Categoría: MI BIBLIOTECA PERSONAL

MI BIBLIOTECA PERSONAL XVII


MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN Y OTRAS NOVELAS DE PíO BAROJA

Aunque creo haber leído a Paco Umbral que la serie de novelas históricas de Pío Baroja con ese título eran lo más flojo de la producción del gran novelista, es difícil encontrar en un novelista de su altura “algo flojo” como reconoce el mismo Umbral. Se podrían comparar con los episodios nacionales de Galdós, como incluso dice la misma wikipedia. Es una gran suerte que dos novelistas de máxima altura, como Galdós y Baroja, se hayan ocupado de ciertos episodios de la historia de España, porque aunque sean novelas y ninguno de estos autores lo niega, no dejan de ser “históricas” y ayudan extraordinariamente a comprender la España del siglo XIX, un regalo para quienes gustamos de la historia pero no hasta el punto de rumiar mamotretos de datos y estadísticas.

Çomo me ha sucedido con los episodios de Galdós, hubiera supuesto para mí un gran esfuerzo económico hacerme con todos los tomos en papel, por lo que he completado los que me faltaban con libros digitales. Me resulta un poco triste comenzar a rellenar mi “biblioteca personal” con libros digitales porque no me siento con ellos como si fueran “míos”, como me sucede con los libros en papel, que puedo oler, que he manoseado y ensuciado hasta dejar en cada página mis huellas digitales. El libro digital es casi tan impersonal como navegar por Internet. Sin embargo y de alguna manera todos estos libros que he leído o estoy leyendo son un poco míos y los estoy inventariando junto con los libros en papel, como conformando mi biblioteca personal. Teniendo en cuenta los libros de Baroja que tengo en papel creo que juntarlos todos en un estante, digámoslo así, me permite sentirme menos culpable y al tiempo mato dos pájaros de un tiro al poder comentar, aunque sea brevemente la obra de Baroja en papel que forma parte de mi biblioteca desde hace años.

Echando mano del incompleto índice de libros que estoy confeccionando, observo que aparecen los siguientes libros, que tal vez sea alguno más, aún no inventariado:

ZALACAIN EL AVENTURERO(Espasa Calpe-Austral).
EL ARBOL DE LA CIENCIA(Alianza Editorial-Bolsillo).
LA LUCHA POR LA VIDA.
-LA BUSCA.- Editorial El Mundo Millenium
-LA MALA HIERBA.- El Mundo Millenium.
-AURORA ROJA.- El Mundo Millenium.

Mi primer contacto con la obra de Baroja se produjo en la escuela, donde se nos obligaba a memorizar los nombres y circunstancias personales de los grandes de nuestra literatura, leyendo algún párrafo de sus obras más emblemáticas, El maestro, como todos los que han comentado la obra de Baroja, insistía en la sencillez de su estilo, en lo fácil que era de leer y a pesar de ello en su maestría estilística y sobre todo como narrador. Una de las características de Baroja como novelista, que todo crítico y lector acepta como dogma, es la de que es uno de los mejores narradores de nuestra literatura y por lo tanto de la literatura mundial. Ser un gran narrador no quiere decir que necesariamente sea fácil de leer, que lo puedan leer con gusto hasta los niños. Ser grande en la narrativa no exige necesariamente ser ameno, divertido, sencillo. Hay grandes narradores en la historia de la literatura que exigen un pequeño o gran esfuerzo del lector. Se dice de Baroja que es tan sencillo de leer como beberse un vaso de agua. Es cierto que su estilo es sencillo, lineal, con mucho ritmo, nada complicado, si puede emplear un solo adjetivo para describir algo nunca empleará dos. Como decía el gran novelista Graham Green, si quieres contar una historia que tenga ritmo, con buen pulso narrativo, no debes empedrarla de adjetivos, el adjetivo es imprescindible para describir la realidad, pero cuantos más adjetivos introduzcas en una narración, más decrece el ritmo, transformando la historia en un laberinto. Es como pintar un cuadro con todos los colores de la paleta, procurando que no falte ninguno y que se noten todos, al final resultará una pintura espesa, sin perspectiva y sin el menor interés para el espectador.

Zalacaín y El Árbol de la ciencia fueron las primeras incorporaciones a mi biblioteca, en ediciones baratas pero buenas, como eran las de la editorial Austral. Pero no he leído solo las novelas que obran en mi poder, porque en los tiempos en los que visitaba las bibliotecas públicas y sacaba prestados muchos libros, recuerdo haber comenzado con el primer tomo de las obras completas de Baroja y seguido hasta que decidí cambiar de autor, para no agobiarme. Aun me quedan obras por leer de este prolijo autor, entre ellas estas memorias que he comenzado hace algunos meses y de las que acabo de terminar el tomo IV. Son novelas cortas, con mucha acción y la reflexión y la descripción justas. Parece ser que Avinareta fue un ancestro de Baroja, o al menos eso decía él y que en buena parte se respetan los jalones históricos de la vida de este conspirador del siglo XIX que al parecer tuvo tiempo para casi todo. Sus historias son entretenidas y a menudo apasionantes, aunque no se detiene mucho para profundizar en los personajes o completar las descripciones. Se parecen bastante a los cuentos que nos contaban en invierno cerca del fuego y en los que era impensable que el narrador detuviera la acción para decirnos cómo iban vestidos los personajes o describir todos los colores del bosque de Caperucita. No falta un adjetivo cuando es necesario ni una descripción cuando es imprescindible, pero fundamentalmente estas novelas son pura acción, como dice el título, Memorias de un hombre de acción. Aún a pesar de la distancia en el tiempo -el siglo XIX nos queda muy lejos- merece la pena leerse estas veintiuna novelas, sino seguidas, salteándolas con otras novelas en las que estemos interesados.

Se dice de Baroja que es un escritor realista y que nos cuenta siempre la realidad, más o menos inventada o distorsionada para hacerse ficción. Como ocurre con otro gran escritor español realista, Delibes, a quien traeremos pronto a esta biblioteca, los apuntes de la realidad siempre son imprescindibles para confeccionar la novela, una historia anclada en el amplio mar de la realidad. Como lector he disfrutado mucho leyendo a Baroja y como escritor aún he aprendido más.

Zalacaín el aventurero forma parte de su tetralogía sobre la tierra vasca. Luego leería en la biblioteca pública el resto de la tetralogía. Tengo prevista su relectura en cuanto me sea posible.

El Árbol de la ciencia forma parte de la trilogía sobre la raza, compuesta además por La dama errante y la ciudad de la niebla, que aún me quedan por leer.

La lucha por la vida está compuesta por La busca, La mala hierba y Aurora roja.

