Categoría: MI BIBLIOTECA PERSONAL

MI BIBLIOTECA PERSONAL XXXI


MIENTRAS AGONIZO DE WILLIAM FAULKNER

Ha comenzado el verano, al menos climatológicamente, y como todos los veranos en Soria me gusta salir al porche, sobre todo cuando sopla brisa, aunque sea muy ligera, para leer tranquilamente mis libros del porche, ahora mismo las obras completas de William Faulkner, de editorial Aguilar, primer tomo, La comedia Humana de Balzac, primer tomo y El tiempo recobrado de Proust. Acabo de terminar de leer Mientras agonizo de Faulkner y antes de comenzar la segunda novela, El ruido y la Furia, en este caso relectura, he reflexionado sobre lo que ha supuesto en mi vida Faulker, como lector y como escritor.

Como a buena parte de los clásicos, los grandes escritores de todos los tiempos, lo descubrí en mi juventud, época muy intensa de lecturas, porque antes de lograr pisar por primera vez una discoteca me encerraba en mi cuarto, leyendo compulsivamente mientras escuchaba en el transistor de aquellos tiempos Radio 2 de RNE, radio clásica. Si no recuerdo mal la primera novela que leí de Faulkner fue Santuario, aunque también pudo ser El ruido y la furia. Lecturas de la biblioteca pública de León porque en mi biblioteca no existió ningún libro de Faulkner comprado hasta que compré El Villorio en una edición de bolsillo y hace solo unos años las obras completas de Aguilar en la Cuesta de Mollano, bastante barato, de segunda mano.

Antes de leer Mientras agonizo me empapé del excelente estudio preliminar de Michael Millgate. Debo reconocer que Faulkner es un autor difícil, no tanto como Joyce o Proust, pongamos por caso, pero no es fácil de leer, entre otras razones porque su estilo es muy bueno, muy trabajado, y todas las obras literarias con un gran estilo no son fáciles de leer por definición. No es que un excelente estilo aburra, pero sí es cierto que si quieres leer una novela de un tirón, disfrutando del ritmo y los vericuetos de la historia, un estilo muy cuidado te obliga a leer con calma, disfrutando del lenguaje, que no se te escape nada, con lo que, por muy interesante y hasta apasionante que sea una historia, no puedes leerla compulsivamente, lo mismo que no puedes disfrutar de una obra maestra de la pintura mientras pasas al galope por las salas de un museo. Hay autores que son para leer a lo largo de toda la vida, con calma,sin la menor prisa, disfrutando de cada momento, tomándote tu tiempo y con adecuados periodos de descanso. Los lectores compulsivos están bien para la novela negra u otro tipo de literatura, que sin desmerecer por su calidad, su ritmo narrativo endiablado o sus historias con suspense, apasionantes, permiten al lector abismarse en ellas durante horas y horas, hasta rematarlas. Los autores clásicos son para leer en el porche, a la sombra, con un poco de brisa, con todo el tiempo del mundo, levantando la cabeza de vez en cuando para contemplar el paisaje, haciendo pausas para echar un pitillo o ir al frigorífico por una cerveza. No puedo aconsejar mi forma de leer, saltando de una novela a otra, porque eso en mi caso es patológico, aunque lo disfrute mucho y nunca pierda el hilo, pero sí es aconsejable leer solo hasta donde la concentración te lo permita, en el momento en que tengas que repasar un párrafo, porque no te has enterado, es conveniente dejarlo para otro rato o para el día siguiente.

Para mí Faulkner tiene cualidades que permiten una lectura más fácil que otros clásicos-mamotretos. Su sentido del humor ayuda a que el dramatismo de la narración no te apabulle y te deje para el arrastre. Es un sentido del humor muy peculiar, como lo son todos, según el país del autor o su carácter o idiosincrasia, pero a mí me encanta, porque es fino, muy de la tierra, generoso, sin buscar cebarse en las personas o las sociedades. Sin duda fue lo que más aprecié en la primera lectura. No es un humor cervantino, por ejemplo, pero sí enraíza en la tierra como lo hace el humor del Quijote.

A veces, a lo largo de mi vida, he hablado con lectores de nuestros respectivos gustos, y me he encontrado con que muchos de ellos han abandonado por completo la ilusión de poder leer algún día y disfrutarlos, libros difíciles o mamotretos, con El Quijote, El Ulises, a La busca del tiempo perdido, etc etc. Incluso me han comentado que se han atrevido con la Iliada o la Odisea de Homero, o con tal o cual libro, famoso por su dificultad, pero no han podido terminarlos, demasiado sacrificio, me han dicho, para los resultados finales. No se trata de sufrir, no se trata de convertirse en un lector masoquista, buscando el mayor sufrimiento posible. Para mí la lectura de los clásicos o de los autores difíciles no es un placer masoquista, si tengo un defecto es el de ser muy hedonista, con la comida, con la literatura, al escribir, con lo que sea. Busco sobre todo el placer, pero a veces uno debe de pesar en la balanza de precisión si merece la pena un determinado esfuerzo o no. En mi caso hay razones poderosas que pesan mucho en el platillo a la hora de decidir leer un determinado libro, a toda costa, por muy “mamotreto” que sea. Y que son éstas:

-Un excelente estilo siempre es digno de ser leído y apreciado, aunque cueste, y no solo porque seas un escritor aficionado y necesites aprender. El lenguaje exquisito, bello, preciso, maravilloso es en sí mismo una obra de arte. Hay que saber apreciarlo, como un cuadro que se mira sin prisas en un museo, sin pasar al galope porque hay muchos más, buscando las diferentes perspectivas y distancias, reflexionando, entrando en éxtasis, regresando mañana o dentro de un mes o de un año. No puedes pasar ante las obras maestras de la pintura como un ejército de japoneses, cámara en ristre, preocupados porque no se les pase nada y por aprovechar hasta el último minuto. Una obra maestra de la pintura es para disfrutar toda la vida, regresando al museo cuando sea posible y buscando la soledad y el silencio, sin reloj, sin nada que marque un tiempo limitado, hasta que cierre el museo. Con una obra maestra de la literatura hay que tomarse su tiempo y aunque solo sea porque el estilo merece la pena, hay que aceptar que no estamos en una discoteca, con una copa de más, desmelenándonos y buscando la aventura a cualquier precio. Un maravilloso estilo nos permite apreciar la profundidad del lenguaje, sus recovecos, sus posibilidades y el lenguaje es uno de los instrumentos imprescindibles para la comunicación y sin comunicación no hay relaciones interpersonales que merezcan la pena. No se trata de estudiar el estilo como si fuera un trabajo tan duro como convertir un erial en un huerto frondoso, cavando y cavando, regando, sudando, sufriendo y sufriendo. El estilo literario agudiza la mente, cultiva las facultades de nuestra psiquis, hasta sensibiliza el alma. Hablar bien, escribir bien, disfrutar de un buen estilo no es un castigo que nos merecemos por nuestros muchos pecados, es un placer de la mente, del corazón, del alma, es una forma maravillosa de pulirnos como personas, como seres humanos. Si para eso hay que cavar y sudar un poco, pues se suda y no pasa nada.

-Cuando una historia merece la pena, no importa que el estilo nos haga sentir como si estuviéramos en una carrera de obstáculos. Una historia dramática, una comedia, una historia profundamente humana siempre merecerán la pena aunque uno tenga que sufrir un poco. Y cuando hablo de historia estoy hablando de la historia individual de los personajes, pero también la colectiva, del retrato de una sociedad, de la humanidad en general.

-Si los personajes son sólidos, humanos, profundos, si nos aportan mucho a nuestras vidas, si nos hacen reír, si nos hacen llorar, entonces merecerá la pena leerse un mamotreto. El Quijote merecería la pena solo por sus personajes.

