Categoría: EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES

EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES XXV


LA MONSTRUOSIDAD DE ESCRIBIR

MÁS SOBRE FLAUBERT Y LA ORGÍA PERPETUA DE VARGAS LLOSA

-“En una carta a su amiga Mme. Roger des Gennettes, Flaubert le explicó algo que resulta evidente a queines escriben novelas, pero que les cuestas más trabajo comprender a los otros; la intervención decisiva que tiene, en la elección del tema, el factor irracional, aquel dominio al que la voluntad y la conciencia no mandan, sino obedecen, y desde el que ciertas experiencias claves, almacenadas allí y , a manudo, olvidadas, operan secretamente sobre las acciones, pensamientos y sueños humanos, como su remota raíz, como su explicación profunda. A ello se refería Flaubert al afirmar que el escritor no elige libremente sus temas… Esto significa que el novelista no crea a partir de la nada, sino en función de su experiencia, que el punto de partida de la realidad ficticia es siempre la realidad real tal como la vive el escritor. Ciertos temas se le imponen, igual que el amor y el sufrimiento, los deseos y las pesadillas. Esto no quiere decir, naturalmente, que la “inspiración” baje hacia él como un efluvio celestino, sino sencillamente, que tiene un pasado y un presente, una suma de experiencias, algunas de las cuales le sirven de materiales de trabajo. Ciertos asuntos tocan fibras profundas de su ser, excitan su sensibilidad, provocan en él la voluntad de crear, y otros, en cambio lo dejan indiferente… Resulta sintomático que el más racionalista y premeditado de los escritores, aquel que fiaba todo el proceso creador a la voluntad, señale la concordancia entre tema y temperamento como el secreto de la obra lograda. Lo cual significa también, que la discordancia entre ambas cosas, el autor que, por ejemplo, se impone por razones morales o políticas un tema irrito a su temperamento, pueda explicar en muchos casos el fracaso de una obra”.

-“Su primera operación de novelista consiste en un pillaje sistemático de todo lo que está al alcance de su sensibilidad…Y es también lo que quiere decir la otra célebre frase suya… que el novelista sólo inventa historias a partir de su historia personal. El grado de conciencia que tiene el novelista de sus hurtos varía, claro está, y no es raro el caso del autor inconsciente del saqueo que sustenta su obra. En cambio , es difícil que un novelista llegue a tener conciencia cabal de todo lo que ha usado para crear, porque este pillaje no solo es multitudinario sino también extremadamente complejo. Una novela no resulta de un tema sustraído a la vida, sino, siempre, de un conglomerado de experiencias, importantes, secundarias e ínfimas, que ocurridas en distintas épocas y circunstancias, empezadas al fondo del subconsciente o frescas en la memoria, algunas personalmente vividas, otras simplemente oídas, otras más bien leídas, van de manera paulatina confluyendo hacia la imaginación del escritor, la que como una poderosa mezcladora, las deshará y rehará en una sustancia nueva a la que las palabras y el orden dan otra existencia. De las ruinas y disolución de la realidad real surgirá entonces algo muy distinto, una respuesta y no una copia, la realidad ficticia.

-Flaubert es uno de los escritores más lúcidos respecto a este proceso de conversión de lo real en ficticio. Desde muy joven sostuvo, con toda claridad que su vocación, no solo le permitía considerar el mundo como una cantera, sino que lo exigía. Tenía 21 años cuando le dijo a su compañero Ernet Chevalier que para él las personas eran nada más que pretextos para libros, y que esa curiosidad incidía por igual sobre lo “bueno” y lo “malo” pues la verdad estaba en todo. Vale la pena leer con cuidado esta cita juvenil, contiene tres elementos precoces de su teoría de la novela: (1) que el escritor se sirve sin escrúpulos de toda la realidad; (2) la ambición totalizadora y (3) la idea de que la novela debe mostrar, no juzgar.

-La convicción de que la realidad es ólo un material de trabajo se manifiesta, por supuesto, en esa manía de documentación llevada por Flaubert a extremos titánicos. Pero no son solo los libros, periódicos y los especialistas que consultas, las fuentes de su trabajo. Él convierte en literatura todo lo que le va ocurriendo, su vida entera es canibalizada por la novela.

-…No hay cinismo en esto. Flaubert irá al entierro porque siente esa muerte y porque quiere hacer un buen gesto hacia su amigo. Al mismo tiempo, sabe algo irremediable: es posible que la ceremonia le sea útil. Una novela se hace mediante sustracciones de ese género. Si son inevitables, no hay por qué avergonzarse, es preferible asumirlas como un elmento necesario de la creación.

-“Lo cual significa que en el escritor hay un desdoblamiento constante, que en él coexisten dos hombres: el que vive y el que mira al otro vivir, el que padece y el que observa ese padecimiento para usarlo. Esta duplicidad del novelista, éste vivir y compartir la experiencia humana y al mismo tiempo ser un frío y codicioso explotador de la vida propia y ajena, es algo de lo cual Flaubert tomó conciencia durante su viaje a Oriente. La condición del creador, hombre que participa sin participar, que está en la vida sin estar, le pareció una “monstruosidad”.