Aprovechando el mucho tiempo que me deja la jubilación he iniciado estas dos largas sagas, los Episodios nacionales de Galdós y las Memorias de un hombre de acción, de Baroja, curiosamente ambas sobre episodios muy parecidos y sobre una época cronológica idéntica. Me llevará su tiempo, pero es lo que me sobra. Creo que para todo escritor que se precie haber leído a Galdós o Baroja es imprescindible, y más vale tarde que nunca. Intentaré completar mis lecturas sobre ambos autores de una forma sistemática, incluso para un lector insaciable siempre hay obras importantes de la historia de la literatura por leer y que tal vez no se consiga en una sola vida.

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MI BIBLIOTECA PERSONAL XVI


EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO DE CARSON MACCULLERS

Siguiendo con mi racha de escritores americanos voy de descubrimiento en descubrimiento. Si la lectura de Saul Bellow fue un impacto que me hizo pensar que en realidad aún me quedaban grandes escritores por descubrir, la lectura de la novela de Lula Carson Smith, alias Carson MacCullers, me ha dejado sin aliento. Aún tengo media docena de autores norteamericanos en cartera que iré leyendo en estos meses, al tiempo que me he puesto a releer con entusiasmo otros grandes autores que descubrí en mi juventud y que ahora, en mi jubilación, quiero repasar con calma, disfrutando cada una de sus novelas sin la menor prisa, así por ejemplo Henry Miller o Faulkner a los que ya estoy releyendo desde el principio. Uno tiene la tentación de creer que ya lo ha leído todo y que no le queda ningún autor genial por descubrir, solo segundones. En realidad la historia de la literatura es tan amplia y hay tantos y tantos escritores geniales que por mucho que uno haya leído a lo largo de su vida siempre quedará algo nuevo y maravilloso por descubrir.

Por supuesto que había oído hablar de Carson MacCullers, aunque tan poco que incluso tenía dudas si era hombre o mujer. Hace años me impactó mucho la película de John Huston, Reflejos en un ojo dorado, basado en su segunda novela. Me quedé con la copla, como se dice, al tiempo que me llamó la atención la admiración que destilaban ciertos comentarios de algún que otro escritor consagrado. Podía haber buscado sus novelas y haberlas comprado, como hice en su momento con Bellow, pero lo dejé estar, de acuerdo a mi curiosa máxima de que cada libro llega a nosotros en el momento más oportuno de nuestra vida.

La vida de esta maravillosa escritora fue durísima, debido en gran parte a la enfermedad física, pero leyendo su primera y más conocida novela, El corazón es un cazador solitario, el lector se da cuenta de que antes de que llegara la enfermedad física la propia vida ya había horadado su sensible corazón. Para ser una primera novela es increíblemente madura, sensible, genial. Me llama especialmente la atención la solidez de sus personajes, un poco al estilo dostoievskiano, tan humanos, tan reales, tan perfectamente trazados que hasta los secundarios son auténticas obras maestras en el difícil arte de la creación de personajes. No he podido constatar que leyera a Dostoievski, aunque creo que es un autor imprescindible para cualquier escritor, y supongo que no podía faltar en su biblioteca personal. El mudo Singer, el personaje central de la historia, es un personaje antológico, a la altura de cualquier otro en la historia de la literatura. Pero hay otros, muchos más, verdaderas joyas, como la conmovedora Mick Kelly, una chica un tanto hombruna, verdadero genio musical posiblemente perdido, con una ingenuidad y un corazón tan tierno que a mí particularmente me atrapó. También están Jack Blount, un alcohólico revolucionario y conflictivo, uno de los alcohólicos antológicos de la historia de la literatura, o Biff Brannon, dueño de un restaurante peculiar, un observador nato, una psicología tan patológica como entrañablemente humana, o el doctor Copeland, de raza negra, un auténtico humanista en el sentido más pleno de la palabra, se preocupa por los seres humanos, por la humanidad, pero especialmente por los de su raza. Una especial mención al amigo de Singer, un griego, que es claramente un enfermo mental y que de hecho termina en un psiquiátrico.

Con este andamiaje no es de extrañar que la novela tenga que funcionar, sí o sí, porque a la autora le basta con contarnos un poco de la vida cotidiana de los personajes para que la historia vaya avanzando, pillando al lector sensible como si se tratara de un thriller policiaco, solo que aquí no se trata de descubrir al asesino sino las profundidades del alma de los personajes. El ritmo es tranquilo, no hay prisa por llegar a otra parte que a donde nos quieran llevar los personajes. La novela tiene el propio ritmo de la vida, un ritmo coral, como nosotros mismos podemos ver en nuestro entorno si somos capaces de fijarnos en las personas con las que nos cruzamos. Ambientada en el sur americano, la sensibilidad de la autora hacia estos personajes marginados por la sociedad, marginados por algún defecto físico o por alguna lacra psicológica, es tan profundamente humana y yo diría también que tan femenina que no me hubiera creído que el autor era un hombre por mucho que me lo hubiera dicho la wikipedia. A pesar de esta sensibilidad la novela no tiene nada de ñoña, de culebrón dramático, por el contrario es tan dura como la vida misma, lo mismo que la vida no se casa con nadie tampoco lo hace la autora, aunque el lector intuye cómo le han tenido que llegar estos personajes, tal vez basados en personas reales que ella conoció, a la autora para que nos los describa con tan maravillosa empatía.

Para mí es una obra maestra de la literatura y me asombra que sea tan poco conocida, puesto que uno tiene que esforzarse un poco para encontrar a grandes autores que digan haberla leído y admirado. Es como la gran escritora invisible de la novela americana, sabes que existe si estás muy atento, pero no te la restriegan precisamente por los ojos. Aún no he leído su segunda novela, Reflejos en un ojo dorado, pero vista la película de Huston, uno intuye perfectamente lo que puede ser la novela, esa sensibilidad tan especial hacia todos los marginados por razón de raza, inclinaciones sexuales o lo que sea. Me atrevería a decir que hay algo de realismo mágico en estas historias, pero no por lo atemporales, ya que reflejan muy bien una época -esta novela se escribió en 1940 y la siguiente en 1941, en plena guerra mundial y el fascismo aparece para algunos personajes como algo lejano hasta que descubren la brutalidad del genocidio- sino por el tratamiento psicológico de los personajes que supuestamente deberían ser muy grises y que sin embargo son casi mágicos debido a la profundidad con la que la autora disecciona sus almas.