-Si la trama está bien estructurada, si se nota al arquitecto en los muros y en los techos, en las cúpulas y en las ruinas, es muy probable que también haya buenos personajes y una buena historia. No importa el tiempo que nos lleve leer un libro, lo que suframos, una buena estructura siempre merece la pena y si va acompañada de una buena historia y unos excelentes personajes, no lo dudemos.

Estas son entre otras las cualidades que yo aprecio en una buena novela y por eso no me importa sufrir un poco o un mucho leyendo el Ulises de Joyce, que estoy releyendo ahora también, o A la busca del tiempo perdido de Proust, o la Comedia humana de Balzac, o las obras completas de Faulkner. No me importa tardar años en leer uno de estos mamotretos y luego darme más años de reposo hasta su relectura, siempre merecerá la pena.

Faulkner tiene un estilo excelente, muy trabajado; sus personajes son una mina de oro, maravillosos, sus historias son humanas y siempre merecen la pena, en plan drama o en plan comedia. Su estructura narrativa es algo a estudiar con detenimiento. Como es el caso de Mientras agonizo. Una novela sorprendente, entre otras cosas por el enorme trabajo que debió suponerle al lector. Como escritor aficionado me siento pasmado cuando imagino el increíble trabajo que supuso escribir esta novela. Una novela con muchos personajes que van narrando la historia, uno por uno, cuando les toca, que van apareciendo cuando es necesario y nos van contando lo que ven o lo que les pasa o ha pasado, cada uno con su propia voz, su propio carácter que se adecua al episodio de la historia que les toca contar. Es asombroso, es una gigantesca tela de araña, muy sutil, perfecta, que nos cuenta una historia tan humana y dramática como es la muerte de una persona, en este caso la madre de la familia, que agoniza mientras los otros personajes siguen viviendo, incluso cuando comienzan a trabajar artesanalmente en el ataúd.

No importa que a veces el autor deba actuar de narrador omnisciente, sin cambiar a la tercera persona, mezclando la primera persona del personaje que está narrando, la historia no pierde nada, ni parece inverosímil, al contrario, se hace más verosímil, más humana, más literaria. Nuestros personajes pertenecen a la tierra, no son personas cultas, no pueden narrar como un escritor exquisito, y sin embargo a veces deben hacerlo para que se capte un paisaje con toda su fuerza, algo que solo un gran narrador puede hacer. A veces la historia necesita un toque de un narrador culto con un estilo exquisito. Faulkner puede pasar de la narración pueblerina de un personaje a la narración de un gran escritor en el siguiente, sin que el cambio de estilo rechine o nos haga preguntarnos por la verosimilitud de lo que se está contando. En este sentido me quito el sombrero porque yo nunca lo he conseguido, mis chabacanos personajes humorísticos nunca logran pasar a un narrador de gran estilo sin que todo rechino. Es un gran trabajo, un formidable trabajo. Como mantener el carácter de tanto personaje de un episodio o capítulo a otro, cuando ya han pasado por la trama otros muchos personajes que han narrado lo que les correspondía. Si ya con un solo narrador, omnisciente o testigo, en tercera o en primera persona, muchas historias suponen un trabajo meticuloso y agobiante, el utilizar a todos los personajes de la historia como narradores, sin que pierdan el hilo, sin que el lector se pregunte qué personaje está narrando ahora, sin tener que mirar el título del capítulo, es de un mérito apabullante.

Mientras leía esta novela me he planteado cómo la hubiera planteado yo y si hubiera podido rematarla, no ya conseguir una obra maestra, simplemente acabarla. Me he sentido completamente agotado antes de empezar. Ni aunque tengas un montón de cuadernos, como tengo yo, para mis novelas, índice de personajes, esbozo de los mismos, trama cronológica, estructura… lo que quieras. Esto sobrepasa el trabajo normal de cualquier escritor. Hay que ser un genio para conseguirlo.

¿Y qué decir del diálogo? Maravilloso. Hay personajes, como Vardaman, el niño, que es inconfundible por sus diálogos y cuyas narraciones no pueden confundirse en ningún momento con las de cualquier otro adulto. A través del diálogo es como Faulkner consigue que un párrafo de exquisito estilo no rechine en el capítulo correspondiente del personaje, porque en cuanto habla sabes que es él y la exquisita descripción paisajística o dramática no desentona porque autor y narrador-personaje se han unido estrechamente, en una sola persona, no en dos, y la sutileza y suavidad con que luego se desvinculan hace que no haya grietas, que nada rechine. Cuando el personaje regresa al diálogo, una vez que la historia ha avanzado con el párrafo narrativo, uno sabe que nunca ha salido de allí, de la granja, del paisaje, del gran río desbordado, de la profunda humanidad de los personajes que van y vienen.

Una novela impresionante que uno debe releer varias veces a lo largo de la vida para disfrutarla más y más. Como toda la obra de Faulkner. Convertir el paisaje de su infancia, adolescencia, juventud, de su vida, en uno de los paisajes literarios más impresionantes de la historia de la literatura, como es el caso de Macondo de García Marquez, en este caso el condado de Yoknapatawpha, es uno de los logros más fantásticos de la historia de la literatura. Y en cuanto a los personajes uno se plantea si no los encontraría por la calle o por el campo si fuera trasladado a aquel entorno y en aquel momento histórico. Es lógico que un autor se rebele a la hora de desvelar de dónde saca sus personajes, especialmente si utiliza personas reales y vivas, pero lo mismo que en el caso de Dostoievsky, uno sabe que esos personajes no se crean de la nada, son reales, aunque luego la ficción los manipule, pode, pegue o los convierta en un puzzle.

La siguiente relectura será el Ruido y la Furia y luego Santuario, sin olvidarme de las primeras lecturas, aún hay una buena parte de la obra de Faulkner que me resta por leer. Aconsejar al lector que se atreva con la obra de este exquisito escritor que se lo tome con calma, sabiendo que una obra maestra de la pintura no puede apreciarse de una sola mirada.

https://es.wikipedia.org/wiki/William_Faulkner

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MI BIBLIOTECA PERSONAL XXX


DIARIO DE INVIERNO DE PAUL AUSTER

Confieso mi fascinación por los diarios de escritores. Acabo de leer este maravilloso Diario de invierno de Paul Auster al tiempo que estoy leyendo los diarios de André Gide y he comenzado a leer los diarios de Julien Green, en francés porque no los he encontrado en español, un autoregalo de cumpleaños. Como autor de un diario sé muy bien la dificultad de este género o subgénero literario, donde la sinceridad es un reto, el desvelamiento de la intimidad algo muy complicado y el poner toda la carne en el asador algo realmente muy doloroso. Por eso me he sentido, no solo fascinado, sino intensamente conmovido por este diario de Paul Auster, un fantástico escritor del que he leído la mayor parte de su obra. El hecho de que Paul forme parte de mi generación, aunque es un poco mayor que yo, y de que haya dedicado su vida a escribir hace de este diario algo que me atañe muy personalmente.

¿Cómo se escribe un diario que abarca toda una vida? Yo mismo me lo he planteado y las dificultades son muchas, no puedes escribir sobre toda tu vida de forma cronológica, desde tus primeros recuerdos de niño, incluso de bebé, hasta tu momento presente. Necesitas una estructura convincente y globalizadora y unas tijeras de podar muy grandes, muy afiladas y extremadamente finas. Podar una vida es tan doloroso como viviseccionarte, como intentar cortar tu cuerpo en rodajitas y quedarte con lo esencial. ¿Qué es lo esencial en un cuerpo físico? ¿Qué es lo esencial en una vida? ¿Qué se puede ocultar sin que sufra la sinceridad imprescindible con la que se debe afrontar la escritura de un diario? ¿A qué nos obliga la discreción cuando están implicadas otras personas? Nuestra vida ni es “nuestra” ni es posible eliminar de ella a todas las personas con las que nos hemos encontrado en el duro camino de la vida. Y sin embargo los otros también tienen derecho a su intimidad y a su honor. ¿Entonces? Hay que mantener un delicado equilibrio en la cuerda floja. No queda otra. Puedes escribir un diario a lo largo de toda tu vida, un diario cronológico, aunque te puedas saltar fechas, porque escribir todos y cada uno de los días de tu vida solo está al alcance de unos pocos, pongamos por caso los diarios de Anaïs Nin, o puedes ponerte un día a recapitular tu vida y escribirla como una novela, en el caso de Auster corta, porque asombra como se puede resumir una vida en tan escasos folios.