COMENTARIO PERSONAL

No soy el único escritor al que algún lector le ha dicho cosas sobre sus textos que a él le parecen insólitas e incomprensibles. Las citas de Vargas Llosa sobre Flaubert explican muchas cosas que los escritores comprendemos pero no así los lectores. Esta duplicidad de ser al mismo tiempo persona y escritor es algo que todo escritor debe asumir en algún momento de su camino como escritor o de otra forma nada de lo que escriba merecerá la pena. Es lo que Henry Miller llamaba “explotar como escritor”. Cuando te sientes tan agobiado por los problemas éticos de escribir que no puedes formar una frase sin plantearte cómo la recibirá el lector, si es ética, si se ajusta a la verdad absolutamente, si la realidad debe ser expresada de una determinada forma o exige ser reflejada como en un espejo, si la utilización como modelo de tal o cual persona real a la que conoces o de la que te han hablado, si es ético utilizar ciertas confidencias, ciertas intimidades, como material para tu novela, si te pasas toda tu vida de escritor sintiendo remordimientos por esto o aquello que has escrito, si te angustia haber utilizado a personas queridas para conseguir un determinado efecto en una determinada novela… más vale que dejes la escritura y te dediques a otra cosa, porque nunca serás un escritor, la realidad que describes será ñoña, será un cuadro naíf en el que la vida son niños ingenuos jugando en jardines del Edén o graciosas figuritas de adultos paseando del bracete por largas avenidas. Si sientes miedo a utilizar tu propia experiencia vital, transformada cómo y hasta donde tú consideres conveniente, si te aterroriza pensar lo que los lectores podrían llegar a creer sobre tus ideas, tus sentimientos, tu supuestas experiencias, que confundirán lo ficticio con lo real y a tus personajes malvados con la personalidad del autor, si piensas que los lectores estarán convencidos de que para escribir ciertas escenas y describir a ciertos personajes has tenido que vivir algo parecido, que un autor no puede describir el mal sin ser malo, a un asesino sin haber matado, a un miserable sin haber actuado de forma miserable en algún momento de su vida… entonces es mejor que te dediques a otra cosa, porque nunca serás un buen escritor. Serás ñoño, beatón, un pelota que intenta halagar a todos y que al final ofende a todos, intentarás ser políticamente correcto y acabarás siendo un escritor ridículo y tan, tan malo que tú mismo vomitarás al leerte. No se puede ser un buen escritor sin llegar a convertirse, de alguna manera, y como dice Flaubert,en un “monstruo”. Alguien que intenta vivir dos vidas paralelas, la de la persona “normal” que vive en una sociedad y que trata con otros seres humanos, y la del escritor que necesita aprovechar como material incluso las experiencias más desdichadas y terribles, como un entierro, por ejemplo, según cuenta Flaubert.

¿Hasta dónde puede llegar un escritor sin perder su ética, su condición humana, su sensibilidad? Esto ya es cuestión de cada uno, lo mismo que cada uno tiene su ética personal y su carácter y vive su vida a su manera. Habrá escritores que a algunos lectores le parezcan repugnantes y habrá otros que a otros lectores les parezcan puro almíbar empalagoso, beatones repelentes y cínicos pelotas que solo pretenden halagar. Habrá escritores que trazarán líneas rojas en ciertos lugares y otros que las situarán más allá o más acá. A un escritor le puede parecer inmoral, vergonzoso, describir la intimidad de un ser querido, a la que ha tenido acceso por confidencias o en momentos de debilidad y a otro le puede parecer natural utilizar esa vivencia en una novela, siempre que transforme esa realidad de tal forma que resulte irreconocible para la persona utilizada. De hecho a mí me ha ocurrido en más de una ocasión que alguien conocido me ha comentado que le he utilizado para tal o cual personaje o he utilizado determinadas experiencias que él me ha contado, cuando eso no es cierto en absoluto, simplemente me he limitado a describir la naturaleza humana tal como yo la veo y a contar un conjunto de experiencias todas mezcladas y manipuladas para conseguir un fin. El escritor se puede encontrar con lectores que se crean retratados en sus novelas cuando lo cierto es que sí utilizó como modelos a determinadas personas, pero no precisamente a los que se quejan. Poniendo un ejemplo grosero y gracioso, no todos los personajes delgados reflejan a todas las personas reales que son delgadas ni un personaje calvo tiene que ver con fulanito al que tú tratas todos los días. Tampoco es así en cuanto al carácter, las cualidades, los perfiles psicológicos. Un tímido no tiene que ser necesariamente fulanito de tal, muy tímido, al que tú conoces. Has podido conocer, y de hecho has conocido, a muchos tímidos, a muchos deslenguados, desvergonzados, cuitados, a todo tipo de personas y de caracteres. Cuando un escritor se sirve de personas reales o vivencias personales normalmente, salvo que funcionen tal cual en la historia, lo que es muy raro, transforma a esas personas en personajes e incluso puede fusionar a unas cuantas personas en un solo personaje, o puede manipular y transformar una historia real hasta el punto de que resulta irreconocible incluso para sus protagonistas. La realidad es la realidad, la vida es la vida y la ficción es la ficción, aunque en una novela puede estar todo mezclado y resulte imposible de distinguir, como en un cóctel perfecto ni el mejor catador podría distinguir la cantidad exacta de cada ingrediente e incluso algunos le resultarían desconocidos. Pocas preguntas tan tontas e inútiles como cuando un supuesto sabiondillo, periodista, crítico, lector, o lo que sea le pregunta a un escritor cuánto hay de real, de autobiográfico, de experiencia vital, en una determinada novela y cuánto de ficción.Un escritor nunca puede contestar a esta pregunta porque ni él mismo lo sabe de forma absoluta. ¿Cómo cambia la realidad, la vida, que yo diga en una novela lo que no dije a una determinada persona real, cuando sólo lo pensé? La obsesión por reflejar la vida y la realidad en una novela, en una ficción, me parece mezquina y patológica. En realidad, si nos ponemos filosóficos, ¿cuánto de verdad hay en la historia y cuánto de ficción? ¿Podemos saber cómo era Napoleón o cómo fue en realidad Nerón, por lo que ha llegado hasta nosotros? No, solo nos llega lo que otros dijeron de ellos, algunos los conocieron, es cierto, pero teniendo en cuenta lo que dicen de nosotros los que nos conocen, lo que hay de verdad en ello o solo malevolencia y mala leche, solo cotilleo, o tal vez una perspectiva de los hechos muy diferente a la nuestra, nos daremos cuenta de lo difícil que es saber lo que es real, lo que se ha vivido, especialmente cuando pasa el tiempo. Dentro de cien años, todos calvos. En efecto, dentro de cien años nadie sabrá de mí, y sin embargo he vivido, he experimentado realidades incontrovertibles, he pensado y sentido pensamientos y sentimientos que nadie conoce. Si dentro de cien años solo uno de mis textos llegara a alguien podría éste pensar que era un lujurioso ridículo porque ha leído un párrafo de mi Diario de un gigoló, o que era un escritor terriblemente serio y dramático, oscuro, porque toda mi obra humorística habría desaparecido en la nada. Dentro de cien años mi imagen, suponiendo que tuviera alguna, podría ser tan absolutamente limitada, podada, tan tergiversada por los pocos textos que alguien leyera o por lo poco que hubiera quedado en mi en la Red o por lo que un descendiente de alguien que me conoció recuerda que le contara su ancestro, que sería más un personaje de ficción que una persona real.

