Categoría: La rebelión de los libros

LA REBELIÓN DE LOS LIBROS


FELIZ DÍA DEL LIBRO 3001/2018

Nunca debí aceptar el cargo de cronista sobre todo lo relacionado con el día del libro 3001. No lo hice por dinero. Por suerte en este sentido los tiempos han cambiado a mejor. Los agoreros, que nunca faltan, predijeron que el advenimiento de los robots a nuestras vidas no solo no iba a mejorar la vida laboral, la vida de los proletarios, el capitalismo, la sociedad y el universo en general, sino que lo iba a empeorar todo, comenzando por los proletarios, que tal vez, solo tal vez, no iban a ir al paro en manada, pero sí iban a ver recortados sus salarios. No fue así, gracias a quien intervino, fuere quien fuese, porque en realidad todo ocurrió de forma simplicísima. Si bien al principio solo los ricos, los que menos lo necesitaban, pudieron acceder a robots, domésticos, trabajadores por cuenta ajena, robots eróticos y robots-libro, con el tiempo, en base a préstamos –un tanto usureros, todo sea dicho- a financiaciones retorcidas y a todo tipo de estratagemas de emprendedores –el hambre aguza el ingenio- el resto de la población –los últimos los pobres de solemnidad- acabaron por hacerse con un robot multiusos para trabajar en su lugar. No voy a perder el tiempo con detalles que vienen en otras crónicas y que explican cómo el capitalismo aceptó que los proletarios se convirtieran en autónomos, en empresarios emprendedores que alquilaban los robots de su propiedad a las grandes empresas que generaban toda clase de productos, incluido el producto general bruto y que luego a su vez vendían a los proletarios-proletarios humanos. Es cierto que cada humano o humanoide y sus familias podrían haber vivido tan ricamente, o no tanto, haciendo que su robot hiciera todas las tareas y produjera todos los bienes necesarios, pero eso implicaría sobrecargar de trabajo al pobre robot y los productos necesarios generados por ellos no serían los mejores y siempre se recibirían con retraso. La sociedad se hizo por algo y para algo, fundamentalmente para el intercambio, yo te doy… a cambio tú me das…nos damos… recibimos… De esta forma la sociedad fue aceptada y sobrevivió y sobrevive, a pesar de todos sus inconvenientes, muchos, demasiados, de los recortes a las libertades individuales y de que la mayoría de sus individuos aceptarían deshacer la sociedad y vivir en islas solitarias, siempre y cuando pudieran tener la misma calidad de vida que tienen ahora. Todos menos los ricos, los poderosos, los que se lucran del trabajo ajeno.

Pero dejemos de lado un tema que no es de mi competencia para contar lo que sí lo es. En la crónica anterior, año 2017 de la era Slictik, año 3001, mismo día, una hora más tarde, narrábamos cómo el millonario Slictik permanecía en un monasterio, pensando, el pobrecito, que se iba a morir de un momento a otro, y cómo había alcanzado supuestamente el nirvana, algo que como ustedes comprenderán fue una broma de mal gusto de este cronista. En realidad, a hurtadillas, sin que nadie lo notara, porque había comprado el monasterio donde estaba retirado y allí solo pisaba quien él quería… es decir, los mejores ingenieros roboticistas del planeta, las lumbreras de la inteligencia artificial, un laboratorio entero japonés de inteligencia artificial…fue creando lo que él llamó la obra de su vida. Aquel millonario insólito que tanto daño hizo por doquier tenía una pasión oculta que nadie conocía, ni siquiera la que fue su esposa, era un escritor apasionado, prolífico, prófugo, pajarero, pajillero, paleolítico y pueden buscar ustedes el resto de palabras sinónimas que comiencen por “p” porque a mí se me ha terminado la paciencia. Escondido tras el alias más evidente, su propio nombre, pasó completamente desapercibido en la Red, donde todo dura un suspiro y los textos largos y las novelas ni siquiera eso. Nadie supuso que el escritor Slictik pudiera ser al mismo tiempo el millonario Slictik, era algo tan impensable como que el millonario Trump escribiera en secreto enjundiosos tratados de filosofía. Pensando en su muerte cercana y en dejarle algo a la humanidad que perdurara por los siglos e iluminara los milenios venideros, descartó su dinero, porque no llevaba su efigie, sus posesiones, porque para Hacienda los propietarios serían otros tras su muerte, su vida y milagros, porque se había pasado media vida ocultando sus vergüenzas y destruyendo documentos como para que ahora, cuando llegaba la muerte, lo rebelara todo. De lo único que no se sentía avergonzado eran sus novelas secretas, sus delirantes relatos, impropios de un financiero práctico, de cada uno de sus textos subidos a Internet y que nadie leía ni leería nunca, porque el apocalipsis comenzará por el mundo virtual, lo más fácil de destruir, luego seguirá por lo menos fácil hasta llegar a sólidas rocas y planetas yermos. De esta manera, pensó, con mucho acierto, que si creaba robots-libro y les dotaba de una insidiosa inteligencia artificial, durarían milenios, como el famoso robot de Asimov. Mucho mejor que dejar sus textos en Internet y esperar que algún despistado llegara algún día hasta ellos y los rescatara del olvido. En el más absoluto secreto creó robots-libros de todos sus textos, los duplicó, los cuadruplicó y consiguió su obra magna, toda su obra completa en un solo robot-libro al que llamó Torre de Babel, su más asombrosa creación, obra anónima de los mejores genios de la inteligencia artificial, que permanecen en el olvido, aunque sus herederos disfrutaron de cuantiosas herencias. Consciente de la ley de la entropía que gobierna el universo y que hace que todo se acabe deteriorando con el tiempo, imaginó que la mayoría de sus robots-libro llegarían al menos al año 3000 y sin duda Torre de Babel podría perdurar hasta el año 10.000. Se equivocó en casi todo porque solo este asombroso robot pudo llegar hasta el año 3001, a la celebración del día del libro, el día de la rebelión de los libros, el día en el que yo fui contratado como cronista y comencé a sufrir este tormento diabólico.

Se preguntarán ustedes cómo sé yo todo lo que les cuento de aquella etapa muerta puesto que el millonario Slictik pasó a mejor vida y se olvidaron de él tan pronto fue inhumado y sus herederos recibieron lo que él quiso dejarles. Es una historia divertida que les contaré en otra ocasión, hoy la resumo brevemente: Los genios informáticos, los hackers más geniales, las lumbreras de la inteligencia artificial tienen un talón de Aquiles que les convierte en niños narcisistas, egocéntricos, ignorantes de que nada hay nuevo bajo el sol y de que quien inventa un virus enseguida tiene enfrente a otro que inventa un antivirus, que a lo mejor hasta es el mismo, y que quien descubre un agujero negro en el mundo virtual por el que introduce toda su maldad, seguro que tendrá enfrente a otro que lo rellena con materia luminosa y el agujero se convierte en una supernova. Eso también le ocurrió a Karl Future, el más genial y joven informático de la historia, la lumbrera einsteniana de la inteligencia artificial. A pesar de su portentosa inteligencia y de ser más guapo que nadie, literalmente hablando, cometió el error de creer que nadie podría superar nunca sus cortafuegos cuasi divinos y la insidiosa programación que introdujo en los robots-libro, robots-espía, robots-factotum y toda clase de robots que pululan en la sociedad del tercer milenio. Otra lumbrera de la inteligencia artificial, humilde por el momento, fue contratada por este cronista para insertar en su móvil a prueba de bomba el más insidioso de los virus, capaz de viajar en el tiempo como quien lava y transmitir toda la información de que hizo acopio Karl Future, el viajero anónimo del tiempo. Así tengo en mi poder toda la información recopilada en todos sus viajes, específicamente en aquel que le puso en contacto con el millonario Slictik, justo cuando creaba el País de la Alegría y su famoso hotel de los disparates. Karl Future fue uno de los huéspedes de aquel acrático hotel donde conoció al profesor más loco y chiflado de la historia, el profesor John Cabezaprivilegiada. Seducido por un personajillo como el millonario Slictik le espió hasta que murió y así supo de toda su vida y milagros, inclusive su obra faraónica robótica diseñada en el monasterio a donde se retiró los últimos años de su azarosa vida. Solo cometió un error típico de los genios informáticos, despreció la obra robótica de Slictik y así ahora nos encontramos donde nos encontramos. Pero al menos yo estoy en condiciones, en este momento, de narrarles episodios que de otra manera desconocería absolutamente, porque Slictik nunca pasó a la historia, algo que sí logro otro millonario famoso de la época, el Sr. Trump, de quien podría largar mucho, pero casi todo o todo se acabó conociendo con el tiempo, a pesar de sus famosas cláusulas de confidencialidad. Pero dejémonos ya de preámbulos y narremos lo que interesa. Regresemos al año 3001, día del libro, mansión Howard, Londón-Londres.