Y aquí entra la creatividad de un escritor. Paul nos da un fantástico paseo por su vida utilizando pequeños trucos que funcionan a las mil maravillas. Así el recordar todas las casas en las que ha vivido le permite mostrarnos trozos de su vida que funcionan como secuencias cinematográficas en las que puede entrar lo esencial o simplemente lo más emotivo. Se puede contar el momento actual y a continuación remontarse hacia un momento o etapa del pasado, basándose en algo que se ha dicho o en un nombre que aparece al rememorar esos momentos. Estos pequeños trucos resultan asombrosos por la variedad, la originalidad y la creatividad con la que se resume una vida. Se lee de un tirón, con total empatía, con la diversión que nos produce una novela con mucho ritmo y además nos encontramos con una persona muy interesante que nos desnuda su alma sin alharacas, sin adornos, sin falsos esteticismos, con naturalidad y sobre todo con intensa emotividad. Porque lo que más me ha gustado de este diario es esa sinceridad natural y apabullante con la que nos cuenta lo que ha sido su vida, sin ocultar vergüenzas, momentos dramáticos o intimidades que a cualquier otra persona le resultaría complicado poner en el escaparate, de cara al público.

No hay nada más profundo, más interesante, más afectivo, más espiritual, que entrar en la intimidad de una persona, porque él mismo nos ha abierto la puerta y como un amigo, más que como un anfitrión afectado y grandilocuente, nos muestra cómo es su casa, sin haberla limpiado expresamente para la ocasión. Así es mi casa, así soy yo, así vivo, nos dice Paul Aster, y no puedo lamentar que me veas tal como soy, porque esto no es una ficción, esto es la vida, esto soy yo. La profunda empatía que sufre el lector al leer este diario nace precisamente de ahí. Es cierto que puedes intuir que no se dice todo, que hay cosas que deben ser tranquilamente puestas aparte, porque como he dicho cuando hay otras intimidades que respetar la sensibilidad y la prudencia con la que te mueves en la cuerda floja indica la calidad de tu alma. Así puedes echar de menos, si has vivido en pareja, que no se hable de ciertas cosas que todos sabemos que ocurren en la vida de pareja, pero es suficiente con que nos de dos o tres o cuatro pinceladas, secuencias breves, de esa vida en pareja para que uno pueda intuir el resto, sin necesidad de saciar una curiosidad morbosa e inútil. Cuando el autor del diario no nos oculta alguna de sus vergüenzas, que cualquier otra persona ocultaría con pudibundez o incluso miedo, nos genera confianza, sabemos que no está escribiendo una autobiografía autorizada en lo que solo se dice lo mejor del personaje, lo que ha sido autorizado, lo que le ensalza. Generar confianza es fundamental en el autor de un diario. Si el lector intuye que nos están llevando en volandas por un hogar que ha sido limpiado y ordenado durante mucho tiempo antes del momento de la visita y que hay muchas puertas cerradas y muchos rincones por los que se pasa a toda velocidad, sabe que no es amigo del anfitrión, es una comparsa que éste utiliza para inflar un poco su ego.

Leyendo este diario de Paul Auster uno se siente su amigo, porque estas confidencias no se le hacen a un desconocido. Esto predispone al lector a disfrutar de la amistad de una gran persona, aunque sea de forma virtual, a distancia. Y cuando llegas al final sientes que te gustaría conocer a esa persona, darle un abrazo, charlar tranquilamente mientras te tomas un café en su casa, porque es una persona digna de confianza por la que es fácil sentir afecto. Uno no quiere ser solo un lector, sino un amigo, y este es uno de los mayores triunfos de un diario, no justificar lo que ha sido tu vida, sino mostrarte tal como eres y esperar que eso genere comunicación y afectividad. Es cierto que un escritor, como es mi caso, puede echar de menos algunas palabras sobre el nacimiento y desarrollo de algunas de sus novelas, pero este no es exactamente el diario de un escritor, sino el diario de una persona que escribe, que no es lo mismo. Como lector ávido y apasionado de su obra y como escritor siento una enorme curiosidad por saber cómo escribe Paul Aster, cómo se le ocurren las ideas para sus novelas, cómo ha sido su vida de escritor, con sus altibajos y sus momentos difíciles, pero Paul no pretende eso, este es un diario de invierno, que se escribe a solas, mientras afuera cae la nieve y hace frío, recuerdas tu vida, sientes profundamente cada acontecimiento, estás más o menos triste o alegre, no bloqueas los recuerdos dramáticos, es como si percibieras la proximidad de la muerte y lo que necesitas es saber que tu vida a pesar de todos los pesares ha tenido pleno sentido. Eso es todo, casi nada.

Te gustaría no terminar de leer el libro, seguir disfrutando y disfrutando, pero es muy corto, muy denso, pero corto, al tiempo que muy entretenido, gracias a esos pequeños trucos tan creativos. No solo disfrutas, escuchas cómo un amigo te cuenta su vida y estás a gusto, no tienes la tentación de salir huyendo porque algo, o muchas cosas, te molestan, te repugnan. Reconozco que no he encontrado las raíces de su obra en su diario, no me explica al autor de esas historias tan extrañas, con personajes tan peculiares, esa especie de surrealismo mágico, esa creatividad y originalidad que uno no sabe muy bien de dónde viene. Su vida da algunas claves, pero no las suficientes. Si sus novelas pueden tener alguna dificultad para el lector, por la dificultad de ponerse en la piel del personaje que suele sufrir mucho, por la necesidad de darse un descanso en unas historias muy intensas emocionalmente, el diario se lee con una sorprendente facilidad, es como la conversación de un amigo que sabe expresarse muy bien y que no utiliza un lenguaje rebuscado que te obliga a consultar el diccionario cada dos por tres. Te cuenta su vida y la escuchas conmovido, porque sientes una maravillosa proximidad, porque tu vida también, de alguna forma es así, porque las vidas de todos los seres humanos son así. Un libro imprescindible para los lectores de Paul Auster, pero también para quienes tienen suficiente sensibilidad humana para escuchar a otro ser humano hablar de su vida, con naturalidad, con humanidad, con enorme afectividad.

SINOPSIS

Paul Auster, refugiado en un rincón de su casa en N.Y., mientras fuera adivinamos la nieve y el frío, nos va desgranando lo que ha sido su vida. No ocurre que nos sintamos decepcionados por algo y deseemos que nos cuente sobre otros momentos de su vida, porque todo el diario es un salto mágico, de adelante hacia atrás, de atrás hacia delante. Nos describe las casas en las que ha vivido, qué le llevo a ellas, cómo era su vida, al tiempo que un nombre, una frase, le lleva a un momento concreto en el tiempo, un amigo de infancia, sus padres, su vida de estudiante, sus viajes, sus trabajos, sus novias, sus amores, sus dificultades. No es un relato cronológico que comienza por el principio y sigue hasta el final, aunque al lector no le interesen demasiado algunos momentos, es un salto constante en el tiempo y todo lo que cuenta es interesante, humano, emocional, afectivo. Desde la melancolía del que sabe que está viviendo la última etapa de su vida, que puede terminar en cualquier momento, la vida se ve como lo que es, un fugaz, intenso y espiritual momento en el tiempo que nunca volverá a repetirse.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: PAUL AUSTER
TÍTULO ORIGINAL: WINTER JOURNAL
EDITORIAL: ANAGRAMA
ISBN 978-84-339-7829-5
GÉNERO: NARRATIVA
SUBGÉNERO: DIARIO


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MI BIBLIOTECA PERSONAL XIX


ANTONIO BUERO VALLEJO

https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Buero_Vallejo

LA FUNDACIÓN

No elijo esta obra porque la considere la mejor de Buero, a mi juicio tiene obras mejores y más dramáticas, sino porque tuve la suerte de verla personalmente en al menos un par de montajes, aparte de tener el libro y también un vídeo en la versión que hizo tve en aquel mítico programa titulado Estudio 1. Desde mi juventud fui un apasionado del teatro de Buero, por su dramatismo, su estructura teatral, sus diálogos, sus personajes y su temática. Su vida ya fue de por sí suficientemente dramática, con un fusilamiento que no llegó a realizarse, gracias a Dios, lo que le emparenta con el gran Dostoievski. Su lucha con la dictadura franquista sin exilarse también tiene para mí un gran mérito, la lucha contra la censura, el mantener una ideología y una filosofía vital que chocaban frontalmente con los postulados de la dictadura, me hacen ver a la persona con una perspectiva en la que la dignidad del ser humano es exaltada casi hasta el misticismo, a pesar de su conocido agnosticismo.