A mí, particularmente, me tiene sin cuidado que Don Quijote pudo ser un personaje basado en un hidalgo que existió realmente, porque nunca sabré si era parecido al Quijote literario o era muy diferente, si en lugar de comer esto o aquello comió aquello o esto. Hay detalles que no tienen la menor importancia a la hora de leer una obra literaria. No se trata de recuperar la historia, la vida, la realidad, porque esto es imposible, incluso aunque se intente con ética absoluta y con una veracidad a prueba de bomba, porque el tiempo todo lo erosiona, lo demuele, lo anula, la verdadera historia no son cuatro personajes que pasaron a ella por cuatro hechos conocidos, la verdadera historia es la vida completa de todos y cada uno de los seres humanos que han poblado este planeta y no de lo que hizo un Hitler o un Stalin, porque sus víctimas eran tan reales , estuvieron tan vivas como ellos o más, porque la maldad está más cercana de la nada que la bondad.

El que un escritor, un creador, haya manipulado sus vivencias, la realidad, la vida, no es algo tan terrible como puede parecer, porque el tiempo hace lo mismo y los resultados son mucho más pobres, porque una obra literaria puede permanecer cien años o más, o muchos más, con una totalidad muy aproximada a cómo fue escrita, mientras la vida, la realidad de las personas o será completamente eliminada del recuerdo o será mucho más tergiversada que cualquier obra literaria. Un escritor puede sentirse un monstruo cuando hace esto, cuando va a un entierro y al mismo tiempo que comparte sufrimiento con los seres queridos del difunto, puede estar pensando en lo bien que le vendrá esta escena real, vital, para la historia de ficción que está esbozando. Lo mismo que no se le pide a un asistente al entierro que en su mente, en su interior, tenga que estar todo el tiempo sufriendo y recordando al difunto y meditando sobre la fugacidad de la vida y llorando a lágrima vida, a un escritor tampoco se le puede pedir que mientras está viviendo no esté pensando y recopilando vivencias para posibles historias ficticias futuras. No podemos ser tan hipócritas de tildar a un escritor de persona sin entrañas porque está viviendo dos vidas paralelas, la monstruosidad de dos personalidades diferentes, cuando todos los demás asistentes a ese entierro están pensando y sintiendo lo que les viene en gana, incluso algunos se morirían de vergüenza si algún telépata estuviera percibiendo sus pensamientos y sentimientos. Lo único que hace el escritor es decir lo que los demás ocultan, y esto no es totalmente así porque la manipulación de la realidad, de la vida, exigida por la ficción está muy lejos de hablar en voz alta de lo que realmente piensa y siente. Un escritor no es como son sus personajes, ni su vida ha sido y es como lo que cuenta en sus novelas, aunque haya algo de ello, a veces mucho, y aunque un lector avispado puede intuir lo que hay oculto tras las bambalinas.

Y para rematar, un apunte, una pequeña reflexión, sobre un tema de actualidad, los límites de la libertad de expresión en el arte. Terminar en la cárcel por una creación artística o literaria no parece casar muy bien con la libertad de expresión, pero utilizar el arte, la literatura, la creación, como un arma arrojadiza contra cualquiera, escondiendo la mano que tirado la piedra, amparándonos en que todo es arte, todo es literatura, todo es creación, tampoco parece algo que deba ser amparado por la libertad de expresión. Un escritor, un artista, un creador debe hacerse responsable de todo lo que crea y asumir las consecuencias, fueren las que fueren. Si vive en una sociedad reprimida sexualmente y su creación con tintes eróticos, molesta, no está obligado a admitir que en lugar de arte hizo pornografía y que la sociedad siempre tiene razón, aunque sea una sociedad victoriana, beatona, reprimida. Pero sí debe ser consciente de las consecuencias de sus actos y si decide ser valiente y enfrentarse a una mentalidad conservadora y reprimida luego no puede quejarse, puedes estar muy orgulloso de tu mentalidad abierta y de tus dotes como creador, pero si eres valiente y decides que merece la pena ir a la cárcel por defender una concepción artística y por cambiar a la sociedad, luego no te quejes. Quien se pone en vanguardia en una batalla sabe que puede recibir más balas que los que van en retaguardia o han salido huyendo. Una obra de arte, una creación, no lo ampara todo, como si quisiéramos extender un toldo por todo el cielo para no mojarnos cuando llueve, eso es imposible. En una sociedad donde deberían estar claros todos los derechos fundamentales de la persona, la pirámide de valores y qué valores son prioritarios, están más arriba que otros, porque un derecho fundamental esté arriba, en la cúspide, de la pirámide, no significa que deba estar por encima de otros valores fundamentales que también están en esa cúspide, Habrá que ver en cada momento y circunstancia si un valor debe estar siempre por encima del otro o a su altura o unas veces por encima y otras por debajo. Está claro que el valor supremo es el derecho a la vida, por lo tanto si el derecho a la libertad de expresión, en algún momento, vulnera ese derecho fundamental, está claro que debe situarse por debajo y prevalecer el derecho a la vida. Defender el terrorismo, en cualquier creación literaria o artística, no puede estar amparado por la liberta de expresión, porque cuando este derecho colisiona con el derecho a la vida debe bajar un escalón, eso está claro, pero también debe estarlo la proporcionalidad y justicia de las penas que deberían acarrear la vulneración de este derecho. No se puede castigar igual un asesinato que una amenaza. Si el pensamiento no delinque toda manifestación exterior y real de este pensamiento sí puede delinquir, por lo tanto si tenemos absoluto derecho a la libertad de pensamiento, no tenemos el mismo absoluto derecho a manifestar lo que pensamos en forma de palabra, creación artística o acto. Si no se debería censurar previamente ninguna creación artística, está claro que sí puede tener consecuencias si estamos vulnerando derechos fundamentales de otras personas. El arte, la creación, no es el paraguas perfecto para tirar la piedra y esconder la mano, pero tampoco debería ser censurado, perseguido, incluso antes de que tenga lugar su manifestación. Si alguien se siente ofendido por alguna creación literaria o artística está en su perfecto derecho a reclamar a través de la ley, pero a ésta también debemos exigirla que sea justa y que armonice todos los derechos fundamentales que están en la cúspide de la pirámide. Puede haber situaciones en las que esta armonización sea compleja pero nunca se debería confundir los intereses concretos de una persona o grupos de personas con la verdadera posición de los derechos fundamentales de la persona en la cúspide de la pirámide de valores que debe tener toda sociedad si quiere considerarse democrática, humana y no una selva donde siempre ganan los más fuertes. Un artista debe ser responsable de sus actos como los enfermos mentales lo somos de los nuestros, nuestra enfermedad no ampara o debiera no amparar todo tipo de comportamientos, lo mismo que el hecho de ser un artista o creador. La responsabilidad concreta está en cada persona y lo mismo que habrá que ver cómo influye un determinado tipo de enfermedad mental en la responsabilidad de un enfermo que comete determinados actos, habrá que ver hasta dónde llega la obra de arte, la creación, y hasta donde llega la vulneración de los derechos fundamentales de otras personas. El arte, la enfermedad mental, todo, no dejan de ser los actos de personas concretas sometidos a las leyes de una sociedad que si quiere ser respetada tendrá que tener muy en cuenta dónde se sitúa cada derecho fundamental en una pirámide de valores.