Me parece una novela imprescindible y una autora a descubrir ya, si no se ha hecho aún. He tenido un gozo casi espiritual leyendo esta novela y descubriendo a una autora que pasa de inmediato a la cúspide de la pirámide de mis valores literarios, tal como me ocurrió con Bellow, y aún me quedan algunos más. De joven creí que cuando llegara a la jubilación ya habría tirado al suelo todas las grandes hojas del árbol de la literatura y que tendría que escudriñar el ramaje con lupa para ver si encontraba algo que mereciera la pena. Era un ingenuo. No solo me está pasando con la literatura norteamericana sino también con la europea, me avergüenza confesar que estoy empezando a descubrir a Hermann Broch, un novelista alemán que es equiparado con Joyce y Proust como fundador de la novela moderna por algunas críticas que he leído hace poco. Acabo de comenzar a leer su Muerte de Virgilio, una novela que también se equipara al Ulises de Joyce por su extraordinaria dificultad a la hora de ser leída. Cuando creía que iba a dedicar mi jubilación a la relectura de los grandes clásicos descubro asombrado que necesitaría varias vidas para leer a los grandes de la literatura, eso sin olvidarnos de los que no alcanzaron la cima pero estuvieron cerca. Es un gran placer de lector descubrir autores maravillosos que nos abren a nuevos mundos inexplorados.

SINOPSIS

Ya el comienzo es de una creatividad y originalidad pasmosas, uno ve a dos mudos, Singer y su amigo griego hablarse por señas. La introducción de estos personajes es antológica. Luego, conforme el auténtico gurú Singer, va desplazándose por su entorno vemos introducirse en la historia a todos estos maravillosos personajes. El mudo es la piedra angular de este edificio portentoso pero no significa que toda la historia se centre en él, la autora se detiene sin prisas en la vida de cada uno de ellos y al final uno tiene la sensación de estar viendo un mural, con tantos personajes y tantos detalles que resulta incluso más apasionante que el descubrimiento del asesino en una novela negra.

FICHA TÉCNICA

AUTORA: LULA CARSON SMITH, ALIAS CARSON MACCULLERS
TÍTULO ORIGINAL:The Heart Is a Lonely Hunter
EDITORIAL: SEIX BARRAL
ISBN: 9788432219573
GÉNERO: NARRATIVA

MI BIBLIOTECA PERSONAL XV


DIARIOS DE ANAIS NIN

Leyendo por primera vez sus diarios de infancia y adolescencia, que no había conseguido hasta ahora, me ha sorprendido descubrir la evolución de esta portentosa mujer a la que ya conocía desde mi juventud, cuando leí por primera vez sus diarios al tiempo que leía también la obra de Miller. Como escritor de diarios -comencé a escribir mi primer diario en unos cuadernos justo por esta época en Madrid, a la que yo denomino mi época negra, cuadernos que por desgracia quemé en una crisis hace algunos años- sé muy bien lo difícil que es mantener una continuidad en un diario, algo que Anais hace con voluntad de hierro puesto que es muy difícil encontrar algún salto en la cronología, aunque sea solo de un día, también he sufrido la dificultad que supone desear hablar exclusivamente de tu vida y mantener al margen a las demás personas que forman parte inextricable de ella. De hecho una parte de sus diarios permanecieron inéditos para no herir o molestar a alguno de ellos, especialmente sus amantes. Por eso me resulta ahora tan apasionante leer su Diario amoroso que he conseguido en formato digital. Además de todo ello para escribir un buen diario se requiere explotar, como diría Henry Miller, y olvidarse de lo que puedan pensar o decir de ti quienes lean ese diario, es más lo ideal sería escribirlo como si fueras a leerlo tú solo, sin la menor autocensura, y luego esperar a ver qué hacemos si tienes la suerte de que vaya a ser publicado. Tal vez se necesita alguna poda, pero siempre será preferible a escribir pensando en que fulanito o menganita se molestarían mucho si lo leyeran.

Cuando escribes sobre tu vida en un diario debes ser consciente de que estás haciendo un streptease, te estás desnudando hasta no dejar ni un poro de tu piel a cubierto, y olvidarte de lo que puedan pensar los demás de tu cuerpo desnudo, de tus defectos, de la erosión del tiempo o de la vida, de si vas a gustar mucho, hasta el punto de generar deseos libidinosos o si vas a causar tanta repugnancia que alguien, tal vez muchos, no puedan evitar el vómito. Anais Nin escribe como si nunca fueran a leer sus diarios, escribe para ella, sin miedo, sin vergüenza, con naturalidad. Cuando enseña algún párrafo a alguna amiga o luego a su amante Henry, aún se le nota el pudor cuando escribe sobre la vergüenza que esto le produce. Todos los escritores escribimos pensamos en ser publicados, pero dudo que Anais tuviera claro que intentaría publicar sus diarios, al menos hasta ya muy avanzados. Esta sinceridad y naturalidad hace que sus diarios sean profunda y sensiblemente humanos, incluso hasta el detalle ingenuo e incluso infantil. Ella no escribe pensando en los que la van a leer, escribe para sí misma, incluso convierte al diario en un amigo, como he descubierto ahora mientras leo sus diarios de adolescencia.

Aparte de una biografía, una vida, que merece la pena conocer en toda su profundidad e intensidad, los diarios de Anais tienen una gran calidad literaria, escribe muy bien, y ya forman parte indiscutible de la historia de la literatura. Es apasionante no solo descubrir el alma de esta gran mujer y su portentosa evolución sino también conocer a otros personajes, más o menos históricos y famosos, psiquiatras, escritores, todo el mundillo del París de aquellos tiempos o del Nueva York de su adolescencia y juventud. La personalidad de Anais Nin es indiscutible, pero me temo que no puede ser encasillada. Tal vez a ciertas feministas les gustaría proponer a esta mujer como símbolo de la liberación femenina y de la lucha por la igualdad, pero es imposible conseguirlo sin forzarla mucho. La propia Anais tampoco se preocupó mucho de estos temas, limitándose a vivir su vida a su manera y a evolucionara conforme las duras lecciones de la vida la iban moldeando. Es cierto que no fue una mujer tipo de su época, ni mucho menos una mujer-florero, todo lo contrario, pero sus vivencias, incluidas las sexuales, son personales e intransferibles, no formó parte de corriente alguna, defendiendo vivir su propia vida por encima de todo.

Es inevitable leer sus diarios desde la perspectiva masculina o femenina, pero esto no influye decisivamente en la lectura. Yo me he sentido como si leyera a cualquier otro ser humano, cualquier otra persona, al margen de su sexo o sus tendencias sexuales, solo en ocasiones puntuales uno no puede evitar darse cuenta de que la psicología femenina y la masculina siguen siendo distintas, como lo son sus cuerpos, gracias a Dios. Hay algo que siempre nos diferenciará, nos pongamos como nos pongamos, lo que no significa que se pueda permitir, eso jamás, la desigualdad o discriminación por razón del sexo, pero a la hora de vivir es cierto que seguirá habiendo diferencias importantes entre la mujer y el hombre.