La Fundación, a mi juicio, tiene el gran mérito de cimentarse en un montaje muy interesante con muchas posibilidades dramáticas. A pesar de que no me gusta nada desvelar finales, creo que lo llaman spoiler, para comprender mi admiración por esta obra debo hacerlo. En una supuesta fundación, bastante agradable, sobre todo al principio, vemos deambular a un personaje que nos parece muy ingenuo, romántico y lleno de buena voluntad y buenos propósitos. Pero ya desde el principio hay cosas que no encajan y que llaman la atención del espectador. Poco a poco, con un ritmo preciso y muy dramático, va cayendo esa especie de velo de Maya -otra de las poderosas razones por las que me resulta muy interesante esta obra- en la que vive el protagonista, como de alguna manera vivimos todos, incapaces de enfrentarnos de una vez y para siempre a la dura realidad de la vida, esa que nos dice que somos mortales y vamos a morir algún día, no precisamente muy lejano. Cuando al final el protagonista, cuya mente ya es incapaz de mantener el engaño, asume que está viviendo en una cárcel y que su fuga de la realidad -muy cercana a la enfermedad mental- se debe a un acto mezquino y miserable de chivato, solo comprensible desde la tortura, al espectador se le cae también el alma a los pies. A todos nos gustaría vivir en un mundo mejor, más feliz, más humano, más fraternal, pero la realidad es la que es, como en la Fundación. Otro de los grandes atractivos de esta obra es para mí esa forma tan cercana y humana de ver la enfermedad mental. Aunque es cierto, al menos que recuerde, que ninguna de sus obras se trata la enfermedad mental como tal, en muchas de ellas los personajes, aunque arrojados al abismo por la tortura, acaban pasando la línea roja y situándose al otro lado, claramente en el mundo de la enfermedad mental. Y no solo ocurre con las víctimas, sino también con los verdugos, como en La doble historia del doctor Valmy. Aunque Buero no sea un autor que trate la enfermedad mental como tal, con profundidad y sin caretas, sí está muy cercano a bastantes de mis postulados sobre la enfermedad mental y las personas que la sufren.

La tortura es algo casi omnipresente en la obra de Buero, no en vano estuvo en la cárcel, donde fue también torturado y con la mayor tortura que puede sufrir un ser humano, la de aceptar su propia muerte y luego la resurrección milagrosa. Es evidente que esto le marcó como persona y también como dramaturgo, dando a toda su obra una profundidad, una humanidad y una dignidad en la lucha contra el mal y sus esbirros, donde quiera que estén y sean quienes fueren, que para mí le alza a la cúspide del teatro español, al menos del siglo XX, situándole muy arriba en cualquier pirámide teatral española que uno intente confeccionar. La tortura es una forma casi demoníaca de llegar a la enfermedad mental, tanto en la víctima de la tortura como en el torturador. Es esta característica de la tortura la que me ha interesado como enfermo mental, casi tanto como persona que aspira a la gran meta de vivir y morir dignamente. Se podría decir que la tortura es una especie de experimento de laboratorio, artificial, para alcanzar una enfermedad mental a la que normalmente se llega por una predisposición genética, un entorno, una cultura y una serie de acontecimientos dramáticos. A mi juicio, por muy fuerte que sea una persona, por muy digna, por mucho que sea capaz de enfrentarse al sufrimiento y a la muerte, ante la tortura está siempre indefenso como un niño. Todos los torturados, todos los torturadores acaban en la enfermedad mental, como un cordero acabará en las garras de una manada de lobos, a poco que se derrumbe la cerca que le protege. La llegada a la enfermedad mental desde este abismo infernal le da unas características propias a la enfermedad que permite su análisis más al desnudo que en los demás casos.

Esta es para mí una obra que siempre admiré y que en alguna ocasión he estado a punto de utilizar en mis textos sobre la enfermedad mental, también en mis textos budistas. Pero toda la obra de Buero es admirable, por sus personajes, por sus situaciones, por su estructura teatral, muchas veces original, novedosa y llena de hallazgos. Admiro al autor y también a la persona, puesto que aunque no le conocí y uno no sabe cómo es verdaderamente una persona hasta que convive con ella, su obra y la dignidad con que enfrentó su vida tras un acontecimiento tan terrible como un fusilamiento que no llegó a realizarse, es para mí un ejemplo.

Repasando toda su obra en la wikipedia observo que aún me faltan obras por leer, en una primera lectura. Puedo hablar de las que tengo en mi biblioteca. Historia de una escalera; En la ardiente oscuridad; Las cartas boca abajo; Un soñador para un pueblo; Las Meninas; El concierto de San Ovidio; El tragaluz; La doble historia del doctor Valmy; El sueño de la razón; La fundación y Caimán, sin contar las que pude ver en representaciones televisivas o teatrales en persona.

Aunque para muchos el teatro es el género literario más moribundo, que siempre está muriendo, agonizando, y que nunca termina de morir, para mí sigue teniendo plena vigencia a pesar de todas las modernuras y de la importancia que tiene el montaje frente al texto del autor, que puede redimirlo o hundirlo en la miseria. En algún momento de mi trayectoria como escritor aficionado incursioné en el teatro, sin llegar a terminar ninguna obra, como por otro lado me ocurre con la novela o con la mayoría de mis textos. Aún recuerdo esa obra que tengo sin terminar y que espero también rematar algún día, titulada “Algunas consideraciones sobre la guerra psicológica” y que inicié precisamente cuando estaba viviendo un acoso, un mobbing, verdaderamente infernal. Tal vez haya sido incapaz de terminarla por la rabia, la cólera muda, el deseo de venganza y otros sentimientos igualmente poco constructivos, que me llevaron a tomarme esa obra como algo personal. También recuerdo otra, la pistola, poco satisfactoria, aunque sigo creyendo que muy aprovechable.

Si hasta ahora no he tocado en esta sección el teatro, la poesía u otros géneros literarios ha sido por dejadez y por una obsesión por la novela que me ha impedido ver el bosque. Pero mi biblioteca personal está conformada también por una buena parte de obras de teatro, poesía, ensayo, etc que también deben figurar aquí, o no sería mi biblioteca personal. Que este sea el primer paso. Y que este sea un homenaje, más que merecido, a Bueno Vallejo, al teatro español y al teatro universal.

MI BIBLIOTECA PERSONAL XVIII


CUANDO EL ROJO ES NEGRO DE XIALONG

Estoy leyendo con mucho interés toda la serie de novelas de Qiu Xialong, protagonizadas por el inspector jefe Chen. Como me suele suceder con estas series o sagas, a veces debo volver hacia atrás para leer alguna novela que se me había pasado en la lectura cronológica. Comencé con el caso Mao, de 2009, continué con Seda roja, de 2007, Muerte de una heroína roja del 2000, Visado para Shangai del 2002 y el caso de las dos ciudades del 2006. Ahora le toca a Cuando el rojo es negro, del 2004. Aunque las novelas se pueden leer de forma independiente, es aconsejable hacerlo de forma cronológica, en todas ellas la historia del inspector jefe Chen y de su ayudante el detective Yu va avanzando, por lo que de esta forma se evitan anacronías que no son muy importantes, pero sí molestas.