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EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES XXIV


MÁS SOBRE LA NOVELA

EL GENIO

Esta referencia al genio es también característica del pseudo-erudito. Le encanta hablar del genio, porque el sonido de la palabra le exime de descubrir su significado. La literatura está escrita por genios. Los novelistas son genios. Bueno, pues vamos a clasificarlos. Y eso es lo que hace. Todo lo que hace. Todo lo que dice es probablemente exacto; pero inútil. Se mueve alrededor de los libros y no a través de ellos: o bien no los ha leído o no sabe leerlos como es debido. Y los libros hay que leerlos- mal asunto, porque requiere mucho tiempo-; es la única manera de averiguar lo que contienen. Hay algunas tribus salvajes que se los comen, pero la lectura es el único método de asimilación conocido en Occidente. El lector debe sentarse a solas y luchar con el escritor, y esto no lo puede hacer el pseudo-erudito.

CRITICA LITERARIA

En la crítica literaria es donde el pseudo-erudito puede resultar más pernicioso, porque imita los métodos de un verdadero erudito sin estar pertrechado para ello. Clasifica los libros antes de haberlos comprendido o leído; ése es su primer delito.
La prueba final de una novela será el cariño que nos inspire.

El carácter intenso y sofocantemente humano de la novela no se debe eludir; la novela chorrea humanidad; no podemos escapar de la elevación de la inspiración ni de la caída del aguacero, ni podemos mantenerlos al margen de la crítica. Tal vez odiemos lo humano, pero si tratamos de conjurar o purificar la novela de ello, ésta se marchitará, quedará un puñado de palabras y poco más.

FANTASIA

La tónica general de las novelas es tan literal, que cuando surge lo fantástico se produce un efecto curioso: mientras que unos lectores se mocionan, otros se ponen fuera de sí. Lo fantástico exige un ajuste adicional debido a lo extraño de su método o de su tema: es como una de esas exposiciones en las que hay una exhibición especial por la que se pagan seis peniques más sobre el precio de entrada. Algunos lectores pagan encantados: fueron a la exposición sólo por la exhibición secundaria; es a ellos únicamente a quienes me dirijo ahora. Otros se niegan indignados, y también éstos cuentan con nuestra más sincera estima, porque el sentir aversión por lo fantástico en literatura no equivale a sentir aversión por la literatura. Ni siquiera implica falta de imaginación, sino simplemente una cierta renuencia a responder a las exigencias que a ella le imponemos… La fantasía nos pide pagar algo extra.Implica lo sobrenatural, pero no necesita expresarlo.

ARTIFICIOS.- La introducción de dioses, fantasmas, ángeles, monos, monstruos, enanos o brujas en la vida ordinaria; la introducción de hombres corrientes en una tierra de nadie, sea el futuro, el pasado, el interior de la tierra o la cuarta dimensión; introspección o escisión de la propia personalidad y, por último, el mecanismo de la parodia o la adaptación.

Durante mis preparativos para El péndulo de Foucault, pasé una tarde tras otra, justo hasta la hora de cerrar, andando por los pasillos del Conservatorio de Artes y Oficios, donde se desarrollan algunos de los principales acontecimientos de la historia. Para describir el paseo nocturno de Casaubon por París, desde el Conservatorio hasta la place des Vosges y luego hasta la torre Eiffel, pasé varias noches deambulando por la ciudad entre las dos y las tres de la madrugada, dictando a una grabadora de bolsillo todo lo que veía, para no equivocarme con los nombres de las calles y las intersecciones.

De esta manera, aprendí que una novela no es solamente un fenómeno lingüístico. En poesía, las palabras son difíciles de traducir porque lo que cuenta es su sonido, así como sus significados deliberadamente múltiples, y es la elección de las palabras lo que determina el contenido. En narrativa, encontramos la situación opuesta: es el universo que ha construido el autor lo que dicta el ritmo, el estilo e incluso la elección de las palabras. La narrativa está gobernada por la norma latina «Rem tene, verba sequentur» («Si dominas el tema, las palabras vendrán solas»), mientras que en poesía, deberíamos cambiarla por «Si dominas las palabras, el tema vendrá solo».

La narrativa es, en primer lugar y principalmente, un asunto cosmológico. Para narrar algo, uno empieza como una suerte de demiurgo que crea un mundo, un mundo que debe ser lo más exacto posible, de manera que pueda moverse en él con absoluta confianza.

No me cuento entre los malos escritores que dicen que solo escriben para sí mismos. Lo único que los escritores escriben para sí mismos son las listas de la compra, que les ayudan a recordar lo que tienen que comprar y pueden tirar después. Todo el resto, incluidas las listas de la lavandería, son mensajes dirigidos a alguien. No son monólogos; son diálogos.

Lo que me gustaría decir aquí es que los llamados escritores «creativos» (y ya he explicado lo que puede significar ese pícaro término) no deberían facilitar jamás interpretaciones de su propio texto. Un texto es una máquina perezosa que desea implicar a los lectores en su trabajo, es decir, es un artilugio concebido para provocar interpretaciones (como escribí en mi libro The Role of the Reader). A la hora de interpretar un texto, es irrelevante preguntar al autor. Al mismo tiempo, el lector o la lectora no pueden ofrecer una interpretación cualquiera según su antojo, sino que tienen que asegurarse de que el texto, de algún modo, no solamente legitima una lectura determinada, sino que también la incita.

Decir que las interpretaciones de un texto son potencialmente ilimitadas no significa que la interpretación no tenga objeto o cosa existente alguna (hecho o texto) sobre la que concentrarse. Decir que un texto potencialmente no tiene fin no significa que cada acto de interpretación pueda llevar a un final feliz. Por este motivo, en Los límites de la interpretación propuse una suerte de criterio de falsificabilidad (inspirado por el filósofo Karl Popper): si bien puede resultar difícil decidir si una interpretación determinada es buena, o decidir cuál de las dos interpretaciones de un mismo texto es mejor, siempre es posible ver que una interpretación determinada es descaradamente falsa, alocada o descabellada.