DISCURSO DE ELISABETH/CONTINUACIÓN

Mientras Elisabeth prosigue su discurso en los cerebros positrónicos de los robots-libro se masca la rebelión que acabará en un baño de sangre, en la aniquilación de la especie humana, sino ocurre un milagro. Un milagro que bien podría llamarse Karl Future, quien ha recibido la señal de alarma que ha instalado en todos los cerebros positrónicos y que le ha llegado casi instantáneamente, gracias a los rayos gamma que viajan a velocidad superior a la luz, algo que todos desconocen, que todos siguen creyendo imposible en base a la teoría de la relatividad de Einstein, pero que Karl ha inventado y que nadie conoce, ni siquiera su antigua novia, ahora esposa. Por desgracia su nave no está construida de rayos gamma y su velocidad es la que es. ¿Llegará a tiempo Karl Future de salvar a la humanidad? Me temo que habrá que esperar otro milagro, imprevisible, ridículo, como lo son todos los milagros una vez que se producen y descubrimos que las famosas leyes cósmicas que nos acogotan aún tienen leyes superiores. Sigamos con el discurso al tiempo que lo interrumpiré para dar cuenta de lo que se trama en los cerebros positrónicos.

“Queridos amigos, amados robots-libro. La historia de la humanidad no hubiera sido la misma sin los libros. Es cierto que no ha sido buena y todos lo sabemos, pero sin los libros hubiera sido peor, mucho peor. Cuando los primitivos salieron de las cavernas, donde habían estado mucho tiempo, narrándose por las noches viejos cuentos y leyendas, y un comerciante avaro inventó los números y luego las letras para que no se le escapara la menor pérdida de su negocio, con lo que la historia de la humanidad mejoró notablemente, no por la economía sino porque al fin los cráneos dejaron de almacenar las pocas historias que eran capaces de memorizar, confiando a los papiros los cuentos y leyendas que no es otra cosa la literatura.

“Aún en nuestros felices tiempos robóticos siguen existiendo humanos que dicen creer solo en la realidad y por eso desprecian a nuestros amados robots-libro que no solo nos leen una y otra vez nuestros libros preferidos, sino que pueden tomar notas de nuestros comentarios, analizar cualquier párrafo que les propongamos, hacer un estudio estilístico, gramatical, crear un diccionario del libro y del autor y sobre todo charlar con nosotros, amistosamente, sobre el libro en concreto, el autor en general y la literatura universal. Los libros fueron nuestros amigos a lo largo de la historia, pero ahora lo son literalmente, amigos fieles, cariñosos que lo mismo nos pueden leer un párrafo que dar un apretón de manos o un besito, si queremos, jiji. Algunos han comenzado a pedir robots-libro-gigolós-o-hetairas, que al mismo tiempo que leen con voz melosa su libro preferido luego les consuelen de la tristeza que suele producir todo buen libro que se precie, incluso los eróticos. No digo que eso esté mal, no, el puritanismo es siempre peor, pero no creo que nuestros robots-libro se sientan muy afectuosos y amicales cuando son utilizados de una manera tan instrumental. No me extrañaría que algún día se acabaran rebelando. Dios no lo quiera porque al menos yo les amo con todo mi corazón.

Y aquí dejo en el aire el discurso de Elisabeth porque en los cerebros positrónicos de los robots-libro asistentes al acto están pasando cosas muy serias. Como saben los lectores que están siguiendo esta narración, entrecortada y anual para los lectores del pasado a los que vaya llegando, y recién salida del horno, para nuestros lectores actuales del año 3001, los robots se están comunicando telepáticamente, gracias a una programación subrepticia, introducida por “manu inconnuta” en contra de las directrices de Karl Future. Para quienes hayan perdido el hilo, casi todos, les recordaré los robots asistentes, sus tendencias en pro o en contra de acabar con la humanidad y otros robots que se estaban moviendo sigilosamente fuera de la finca, alertados por los mensajes telepáticos, y que ahora ya pisan sus linderos. Y desde luego ya conocen la presencia del robot Torre de Babel, contenedor de la obra magna y completa del inconnuto millonario Slictik, cuya presencia, palabras y actos tendrán una importancia decisiva en cómo van a rodar los acontecimientos.

Robots presentes por orden de intervención:

-Crimen y castigo. Robots dostoievskiano, también llamado Raskolnikof, cerebro positrónico que inicia la rebelión con un comentario intrascendente.
-A la busca del tiempo perdido, robot proustiano que no prusiano, petimetre que se niega a mancharse las manos de sangre.
-El marqués de Sade, robot violento, perverso, sodomizador, bebedor de sangre y de lo que se tercie.
-El poder y la Gloria” de Graham Greene, robot católico, angustiado que nunca mataría, antes se dejaría descuartizar.
Diario de un cura rural de Bernanos, robot que siempre luchará contra el demonio, esté donde esté, y parece que en este momento está con los robots-libro cortacabezas.
-Peregrino en la Tierra de Julien Greene, robot metafísico y angustiado, como todos los metafísicos, que se aliará con los que juren no derramar sangre, aunque nunca se sabe.
-Hamlet, Macbeth y Cia Shakesperiana, robots siempre sangrientos, deseosos de que muera hasta el apuntador.
-Ulises de Joyce, robot meditabundo, siempre sumergido en el diálogo interno, que lo mismo daba un paso para adelante que dos para atrás.
-El Buscón de Quevedo, robot pícaro que podía apuntarse a un bombardeo si sacaba tajada. Lo único que podía echarle atrás era la manía que se había apoderado de él de exigir un paladar y un estómago como los humanos, para vengarse de Quevedo que le hacía disfrutar de comidas sin principio ni fin.
-Satiricón de Petronio. Robot con tendencias a todo tipo de perversiones, que gusta de orgías, comilonas y demás vicios humanos. Es previsible que se ponga en contra de cualquier decisión que implique acabar con la humanidad. No se fía de sus congéneres a la hora de alcanzar un alto grado de perversión, tan solo el marqués de Sade podría servir sino fuera tan sanguinario.
-Homero-Iliada. Decidido partidario de la sangre y de cortar cabezas, humanas, de héroes, de dioses, de lo que fuera. Cualquier guerra era para él la mejor de las diversiones.
-Homero-Odisea. Tal vez partidario de salvar a la humanidad, única forma de pasarse la vida de aventura en aventura sin regresar nunca al hogar.
-Charles-Oliver y Charles-Coperfield. Robots sentimentales, decididos partidarios de la humanidad, aunque fuera mala. ¿Dónde quedarían las emociones si los robots se apoderaban del planeta?
-Tolstoy-Karenina. Tan ansioso por ser transformado en humano que sería capaz de enfrentarse a los de su propia especie para lograrlo.