No conocía a Qiu Xialong, un escritor de novela policiaca muy interesante, no porque revolucione el género negro, sino más bien por el retrato de la sociedad china que ofrece a través de sus historias. Nació en Shangai en 1953 por lo que tiene tres años más que yo. El retrato que hace de esta ciudad no le quita el aura cinematográfica de películas como la dama de Shangai de Orson Wells o el embrujo de Shangai, novela de Juan Marsé llevada al cine por Fernando Trueba. Antes de saber que el autor vive desde 1988 en USA y da clases en la universidad de Saint-Louis, me llamó la atención que estas novelas pudieran haber sido escritas en China y autorizadas por el régimen. No hay en ellas una crítica feroz al régimen chino, a pesar de que el padre del autor fuera víctima de la revolución cultural de 1966 y él sufriera las consecuencias hasta su traslado a USA. Yo diría incluso que llama la atención su objetividad y ecuanimidad.

El inspector jefe Chen es uno de esos personajes de novela negra que permanecerán en la historia de la novela negra, como tantos otros que sería muy largo citar aquí. Como todos ellos es un solitario, aunque no se le den muy mal las relaciones sociales. Como el autor el personaje también es traductor al chino de autores de habla inglesa, pero lo que más llama la atención es su condición de poeta (ahora mismo no encuentro ningún antecedente en protagonistas de novelas de este género) y no es un mal poeta, a juzgar por alguno de sus versos, pero sobre todo sorprende su conocimiento de la poesía histórica china de poetas de diferentes dinastías. Sus citas de estos poetas, además de encantar al lector amante de la poesía y hacerle desear leer poesía china tradicional, van jalonando la investigación y dando un toque intuitivo a las elucubraciones del inspector. Porque, en efecto, nuestro icónico detective se parece más a un Sherlock Holmes tradicional, muy intuitivo y deductivo, que a los detectives de la novela negra más característica, repleta de violencia. Es algo que sorprende al lector apasionado y habitual de este género, porque cuesta recordar un momento en el que salgan a relucir armas de fuego y se escuchen disparos. Ahora mismo solo recuerdo una escena de una novela, no puedo concretar, en la que el inspector se ve tiroteado y tiene que llamar con su móvil reglamentario para pedir ayuda al destacamento de policía más cercano. No parece llevar un arma encima, por lo menos no se menciona nunca, o tal vez si se hace en alguna ocasión pasa desapercibido al lector. Sorprende y mucho que un policía como él y su ayudante puedan investigar caso tras caso sin necesidad de sacar el arma ni una sola vez. La violencia en la sociedad china parece estar aún a años luz de la violencia en las sociedades de los países occidentales. Cierto que se genera violencia, se producen crímenes, pero son como algo bastante insólito, aún muy lejano de la ola de violencia tan frecuente en otras novelas negras que retratan sociedades occidentales.

La investigación del crimen es la clásica en la novela policiaca clásica, tal vez más cercana a Agatha Christie y Conan Doyle, los más conocidos en esta clase de novelas, que la accidentada y violenta investigación que llevan a cabo detectives y policías en la novela negra, donde quien no recibe un balazo sufre una paliza, sino es secuestrado y torturado. El respeto en la sociedad china por el policía resulta insólito para un lector occidental. El personaje tiene algunos atractivos para el lector sensible, como es su condición de poeta, a veces escribiendo versos en plena investigación, su erudición sobre la poesía china tradicional, junto alguna que otra máxima confuciana, pero sobre todo, para algunos lectores gourmets, como es mi caso, resulta apasionante la descripción y degustación de platos de la cocina china, más o menos tradicional o moderna. En este sentido me recuerda mucho a Carvalho, el detective de Vazquez Montalbán, aunque se diferencia claramente por su afición a los libros y la visita a las bibliotecas públicas, algo que no encajaría en Carvalho, ya de vuelta de todo, y que se dedica más a la quema de libros que a visitar bibliotecas.

Para un lector occidental resulta apasionante la descripción que hace el autor, a través de su personaje, de la ciudad de Shangai y de la sociedad china. Tal vez lo más llamativo sea ese hacinamiento increíble y espectacular en el que parece vivir todo el mundo, excepto los altos cuadros del partido comunista chino y los nuevos ricos surgidos al amparo de algunas libertades de mercado que se van abriendo paso en una sociedad típicamente comunista. Para un fóbico social como yo semejante hacinamiento pone el vello de punta y sería insufrible para un claustrofóbico. En algunos momentos puede recordar el camarote de los hermanos Marx o lo que podrían sentir las sardinas dentro de una lata. El tema de la vivienda parece ser un problema insoluble en China y la llegada o advenimiento del capitalismo tradicional tampoco parece ser capaz de encontrar solución alguna, salvo para los ricos. Una sociedad tan superpoblada como la China tiene que acostumbrarse a vivir hacinada, intentando mantener un orden estricto, tal como las hormigas en el hormiguero. La descripción de los edificios repletos de vecinos, donde los pisos normales han sido tabicados una y otra vez para lograr que entren más familias, en visiones esperpénticas del camarote de los hermanos Marx, resulta tan insólita para el lector occidental, a pesar del problema de la vivienda y de los okupas, que tiene que irse acostumbrando a este tipo de vida conforme va leyendo todas las novelas de la saga.

Hay otra característica insólita en el inspector jefe Chen y es su pertenencia al partido comunista, donde va ascendiendo, sin mucho interés por su parte, todo sea dicho, y su mano izquierda, nunca mejor dicho, para “torear” a los mandos regionales del partido cuando la investigación del crimen de turno choca frontalmente con los intereses del partido. Algunos personajes políticos que van apareciendo en estas historias son de un color gris tan opaco que por sí solos pueden retratar la clase política china. A lo largo de las historias se va haciendo un buen repaso a la historia china, desde Mao, el gran dictador, a Deng Xiaoping, pasando a la revolución cultural, la guardia roja y tantos otros iconos chinos del siglo XX. Lo que en estas novelas se cuenta ayuda mucho a comprender la historia china y cómo fue vivida por los diferentes grupos sociales y cómo puede ir evolucionando la sociedad china hacia un capitalismo “sui géneris” que uno piensa que con el tiempo no se diferenciará gran cosa de nuestro conocido capitalismo occidental. Se atisba con fuerza cómo son y serán los nuevos ricos chinos y cómo encajan en una sociedad comunista, algo que hasta la lectura de estas novelas a mí me resultaba particularmente incomprensible. Concretamente en esta novela la traducción al inglés de un proyecto de urbanización o ciudad moderna, que respeta al mismo tiempo la construcción china tradicional, que se encarga por un millonario al inspector jefe Chen hace que su ayudante Yu, tenga un importante papel, algo que por otro lado también tenía, aunque menos en las otras novelas de la serie. Es un personaje muy interesante, una especie de doctor Watson chino, que junto son su familia, su esposa y su hijo, así como su padre, un viejo policía jubilado, nos permiten hacernos una idea de cómo es y cómo funciona la familia china. Hay otros personajes secundarios muy interesantes, como en esta novela en concreto la secretaria que le es impuesta a Chen por el millonario que le hace el encargo.

