minorías absolutas u ovejas negras de un rebaño de blanca lana y negro corazón, no se vean indefensas ante las trapacerías y maldades de los poderosos. No sean tontos y comiencen a prepararse desde ya o mañana será tarde.

 

 

Cita entresacada del prólogo al Manual del perfecto terrorista psicológico que el editor de este relato ha podido recuperar de la mínima edición fotocopiada que fue buzoneada durante un tiempo por las calles de Madrid por mano anónima.

 

 

 

                LIBRO I

 

 

 

             VIERNES POR LA TARDE

 

              CAPÍTULO I-UN DEPREDADOR AL ACECHO

 

Le gustaba que le llamaran James por James Stewart, uno de sus grandes ídolos cinematográficos. Pocos conocían su verdadero nombre. Ahora que sus padres estaban muertos y sus amigos se contaban con los dedos de una mano no es de extrañar que el narrador se vea en un apuro para rastrear el auténtico nombre y apellidos de nuestro protagonista. Le llamaremos pues por su apodo, James, y procederemos a narrar su historia en base a la documentación encontrada en su ordenador.

 

Son las siete de la tarde o postmeridiem, como acostumbran a decir los remilgados, de un viernes veraniego. En un barrio proletario de las afueras de Madrid James está bajando en este momento la trapa metálica del pequeño local que utiliza habitualmente como almacén (es un vendedor a domicilio de libros, música y todo lo que pueda conseguir e interese a su trabajada clientela) y menos habitualmente, cuando las cosas le van bien, como discreto picadero para sus conquistas. La parte trasera del local ha sido convertida en habitación gracias a una pared de ladrillo que él mismo elevó con sus manos. En ella hay un gran lecho y algunas cosillas más que describiremos en su momento.

 

Doblando su alta estatura, parece un pivot de baloncesto, echa el candado y luego se hiergue, se pone firme y quitándose el sombrero de cawboy, echa un meticuloso vistazo a su alrededor. Suele hacerlo porque no se fía de que los delincuentes habituales del barrio no acaben por enterarse de sus actividades secretas de seductor (el robo de la mercancía no le preocupa mucho, en aquel barrio se suelen mangar pocos libros) y un día le den un susto a alguna de sus parejas.

 

 

James es alto como ya hemos dicho, fuerte, musculoso con musculatura de gimnasio, atractivo al parecer para el bello sexo y peligroso para cualquiera que esté pensando en gastarle una broma. Su rostro de rasgos fuertes apenas es visible bajo el sombrero puesto que lleva unas gafas de sol de alto precio que ocultan sus ojos. Viste un vaquero desgastado, no se sabe muy bien si por el uso o la moda que está vigente en ese momento. Camisa a cuadros de manga corta (el verano es muy cálido ese año) y botas vaqueras de media caña. Su vestimenta llama la atención en este entorno y más cuando el calor hace sudar al asfalto pero no hay nadie que pueda sentir curiosidad porque la calle aparece desierta con excepción de algún que otro coche que se dirige deprisa hacia alguna sombra. Se echa de menos la cartuchera con el colt en su cadera pero estamos en Madrid y no en Montana.

 

 

Inicia su andadura, las piernas un poco torcidas como un vaquero recién descabalgado, y silbando entre dientes. Esta es la noche del depredador. Esta es la noche del cazador. Necesita echar un polvo con urgencia porque lleva ya un par de meses sin catar carne debido a circunstancias y a la mala suerte que parece perseguirle últimamente a la hora de insinuarse a las bellas damas. Se lleva un pañuelo limpio a la frente para enjugarse el sudor. Uno se imagina sus calcaños empapados bajo las botas. La tarde es especialmente bochornosa. Amenaza tormenta. Las nubes negras están tomando posiciones lentamente y no tardará mucho en descargar todo el aparato eléctrico de sus bodegas. El narrador no sabe esto porque no es un narrador omnisciente pero lo intuye, lo deduce del inextricable diario que de extraña y accidentada manera ha llegado a sus manos. No es el momento de hablar de ello pero sí es conveniente dar este dato para que el lector sepa a qué atenerse sobre algunos párrafos extravagantes que se colarán en esta narración, mitad traducción del diario de este ejemplar único que no hace mucho arrastraba su locura por las calles de la gran ciudad y mitad ficción sobre base real de este editor, escritor frustrado que se aprovecha de las circunstancias para hacer sus pinitos literarios.

 

 

James sentía especial predilección por esta vestimenta para salir a la caza de la hembra. Tal vez se debiera a una influencia malsana de la película cawboy de medianoche o simplemente a su deseo de llamar la atención a costa de lo que fuera. Sin duda se hubiera sentido mucho más a gusto en bermudas y con camisa hawaiana pero cada cual tiene sus gustos y es libre para hacer el ridículo de la forma que le parezca más oportuna. Incluso hay datos en su diario de la utilización de este disfraz para visitar a alguna clienta especial pero lo cierto es que el resto del tiempo pasaba bastante desapercibido. Un cawboy de medianoche no llamaba demasiado la atención en aquel tiempo, en plena movida madrileña, cuando podían verse en las discotecas de moda tipos mucho más extravagantes que él.

 

 

La calle dormitaba y el asfalto era una pasta reblandecida. El tráfico parecía haber sufrido un colapso cardiaco y llevado al hospital más cercano en una ambulancia surrealista. Todo conspiraba para que James decidiera ensoñar, una de sus muchas manías neuróticas y sin duda la menos peligrosa. Acostumbraba a hacerlo en los momentos estresantes, tales como dejarse llevar por el flujo y reflujo del hormiguero humano en las horas punta. Ya desde niño su hiperdesarrollada imaginación le concedía los mejores momentos de placer puro, espiritual, que buscaba reiteradamente con la desesperación del naúfrago que se niega a ser consciente de su irremediable situación actual. Durante grandes periodos de su vida esta facilidad para la fantasía le hizo vivir durante más tiempo fuera de la realidad que en contacto con ella. Fue su refugio en las tormentas de la vida y ahora que no necesitaba tanto de la huida mental era su diversión favorita exceptuando la caza de la hembra. El plan para la noche del viernes era sencillo, pasaría por el pub de Lorena y luego se acercaría a su discoteca favorita donde no dejaría de hallar un bomboncito ingenuo que se prendara de su apuesta figura. Necesitaba follar. Esta palabra traía a su mente reminiscencias morbosas tales como la caída de la hoja que tapa la entrada a la cueva prohibida o el manoseo del libro recién comenzado cuyas hojas se van pasando con dedos ansiosos. Era preciso que esta noche fuera productiva o se vería obligado a comprar la carne de una prostituta. Algo que le repugnaba sobremanera porque le recordaba viejos y miserables tiempos, ya casi olvidados.

 

 

Decidió representarse la noche que caería dentro de unas horas como el rodaje de una película. Iría recorriendo escena tras escena hasta el apoteósico final. Por un instante estuvo a punto de renunciar a la idea pensando que algo así atraería el gafe sobre su ansioso pene, pero incapaz de caminar sin una fantasía en la cabeza dejó que la idea de la película le sedujera al azar con cualquiera de sus encantos.

 

 

 

Continuará.