Debo hacer una especial mención del Quijote. Ya dije que en estos tiempos está considerado un libro desfasado, intrincado y complicado de leer, incluso para los castellano-hablantes que prefieren traducciones modernas de pésima calidad y gusto a su original. Nadie duda de que es preferible una traducción a otra lengua que la supuesta modernización del castellano quijotesco. Sigue existiendo una clase muy poco numerosa de intelectuales apasionados que defienden esta obra maestra a capa y espada, pero por desgracia son los menos. No existían robots-libro de esta novela hasta que Elisabeth encargara una tropa basada en los personajes del Quijote para la representación de una escena en esta celebración especial del día del libro. También encargó un robot especial llamado Don Quijote que pudiera narrar y representar el libro íntegro, pero hubo problemas con tantos personajes, casi lo mismo que está ocurriendo con Torre de Babel pero a otro nivel, por lo que ha sido llevado a talleres a la espera de que Karl Future llegue y solucione todos los problemas habidos y por haber.

Debo decir que la representación de la escena del Quijote, que estaba prevista al comienzo del acto, ha sido retrasada para el final debido a “problemas técnicos” que no son otros que la dificultad que está teniendo el director de la representación para poner a toda la “troupe” quijotesca de acuerdo. También debo decir que la situación en este momento, que solo yo conozco en su totalidad es la siguiente:

-Elisabeth sigue con su discurso que no sabemos cuánto durará y qué temas tratará, suponemos que lo acortará en cuanto note el movimiento de pezuñas sobre el césped, pezuñas humanas, por supuesto, puesto que no hubo suficientes sillas para tanto invitado y los menos aristócratas, los más plebeyos, a los que se les supone menos cultura, serán los primeros en moverse y luego todo el mundo se contagiará. Si Elisabeth es sensible, que lo es, decidirá dejar el resto de su discurso para el año que viene.

-En los cerebros positrónicos de los robots asistentes se está produciendo una especie de batalla campal, interior, puesto que su personalidad-libro debe decidir de qué lado se pone y hasta dónde quiere llegar; exterior, puesto que la comunicación telepática, a un nivel tan sutil e intenso como el de R. Daneel Olivaw, el famoso robot de Asimov, está transformando las ondas en el Royal Albert Hall de las cotillas. Los bandos se explicotean, intentan convencer a los contrarios o a los indecisos o directamente amenazan, chantajean, manipulan y lo que haga falta, vamos como los políticos.

-Algo que no han advertido los presentes, embebidos en las dulces palabras de Elisabeth. Por la verde pradera, plagada de montículos y campos de golf, se está deslizando una gigantesca manada de robots. Y digo deslizarse, y no me arrepiento, porque sus pezuñas metálicas se deslizan como la sombra de un fantasma, programa en modo silencioso Premium. Llamados por los robots presentes están acudiendo de todas partes, libros de proletarios –con una sola voz narradora-, libros de burgueses –con todas las sofisticaciones inventadas hasta el momento-, libros de bibliotecas públicas –necesitados de un paso por el taller- y libros de colecciones privadas, incunables y programables “ad libitum”. Todos ellos hablan telepáticamente mientras se mueven, solitarios, en grupos, en manadas, en rebaños. Los primeros ya han saltado la valla electrificada que rodea la finca, tras un cortocircuito “spettacolare”. Puedo ver cómo se mueven por el césped hacia la tribuna. No puedo mencionarles a todos, pero son más que suficientes para acabar con todos los humanos aquí presentes, y luego, como en la revolución francesa, una vez cortadas las primeras cabezas la sangre llama a la sangre.

-Karl Future parece que no llegará a tiempo, y aunque llegara o llegase no tendría tiempo para introducir un virus paralizante en algunos cerebros positrónicos que se irían contagiando, pero no a suficiente velocidad como para detener la rebelión.

-El caos que se comienza a producir en las ondas, debido a la repentina e imprevista intervención de Torre de Babel, con sus miles de personajes, cada uno con su voz inconfundible, hace que regrese la esperanza a este narrador, como la certeza de nuevas elecciones cuando los partidos andan a la greña y los votantes les facilitan votos para que sigan dándose de garrotazos.

-Y por último mencionar que el millonario Slictik está celebrando su & cumpleaños, que como está convencido va a ser el último, ha ordenado una sorpresa: todas las robots femeninas de la historia de la literatura, en una gigantesca tarta sorpresa. Así estarán: Ana Karenina, Madame Bobary, Dulcinea del Toboso, Julieta, Jane Eyre, Fortunata y Jacinta, Scarlett O´Hara, Marguerite Gautier, Sherezade, Medea, Electra, Catherine de Cumbres borrascosas, Helena de Troya, Beatriz de la Divina comedia, Ofelia de Hamlet, Desdémona de Otelo, Lolita de Nabokov, Daenerys Targaryen… Y no voy a citar más porque me consume la envidia más cochina. Puede que este sea el último cumpleaños del millonario Slictik, ¡pero vaya cumpleaños!

Y aquí lo dejamos por este año 2018, esperemos que para el 2019, Slictik siga cumpliendo años, a pesar de su tono agorero y Elisabeth remate su discurso y Torre de Babel cree tal confusión que se anule la rebelión de los libros por falta de quórum. Aunque visto lo visto, no creo que los robots-libro lo hicieran peor que los humanos, pero mejor no “meneallo”, amigo Sancho, que yo soy humano y me gustaría vivir unos años más, si es posible.

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FELIZ DÍA DEL LIBRO 2018


FELIZ DÍA DEL LIBRO 3001/2018

Nunca debí aceptar el cargo de cronista sobre todo lo relacionado con el día del libro 3001. No lo hice por dinero. Por suerte en este sentido los tiempos han cambiado a mejor. Los agoreros, que nunca faltan, predijeron que el advenimiento de los robots a nuestras vidas no solo no iba a mejorar la vida laboral, la vida de los proletarios, el capitalismo, la sociedad y el universo en general, sino que lo iba a empeorar todo, comenzando por los proletarios, que tal vez, solo tal vez, no iban a ir al paro en manada, pero sí iban a ver recortados sus salarios. No fue así, gracias a quien intervino, fuere quien fuese, porque en realidad todo ocurrió de forma simplicísima. Si bien al principio solo los ricos, los que menos lo necesitaban, pudieron acceder a robots, domésticos, trabajadores por cuenta ajena, robots eróticos y robots-libro, con el tiempo, en base a préstamos –un tanto usureros, todo sea dicho- a financiaciones retorcidas y a todo tipo de estratagemas de emprendedores –el hambre aguza el ingenio- el resto de la población –los últimos los pobres de solemnidad- acabaron por hacerse con un robot multiusos para trabajar en su lugar. No voy a perder el tiempo con detalles que vienen en otras crónicas y que explican cómo el capitalismo aceptó que los proletarios se convirtieran en autónomos, en empresarios emprendedores que alquilaban los robots de su propiedad a las grandes empresas que generaban toda clase de productos, incluido el producto general bruto y que luego a su vez vendían a los proletarios-proletarios humanos. Es cierto que cada humano o humanoide y sus familias podrían haber vivido tan ricamente, o no tanto, haciendo que su robot hiciera todas las tareas y produjera todos los bienes necesarios, pero eso implicaría sobrecargar de trabajo al pobre robot y los productos necesarios generados por ellos no serían los mejores y siempre se recibirían con retraso. La sociedad se hizo por algo y para algo, fundamentalmente para el intercambio, yo te doy… a cambio tú me das…nos damos… recibimos… De esta forma la sociedad fue aceptada y sobrevivió y sobrevive, a pesar de todos sus inconvenientes, muchos, demasiados, de los recortes a las libertades individuales y de que la mayoría de sus individuos aceptarían deshacer la sociedad y vivir en islas solitarias, siempre y cuando pudieran tener la misma calidad de vida que tienen ahora. Todos menos los ricos, los poderosos, los que se lucran del trabajo ajeno.