Entre los grandes hallazgos de esta novela y de toda la saga están los personajes, muy sólidos, muy bien trazados, muy chinos, se podría decir. Es uno de los andamiajes básicos de esta saga, como lo es también la descripción de la sociedad china basada en una ciudad tan mítica como Shangai. Estas historias tienen muchos alicientes para el lector occidental interesado en la cultura china, aunque tal vez el lector habitual y apasionado de novela negra se sienta un poco desilusionado porque las investigaciones de los crímenes, a pesar de su interés, su ritmo y suspense, no aportan mucha originalidad y son más interesantes para el lector de novela policíaca deductiva clásica que para el lector caníbal de novela negra, repleta de cadáveres y de violencia.

Para mí ha sido una lectura muy amena, interesante, a veces apasionante y sobre todo un descubrimiento de la novela policíaca negra que desconocía totalmente. Una lectura exótica como lo será el descubrimiento de la novela negra japonesa en lo que estoy ahora. Dentro del género la peculiaridad del cada país le da un toque muy especial, más en los casos de países exóticos y desconocidos como puede ser China. Un consejo para el lector, si puede que se lea la saga de forma cronológica, desde la primera novela hasta la última, aunque si no le resulta posible no debería renunciar a la lectura de la novela que caiga en sus manos, creo que no le decepcionará, salvo que no pueda prescindir de la sangre y la violencia de la novela negra más caníbal.

SINOPSIS

El inspector jefe Chen ha pedido unas merecidas vacaciones que va a dedicar, por encargo de un millonario, a la traducción del chino al inglés de una especie de folleto que este millonario deberá entregar a sus socios occidentales para que le ayuden a financiar una urbanización moderna basada en un modo de construir tradicional chino. No puede resistirse a los cuantiosos emolumentos que se le ofrecen, aparte de la simpatía que siente por el millonario al que debe algún favor. Mientras traduce, con la inestimable ayuda de una adorable secretaria que le es impuesta por el millonario, su ayudante, el detective Yu, deberá ocuparse de investigar un crimen que tiene trazas de ser político, por lo que la presión resulta insufrible. Cuando la novelista Yin es asesinada en su diminuto cuarto de un edificio tradicional tras la publicación de una novela muy crítica con la guardia roja y la revolución cultural, el detective Yu debe hacerse cargo de toda la investigación, aunque el inspector jefe Chen no dejará de aportar sus conocidas intuiciones y sus versos.

FICHA TÉCNICA

AUTOR: QIU XIALONG
TÍTULO ORIGINAL: When Red is Black
EDITORIAL: ALMUZARA
SBN: 9788496968974
GÉNERO: NARRATIVA
SUBGÉNERO: NOVELA NEGRA

MI BIBLIOTECA PERSONAL XVII


MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN Y OTRAS NOVELAS DE PíO BAROJA

Aunque creo haber leído a Paco Umbral que la serie de novelas históricas de Pío Baroja con ese título eran lo más flojo de la producción del gran novelista, es difícil encontrar en un novelista de su altura “algo flojo” como reconoce el mismo Umbral. Se podrían comparar con los episodios nacionales de Galdós, como incluso dice la misma wikipedia. Es una gran suerte que dos novelistas de máxima altura, como Galdós y Baroja, se hayan ocupado de ciertos episodios de la historia de España, porque aunque sean novelas y ninguno de estos autores lo niega, no dejan de ser “históricas” y ayudan extraordinariamente a comprender la España del siglo XIX, un regalo para quienes gustamos de la historia pero no hasta el punto de rumiar mamotretos de datos y estadísticas.

Çomo me ha sucedido con los episodios de Galdós, hubiera supuesto para mí un gran esfuerzo económico hacerme con todos los tomos en papel, por lo que he completado los que me faltaban con libros digitales. Me resulta un poco triste comenzar a rellenar mi “biblioteca personal” con libros digitales porque no me siento con ellos como si fueran “míos”, como me sucede con los libros en papel, que puedo oler, que he manoseado y ensuciado hasta dejar en cada página mis huellas digitales. El libro digital es casi tan impersonal como navegar por Internet. Sin embargo y de alguna manera todos estos libros que he leído o estoy leyendo son un poco míos y los estoy inventariando junto con los libros en papel, como conformando mi biblioteca personal. Teniendo en cuenta los libros de Baroja que tengo en papel creo que juntarlos todos en un estante, digámoslo así, me permite sentirme menos culpable y al tiempo mato dos pájaros de un tiro al poder comentar, aunque sea brevemente la obra de Baroja en papel que forma parte de mi biblioteca desde hace años.

Echando mano del incompleto índice de libros que estoy confeccionando, observo que aparecen los siguientes libros, que tal vez sea alguno más, aún no inventariado:

ZALACAIN EL AVENTURERO(Espasa Calpe-Austral).
EL ARBOL DE LA CIENCIA(Alianza Editorial-Bolsillo).
LA LUCHA POR LA VIDA.
-LA BUSCA.- Editorial El Mundo Millenium
-LA MALA HIERBA.- El Mundo Millenium.
-AURORA ROJA.- El Mundo Millenium.

Mi primer contacto con la obra de Baroja se produjo en la escuela, donde se nos obligaba a memorizar los nombres y circunstancias personales de los grandes de nuestra literatura, leyendo algún párrafo de sus obras más emblemáticas, El maestro, como todos los que han comentado la obra de Baroja, insistía en la sencillez de su estilo, en lo fácil que era de leer y a pesar de ello en su maestría estilística y sobre todo como narrador. Una de las características de Baroja como novelista, que todo crítico y lector acepta como dogma, es la de que es uno de los mejores narradores de nuestra literatura y por lo tanto de la literatura mundial. Ser un gran narrador no quiere decir que necesariamente sea fácil de leer, que lo puedan leer con gusto hasta los niños. Ser grande en la narrativa no exige necesariamente ser ameno, divertido, sencillo. Hay grandes narradores en la historia de la literatura que exigen un pequeño o gran esfuerzo del lector. Se dice de Baroja que es tan sencillo de leer como beberse un vaso de agua. Es cierto que su estilo es sencillo, lineal, con mucho ritmo, nada complicado, si puede emplear un solo adjetivo para describir algo nunca empleará dos. Como decía el gran novelista Graham Green, si quieres contar una historia que tenga ritmo, con buen pulso narrativo, no debes empedrarla de adjetivos, el adjetivo es imprescindible para describir la realidad, pero cuantos más adjetivos introduzcas en una narración, más decrece el ritmo, transformando la historia en un laberinto. Es como pintar un cuadro con todos los colores de la paleta, procurando que no falte ninguno y que se noten todos, al final resultará una pintura espesa, sin perspectiva y sin el menor interés para el espectador.

Zalacaín y El Árbol de la ciencia fueron las primeras incorporaciones a mi biblioteca, en ediciones baratas pero buenas, como eran las de la editorial Austral. Pero no he leído solo las novelas que obran en mi poder, porque en los tiempos en los que visitaba las bibliotecas públicas y sacaba prestados muchos libros, recuerdo haber comenzado con el primer tomo de las obras completas de Baroja y seguido hasta que decidí cambiar de autor, para no agobiarme. Aun me quedan obras por leer de este prolijo autor, entre ellas estas memorias que he comenzado hace algunos meses y de las que acabo de terminar el tomo IV. Son novelas cortas, con mucha acción y la reflexión y la descripción justas. Parece ser que Avinareta fue un ancestro de Baroja, o al menos eso decía él y que en buena parte se respetan los jalones históricos de la vida de este conspirador del siglo XIX que al parecer tuvo tiempo para casi todo. Sus historias son entretenidas y a menudo apasionantes, aunque no se detiene mucho para profundizar en los personajes o completar las descripciones. Se parecen bastante a los cuentos que nos contaban en invierno cerca del fuego y en los que era impensable que el narrador detuviera la acción para decirnos cómo iban vestidos los personajes o describir todos los colores del bosque de Caperucita. No falta un adjetivo cuando es necesario ni una descripción cuando es imprescindible, pero fundamentalmente estas novelas son pura acción, como dice el título, Memorias de un hombre de acción. Aún a pesar de la distancia en el tiempo -el siglo XIX nos queda muy lejos- merece la pena leerse estas veintiuna novelas, sino seguidas, salteándolas con otras novelas en las que estemos interesados.