En cuanto a su lectura como género erótico yo diría que su condición de diarios supera cualquier consideración de ese tipo. Anais es muy discreta, muy sensible, muy buena escritora a la hora de hablarnos de sus amantes o de su vida sexual, yo diría que es todo lo contrario a Henry Miller, quien resultaría realmente pornográfico si no fuera un escritor tan poderoso y si todos los personajes que aparecen en sus novelas no estuvieran tan vivos. Como yo mismo escribí en un intento de manual del perfecto escritor erótico, que inicié hace tiempo, para mí la única manera de diferenciar entre erotismo y pornografía sería que el erotismo lo practican seres humanos y la pornografía robots sin alma. Eso de diferenciarlas por la falda más o menos corta o por si se ve o no la ropa interior o por si se describe más o menos el acto sexual, me parece una tontería. A mi, particularmente, me resultan más pornográficas ciertas escenas sexuales en las que apenas se describe nada, pero que son protagonizadas por auténticos robots sin alma, que las escenas más fuertes de las novelas de Miller, porque el lector es perfectamente consciente de que son seres humanos los que están teniendo sexo.

La recomendación de los diarios de Anais Nin es absoluta, sin matices, sin géneros de los lectores, y no solo porque conocer a un ser humano por dentro siempre es recomendable, sino también como obra literaria.

MI BIBLIOTECA PERSONAL XIV


LA CRUCIFIXIÓN ROSADA (SEXUS, PLEXUS, NEXUS) DE HENRY MILLER

Aún recuerdo muy bien cómo descubrí a Henry Miller. Fue en un escaparate de una libreria de un barrio de Madrid, no puedo precisar el barrio. Por supuesto, había oído hablar del gran escándalo de un escritor americano y de sus “novelas pornográficas”. Corría el año 1978, en plena transición, cuando ya había aparecido en los quioscos Interviú o estaba a punto de aparecer, mi memoria no puede llegar a esos detalles. Acababa de llegar a Madrid para tomar posesión como funcionario de justicia, yo era un joven ingenuo, apocado y a quien ya se le había diagnosticado su enfermedad mental. Tenía unos 21 o 22 años, tal vez 21, a punto de cumplir 22, puesto que tomé posesión unos días antes de mi cumpleaños. Hacía poco más de tres años que había abandonado el colegio religioso y a pesar de que mentalmente superé enseguida la represión sexual y religiosa, emocionalmente aún continuaba llevando esa carga. Me costó Dios y ayuda comprar mi primera revista Interviú y disfrutar con los desnudos, pero no me costó nada entrar en aquella librería y comprar La Crucifixión rosada de Alfaguara en traducción de Carlos Manzano, que aún me sigue pareciendo excelente a pesar de que nunca he podido leerlas en inglés. En mi biblioteca personal conservo buena parte de la obra de Miller que compré en aquellos años, no toda porque entonces comenzaba a llegar. Con el traslado, hace no mucho, y la colocación de algunos libros en las dos estanterías que ha comprado por Internet, he descubierto que me falta una de las novelas de la trilogía, y he recordado que se la presté a un amigo hace ya muchos años, un error puesto que no creo que él llegara siquiera a leerla y yo me quedé sin mi ejemplar. Por suerte he podido adquirir un ejemplar digital.

Poco a poco fui comprando el resto de su obra que iba llegando a cuenta gotas, los Trópicos, El coloso de Marussi, etc. He observado que conservo todos los ejemplares y se me ocurrió buscar el resto de su obra que iré pidiendo por Internet. Ya me han llegado dos libros que no tenía y espero conseguir el resto, siempre que estén traducidos. Al mismo tiempo me hice con los Diarios de Anais Nin, a quien Miller mencionaba mucho, como es natural, puesto que fueron amantes. También me faltaba un ejemplar que pedí por Internet y ya me ha llegado, aprovechando para hacerme con los que me faltaban, especialmente los diarios de infancia y adolescencia.

No suelo hacer mucho caso de las críticas o rumores sobre cualquier escritor, y mucho menos si lo tildan de pornográfico, prefiero leerlo y luego opinar. En mi juventud Miller supuso un impacto impresionante, como lector apasionado de literatura y también como escritor en ciernes. Dejando de lado su misoginia, que es cierta, su vivencia del sexo, que se podría calificar de machista, sin equivocarse mucho, lo cierto es que es uno de los escritores que me llegó con más fuerza en aquellos años de lector compulsivo. Estoy de acuerdo con el propio Miller cuando dice que uno solo llega a ser un gran escritor cuando explota, cuando acaba con todas sus inhibiciones, el miedo al qué dirán, la autocensura, y todas esas tonterías que acaban por amordazar y aprisionar al escritor novato que se deje, recortando sus alas. La prosa de Miller es tan directa, tiene tanta fuerza que uno parece estar sosteniendo en sus manos un cartucho de dinamita que podría explotar en cualquier momento.

Enseguida se nota que estamos ante un gran lector que ha aprovechado todo lo que ha leído, como podemos ver en su obra “Los libros de mi vida”. Posee una gran cultura, autodidacta, la mejor, y su pensamiento ha ido evolucionando hasta alcanzar altas cumbres. Quien busque en Miller solo un machista que habla del sexo con total desparpajo se llevará una sorpresa porque son sus ideas las realmente pornográficas y explosivas, con ellas se podría dinamitar esta sociedad, bien colocadas las cargas en los puntos clave. Es un hombre con criterio propio, muy leído, que decidió abandonar la cárcel de la sociedad de consumo y vivir a salto de mata, como un “clochard”, sableando amigos y enemigos, viviendo de lo que podía y a veces llegando al límite más allá del cual está la delincuencia pura y dura. Es uno de los pocos escritores que abandonó todo para dedicarse solo a escribir, intentando vivir o malvivir de ello. Sin amigos como Anais Nin y otros muchos es posible que se hubiera muerto de hambre o acabara siendo un estafador de tres al cuarto, en cambio aquella vida bohemia le ha dado una terrible fuerza a su escritura que no se casa con nada ni con nadie.