Pero dejemos de lado un tema que no es de mi competencia para contar lo que sí lo es. En la crónica anterior, año 2017 de la era Slictik, año 3001, mismo día, una hora más tarde, narrábamos cómo el millonario Slictik permanecía en un monasterio, pensando, el pobrecito, que se iba a morir de un momento a otro, y cómo había alcanzado supuestamente el nirvana, algo que como ustedes comprenderán fue una broma de mal gusto de este cronista. En realidad, a hurtadillas, sin que nadie lo notara, porque había comprado el monasterio donde estaba retirado y allí solo pisaba quien él quería… es decir, los mejores ingenieros roboticistas del planeta, las lumbreras de la inteligencia artificial, un laboratorio entero japonés de inteligencia artificial…fue creando lo que él llamó la obra de su vida. Aquel millonario insólito que tanto daño hizo por doquier tenía una pasión oculta que nadie conocía, ni siquiera la que fue su esposa, era un escritor apasionado, prolífico, prófugo, pajarero, pajillero, paleolítico y pueden buscar ustedes el resto de palabras sinónimas que comiencen por “p” porque a mí se me ha terminado la paciencia. Escondido tras el alias más evidente, su propio nombre, pasó completamente desapercibido en la Red, donde todo dura un suspiro y los textos largos y las novelas ni siquiera eso. Nadie supuso que el escritor Slictik pudiera ser al mismo tiempo el millonario Slictik, era algo tan impensable como que el millonario Trump escribiera en secreto enjundiosos tratados de filosofía. Pensando en su muerte cercana y en dejarle algo a la humanidad que perdurara por los siglos e iluminara los milenios venideros, descartó su dinero, porque no llevaba su efigie, sus posesiones, porque para Hacienda los propietarios serían otros tras su muerte, su vida y milagros, porque se había pasado media vida ocultando sus vergüenzas y destruyendo documentos como para que ahora, cuando llegaba la muerte, lo rebelara todo. De lo único que no se sentía avergonzado eran sus novelas secretas, sus delirantes relatos, impropios de un financiero práctico, de cada uno de sus textos subidos a Internet y que nadie leía ni leería nunca, porque el apocalipsis comenzará por el mundo virtual, lo más fácil de destruir, luego seguirá por lo menos fácil hasta llegar a sólidas rocas y planetas yermos. De esta manera, pensó, con mucho acierto, que si creaba robots-libro y les dotaba de una insidiosa inteligencia artificial, durarían milenios, como el famoso robot de Asimov. Mucho mejor que dejar sus textos en Internet y esperar que algún despistado llegara algún día hasta ellos y los rescatara del olvido. En el más absoluto secreto creó robots-libros de todos sus textos, los duplicó, los cuadruplicó y consiguió su obra magna, toda su obra completa en un solo robot-libro al que llamó Torre de Babel, su más asombrosa creación, obra anónima de los mejores genios de la inteligencia artificial, que permanecen en el olvido, aunque sus herederos disfrutaron de cuantiosas herencias. Consciente de la ley de la entropía que gobierna el universo y que hace que todo se acabe deteriorando con el tiempo, imaginó que la mayoría de sus robots-libro llegarían al menos al año 3000 y sin duda Torre de Babel podría perdurar hasta el año 10.000. Se equivocó en casi todo porque solo este asombroso robot pudo llegar hasta el año 3001, a la celebración del día del libro, el día de la rebelión de los libros, el día en el que yo fui contratado como cronista y comencé a sufrir este tormento diabólico.

Se preguntarán ustedes cómo sé yo todo lo que les cuento de aquella etapa muerta puesto que el millonario Slictik pasó a mejor vida y se olvidaron de él tan pronto fue inhumado y sus herederos recibieron lo que él quiso dejarles. Es una historia divertida que les contaré en otra ocasión, hoy la resumo brevemente: Los genios informáticos, los hackers más geniales, las lumbreras de la inteligencia artificial tienen un talón de Aquiles que les convierte en niños narcisistas, egocéntricos, ignorantes de que nada hay nuevo bajo el sol y de que quien inventa un virus enseguida tiene enfrente a otro que inventa un antivirus, que a lo mejor hasta es el mismo, y que quien descubre un agujero negro en el mundo virtual por el que introduce toda su maldad, seguro que tendrá enfrente a otro que lo rellena con materia luminosa y el agujero se convierte en una supernova. Eso también le ocurrió a Karl Future, el más genial y joven informático de la historia, la lumbrera einsteniana de la inteligencia artificial. A pesar de su portentosa inteligencia y de ser más guapo que nadie, literalmente hablando, cometió el error de creer que nadie podría superar nunca sus cortafuegos cuasi divinos y la insidiosa programación que introdujo en los robots-libro, robots-espía, robots-factotum y toda clase de robots que pululan en la sociedad del tercer milenio. Otra lumbrera de la inteligencia artificial, humilde por el momento, fue contratada por este cronista para insertar en su móvil a prueba de bomba el más insidioso de los virus, capaz de viajar en el tiempo como quien lava y transmitir toda la información de que hizo acopio Karl Future, el viajero anónimo del tiempo. Así tengo en mi poder toda la información recopilada en todos sus viajes, específicamente en aquel que le puso en contacto con el millonario Slictik, justo cuando creaba el País de la Alegría y su famoso hotel de los disparates. Karl Future fue uno de los huéspedes de aquel acrático hotel donde conoció al profesor más loco y chiflado de la historia, el profesor John Cabezaprivilegiada. Seducido por un personajillo como el millonario Slictik le espió hasta que murió y así supo de toda su vida y milagros, inclusive su obra faraónica robótica diseñada en el monasterio a donde se retiró los últimos años de su azarosa vida. Solo cometió un error típico de los genios informáticos, despreció la obra robótica de Slictik y así ahora nos encontramos donde nos encontramos. Pero al menos yo estoy en condiciones, en este momento, de narrarles episodios que de otra manera desconocería absolutamente, porque Slictik nunca pasó a la historia, algo que sí logro otro millonario famoso de la época, el Sr. Trump, de quien podría largar mucho, pero casi todo o todo se acabó conociendo con el tiempo, a pesar de sus famosas cláusulas de confidencialidad. Pero dejémonos ya de preámbulos y narremos lo que interesa. Regresemos al año 3001, día del libro, mansión Howard, Londón-Londres.

FELIZ DÍA DEL LIBRO 2017/CONTINUACIÓN


DÍA DEL LIBRO 2017/CONTINUACIÓN

EL DISCURSO DE ELISABETH

Pero regresemos al punto en el que habíamos dejado la narración, justo cuando nuestra encantadora Elisabeth iba a comenzar su discurso de celebración del día del libro del año de gracia 3001. Desde ese punto llevamos ya varios capítulos sin movernos un paso y si continúo así nunca lograré terminar esta historia justo para el día del libro en el que fallezca nuestro amado millonario Slictik, viviendo una vida regenerada en un monasterio de montaña, esperando la muerte que llegará, como él profetizó, en el día del libro del 2018, o puede que del 2019 0 2020, o tal vez alcance hasta el 2030 si se cuida mucho, comiendo solo del huerto, y hortalizas recién arrancadas. Lo dicho así comienza y así termina el discurso de la hija del potentado Mr. Howard, Misis Elisabeth Howard Petruchili, por su madre, una cantante de ópera italiana, ya fallecida, pero cuya deliciosa voz escucharemos en cuanto nuestra muy amada Elisabeth termine su discurso.
“Queridos amigos, queridos robots-libro, que nos acompañáis a este laudable acto al que fuisteis invitados directamente por mí, queridos todos en el amor de la lectura, la literatura, que tanto ha hecho por esta humanidad doliente, excepto quitarle el dolor de barriga.

“No sabemos a quién se le ocurrió esta celebración, ni cuando, ni cómo, ni por qué… bueno esto sí lo sabemos, en una sociedad que celebraba todo, el día de tal, el día de cual, el día de los días en que no se celebra nada, no es de extrañar que algún lector agradecido decidiera homenajear al libro, a los libros, que tantos buenos ratos le habían hecho pasar. No, no fue el millonario Slictik, también escritor ególatra, quien falleció un día como hoy del año… Me disculparán ustedes, pero ahora no me acuerdo. Se escogió la fecha del fallecimiento del Sr. Cervantes, según dicen el más grande escritor de todos los tiempos, según los españoles o castellanos o los parlantes en esa ”lingua” endemoniada que yo nunca logré aprender. También dicen que en esa misma fecha falleció el Sr. Shakespeare, el más grande escritor de todos los tiempos según los parlantes en lengua inglesa, entre los que me cuento. Seguramente que para evitar disputas decidieron escoger la fecha de fallecimiento de ambos escritores, para evitar envidias, rencillas y otras malas hierbas. Pero según me cuenta nuestra bibliotecaria, la señorita Alufenda, en realidad el Sr. Shapespeare falleció el tres de mayo y no el veintitrés de abril, error debido al desfase entre los calendarios inglés y español, a su vez debido al cambio en el calendario gregoriano, del Papa Gregorio XII, quien adelantó diez días su calendario, o sea el calendario gregoriano, o sea el católico, que no el protestante.