Se dice de Baroja que es un escritor realista y que nos cuenta siempre la realidad, más o menos inventada o distorsionada para hacerse ficción. Como ocurre con otro gran escritor español realista, Delibes, a quien traeremos pronto a esta biblioteca, los apuntes de la realidad siempre son imprescindibles para confeccionar la novela, una historia anclada en el amplio mar de la realidad. Como lector he disfrutado mucho leyendo a Baroja y como escritor aún he aprendido más.

Zalacaín el aventurero forma parte de su tetralogía sobre la tierra vasca. Luego leería en la biblioteca pública el resto de la tetralogía. Tengo prevista su relectura en cuanto me sea posible.

El Árbol de la ciencia forma parte de la trilogía sobre la raza, compuesta además por La dama errante y la ciudad de la niebla, que aún me quedan por leer.

La lucha por la vida está compuesta por La busca, La mala hierba y Aurora roja.

Aprovechando el mucho tiempo que me deja la jubilación he iniciado estas dos largas sagas, los Episodios nacionales de Galdós y las Memorias de un hombre de acción, de Baroja, curiosamente ambas sobre episodios muy parecidos y sobre una época cronológica idéntica. Me llevará su tiempo, pero es lo que me sobra. Creo que para todo escritor que se precie haber leído a Galdós o Baroja es imprescindible, y más vale tarde que nunca. Intentaré completar mis lecturas sobre ambos autores de una forma sistemática, incluso para un lector insaciable siempre hay obras importantes de la historia de la literatura por leer y que tal vez no se consiga en una sola vida.

MI BIBLIOTECA PERSONAL XVI


EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO DE CARSON MACCULLERS

Siguiendo con mi racha de escritores americanos voy de descubrimiento en descubrimiento. Si la lectura de Saul Bellow fue un impacto que me hizo pensar que en realidad aún me quedaban grandes escritores por descubrir, la lectura de la novela de Lula Carson Smith, alias Carson MacCullers, me ha dejado sin aliento. Aún tengo media docena de autores norteamericanos en cartera que iré leyendo en estos meses, al tiempo que me he puesto a releer con entusiasmo otros grandes autores que descubrí en mi juventud y que ahora, en mi jubilación, quiero repasar con calma, disfrutando cada una de sus novelas sin la menor prisa, así por ejemplo Henry Miller o Faulkner a los que ya estoy releyendo desde el principio. Uno tiene la tentación de creer que ya lo ha leído todo y que no le queda ningún autor genial por descubrir, solo segundones. En realidad la historia de la literatura es tan amplia y hay tantos y tantos escritores geniales que por mucho que uno haya leído a lo largo de su vida siempre quedará algo nuevo y maravilloso por descubrir.

Por supuesto que había oído hablar de Carson MacCullers, aunque tan poco que incluso tenía dudas si era hombre o mujer. Hace años me impactó mucho la película de John Huston, Reflejos en un ojo dorado, basado en su segunda novela. Me quedé con la copla, como se dice, al tiempo que me llamó la atención la admiración que destilaban ciertos comentarios de algún que otro escritor consagrado. Podía haber buscado sus novelas y haberlas comprado, como hice en su momento con Bellow, pero lo dejé estar, de acuerdo a mi curiosa máxima de que cada libro llega a nosotros en el momento más oportuno de nuestra vida.

La vida de esta maravillosa escritora fue durísima, debido en gran parte a la enfermedad física, pero leyendo su primera y más conocida novela, El corazón es un cazador solitario, el lector se da cuenta de que antes de que llegara la enfermedad física la propia vida ya había horadado su sensible corazón. Para ser una primera novela es increíblemente madura, sensible, genial. Me llama especialmente la atención la solidez de sus personajes, un poco al estilo dostoievskiano, tan humanos, tan reales, tan perfectamente trazados que hasta los secundarios son auténticas obras maestras en el difícil arte de la creación de personajes. No he podido constatar que leyera a Dostoievski, aunque creo que es un autor imprescindible para cualquier escritor, y supongo que no podía faltar en su biblioteca personal. El mudo Singer, el personaje central de la historia, es un personaje antológico, a la altura de cualquier otro en la historia de la literatura. Pero hay otros, muchos más, verdaderas joyas, como la conmovedora Mick Kelly, una chica un tanto hombruna, verdadero genio musical posiblemente perdido, con una ingenuidad y un corazón tan tierno que a mí particularmente me atrapó. También están Jack Blount, un alcohólico revolucionario y conflictivo, uno de los alcohólicos antológicos de la historia de la literatura, o Biff Brannon, dueño de un restaurante peculiar, un observador nato, una psicología tan patológica como entrañablemente humana, o el doctor Copeland, de raza negra, un auténtico humanista en el sentido más pleno de la palabra, se preocupa por los seres humanos, por la humanidad, pero especialmente por los de su raza. Una especial mención al amigo de Singer, un griego, que es claramente un enfermo mental y que de hecho termina en un psiquiátrico.

Con este andamiaje no es de extrañar que la novela tenga que funcionar, sí o sí, porque a la autora le basta con contarnos un poco de la vida cotidiana de los personajes para que la historia vaya avanzando, pillando al lector sensible como si se tratara de un thriller policiaco, solo que aquí no se trata de descubrir al asesino sino las profundidades del alma de los personajes. El ritmo es tranquilo, no hay prisa por llegar a otra parte que a donde nos quieran llevar los personajes. La novela tiene el propio ritmo de la vida, un ritmo coral, como nosotros mismos podemos ver en nuestro entorno si somos capaces de fijarnos en las personas con las que nos cruzamos. Ambientada en el sur americano, la sensibilidad de la autora hacia estos personajes marginados por la sociedad, marginados por algún defecto físico o por alguna lacra psicológica, es tan profundamente humana y yo diría también que tan femenina que no me hubiera creído que el autor era un hombre por mucho que me lo hubiera dicho la wikipedia. A pesar de esta sensibilidad la novela no tiene nada de ñoña, de culebrón dramático, por el contrario es tan dura como la vida misma, lo mismo que la vida no se casa con nadie tampoco lo hace la autora, aunque el lector intuye cómo le han tenido que llegar estos personajes, tal vez basados en personas reales que ella conoció, a la autora para que nos los describa con tan maravillosa empatía.

Para mí es una obra maestra de la literatura y me asombra que sea tan poco conocida, puesto que uno tiene que esforzarse un poco para encontrar a grandes autores que digan haberla leído y admirado. Es como la gran escritora invisible de la novela americana, sabes que existe si estás muy atento, pero no te la restriegan precisamente por los ojos. Aún no he leído su segunda novela, Reflejos en un ojo dorado, pero vista la película de Huston, uno intuye perfectamente lo que puede ser la novela, esa sensibilidad tan especial hacia todos los marginados por razón de raza, inclinaciones sexuales o lo que sea. Me atrevería a decir que hay algo de realismo mágico en estas historias, pero no por lo atemporales, ya que reflejan muy bien una época -esta novela se escribió en 1940 y la siguiente en 1941, en plena guerra mundial y el fascismo aparece para algunos personajes como algo lejano hasta que descubren la brutalidad del genocidio- sino por el tratamiento psicológico de los personajes que supuestamente deberían ser muy grises y que sin embargo son casi mágicos debido a la profundidad con la que la autora disecciona sus almas.