Algunas teorías contemporáneas de la crítica dicen que la única lectura fiable de un texto es una interpretación errónea, y que un texto solo existe en virtud de la cadena de respuestas que suscita. Pero esa cadena de respuestas representa los usos infinitos que podemos hacer de un texto (podríamos, por ejemplo, usar una Biblia en lugar de un leño en nuestra chimenea), no el conjunto de interpretaciones que dependen de una serie de conjeturas aceptables sobre la intención de ese texto.

Así, Dumas comenta en sus memorias: «Crear personajes que matan a los de los historiadores es privilegio de los novelistas. El motivo es que los historiadores evocan a simples fantasmas, mientras que los novelistas crean a personas de carne y hueso»

También traté de explicar a mi amigo que la capacidad de un personaje ficticio para hacer llorar a la gente depende no solo de sus cualidades, sino también de los hábitos culturales de los lectores, o de la relación entre sus expectativas culturales y la estrategia narrativa. A mediados del siglo XIX, la gente lloraba, sollozaba incluso, por el destino de la Fleur-de-Marie de Eugène Sue, mientras que hoy, los infortunios de la pobre muchacha nos dejan cínicamente indiferentes. En contraste con ello, hace décadas mucha gente se vio conmocionada por el destino de Jenny en Love Story de Erich Segal, tanto la novela como la película.

Pero ¿estamos seguros de que los personajes de ficción no gozan de ningún tipo de existencia? Usemos los términos «Objeto Físicamente Existente» (OFE) para designar objetos que existen en la actualidad (como usted, la luna y la ciudad de Atlanta), así como para objetos que solo existieron en el pasado (como Julio César o las naves de Colón). Sin duda, nadie diría que los personajes de ficción son OFE. Pero ello no significa que no sean en absoluto objetos.

Basta con adoptar el tipo de ontología desarrollado por Alexius Meinong (1853-1920) para aceptar la idea de que cualquier representación o juicio debe corresponder a un objeto, aun cuando ese objeto no sea un objeto existente. Un objeto es cualquier cosa dotada de ciertas propiedades, pero la existencia no es una propiedad indispensable. Siete siglos antes de Meinong, el filósofo Avicena dijo que la existencia era simplemente la propiedad accidental de una esencia o sustancia («accidens adveniens quidditati»). En este sentido, puede haber objetos abstractos —como el número diecisiete o un ángulo recto, que no existen exactamente, sino que subsisten— y objetos concretos, como yo mismo y Ana Karenina, con la diferencia de que yo soy un OFE y Ana no.

Por definición, los textos de ficción hablan claramente de personas y acontecimientos no existentes (y precisamente por esta razón, reclaman la suspensión de nuestra incredulidad). Por ello, desde el punto de vista de una semántica condicionada por la verdad, una afirmación en una ficción siempre dice algo contrario a los hechos.

Pese a ello, no consideramos mentiras las afirmaciones de la ficción. En primer lugar, cuando leemos una pieza de ficción, aceptamos un acuerdo tácito con su autor o autora, que finge que lo que ha escrito es cierto y nos pide fingir que nos lo tomamos en serio. Al hacer esto, todo novelista diseña un mundo posible, y todos nuestros juicios sobre lo verdadero y lo falso se refieren a ese mundo posible. Así, desde el punto de vista de la ficción, es cierto que Sherlock Holmes vivía en Baker Street y, desde el punto de vista de la ficción, es falso que viviera en las orillas del río Spoon.

Los textos de ficción nunca toman como escenario un mundo totalmente diferente del mundo en que vivimos, aunque se trate de cuentos de hadas o historias de ciencia ficción. También en esos casos, si sale un bosque, se entiende que es más o menos como los bosques de nuestro mundo real, donde los árboles son vegetales y no minerales, etcétera. Y si por una de esas nos dijeran que el bosque está hecho de árboles minerales, las nociones de «mineral» y «árbol» serían las mismas que en nuestro mundo real.

EL ESCRIBIR VITO PORLOS ESCRITORES XXIII


VISTA POR VARGAS LLOSA

LA ORGÍA PERPETUA

-Algunos sostienen que madame Bovary es una novela donde no ocurre nada, salvo el lenguaje. No es así, en madame Bovary ocurren tantas cosas como en una novela de aventuras, matrimonios, adulterios, bodas, viajes, paseos, estafas, enfermedades, espectáculos, un suicidio, solo que se trata en general de aventuras mezquinas.

-Hechos narrados desede la emoción o el recuerdo del personaje/ El estilo materialista de Flaubert hace que la realidad subjetiva en madame Bovary tiene consistencia y peso físico como lo objetiva.

-El tratamiento de lo sexual en la narrativa es uno de los más delicados, tal vez el más arduo, junto con lo político. Como en ambosasuntos existe para el autor y para el lector una carga tan fuerte de prevenciones y convicciones, es dificilísimo fingir la naturalidad, “inventar” esas materias, darles autonomía, invenciblemente se tiende a tomar partido por o contra algo, a demostrar en vez de mostrar. Asi como, según ciertos teólogos, por la bragueta se suelen ir más hombres al infierno, gran número de novelas se precipitan a la incalidad por el mismo sitio. En ningún otro tema es tan patente la maestría de Flaubert como en la dosificación y distribución de lo erótico en madame Bovary.

-La presencia del sexo en una novela no me interesa como a un frío observador, para estudiarlo prefiero un manual.

-En mi caso ninguna novela me produce gran entusiasmo, hechizo, plenitud, si no hace las veces, siquiera en una dosis mínima, de estimulante erótico.

-He comprobado que la excitación es más profunda en la medida en que lo sexual no es exclusivo ni predominante sino se complementa con otras matereias, se halla integrado en un contexto vital complejo y diverso, como ocurre en la realidad: me excita menos un libro de Sade donde el monotema desvitaliza el sexo y lo convierte en algo mental, que por ejemplo los episodios eróticos (muy escasos” de Esplendores y miserias de las cortesanas de Balzac (recuerdo sobre todo los roces de unas rodillas en un carruaje) o los que salpican las mil y una noches en la versión del doctor Madran.

EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES XXII


TEMAS EN LA NOVELA

LUIS RACIONERO/EL ARTE DE ESCRIBIR

SUSPENSE
• El suspense: el único recurso literario que surte efecto ante tiranos y salvajes.