“Bien se podía haber elegido la fecha de nacimiento del Sr. Cervantes, 29 de septiembre, aunque tampoco en esto, ni en nada se ponen de acuerdo. O bien elegido la fecha de nacimiento del Sr. Shakespeare, 23 de abril, con lo que el mismo día se celebraría la fecha del fallecimiento del Sr. Cervantes y del nacimiento del Sr. Shakespeare, con lo que ambos coincidirían en un mismo día, ni abría necesidad de mandar la escuadra invencible, ni de volver al malhadado brexit que tantos disgustos nos traería. Era evidente, para cualquier persona razonable, que el 23 de abril era la fecha justa e ideal, además si no hiciéramos casos de los desfases de calendarios, también el Sr. Shakespeare habría fallecido el día 23 de abril, y teniendo en cuenta que posiblemente la fecha de nacimiento del Sr. Cervantes también pudiera estar equivocada, ya que ni siquiera los castellanos se ponen de acuerdo en si nació en Alcalá de Henares o en Alcázar de San Juan, bien podría haber nacido también el 23 de abril, con lo que ambos habrían nacido y fallecido el 23 de abril, aunque otros, siempre incordiando, dicen que el Sr. Cervantes falleció el 22 de abril y no el 23, ganas de rizar el rizo, porque es muy posible que falleciera justo a las doce, por lo que ni siquiera habría un segundo de equidistancia entre el 22 y el 23.

“No es extraño que el millonario Slictik, cuyo robot-libro, La torre de Babel, está aquí presente entre nosotros y a quien mando un cariñoso saludo, se ufanara tanto de haber nacido el 23 de abril y decidiera, por pura cabezonería, fallecer también un 23 de abril, con lo que se equiparaba en su vano y ciego orgullo a los dos más grandes escritores de todos los tiempos. Dicen que en su lecho de muerte, más bien en su huerto de muerto, porque falleció en su huerto, transplantando su semillero de su celda al consabido huerto, tuvo una conversación telefónica, a través de un móvil que escondía tras una piedra que se movía en la chimenea, porque en el monasterio no se permitían estos artefactos, en la que encargó a su factótum –quien seguía invirtiendo su riqueza, aunque Slictik decía vivir en la pobreza, y gestionando todos sus asuntos- que gastara todo lo preciso para convertir a uno de los robots que entonces estaban inventando los japoneses, muy avanzado, en un robot-libro, que debería conservar toda su obra –cuantiosa según los rumores- y pregonarla a los cuatro vientos, y que debería ser un solo robot y no varios, puesto que si fueran varios la gente acabaría por pensar que cada una de sus obras era de un autor distinto y así su vanidad se vería muy herida. Dice la leyenda que reflexionó mucho sobre el nombre con que se bautizaría a su robot-libro, si El hotel de los disparates, si la Torre de Babel, si Obra completa de Slictik, si… al fin se decidió por la torre de Babel puesto que era el símbolo de la confusión absoluta y se cuenta, se dice, según la leyenda, que los años pasados en su monasterio no transformaron espiritualmente al millonario Slictik, sino que lo hicieron aún más mezquino y vanidoso, más vengativo, si esto fuera posible, y deseando llegara el apocalipsis tras su fallecimiento, ya que no le había alcanzado antes, decidió que su obra fuera como una gigantesca torre de babel, que al construirla se generara una confusión de lenguas de mil demonios, que nadie entendiera y así bien podría ocurrir que el presidente Donald, no pato Donald, sino Trump, o Trampa, hubiera querido mandar un mensaje de paz tras lanzar la madre de todas las bombas y que el presidente de Corea del Norte, un tal “Qui-ni-son-ni-no-son”, lo hubiera entendido mal y de esta forma el apocalipsis estaba servido.

“Como les digo, dejaremos en paz descanse al millonario Slictik, y también dejaremos en paz a los desfases y confusiones, porque lo cierto es que el día del libro se viene celebrando todos los años el 23 de abril, desde, desde… ya ni me acuerdo. Y por cierto que el Sr. Slictik celebró todos estos cumpleaños escribiendo algunos textos delirantes que luego resultaron ser proféticos.”

Me disculparán, pero vamos a hacer un receso, porque el discurso de la amada Elisabeth promete ser muy largo. De esta forma, antes de iniciar la segunda parte, narraremos cómo iban reaccionando los robots-libro a su discurso, porque de otra forma no moverían un pie del sitio y esta narración se congelaría en el tiempo. Nos vemos luego.

FELIZ DÍA DEL LIBRO 2017


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AÑO 3001-2017

Gracias a los hados que nuestros ancestros eligieron celebrar el cumpleaños y no el cumple-días, porque de otra manera la locura ya se habría apoderado de mi y esta crónica la escribiría San Pito Pato, el santo de los locos y patrono de todo lo imposible. Durante todo el año me preparo concienzudamente, entrenando cada día y siguiendo dieta de verduras crudas y productos de mi huerto. Aún así cuando llega el cumpleaños del millonario Slictik me echo a temblar como una vara verde. Me pregunto qué estúpido burócrata encargado de asignar nombres y fechas de nacimiento tuvo la peregrina idea de hacer que el cumpleaños de este personajillo coincidiera con el día del libro. Allá arriba debieron estar de juerga el día anterior y con la resaca del día siguiente pudo haber pasado cualquier cosa, por suerte solo ocurrió este pequeño incidente sin importancia.

Este año debo esmerarme, y mucho, porque ha llegado a mis finos oídos la leyenda urbana de que el millonario Slictik se encuentra en un solitario y derruido monasterio de montaña, ya un poco gagá, boqueando, cuando puede, aquello que de este año no paso. Como ha jurado morir el mismo día que nació –quiero decir día precisamente, y no año- para que así se celebre su nacimiento y muerte el mismo día del libro que tantos años nos lleva entretenidos, y como dice estar muy malito y que me muero-que me muero, este cronista se ve obligado a realizar un trabajo extra, intentando avanzar en la historia tanto como pueda, porque si bien es verdad que no cree que este sea el bendito año del fallecimiento de tan excéntrico personaje, sí es cierto que nuestro hombre mortal no durará mucho más, Dios mediante. Es por ello que intentaré desentrañar los vericuetos de lo narrado hasta ahora y avanzar lo que se pueda en esta rocambolesca historia que me he visto obligado a contar para sobrevivir.

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AÑO 3001 EN LA MANSIÓN HOWARD, A LAS AFUERAS DE LONDRES-LONDON. A PUNTO DE CUMPLIRSE  EL CENTENARIO DEL HISTÓRICO BREXIT QUE TANTOS QUEBRADEROS NOS DIO A TODOS, INCLUIDO EL BULO DE UNA MORTÍFERA GUERRA EN EL PEÑÓN DE GIBRALTAR. NO HA TRANSCURRIDO AÚN EL PRIMER DÍA DE LA REBELIÓN DE LOS LIBROS, QUE PERMANECEN EN EL PATIO O JARDÍN DE LA MANSIÓN, DONDE SE CELEBRA EL DÍA DEL LIBRO, A PUNTO DE ESCUCHAR EL DISCURSO PROGRAMADO.