Me parece una novela imprescindible y una autora a descubrir ya, si no se ha hecho aún. He tenido un gozo casi espiritual leyendo esta novela y descubriendo a una autora que pasa de inmediato a la cúspide de la pirámide de mis valores literarios, tal como me ocurrió con Bellow, y aún me quedan algunos más. De joven creí que cuando llegara a la jubilación ya habría tirado al suelo todas las grandes hojas del árbol de la literatura y que tendría que escudriñar el ramaje con lupa para ver si encontraba algo que mereciera la pena. Era un ingenuo. No solo me está pasando con la literatura norteamericana sino también con la europea, me avergüenza confesar que estoy empezando a descubrir a Hermann Broch, un novelista alemán que es equiparado con Joyce y Proust como fundador de la novela moderna por algunas críticas que he leído hace poco. Acabo de comenzar a leer su Muerte de Virgilio, una novela que también se equipara al Ulises de Joyce por su extraordinaria dificultad a la hora de ser leída. Cuando creía que iba a dedicar mi jubilación a la relectura de los grandes clásicos descubro asombrado que necesitaría varias vidas para leer a los grandes de la literatura, eso sin olvidarnos de los que no alcanzaron la cima pero estuvieron cerca. Es un gran placer de lector descubrir autores maravillosos que nos abren a nuevos mundos inexplorados.

SINOPSIS

Ya el comienzo es de una creatividad y originalidad pasmosas, uno ve a dos mudos, Singer y su amigo griego hablarse por señas. La introducción de estos personajes es antológica. Luego, conforme el auténtico gurú Singer, va desplazándose por su entorno vemos introducirse en la historia a todos estos maravillosos personajes. El mudo es la piedra angular de este edificio portentoso pero no significa que toda la historia se centre en él, la autora se detiene sin prisas en la vida de cada uno de ellos y al final uno tiene la sensación de estar viendo un mural, con tantos personajes y tantos detalles que resulta incluso más apasionante que el descubrimiento del asesino en una novela negra.

FICHA TÉCNICA

AUTORA: LULA CARSON SMITH, ALIAS CARSON MACCULLERS
TÍTULO ORIGINAL:The Heart Is a Lonely Hunter
EDITORIAL: SEIX BARRAL
ISBN: 9788432219573
GÉNERO: NARRATIVA

MI BIBLIOTECA PERSONAL XV


DIARIOS DE ANAIS NIN

Leyendo por primera vez sus diarios de infancia y adolescencia, que no había conseguido hasta ahora, me ha sorprendido descubrir la evolución de esta portentosa mujer a la que ya conocía desde mi juventud, cuando leí por primera vez sus diarios al tiempo que leía también la obra de Miller. Como escritor de diarios -comencé a escribir mi primer diario en unos cuadernos justo por esta época en Madrid, a la que yo denomino mi época negra, cuadernos que por desgracia quemé en una crisis hace algunos años- sé muy bien lo difícil que es mantener una continuidad en un diario, algo que Anais hace con voluntad de hierro puesto que es muy difícil encontrar algún salto en la cronología, aunque sea solo de un día, también he sufrido la dificultad que supone desear hablar exclusivamente de tu vida y mantener al margen a las demás personas que forman parte inextricable de ella. De hecho una parte de sus diarios permanecieron inéditos para no herir o molestar a alguno de ellos, especialmente sus amantes. Por eso me resulta ahora tan apasionante leer su Diario amoroso que he conseguido en formato digital. Además de todo ello para escribir un buen diario se requiere explotar, como diría Henry Miller, y olvidarse de lo que puedan pensar o decir de ti quienes lean ese diario, es más lo ideal sería escribirlo como si fueras a leerlo tú solo, sin la menor autocensura, y luego esperar a ver qué hacemos si tienes la suerte de que vaya a ser publicado. Tal vez se necesita alguna poda, pero siempre será preferible a escribir pensando en que fulanito o menganita se molestarían mucho si lo leyeran.

Cuando escribes sobre tu vida en un diario debes ser consciente de que estás haciendo un streptease, te estás desnudando hasta no dejar ni un poro de tu piel a cubierto, y olvidarte de lo que puedan pensar los demás de tu cuerpo desnudo, de tus defectos, de la erosión del tiempo o de la vida, de si vas a gustar mucho, hasta el punto de generar deseos libidinosos o si vas a causar tanta repugnancia que alguien, tal vez muchos, no puedan evitar el vómito. Anais Nin escribe como si nunca fueran a leer sus diarios, escribe para ella, sin miedo, sin vergüenza, con naturalidad. Cuando enseña algún párrafo a alguna amiga o luego a su amante Henry, aún se le nota el pudor cuando escribe sobre la vergüenza que esto le produce. Todos los escritores escribimos pensamos en ser publicados, pero dudo que Anais tuviera claro que intentaría publicar sus diarios, al menos hasta ya muy avanzados. Esta sinceridad y naturalidad hace que sus diarios sean profunda y sensiblemente humanos, incluso hasta el detalle ingenuo e incluso infantil. Ella no escribe pensando en los que la van a leer, escribe para sí misma, incluso convierte al diario en un amigo, como he descubierto ahora mientras leo sus diarios de adolescencia.

Aparte de una biografía, una vida, que merece la pena conocer en toda su profundidad e intensidad, los diarios de Anais tienen una gran calidad literaria, escribe muy bien, y ya forman parte indiscutible de la historia de la literatura. Es apasionante no solo descubrir el alma de esta gran mujer y su portentosa evolución sino también conocer a otros personajes, más o menos históricos y famosos, psiquiatras, escritores, todo el mundillo del París de aquellos tiempos o del Nueva York de su adolescencia y juventud. La personalidad de Anais Nin es indiscutible, pero me temo que no puede ser encasillada. Tal vez a ciertas feministas les gustaría proponer a esta mujer como símbolo de la liberación femenina y de la lucha por la igualdad, pero es imposible conseguirlo sin forzarla mucho. La propia Anais tampoco se preocupó mucho de estos temas, limitándose a vivir su vida a su manera y a evolucionara conforme las duras lecciones de la vida la iban moldeando. Es cierto que no fue una mujer tipo de su época, ni mucho menos una mujer-florero, todo lo contrario, pero sus vivencias, incluidas las sexuales, son personales e intransferibles, no formó parte de corriente alguna, defendiendo vivir su propia vida por encima de todo.

Es inevitable leer sus diarios desde la perspectiva masculina o femenina, pero esto no influye decisivamente en la lectura. Yo me he sentido como si leyera a cualquier otro ser humano, cualquier otra persona, al margen de su sexo o sus tendencias sexuales, solo en ocasiones puntuales uno no puede evitar darse cuenta de que la psicología femenina y la masculina siguen siendo distintas, como lo son sus cuerpos, gracias a Dios. Hay algo que siempre nos diferenciará, nos pongamos como nos pongamos, lo que no significa que se pueda permitir, eso jamás, la desigualdad o discriminación por razón del sexo, pero a la hora de vivir es cierto que seguirá habiendo diferencias importantes entre la mujer y el hombre.

En cuanto a su lectura como género erótico yo diría que su condición de diarios supera cualquier consideración de ese tipo. Anais es muy discreta, muy sensible, muy buena escritora a la hora de hablarnos de sus amantes o de su vida sexual, yo diría que es todo lo contrario a Henry Miller, quien resultaría realmente pornográfico si no fuera un escritor tan poderoso y si todos los personajes que aparecen en sus novelas no estuvieran tan vivos. Como yo mismo escribí en un intento de manual del perfecto escritor erótico, que inicié hace tiempo, para mí la única manera de diferenciar entre erotismo y pornografía sería que el erotismo lo practican seres humanos y la pornografía robots sin alma. Eso de diferenciarlas por la falda más o menos corta o por si se ve o no la ropa interior o por si se describe más o menos el acto sexual, me parece una tontería. A mi, particularmente, me resultan más pornográficas ciertas escenas sexuales en las que apenas se describe nada, pero que son protagonizadas por auténticos robots sin alma, que las escenas más fuertes de las novelas de Miller, porque el lector es perfectamente consciente de que son seres humanos los que están teniendo sexo.

La recomendación de los diarios de Anais Nin es absoluta, sin matices, sin géneros de los lectores, y no solo porque conocer a un ser humano por dentro siempre es recomendable, sino también como obra literaria.