Hay que leer los diarios de Anais Nin para situar en su verdadero contexto las relaciones de Miller con June, su mujer, una verdadera mina de oro como material de ficción, puesto que tanto los trópicos como esta trilogía, como buena parte de su obra hablando de esta relación, una y otra vez, de forma obsesiva. Como lector me sorprendí mucho de la elaboración que Miller hace de este material autobiográfico, pero como escritor aún fue mayor el impacto. Creo que debo mucho a Henry Miller como escritor, yo también aprendí cómo puedes manejar y malear un buen material autobiográfico para transformarlo en una obra literaria cuando menos interesante. Analizando mi obra me doy cuenta de que en buena parte de ella aprovecho mis vivencia, mi propia autobiografía, para escribir obras de ficción que son un híbrido extraño entre un diario, puro y duro, como es el caso de los diarios de Anais Nin, y una obra de ficción puramente imaginativa. Es por eso que la obra de Miller y los Diarios de Anais armonizan tan bien, hasta el punto que aconsejo leerlos a la vez, un libro de Miller, un diario de Anais. Es lo que hice yo en aquellos tiempos juveniles y lo que estoy haciendo ahora de nuevo, releyendo la obra de ambos a la vez, con la adicción de obras que no había conseguido hasta ahora.

Leyendo a Anais uno descubre que tal vez June no hubiera sido un material literario tan bueno de no ser por la poderosísima fuerza de Miller. Un buen escritor es aquel que con una pizca de realidad, bien transformada, con unos cuantos cartuchos de dinamita, bien escondidos bajo la piel de la realidad, consigue que todo le explote en las narices al lector, como sucede con esta Crucifixión rosada que aconsejo leer después de los Trópicos, es conveniente una lectura cronológica, puesto que de otra forma habrá que volver atrás muchas veces.

La obra de Miller es ante todo una gran obra literaria, una obra maestra, si además la situamos en el género erótico se puede disfrutar mucho por quienes gusten del erotismo en todas sus formas, especialmente del erotismo literario. Mi obra en este género se lo debe todo a Miller, a quien pretendí imitar, sin ningún éxito, todo sea dicho con mi saga de Johnny, el gigoló. Claro que para ello, además de ser tan buen escritor como el propio Miller, hubiera necesitado vivir alguna de sus experiencias vitales y haber terminado con todo resto de aquella represión que me clavaron en el subconsciente en aquel colegio religioso -experiencia que cuento en la novela Los pequeños humillados, con sus dosis correspondiente de ficción- y que ha frustrado una faceta importante de mi vida.

Para las lectoras un consejo: no intenten olvidarse del machismo de Miller mientras lo leen, no lo van a conseguir, pero sí al menos déjense llevar por la terrible fuerza de su prosa y disfruten de esta auténtica demolición de una forma de vida, lo más alejada posible del famoso sueño americano.

MI BIBLIOTECA PERSONAL XIII


MIS PARAÍSOS ARTIFICIALES DE FRANCISCO UMBRAL

Umbral siempre me ha parecido un escritor portentoso en el ámbito estilístico y también como cronista irónico de la actualidad, como un costumbrista a la altura de Larra, por él admirado y como un fino observador de la vida y de las personas. Su amplísima cultura, asimilada a la perfección, le dota de una maravillosa herramienta a la hora de escribir. Siempre he admirado a Umbral, a pesar de que su imagen en los medios siempre dejó mucho que desear. Me recuerda un poco a Dalí, un clown, un maravilloso dominador de la performance, ambos expertos en borrar el pasado, una técnica chamánica de Castaneda, de alguna manera este tipo de comportamientos tienen mucho que ver con el arte de acechar. El guerrero borra su pasado, se esconde en la niebla, es un actor interpretando a cada momento el papel que le conviene. Tras la imagen pública de Umbral está la persona que se puede percibir muy bien en este libro que el “reseñista” de la portada y contraportada tilda de “diario”. Más que un diario personal, al estilo de todos los diarios, al estilo de mi propio diario en esta página, se trata de pequeños apuntes, estampas de facetas de su personalidad, de recuerdos de su pasado, que me hacen pensar en sus artículos de prensa. Cada capítulo es un texto muy breve sobre un tema concreto umbraliano, desde su obsesión por la nariz hasta alguno de sus recuerdos de Valladolid. Siempre me quito el sombrero ante su terrible facilidad para convertir el detalle más cotidiano en una reflexión profunda, plagada de citas literarias, de sabias meditaciones casi budistas. Su estilo me encanta, tal vez en ciertos aspectos intente copiarle subconscientemente en determinadas expresiones o formas de decir de mis propios textos. Me siento muy afín a su forma de escribir, tal vez lo único que eche de menos sea ese mojarse un poco más, a nivel personal, ese poner la carne en el asador. El lector puede descubrir leyendo este libro algunas intimidades y sensibilidades de la persona que no encajan mucho con esa pésima imagen público que llegó a tener en algunos momentos de su vida,, pero yo sigo echando de menos un desnudo más integral, algo curioso porque él defiende la novela personal de Joyce o de Proust entre otros y no la novela realista, aséptica, sin embargo no es fácil desnudarse realmente en público, hace falta ser un auténtico guerrero para tomar ciertas decisiones y Umbral no lo era, aunque tal vez estuviera en el camino.

Ha sido curiosa la forma en que llegó a mí este libro. Bautista, un hombre tan práctico, no se cortó ni un pelo cuando descubrió que algún vecino estaba tirando a la basura sus libros. Se hizo con ellos y me los enseñó. Me invitó a quedarme con alguno y escogí éste de Umbral, una biografía de Jack Kerouac y otro que no recuerdo. Entre las hojas de este libro encontré una carta manuscrita de su poseedor a una amiga, un detalle intimista e intrigante. El libro era viejo y olía a libro, además la carta doblada y vieja, fechada, le daba un toque muy personal, como si estuviera espiando un detalle íntimo de una persona que tal vez esté ya fallecida, dadas las fechas. Me puse a leerlo justo tras la jubilación y me ayudó mucho por las noches a olvidarme de aquella obsesión por no cobrar la pensión. Sin duda es un libro imprescindible para los lectores de Umbral y para cualquier aspirante a escritor que busque mejorar su estilo y aprender cómo se narra cualquier cosa que a uno se le ocurra.

Invito a todos a leer este libro y a olvidarse de si el Umbral público les caía mal o muy mal. La persona que aparece en él merece la pena y el escritor es un prodigio. Tal vez la fama pudo con él como ha podido con tantos otros,, pero si somos capaces de raspar el papel de cefolán en que viene envuelto el personaje descubriremos a una gran persona, muy sensible, muy culta, a un formidable escritor y pasaremos un buen rato, porque los capítulos son muy cortos, interesantes, a veces divertidos y siempre profundos, porque Umbral era un escritor para el que la vida fue siempre mucho más que una estampita en el bolsillo.