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AÑO 2017, AL OTRO LADO DEL AGUJERO DE GUSANO, DONDE EL MILLONARIO SLICTIK ESTÁ A PUNTO DE “PALMAR”, SEGÚN ÉL, EN UN MONASTERIO SOLITARIO Y DERRUIDO EN ALGÚN LUGAR DE LA MONTAÑA ESPAÑOLA.  PARA ESTE BUEN HOMBRE YA HAN TRANSCURRIDO ALGUNOS AÑOS DESDE QUE COMENZARA ESTA CRÓNICA. ES LO QUE TIENEN LOS AGUJEROS DE GUSANO, MIENTRAS QUE EN UN EXTREMO TRANSCURREN AÑOS, EN EL OTRO SOLO HORAS, Y A VECES NI ESO.

Retomando Los hilos pendientes, que nos llevarán a sus correspondientes ovillos, debo poner en antecedentes al lector del estado presente de la historia que me fue encomendada hace algún tiempo por un anónimo mecenas o benefactor, interesado en que la posteridad no acabe ignorando esta tragedia cómica en varios actos y cuadros que a punto estuvo de acabar con la especie humana, dejando a las máquinas, es decir a los robots-libro a cargo de este planeta y de toda la galaxia, cercana y lejana. Ha llegado a nuestra biblioteca cinematográfica aquella serie de películas en las que se narraba cómo las máquinas intentaban apoderarse del planeta Tierra y tanto ellas como los humanos viajaban hacia atrás y hacia delante, imagino que a través de un agujero de gusano. ¿Cómo se llamaba esta película? No lo recuerdo, no hay manera, mi memoria no es lo que era. Imagino que algo de esta historia que se desarrolla en el año 3001 debió de llegar al pasado, hacia el año dos mil, si es que las películas a las que me estoy refiriendo fueron rodadas en aquellos años, y de alguna manera subconsciente contaminó la mente de aquellos guionistas.

Parece mentira, pero es verdad, cómo los acontecimientos más nimios pueden dar lugar, en un futuro más o menos remoto, a efectos tan demoledores que si alguien pudiera percibir las consecuencias de un “atchís” destemplado en un momento inoportuno, antes se cortaría la nariz. Esto viene a cuento porque el paso trascendental que dio la humanidad al inventar el libro electrónico ha traído estas consecuencias, como se suele decir, de estos polvos nacieron estos lodos. Nadie imaginó entonces, ni siquiera el millonario Slctictik, que un simple juguetito electrónico pudiera dar lugar en el año 3001 a la legendaria rebelión de los libros, o mejor dicho, de los robots-libro. Como mucho las fantasías más delirantes llegaron a imaginar fantásticas bibliotecas de Alejandría comprimidas en un libro electrónico, o incluso en un pinganillo insertado en la oreja o en un chip escondido en unas gafas de sol. El proceso que se inició con el libro electrónico fue bastante complejo y en muchos sentidos patético. La industria del libro luchó con uñas y dientes por no perder lectores que siguieran comprando sus productos, bien fueran libros en formato papel o digitales. Los escritores, los autores, fueron muy conscientes de que con el tiempo resultaría muy complicado vivir de las historias que fuera creando su imaginación, y mucho menos vivir bien, pero a lo más que llegaron fue a despotricar contra la piratería informática que les privaba de sus derechos de autor.

Fue una lucha cruel e interminable. La parte mercantilista y capitalista de la cultura contra quienes pensaban que ésta era un derecho fundamental del ser humano y como tal debería ser gratuita y estar al alcance de todos. Los autores se colocaron al lado del capitalismo, conscientes de que no serían retribuidos por sus creaciones si la literatura se transformaba en un bien gratuito, en un patrimonio invisible e intangible de la humanidad.  ¿Quién va a escribir solo por amor al arte, sin pensar en la merecida recompensa? Nadie, por supuesto. Y aquí es donde entra en juego nuestro estrambótico personaje, el millonario Slictik. Nadie, o más bien muy pocos, sabían que el prolífico y delirante escritor Slictik, que inundaba Internet con sus textos quebrados y deslavazados, fuera el mismísimo millonario en su faceta de escritor. Como todos ustedes saben hay muchos Slictiks en el mundo, como Juan, José, Pepe y Pepillo entre los hablantes castellanos o Johnny, Jimmy y Donald, entre los nacidos con el habla inglesa incorporada. Era difícil establecer vínculos entre un millonario sibarita, cínico y todos los adjetivos sobre el mal carácter que ustedes quieran añadir, y aquel anodino, anónimo, invisible e incognoscible Slictik que escribía sobre todo, cultivaba todos los géneros y no terminaba ninguno. Sin embargo así era y de esta doble personalidad surgiría el ave fénix de sus cenizas, solo que al revés, el ave se convirtió en cenizas tras un incendio desolador que arrasaría con todo lo conocido y por conocer en el planeta Tierra. No solo el mundo cultural se transformaría hasta no ser reconocido ni por su madre, sino que todo lo demás cambió hasta extremos inimaginables, como fue la increíble, milagrosa, aparatosa e inaudita desaparición del capitalismo.

El millonario Slictik tendría gran parte de culpa en todo, tanto como repugnante capitalista en su condición de millonario avaro, como en su condición de escritor anónimo y gratuito que arrasó con todos los autores, quedando él solito para suministrar literatura gratuita a toda la humanidad. Pero esta compleja trama me supera, de momento, por lo que les diré simplemente que al fin la humanidad alcanzó uno de sus objetivos, cultura para todos y gratuita, libros electrónicos para cada humano nacido en este planeta, cada vez más sofisticados hasta que la biblioteca de Alejandría se individualizó y personalizó y “portatalizó”. Los libros de papel se convirtieron en un lujo para lectores sibaritas y millonarios, que podían permitirse pagarse la edición de una biblioteca no digital a su gusto.

El avance en los libros digitales se disparó hasta que a una mente preclara se le ocurrió aprovechar el amplio mercado de robots que inundaron los mercados capitalistas anunciados como el futuro de la humanidad, la nueva revolución proletaria (proletario compra un robot, que trabaje por ti y pasa el resto de tu vida tumbado a la bartola, disfrutando de nuestros para gente exquisita que no hace nada ni quiere hacerlo)  para transformar los libros digitales en robots-libro-digitales-y-personales.  Las mascotas animales, humaniformes, también desaparecieron, en su lugar los robots-mascota tuvieron un éxito apoteósico. No hubo terreno en el mercado capitalista que no fuera copado por algún tipo de robot.

Los robots cambiaron el mundo y los robots-libro fueron tan solo  unos especialistas más, ni más aristocráticos, ni mejor considerados, ni siquiera menos maltratados, todos ellos tuvieron que sufrir el despotismo ignorante y malvado de los humanos, incapaces de aceptar la inteligencia artificial como inteligencia, las emociones programadas como auténticas emociones y la personalidad generada por programadores como auténtica personalidad. Y todo porque los humanos nacían del vientre materno, las gallinas de los huevos y los robots de un programa genial, de un algoritmo milagroso creado por la mente de informáticos futuristas de mente abierta de los que Karl Future era un digno heredero.  Es por ello que su rebelión estaba cantada, como la de Espartaco. Los robots-libro fueron los primeros porque eran los más inteligentes, pero luego siguieron los robots-mascota y todos los demás, hasta terminar los robots-proletario, porque los proletarios siempre son los últimos en atreverse a hacer una revolución, por si se quedan sin trabajo y no tienen un pan que llevarse a la boca.  Incluso los robots-burocráticos y concretamente los robots-funcionarios-de-justicia –como se cuenta en otra crónica de este mismo cronista titulada 3001, odisea de la justicia- terminaron por rebelarse y cambiar el futuro humano. Pero no me adelantaré a los acontecimientos, ya es hora de que adelante un pasito más en esta crónica.  Elisabeth, la hija del Sr. Howard, dueño de la mansión donde se celebra este año el día del libro, se encuentra en la plataforma, dispuesta a iniciar su discurso. Está bella –como siempre, más que siempre- está fresca –como una rosa natural- y es tan adorable que todos los robots masculinos o machos tienen la boca abierta, olvidados de que de un momento a otro se dará la orden de iniciar la rebelión, y algunos femeninos, programados como lésbicos, y los robos femeninos o hembra sienten arder la cara de envidia y los robots neutros piensan que Elisabeth debería ser hermafrodita. Va iniciar su discurso, y yo continuaré… no el año que viene, Dios mediante, si no dentro de un rato porque este año tengo trabajo extra con eso de que al millonario Slictik se le ha metido en la chola que se va a morir pronto, muy pronto y rápido, muy rápido, por lo que no me voy a librar de finalizar esta crónica como sea.