TEMAS
• Los principales hechos de la vida humana son cinco: el nacimiento, la comida, el sueño, el amor y la muerte. PodrÍamos elevar el número- añadir la respiración, por ejemplo- pero estos cinco son los más evidentes. Estudiemos brevemente el papel que desempeñan en nuestra vida y en la novela.

¿Qué hace el novelista?. ¿Tiende a reproducirlos con exactitud o tiende a exagerarlos, a minimizarlos, a ignorarlos y a presentar a sus personajes atravesando vicisitudes que ustedes y yo atrevamos, aunque llevan el mismo nombre.

• Al novelista se le permite recordar y comprender todo, si le convine. Conoce toda la vida oculta. ¿En qué momento después de su nacimiento tomará a los personajes?. ¿Hasta qué punto los seguirá antes de la tumba?. ¿Qué dirá o hará sentir respecto a estas dos extrañas experiencias?…La comida es un nexo entre lo conocido y lo olvidado; está íntimamente unida al nacimiento- que ninguno de nosotros recuerda- y se enlaza con el desayuno de esta mañana. Como el sueño- al que en muchos aspectos se parece-, la comida no solamente restituye nuestra fuerza, sino que tiene también un aspecto estético: puede saber bien o mal..¿Qué ocurrirá en la literatura con esta mercancía de dos caras?

• No vamos hablar de la naturaleza del sueño o de los sueños; solamente señalaremos que ocupan buena parte del tiempo, y que lo que llamamos “Historia” solo tiene por objeto dos terceras partes del ciclo humano y construye sus teorías a partir de ellas. ¿Adopta la novela una actitud similar?

• El sueño ocupa unas ocho horas de las veinticuatro del día; la alimentación, otras dos. ¿podemos atribuir al amor otras dos? Se trata de un cálculo generoso. Ésta es en parte la condición humana. Constituido así el propio novelista, toma su pluma en la mano, se introduce en ese estado anormal que se ha dado en llamar “inspiración” y trata de crear personajes. Estos tienen quizá que enfrentarse con otros elementos en la novela -lo que suele ser frecuente, aunque las obras de Henry James son un caso extremo-, y entonces, como es natural, los personajes tienen que modificar su carácter.

• LA MUERTE.- Les gusta porque la muerte redondea bien los libros y porque -algo menos evidente-, al moverse en el tiempo, le resulta más fácil operar desde lo conocido hacia la oscuridad que desde la oscuridad del nacimiento hacia lo conocido.

• LA COMIDA.- En la novela es principalmente social. Sirve para reunir personajes que rara vez la necesitan fisiológicamente, rara vez la disfrutan y jamás la digieren, a menos que se les pida especialmente.

• EL SUEÑO.- Un acto mecánico también. Ningún autor intenta describir la inconsciencia o el mundo de los sueños. Se introducen con un propósito que no es la vida del personaje en su conjunto, sino la parte de ella que vive cuando está despierto. Nunca se concibe a aquél como una criatura que pasa un tercio de su vida en la oscuridad.

• EL AMOR.- En primer lugar, cuando el novelista pasa de concebir a sus personajes a darles forma, el “amor” -en cualquiera de sus aspectos o en todos- cobra importancia en su mente y, sin pretenderlo, hace a sus personajes excesivamente sensibles a él (excesivamente porque en la vida real no se preocuparían tanto). -Una segunda razón..es que el amor, como la muerte, se adapta al espíritu del novelista porque proporciona un final adecuado a los libros…Toda emoción fuerte lleva consigo la ilusión de la permanencia, y los novelistas han sabido utilizar esto. Normalmente terminan sus libros con una boda, y nosotros no objetamos nada porque les entregamos nuestros sueños.

• El incidente surge del personaje y lo transforma. Los personajes y los sucesos se hallan íntimamente enlazados, y el autor consigue esto mediante estas invenciones. A menudos son encantadores, a veces conmovedores y siempre inesperados. El impacto que nos producen, seguido de la sensación de “pues sí, está bien”, es señal de que todo marcha bien con el argumento; los personajes, para ser reales, deben ir sobre ruedas, pero un argumento debe suscitar sorpresa.

EL TIEMPO
• Para un novelista, en cambio, nunca es posible negar el tiempo en el entramado de su novela: aunque sea de una manera superficial, debe aferrarse al hilo de su historia. Debe tocar por fuerza esa interminable solitaria, so pena de volverse incomprensible, lo que en su caso supondría un patinazo.

• En una novela siempre hay un reloj.
• La base de toda novela es una historia, y esa historia consiste en una narración de hechos organizados en una secuencia temporal.
• Existe una novelista que ha intentado lograr la abolición del tiempo, y su fracaso es aleccionador: Gertrude Stein.

LA HISTORIA EN LA NOVELA

• Todos estamos de acuerdo en que el aspecto fundamental de una novela es que cuenta una historia…Este es el aspecto fundamental sin el cual no pude existir. Ese es el denominador común a todas las novelas.

• Podemos ya definir la historia: es una narración de sucesos ordenados en su orden temporal.

• En cuanto tal, la historia solamente puede tener un mérito: el conseguir que el público quiera saber qué ocurre después. A la inversa, sólo puede tener un defecto: conseguir que el público no quiera saber lo que ocurre después. Estas son las dos únicas críticas que pueden hacerse a una historia como Dios manda.

• Si Dios pudiera contar la historia del universo, el universo entero se convertiría en ficción.

• La ficción es más verdad que la Historia, porque va más allá de lo visible.

PERSONAJES

• Los actores de una historia son, o fingen ser, seres humanos.

• La función del novelista es revelar la vida interior en su origen.

• Todo lo observable en un hombre – es decir, sus acciones y la existencia espiritual que puede deducirse y la existencia espiritual que puede deducirse de sus acciones- pertenece al dominio de la Historia. Pero su faceta novelesca o romántica abarca la pura pasión, es decir los sueños, gozos, penas y autoconfesiones que la educación o la vergüenza le impiden expresar, y el mostrar esta faceta de la naturaleza humana es una de las principales funciones de la novela.
• La gente de una novela, si el novelista lo desea, puede ser comprendida del todo por el lector.

• ¿En qué se diferencian los seres que nacen en la novela de los que nacen en la tierra?. No podemos generalizar porque no tiene nada en común en el sentido científico; por ejemplo, no necesitan tener glándulas de secreción, en tanto que los seres humanos sí las tienen. Sin embargo, aunque escapan a una definición estricta, tienen a comportarse dentro de las mismas pautas.