Me olvidaba de mencionar que al ver el título me recordó una novela de un escritor galleto Carlos Martinez Barbeito y he tenido que mirar el título en la wikipedia para cerciorarme que no era el mismo. La novela de Barbeito se titula “Los paraísos artificiales” y creo que Umbral pensó en ella al poner el título, aunque no lo dice. Por cierto que la novela de Barbeito es muy recomendabale. La leí siendo un adolescente porque mi padre la tenía en su maleta de cartón de la que algún día hablaré y que fue el inicio de mi vida como lector.

SINOPSIS

Desde el primer capítulo, dedicado a la nariz, hasta sus recuerdos vallisoletanos, pasando por sus gustos literarios, tan finos, todo en el libro nos recuerda al Umbral articulista de periódico, solo que en lugar de su Madrid y sus personajes públicos, habla de sí mismo. No falta algún poema o algún cortísimo texto lírico que nos hacen intuir a un gran poeta y a una persona con la sensibilidad a flor de piel.

AUTOR: FRANCISCO UMBRAL
TÍTULO ORIGINAL: MIS PARAÍSOS ARTIFICIALES
EDITORIAL:ARGOS-VERGARA
ISBN-10: 8470174622
GÉNERO: DIARIO

 

MI BLIOTECA PERSONAL XII


 

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR DE SAUL BELLOW

Acabé la novela hace algún tiempo, pero me impactó tanto que no he dejado de rumiarla desde entonces, como un buey tranquilo y persistente. Es curioso que haya tardado tantos años en descubrir a Bellow, no suelo dejar pasar una sola ocasión de conocer nuevos autores que puedan ampliar mis horizontes de lector, pero no fue hasta hace algunos años que le descubrí en el escaparate de una librería. Entonces me hice con algunos libros que voy leyendo poco a poco, para que duren, como hacía con los caramelos cuando era niño. Hace unos días, confeccionando la lista de lecturas para mi jubilación, fui consciente de lo mucho que me queda por leer, no solo libros interesantes y divertidos o autores desconocidos, sino de auténticas obras maestras que por un motivo u otro no he leído hasta ahora. Me llama la atención especialmente la literatura norteamericana en la que últimamente estoy descubriendo fantásticos autores que son como diamantes pisados al pasar, casi sin querer. Saul Bellow es uno de ellos, pero también están John Irving, al que leí por primera vez hace tres o cuatro años, o Philipp Roth, de quien me dispongo a leer su Pastoral americana, ganadora de un Pulitzer o Richard Ford, último premio princesa de Asturias.

Como dijo el sabio Salomón, no hay nada nuevo bajo el sol. Leyendo a Bellow, mi hinchado ego se pinchó como un globo. Cuando comencé a crear mis personajes humorísticos y encontré esos narradores tan atípicos, también personajes humorísticos ellos, creí haber descubierto América. Pues bien, no, antes llegó Bellow con este fantástico narrador-testigo en primera persona que sin duda es el gran hallazgo de la novela y que se parece bastante, al menos en el tono, a alguno de mis narradores de relatos humorísticos. La novela rezuma humor por todos los poros, pero es un humor tan sutil, tan discreto, que bien pudiera incluso pasar desapercibido para algunos lectores poco duchos en cosas de humor. No sé si se trata del famoso humor judío -aunque Bellow no se parece a Woody Allen- o más bien eslavo-judío-cosmopolita, o es un humor personal del autor. Mi conocimiento de la novela humorística en la historia de la literatura creo que es bastante amplio, pues bien, he recibido tal impresión con esta novela que he recordado mis lecturas del Quijote, mi inspiración humorística ahora y siempre; también he pensado en los Papeles póstumos de Dickens y en las Almas muertas de Gogol, por citar solo algunas obras clave del humor literario. Sin embargo los personajes y situaciones de Bellow son tan peculiares y personales que cuesta hacer comparaciones.

Buscando información sobre Bellow en Google di de bruces con el comentario de un escritor famoso, ahora no recuerdo de quién se trataba, que destacaba cómo Bellow era capaz de utilizarlo todo como material de sus obras, la vida cotidiana, lo más insulso entre lo insulso, cualquier cosa le sirve. Pues bien, nada más cierto, porque en esta novela uno creería estar viendo una carrera de record del mundo, algo así como los cien metros obstáculos. Me imagino al bueno de Saul erigiendo una valle de dos metros y mirando a los espectadores como diciendo, “esto está chupado”. Porque realmente como novelista y como humorista encuentro en la obra una auténtica carrera de obstáculos para ponerlo todo cuanto más difícil mejor y terminar batiendo el record del mundo por mucho. Así a pocos se le ocurrirían darle la profesión de botánico a su personaje. Hay profesiones que dan muy poco juego en la literatura, pero la de botánico se debe ganar la palma. El tío Ben, el protagonista de la historia, no sólo es botánico y botánico apasionado, fogoso, entregado, también tiene una edad que podríamos considerar impropia para el don Juan, antiguo o moderno. Por si fuera poco es un hombre tan cotidiano, hogareño, tan alejado del aventurero de moda, que uno se pregunta qué puede sacar Bellow de un tipo así en el terreno humorístico. Pues saca oro y diamantes. Es increíble, es fantástico.

Por si fuera poco el personaje-narrador, su sobrino, lo hace tan bien, tiene un sentido del humor tan peculiar, tan sutil, que ambos acaban convirtiéndose en algo así como el Quijote y Sancho de la edad moderna o el Gordo y el Flaco de la cinematografía. Porque esa es otra, aunque el personaje central de la historia sea el tío Ben y su sobrino, el narrador, pretenda permanecer en la sombra, en realidad es tan personaje principal como su tío o más. Y por si fuera poco, los secundarios, como en el Quijote, son auténticas obras de arte. Algunos aparecen poco, solo para echarles un vistazo, pero son geniales. Así nos encontramos con la esposa actual del tio Ben, Matilda, un portento de hermosura, sensualidad, inteligencia y todo en una mujer moderna, de familia rica, una de esas mujeres que uno busca como un diamante y nunca encuentra. Sin embargo al tío Ben le persiguen estas mujeres. Es increíble cómo un hombre como él, la antítesis del don Juan, acaba siendo perseguido por mujeres hermosas y ricas, el sueño de cualquier hombre. En realidad el tío Ben está más enamorado de las plantas que de las mujeres, pero no se sabe si es porque tiene algún imán en los bolsillos que las atrae o porque sabe aprovechar las ocasiones, porque tampoco es que sea un hombre totalmente ajeno a la belleza femenina y la sensualidad.