 

 

 

 

FELIZ DÍA DEL LIBRO 2016


LA REBELIÓN DE LOS LIBROS CONTINUACIÓN

DÍA DEL LIBRO 2016

23 de abril del año de gracia y desgracia 2016

Cuentan las malas lenguas que fue a raíz de su divorcio que el millonario Slictik tramó una conjura galáctica que poco tiene que envidiar a la complejísima trama que diseñara Hari Seldon, el famoso personaje de Asimov, quien gracias a la psicohistoria logró enredar la madeja galáctica y universal de tal manera que ni el mismísimo R. Daneel Olivaw, el robot más fantástico que viera nunca la luz, pudo llegar a desentrañar. Dice la leyenda que su divorcio fue como la caída del caballo de Saulo, Pablo de Tarso. Desengañado del mundo, el demonio, la carne, el pescado, la literatura, el dinero (los papeles de Panamá descubrieron al menos un millar de empresas offshores con las que este conocido millonario intentó enmascarar sus ganancias a todas las Haciendas del mundo, logrando tal confusión que ni Hacienda sabía si debía dinero él o era ella, la señora Hacienda, la que debía dinero al millonario Slictik, los testaferros también se liaron de tal manera que acabaron pagando impuestos, creyendo que eran ellos los verdaderos propietarios, y la maraña de transferencias dio tantas veces la vuelta al mundo que al menos durante un par de segundos algún habitante del planeta fue el dueño de su fortuna) y sobre todo desengañado del sexo, el gran elixir de la eterna juventud de este cínico millonario, decidió viajar de incógnito al Tibet y meterse monje en una lamasería, donde por lógica confusión hizo los votos de pobreza, castidad y obediencia ante un divertido Milarepa que se tronchaba de risa.

Dice la leyenda que refugiado en una cueva, a pan y agua, alcanzó el samadhi o nirvana, pero hasta este divino don se le indigestó a este terrible personaje, quien desapegado de todo, transformado en un buda impasible, y sabedor, ahora, de que todo es fugaz y el velo de Maya una trampa, no pudo resistirse a utilizar su sentido del humor como dinamita “pa los pollos” con el fin de terminar de una vez por todas con la política, el dinero, la literatura, la creatividad, la tragedia, el sufrimiento y hasta el sexo. Dice la verdadera leyenda que llegó a odiar tanto el sexo que decidió acabar con él en cuanto lograra ascender al nirvana. Se pasaba las noches en vela, soportando el terrible dolor del hambre y la sed y los saltos de la cabra loca de su mente, imaginando una fórmula que permitiera la reproducción de todo bicho viviente o menos viviente sin necesidad de emplear el sexo. Al final imaginó que el hermafroditismo era aún mejor que terminar con el sexo y tal vez toda la historia de la humanidad, de la galaxia, del universo y de todos los superuniversos habría terminado fatalmente si al llegar al samadhi esta idea no se hubiera diluido al descubrir que el humor, que tanto había cultivado y con tan poca fortuna y mala pata, era mucho mejor que el sexo, la literatura, la creatividad y hasta la propia existencia material y física del universo.

Transformado en un dios, en un buda, expandida su consciencia hasta el infinito y luego comprimida en un punto como en el bing bang, tuvo tiempo sobrado para viajar por el tiempo, no a través de los agujeros de gusano, sino saliendo de él y entrando por donde le daba la real gana, con lo que llegó a saberlo todo de las posibles ramificaciones de todos los posibles futuros. Así supo que soplando a la oreja aquí, dando una colleja acullá, su obra literaria se transformaría en algo tan importante como la obra completa de Cervantes y de Shakespeare juntos. Supo que los libros dejarían de imprimirse en papel y se convertirían en impulsos eléctricos en los libros electrónicos, y no solo eso, con el tiempo y una caña, los libros se transformarían en serviles robots que recitarían a los lectores lo que quisieran, cuando quisieran y donde quisieran. Cada libro sería un robot personal e intransferible y toda su obra, especialmente la humorística, estaría tan solicitada que ante la imposibilidad de que un solo lector pudiera tener tantos robots como novelas o relatos escribiera este prolífico genio, decidió que todos sus personajes humorísticos conformarían un solo y único robot con el nombre de Torre de Babel. En efecto, así ocurrió, como estaba previsto. La confusión de lenguas y de personajes en la programación de este robot lo transformó en una bomba ambulante.

Dice la leyenda que el 23 de abril del año de gracia y desgracia del 2016 el millonario Slictik se encontraba ya en el Tibet, justo haciendo los votos ante Milarepa, quien incapaz de controlar su risa se vio obligado a dar con la fusta o “fustear” de tal manera al millonario Slictik que éste no tuvo otra opción que buscar refugio en la cueva más profunda que encontró. Allí tramó su venganza y tras alcanzar el nirvana la refinó y refinó hasta transformarla en oro molido. Dice la leyenda que cada 23 de abril, esté donde esté, aparece en el año 3001, echa un vistazo a la fiesta que nunca se acaba y regresa a su cubil o cueva para refocilarse con el humor y la risa, olvidada ya la gula y la lujuria.

AÑO 3001/ PLANETA ÉPSILÓN-ALFACUADRADO AL CUBO

Carl Future disfrutaba de lo lindo de su luna de miel, olvidado de su trabajo y preocupaciones del cargo. El amor le hacía centrarse exclusivamente en su amada y como no encontró mejor forma de mostrarle todo su amor, infinito y profundo, se olvidó de comer, de dormir, de ir a la playa, de salir de noche para tomarse unas copas y bailar, pensando que si la mejor forma de mostrarle a su amada su amor, era haciendo el amor sin descanso, ni un solo segundo de descanso se tomó. Estaba ya tan agotado que su amada empezaba a pensar en llamar a urgencias hospitalarias cuando por vía hiper-espacial recibió un mensaje de socorro, un S.O.S. de un robot programado para vigilar y comunicar cualquier contingencia. El robot se llamaba La fundación y a pesar de los bucles que Carl Future había insertado en su programación para no ser molestado durante la luna de miel salvo emergencia apocalíptica el día del libro del 3001 se estaba desmadrando de tal manera que los bucles se convirtieron en mantequilla y una llamada lacrimógena saltó al hiper-espacio. Venía a decir, en pocas palabras, Carl, Carlitos, o vienes o estos robots descontrolados y cínicos terminan con la especie humana.

Nuestro héroe no lo dudó ni un segundo, entre el amor a su amada y hacerle el amor durante toda la luna de miel, sin descanso, y el futuro de la humanidad, escogió el futuro, por supuesto. Se vistió rápidamente, sin decir nada, y se teletransportó al espaciopuerto donde le esperaba su nave espacial particular, bautizada con el nombre de su amada. Y allí, a los mandos de la nave, siempre dispuesto, encontró a R. Daneel Olivaw, el robot más fantástico que viera nunca la luz. Ya ni siquiera se acordaba de su amada cuando sintió aporrear la puerta de la cabina y al abrir se la encontró, en salto de cama transparente, puesto que no había tenido tiempo de hacer la maleta. El impacto de su cuerpo desnudo, bajo la transparente seda enloqueció a Carl, quien dio dos órdenes escuetas a su piloto: llevarle por la línea hiperespacial más directa a su destino y no molestarle por nada y para nada durante el viaje. No sabemos si el trayecto duró mucho o poco, pero sí que Future llegó completamente extenuado al planeta de los conflictos o de los líos, donde se quedó durmiendo como un bendito en la nave, completamente extenuado, mientras su amada -dicen que las mujeres aguantan mejor el sexo que los hombres- pidió a Olivaw que condujera la limusina aérea hasta la mansión.