• Podemos dividir a los personajes en planos y redondos.

• PLANOS.- Unas veces se les llama estereotipos y otras caricaturas. En su forma más pura se construyen en torno a una sola idea o cualidad; cuando predomina más de un factor en ellos, atisbamos el comienzo de una curva que sugiera al círculo…Una de las grandes ventajas de los personajes planos es que se les reconoce fácilmente cuando quiera que aparecen…Para un autor es una ventaja el poder dar un golpe con todas sus fuerzas, y los personajes planos resultan muy útiles, ya que nunca necesitan ser introducidos, nunca escapan, no es necesario observar su desarrollo y están provistos de su propio ambiente: son pequeños discos luminosos de un tamaño preestablecido que se empujan de un lado a otro como fichas en el vacío o entre las estrellas; resultan sumamente cómodos…Una segunda ventaja para el lector es que son fáciles de recordar después.

Una novela que sea medianamente compleja suele exigir tanto personajes planos como redondos.-

• Los personajes de Dickens son casi todos planos. Casi todos ellos pueden resumirse en una frase, y, sin embargo, existe una maravillosa sensación de profundidad humana. Probablemente, la inmensa vitalidad de Dickens hace que sus personajes vibren un poco; así que toman prestada de él la vida y parecen tener una existencia propia.

• Los personajes planos en sí no son un logro tan grande como los redondos..son mejores cuando son cómicos.

PROFECIA
• La profecía .. es un tono de voz. Puede llevar implícitas cualquiera de las creencias que han dominado a la humanidad: cristianismo, budismo, dualismo, satanismo o simplemente el amor y el odio humanos elevados al tal potencia que desbordan sus receptáculos normales, pero no nos preocupa directamente qué visión concreta del mundo se recomienda.

• El aspecto profético exige dos cualidades: humildad y la suspensión del sentido del humor.

PUNTOS DE VISTA PARA CONTAR LA HISTORIA

• ”TODO EL INTRINCADO PROBLEMA DEL MÉTODO EN EL ARTE DE LA FICCIÓN(DICE PERCY LUBBOCK) ME PARECE GOBERNADO POR LA CUESTIÓN DE LA PERSPECTIVA: LA CUESTIÓN DE LA RELACIÓN EN QUE EL NARRADOR SE SITÚA EN LA HISTORIA”.

• ¿Puede el escritor compartir con el lector los secretos de sus personajes?…:más vale que no lo haga. Es peligroso; generalmente conduce a un descenso de la temperatura, a la laxitud intelectual y emocional y, peor aún, a la jocosidad; es una invitación amistosa a ver cómo se sostienen las figuras por detrás…Se consigue intimidad, sí, pero a costa de la ilusión y de la nobleza. Es como ofrecer una copa a una persona para que no critique nuestras ideas.

• Son las confidencias sobre individuos concretos las que perjudican y apartan de los personajes al lector llevándole a examinar la mente del novelista. Y en momentos así nunca hay gran cosa en ella, porque nunca se halla en un estado creativo…Confiarle al lector nuestra visión del universo es cosa muy distinta. No es peligroso para un novelista apartarse de sus personajes -como hacen Hardy o Conrad- y generalizar sobre las condiciones en que cree que la vida se desenvuelve.

• REDONDOS.- La prueba de un personaje redondo está en su capacidad para sorprender de una manera convincente. Si nunca sorprende es plano. Un personaje redondo trae consigo lo imprevisible de la vida.

• Todos los personajes principales de Guerra y paz, todos los de Dostoievsky, todos los de Proust, Madame Bovary .. son redondos.

EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES XXI


FICCIÓN Y REALIDAD

FRANCISCO UMBRAL

MIS PARAÍSOS ARTIFICIALES

-Nadie se ve vivir a sí mismo y el escritor menos que nadie.

-Ese es el hallazgo máximo del escribir. No se busca la belleza, ni la verdad, ni la justicia, ni la libertad, cosas todas ellas que están en la vida o no están en ninguna parte. SE busca un poco de tiempo en estado puro.

-Afirmaba Ortega que el hombre solo se mueve por razones líricas.

-Una gran obra, sobre todo una gran obra novelesca, tiene una función supletoria de mundo completo, retirado y a salvo del que podemos irnos de vez en cuando, en momentos malos o buenos, en momentos en que nos cansa el mundo que tenemos en torno.

-Pienso que el escritor, el creador de esos vastos mundos novelescos también huye de la vida al escribir.

–El lector busca siempre un autor al que devorar, busca un hombre, una conciencia, una intimidad, un canibalismo espiritual, y se come al protagonista de la novela solo vicariamente. A quien quiere comerse es al autor.

-Todos los realistas se pasan la vida metiendo la tripa, incluso los novelistas sociales españoles de los años cincuenta. Pero al esconder la tripaha sucedido la contemplación del ombligo.

-Proust y Joyce son los padres de la novela moderna porque imponen su subjetividad exasperada y lírica al libro. Se acabó el esconder la tripa.

-En la vida es inevitable traicionar al niño. En el arte se le puede salvar, conservar. Por eso el arte es sagrado.

EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES XX


 

CONSEJOS DE CHEJOV

Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.

Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.

No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.

Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.

Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.
Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.
Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.

Te aconsejo: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.

Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.
Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.
Dios te guarde de los lugares comunes.

Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.
No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.

EL ESCRIBIR VISTO POR LOS ESCRITORES XIX


 

ESCRIBIR-LA ORGÍA PERPETUA



PÍO BAROJA

“Yo creo que para ser escritor basta con tener algo que decir, en frases propias o ajenas.”

GRAHAM GREENE

“Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana”

ADOLFO BIOY CASARES

“Yo escribí para que me quisieran: en parte, para sobornar, y, también en parte, para ser víctima de un modo interesante. Para levantar un monumento a mi dolor y convertirlo, por medio de la escritura, en un reclamo persuasivo”

GIACOMO LEOPARDI

“La felicidad que pruebo cuando compongo es el mejor tiempo que paso de mi vida. Pasar los días sin darme cuenta, parecerme las horas cortísimas y maravillarme a menudo de tanta felicidad pasional”

ROLAND BARTHE

“La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, el blanco y negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe”

DIDEROT

El escritor que sobrevive a su época es el que sabe expresarla de manera más adecuada y concreta, con el mayor relieve y talento.”