Mientras uno lee la historia se pregunta qué ven las mujeres en el tio Ben. A este respecto recuerdo lo que algunas mujeres me han dicho sobre que ellas no hacen caso del físcio del hombre, sino que buscan la persona que hay en su interior, algo que los hombres nunca hacemos, por supuesto. Pues bien, animado por esta especie de lema femenino, abrigué grandes esperanzas de que ellas pudieran apreciar lo que hay en mi interior, porque está claro que mi exterior no puede ser apreciado. Así pensé que al menos una vez al año una dama se dejaría seducir por mi personalidad interior, o vale, cada dos años, o bueno, tal vez cada cinco o diez años, pero en alguna ocasión. Pues no, no les interesa mi personalidad interior, y creo que no es tan terrible, y parece que mi personalidad exterior influye más de lo que ellas confiesan.

¿A qué viene esto? No es que el tio Ben sea contrahecho, pero tampoco parece un hombre para enamorarlas a todas, tal como lo describe su sobrino. Tampoco es joven, tampoco la botánica parece la mejor profesión, dejando aparte la posibilidad del regalo de una flor exótica. Tampoco tiene labia ni sabe manejarse como un don Juan. Uno se pregunta qué ven las mujeres en él. ¿Tal vez su personalidad interior? Pues no parece tampoco excesivamente interesante. Nadie lo sabe, el caso es que llega a sentirse tan asfixiado que utiliza las invitaciones de colegas botánicos para conferencias o expediciones, para fugarse de la dama ansiosa de turno. Jajá, es increíble como Bellow puede utilizar esta profesión, la antítesis humorística de las profesiones, para sacarle tanto jugo.

El sobrino no se anda atrás. Un joven en la treintena, parece que no mal parecido a pesar de lo mucho que él intenta desprestigiarse, de familia burguesa-aristocrática, con ancestros rusos, con vida parisiense que recuerda a Balzac y sus personajes del barrio de La Opera, se deja seducir por una mujer muy pequeña a pesar de sus curvas voluptuosas, hasta el punto de que los lectores nos preguntamos si en realidad no será enana. Tiene una hija a la que intenta ver y a la que dedica buena parte de sus ingresos, mientras la susodicha madre de su hija prefiere a los amantes brutotes, que le dejen el cuerpo lleno de moratones. En realidad parece una masoquista nata que ha huido, como del rayo, del cariñoso sobrino del tio Ben. No sabemos muy bien si el desamor lo sufre el tio Ben de las bellezas que le asedian o son ellas, las bellezas, las que sufren el desamor de este hombre que sigue enamorado de su primera esposa difunta. Tampoco está muy claro si el sobrino sufre de desamor de la madre de su hija o solo se siente humillado y es su amiga, que llega a una delirante operación de cirugía estética, para que él le haga caso.

Nadie sabe muy bien quién sufre de desamor o quién sufre más o quién debería morir y quién debería vivir, el caso, cierto, es que en la novela hay mucho desamor. También hay personajes antológicos como los padres de Matilda, especialmente el padre, o como el tío del tio Ben, un millanario mezquino que recuerda a los personajes de Dickens, y tan viejo que hasta un pequeño disgusto lo puede mandar al más allá. O la amiga del sobrino del tio Ben, o el hijo del millonario que pretende reconciliarse con su padre antes de que muera, para así poder heredar algo. Todo un ramillete de personajes que sino son tan buenos secundarios como los del Quijote, al menos están muy bien hechos y a un nivel de record del mundo. Bellow, como hizo ya en el Diciembre del decano, aprovecha todo el material cotidiano que tiene a su alcance para descubrir los entresijos de esta sociedad, tanto cómicos como dramáticos. Si yo fuera un corrupto dejaría de serlo al ver la vida y milagros del millonario avaro. Y si fuera un político dejaría de serlo al ver la hilarante escena del gobernador del Estado en esa especie de juicio extraño en la cárcel para ver si le conceden la libertad provisional o no a un supuesto violador.

Hay momentos de humor exquisito que un gourmet del humor y de la buena literatura, como es mi caso, degusta con placer de dioses disfrutando de la ambrosía por primera vez. La obsesión que sufre el tio Ben después de ver Psicosis del maestro, con los hombros de Matilda, que se le parecen a los hombros del Perkins por detrás, disfrazado de su madre, es antológica. Su miedo a asesinarla sonámbulo es tan regocijante como erótica la imagen de la hermosa Matilda siendo observada de esta manera por el tio Ben. También aquí Bellow desincha otro de mis globos, ese que hace referencia a lo bien que soy capaz de unir erotismo y humor en mis relatos. Esto sí que es erotismo del fino, sin describir siquiera cómo Matilda se quita las ligas o el sujetador, mientras el bueno de Ben contempla sus hombros y toda su hermosura se convierte en deseo de estrangularla. Tampoco le gustan sus pechos, demasiado separados. Y esta confidencia se la hace a su sobrino por teléfono, en plena noche, porque no puede dormir, y desde la lavandería del edificio, en el sótano, susurrando para que el guardia de seguridad no le descubra. Genial, Bellow, me quito el sombre y me rasco la calva con deleite.

Creo que ya solo el título nos quintaesencia la novela. El tio Ben es entrevistado en una televisión, creo que después de la catástrofe de Chernobil, y preguntado por las consecuencias de la radioactividad para las plantas, solo se le ocurre decir una frase chusca, tal vez bloqueado por los nervios o por el despiste que le acompaña.

SON MÁS LOS QUE MUEREN DE DESAMOR QUE A CAUSA DE LA RADIOACTIVIDAD

Es un perfecto resumen de la novela, el desamor mata a muchos, aunque nunca se sabe si uno es la víctima o el verdugo, o las dos cosas y si se merece morir o que lo maten. El amor según San Saul Bellow es una cosa tan extraña que en cierto modo se parece a la radioactividad. Llega sin avisar, te come por dentro, y al final “toos muertos o radioactivos durante toda la eternidad”. A la chita callando Bellow nos deja sin amor, sin esperanza en el futuro de esta torpe humanidad, sin saber muy bien qué harán de nostros estos personajes que nos controlan, millonarios, políticos o los que mueven los hilos, sean quienes fueren. Queda el humor, queda reírse del bueno del tio Ben obsesionado con los hombros de su amada porque ha visto una película del maestro del suspense en el peor momento y que en lugar de aprovechar ese cuerpo esplendoroso y ese entronque con el dinero… Pero no, no voy a hacer spoiler, signifique lo que signifique. Que los lectores lleguen hasta el final y luego se miren al espejo, para ver la cara que se les queda.

SINOPSIS

El narrador está tan obsesionado con su tio Ben que el lector se pregunta si no habrá algo patológico en esta conducta. El narrador ha huído de Europa par refugiarse cerca de su tio, dejando al don Juan de su padre vivir su decadencia y abandonando a su madre en Africa, con una ONG, donde ha huido para librarse del pelmazo de su marido. El narrador nos cuenta como testigo todo lo que le sucede a su tio y sus regocijantes charlas telefónicas y no telefónicas. Vemos pasar personajes tan divertidos como terribles y sobre todo vemos cómo mujeres buscan hombres y cómo hombres creen buscar mujeres, aunque no saben muy bien lo que buscan, ni ellas tampoco. Aquí nadie sabe muy bien lo que busca. Espléndido resumen de lo que es el amor. Que sean más los que mueren de desamor que los que fallecen a causa de la radioactividad es un buen resumen de nuestra sociedad y nuestro tiempo. Todo el mundo preocupado por las estadísticas de las muertes en accidente de tráfico, por catástrofes radioactivas o no, por el terrorismo, por el hambre… y sin embargo parece que son más los que mueren de desamor. Sin embargo nadie se preocupa por entender el amor, por traer una pizca a nuestra vidas y por las terribles consecuencias que el desamor genera en nuestra sociedad.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: SAUL BELLOW
TÍTULO ORIGINAL: More Die of Heartbreak,
EDITORIAL: DEBOLSILLO
ISBN: 9788497938631
GÉNERO: Narrativa

MI BIBLIOTECA PERSONAL XI


 

TRES HISTORIAS DE AMOR DE MANUEL VAZQUEZ MONTALBÁN

Se acerca el verano y las vacaciones -las vacaciones del jubilado son otra cosa- tiempo propicio para las lecturas “suaves”, entretenidas, con su pizca de suspense. Cuando uno se cansa de tomar el sol, del chiringuito, de remojarse, se puede buscar una tumbona y una sombrilla y disfrutar de una lectura corta y agradable, de una de esas historias que uno lee de un tirón y sin parpadear.

El detective Carvalho, uno de mis detectives favoritos, es el protagonista de estas tres novelas cortas que se leen de un tirón, disfrutando de la trama al tiempo que uno se reencuentra con el personaje en un formato distinto, el de la novela corta, que tiene sus propias virtudes y defectos. El mayor riesgo en estas historias detectivescas cortas es el de caer en la tentación de utilizar trucos baratos para librarse de una trama que por su escasa extensión es propensa a soluciones fáciles, poco trabajadas y que no requieran mucha creatividad. Montalbán no cae en lo fácil y le ayuda mucho para conseguirlo en que ya tenga un personaje perfectamente montado en otras novelas largas anteriores. Eso le evita al autor un trabajo previo, meticuloso, de montaje y hace fácil la complicidad con el lector. Ahora solo queda escoger historias que a pesar de su pequeño formato contengan la quintaesencia de las novelas largas.

Carvalho es un hombre cínico que dice no creer en nada, debido a que ha visto tanto y todo tan malo que uno le comprende, pero a pesar de ello sabe muy bien dónde está la línea roja que separa el bien del mal, el respeto al ser humano y la burda utilización de este, como un instrumento, para cualquier fin egoísta que se le ocurra al malvado, siempre tan creativo. Cuando Carvalho tiene que tomar decisiones importantes el lector sabe que siempre estará con las víctimas, con aquellos que a pesar de sus debilidades humanas nunca traspasarán la línea roja. A veces se deja llevar por la tentación de una mujer, por resbalar un poco por el hielo que asfalta las relaciones interpersonales en esta sociedad, o le da por quemar un libro, pero siempre encontrará la paz cocinando un buen plato o buscando algo nuevo y exquisito en la gastronomía de cualquier lugar. La pequeña dosis de afecto que todos necesitamos para sobrevivir, la encuentra en su amante a ratos perdidos, la prostituta Charo,y en ese increíble personaje, en lo físico y en lo psíquico, que es el bueno de Biscuter. No pide más, un buen plato, quemar un libro en la chimenea de su casa de Valvidriera, una visita rápida a Charo, entre cliente y cliente, y una conversación surrealista y casi siempre gastronómica con Biscuter. Con tan escasas ambiciones no es de extrañar que su vida privada no sufra demasiadas complicaciones. En cambio su vida profesional no deja de complicarle la vida hasta los linderos de la muerte. Y no poca culpa de ello la tiene su debilidad por las mujeres más complicadas que encuentra en su camino. Uno está tentado de pensar que Carvalho necesariamente tiene que ser un hombre muy desgraciado y que llora por las noches, a escondidas. Pero bien mirado el resto de personajes que deambulan por sus historias no son precisamente dignos de envidia, sus vidas vacías basculan entre la maldad más perversa y la tontería más supina a la hora de escoger los valores que deben gobernar toda vida. Al menos él tiene la fidelidad de Biscuter, los pechos acogedores y maternales de Charo y la posibilidad de disfrutara de un buen plato y un buen vino mientras observa cómo las páginas del libro de turno se volatilizan en la chimenea, símbolo de lo indigesto que resulta alimentarse solo de ficción y de cómo la realidad a menudo es tan vacía que hay que guardarla en el estuche de cartón de un libro, para luego quemarla, en los momentos más desesperados.

Todas las historias de Carvalho dejan un regustillo amargo en la boca, pero estos tres relatos largos o novelas cortas no dan mucho tiempo a rumiar y eso se nota en que se lleva mucho mejor la acidez de una disección o autopsia de esta sociedad que no tiene remedio y nunca lo tendrá. Si estas tres historias les saben a poco pueden continuar con otras tres, Tres historias de fantasmas, en las que el confeso agnosticismo del autor y de su personaje no salen tan mal parados, como un ateo discreto en la visita a una iglesia.

SINOPSIS

En estas tres historias de amor Calvalho se enfrenta al cadáver de una antigua amante de la que fue un extraño Pigmalión. La melancolía le puede mientras intenta encontrar al asesino que siempre hay tras todo cadáver. También debe saber qué le ha pasado a un viejo rockero, de esos que nunca mueren, pero cuyo cadáver aparece junto a la basura, como un símbolo de la degradación que todos acabamos sufriendo en esta sociedad. Y en la tercera historia una mujer amoral y tan vacía que parece un fantasma es víctima lógica y kármica de sus extraños deseos.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: MANUEL VAZQUEZ MONTALBÁN
TÍTULO: TRES HISTORIAS DE AMOR
EDITORIAL: PLANETA
ISBN: 9788408028103
GÉNERO: NOVELA NEGRA