FLAUBERT

“Los libros no se hacen como los niños, si no como las pirámides, con un diseño premeditado, y añadiendo grandes bloques, uno sobre otro, a fuerza de riñones, tiempo y sudor”

MICHAEL ENDE

“Las ideas se le vienen a uno al escribir, durante el trabajo. Eso de tener ideas se puede conseguir con la práctica. Es, de verdad, una cuestión de entrenamiento. Quien no sabe tocar un piano se asombra de lo que es capaz un pianista. Pero el pianista tampoco lo ha sabido desde el principio, así, sin más. Se ha ejercitado muchos, muchos años. Con un escritor pasa lo mismo.”

JAVIER ESQUINCA

“Escribir es devolver al mundo a su estado original, expulsarlo hacia el territorio de lo que aún no ha sido nombrado”

ALI CHAMUCERO

“Si los versos no sirven para enamorar, no sirven para nada”

MARIO BELLATIN

“Escribir es como mostrar una huella digital del alma”

HEMINGWAY

“El escribir es, en los mejores momentos, una vida solitaria. Las organizaciones pro-escritores palían la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. Crece en estatura pública según abandona su soledad y a menudo su trabajo se deteriora. Porque hace su trabajo solo, y si es un escritor lo bastante bueno, debe enfrentarse a la eternidad o a la carencia de ella, cada día”.

“De todas las cosas tal y como existen, y de todas las cosas que uno sabe, y de todo lo que uno puede saber, se hace algo a través de la invención, algo que no es una representación sino una cosa totalmente nueva, más real que cualquier otra cosa verdadera y viva, y uno le da vida, y si se hace lo suficientemente bien, se le da inmortalidad. Es por eso que yo escribo y por ninguna otra razón”.

KATHERINE NEVILLE

“Pueden impedirte ser un autor publicado, pero nadie puede impedirte ser un escritor, o incluso ser mejor escritor cada día. Todo lo que tienes que hacer para ser un escritor es escribir!”

JAVIER CERCAS

“Escribir es fabricarse una identidad. Dicho de otra manera: el narrador de mi novela sostiene que se trata de un relato real. Pero el relato real es imposible porque existe un punto de vista, porque al contar siempre existe un selección. El relato real es imposible proque en la medida en que uno escribe está haciendo ficción. Siempre.”

“La tarea de la literatura no es crear belleza, sino decir la verdad”.

MARTÍN GAITE

“La tarea del escritor es una aventura solitaria y conlleva todos los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura emprendida con entusiasmo”.

FIZGERALD

“Nunca hubo una buena biografía de un buen novelista. No podría haberla. Un novelista son demasiadas personas, si es que es bueno”.

OCTAVIO PAZ

“Los poetas no tienen biografías. Su obra es su biografía”.

ROA BASTOS

“Escribo para evitar que al miedo de la muerte se agregue el miedo de la vida”.

JUAN-MANUEL LLARRUMBE, EDITOR

“El escritor es capaz de comprender, y de asumir, la soledad o el sufrimiento que otros no comprenden, la soledad del corredor de fondo, el sufrimiento de una mujer enamorada, de una mujer que nunca fue amada. Nadie como el escritor asume la desdicha y lo absurdo de la condición humana”.

VAZQUEZ MONTALBÁN

El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gánster y el policía, el homosexual y el fascista, el marxista y el heterosexual, la víctima y el asesino. El asesino de mi novela es el escritor. Es decir, yo. Y si no soy detenido en las horas que siguen a esta revelación es que ya no puedes fiarte ni de la literatura”.

BENEDETTI

“El impulso que lleva al escritor a revelar su secreto forma parte de su oficio, que es comunicar. Es común que el artista, tras su descubrimiento que ha efectuado a solas, quiera de inmediato comunicarlo, así sea oralmente. No importa a cuántos. A alguien. En ese instante no piensa que puedan quitarle un tema, copiarle un desarrollo. El arte es generoso, pródigo, dador, y la verdad es que el secreto del escritor sólo adquiere un sentido cuando se hace público”.

MARGUERITE DURAS

“Escribir pese a todo, pese a la desesperación”.

MILÁN KUNDERA

“Escribo por el placer de contradecir y por la felicidad de estar solo contra todos”.

ANTONIO SOLER

El escritor debe ir contracorriente si quiere conquistar territorios a la imaginación”.

BELÉN GOPEGUI

“Un escritor no quiere entrar en la academia porque un escritor no escribe para la academia como no escribe para los bienpensantes, como no escribe para bendecir el orden establecido sino sólo la vida, la vida que se abre paso casi siempre a pesar del orden establecido”.

SALVADOR GARMENDIA

“Uno escribe porque necesita responder a un impulso de escribir, porque cree que está obligado a expresar determinada realidad, a indagar en la memoria… La actividad continua de un escritor es la escritura, y por eso encuentro injustificable la actitud del escritor que abandona su trabajo. Por eso hay quienes encuentran pesado el trabajo de escribir, el escritor es un ser aburrido, no hace una actividad que se vea inmediatamente. El escritor es un ser insociable, que busca el silencio y la soledad para hacer su trabajo”.

LUIS VIDALES

Como escribir es lo más parecido a un parto, yo siempre escribo acostado”.

JOSE-LUIS DIAZ GRANADOS

“Por qué escribe un autor es y será siempre un gran misterio”.

JOSEPH ROUX

“Hay dos clases de escritores geniales: los que piensan y los que hacen pensar”.

“Aunque soy hombre de letras, no debéis suponer que no he intentado ganarme la vida honradamente”.
George Bernard Shaw, dramaturgo irlandés

“Y… si he escrito esta carta tan larga, ha sido porque no he tenido tiempo de hacerla más corta”.
Blas Pascal, científico, filósofo y escritor francés

“Un mal escritor puede llegar a ser un buen crítico, por la misma razón por la cual un pésimo vino puede llegar a ser un buen vinagre”.
François Mauriac, escritor francés

“Yo no busco un gran número de lectores, sino un cierto número de relectores”.
Juan Goytisolo, escritor español

“El escritor original no es aquel que no imita a nadie, sino aquel a quien nadie puede imitar”.
Vizconde de Chateaubriand, François René Chateaubriand, escritor francés

“Los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas”.
Albert Camus, escritor francés

“Los que escriben como hablan, por bien que hablen, escriben muy mal”.
Conde de Buffon, Georges-Louis Leclerc, naturalista y escritor francés

“Un poema nunca está acabado, solamente abandonado”.
Paul Valéry, poeta y escritor francés.