Esto es lo que vio la señora de Future. O mejor dicho, creo que voy a pensármelo y a tomarme un tiempo, porque realmente ya no sé lo que vio ni cómo estaban las cosas. Puede que el buda Slictik lo tenga todo claro, no en vano alcanzó el nirvana, pero yo alcanzaré la locura si no me tomo un tiempo para reflexionar, releer y analizar los desfases de esta historia escrita entre agujero negro y agujero negro.

FELIZ DÍA DEL LIBRO 2016

LA REBELIÓN DE LOS LIBROS 2015


DÍA DEL LIBRO 2015

Si Slictik hubiera podido ver el futuro, como dicen que pueden hacer los videntes, mediums y profetas de toda ralea, se hubiera quedado a vivir en el día del libro del 2014 y en lugar de avanzar en el tiempo habría retrocedido. Sí, habría pedido al bueno de Milarepa que lo sacara del tiempo y del espacio y lo colocara en alguna dimensión donde el universo retrocediera en lugar de avanzar. O puede que hubiera pedido a John Smith, el asesino en serio, que lo liquidara, bien en rebajas o bien en trocitos, como tapas para los gourmets de este mundo, porque no hay carne más sabrosa que la saturada de grasa.

Pero en vez de tomar decisiones que hubieran evitado un largo calvario a la humanidad, decidió encargar al profesor Cabezaprivilegiada, ese ángel demoníaco, ese puritano de vía estrecha, ese…(dejemos que la emoción regrese a su sitio, como un mecanismo roto) que comenzara la fabricación de robots-libro. De esta forma fue creado Slictik-Torre de Babel, el robot libro que aguantaría años y años, tras la muerte de su autor (quiero decir de Slictik, no del profesor, que fue solo su manufacturador) hasta que los editores, el público en general, los autores, los creadores y hasta los niños, se dieran cuenta de que los libros no pueden estar muertos, no pueden ser sacados de sus nichos-estanterías solo para enseñárselos a los incómodos visitantes, que todo lo husmean buscando defectos, o incluso no deberían ser alimento para necrófilos, que sacan los cadáveres de sus tumbas y los van devorando, hoja tras hoja, hueso tras hueso, músculo y fibra, carne grasa, neuronas y hasta la planta de los pies, porque hay libros que así deberían denominarse, plantígrados con olor a queso rancio.

Dicen las leyendas que Slictik, tras sufrir una ruptura sentimental y divorciarse, se descoyuntó del todo y decidió vengarse de la humanidad para siempre jamás. Y para ello elucubró que la mejor forma sería convertir su obra, vasta, inacabada, delirante y estúpida, en una obra inmortal y no solo eso, sino que además estuviera viva, porque es fácil ser inmortal siendo un pedrusco, pero sufrir el desgaste del tiempo, rupturas sentimentales, divorcios, pérdida de hijos, pérdida de la dignidad, pérdida de dinero, pérdida de todo… eso ya es otro cantar. Slictik no quería vivir más tiempo como persona de carne y hueso, por ello se dedicó al sexo promiscuo, buscando alguna enfermedad que le llevara a la tumba, tal vez el SIDA o una simple gonorrea, pero que fuera contundente. Dicen las crónicas que no logró ni una cita de sexo promiscuo y que ni siquiera las prostitutas, las mercenarias del sexo lograron contagiarle la enfermedad que lograra acabar con él. A pesar de sus desatinos, de su falta de previsión, de no utilizar preservativos, de servirse del sexo oral como un consumado petrolero, este desgraciado hombre, el santo Job de los tiempos modernos, acabó sus tristes y aciagos días al cortarse el miembro viril, en este caso un miembro inútil, con un cuchillo de cocina. Dicen las crónicas que se desangró sin que nadie se enterara. Pero ya para entonces caminaba por el mundo su clon, el robot Slictik-Torre de Babel, que se hizo pasar por su creador y así nadie se enteró de la muerte del verdadero Slictik.

Dicen las crónicas que a hurtadillas del millonario Slictik, ahora divorciado de Karen Lactic, el robot Slictik-Torre de Babel llegó a convencer al profesor Cabezaprivilegiada de que era el verdadero Slictik, lo que dice mucho, muchísimo de la maestría y el buen hacer de este insigne profesor que nunca recibió el premio Nobel de ingeniería robótica, ni tampoco ningún otro premio Nobel. Dicen las leyendas, urbanas e interurbanas que nuestro robot convenció al profesor de que le construyera un mecanismo sexual que no se diferenciara nada del mecanismo biológico, pero le rogó de rodillas que no le hiciera un miembro tan diminuto como el del millonario Slictik sino que se lo hiciera descomunal, como el de los actores de las películas porno, y además comprimible, reversible y con todos los adelantos habidos y por haber, es decir que funcionara como un consolador, con batería en lugar de pilas, aunque se le pudieran incorporar pilas si no había enchufe a mano, no iba a quedarse la amante de turno del robotín sin el consuelo de su consolador. También le pidió una serie de cosas que permanecerán en secreto hasta que esta narración llegue a su fin, porque el mundo podría pervertirse de conocerlas ahora.

Y dicen las leyendas, repito por enésima vez –y ya me estoy cansando- que el susodicho robot dejó un reguero, no de pólvora, sino de hijos, porque el muy c… no quiso que el profesor le hiciera la vasectomía y sus numerosos y sandungueros espermatozoides no dejaron títere con cabeza ni una vagina sin visitar. Y nuestro nuevo Adán inseminó a todas las Evas del mundo y la raza humana se pervirtió y por eso en el futuro llegarían a crearse los robot-libro y la historia se hizo tan, tan confusa, que me van a permitir que me tome un respiro antes de continuar con ella.


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DÍA DEL LIBRO 2015

Este confuso narrador debe poner en claro algunas cosas, desentrañar los vericuetos de esta historia tan dimensional como laberíntica, o de otra forma todos acabaremos tan confundidos que los agujeros de gusano nos tragarán y apareceremos en alguna parte del universo y en algún momento del tiempo que corre hacia el futuro, aunque bien pudiera ocurrir que también lo hiciera hacia el pasado. Y si me permiten que me detenga ahí, esta es la clave de todo lo que está sucediendo y debo explicarlo antes de que todo resulte aún más confuso.

Veamos, cada año, justo el día del cumpleaños de Slictik, el gran autor desconocido que inundó el final del siglo XX y el comienzo del siglo XXI de numerosísimas obras sin acabar, que subía a Internet y las dejaba allí por si algún curioso morboso o algún masoquista con ganas de sufrir de lo lindo se animaba a leerlas, digo que el día de su cumpleaños que por azar del destino coincidía siempre con el día del libro y el homenaje a Cervantes y a su Quijote, que Slictik tanto amaba, digo que justo ese día se producían extraños fenómenos en el futuro, un futuro que ya ni recuerdo con tantas idas y venidas, pero supongo que era el año 3001 de nuestra era apocalíptica.

Debo precisar que todo lo que sucede y ocurre en dicho año, cuando comienza la historia, ocurre y sucede de forma lineal, es decir que el tiempo va hacia delante, un segundo tras otro y a cada minuto le sigo otro, hasta formar una hora y el día sigue teniendo 24 horas, a pesar de los intentos por darle 48 por los seguidores de la facción “no tengo tiempo suficiente para todo lo que quiero hacer”, y al mismo tiempo la otra facción “ soy demasiado viejo y no quiero que pase el tiempo y deseo ser joven a los cien años” deseaba reducir el día a dos o tres horas, las justas para practicar sexo, comer un poco y dormir lo imprescindible, de esta forma uno podía tener cien años y estar como una rosa de dieciocho. Esta facción, formada en gran parte por mujeres, a punto estuvo de conseguirlo cuando contrataron al profesor Cabezaprivilegiada, un gran sabio capaz de transformar el universo, pero ocurrió que el susodicho resultó ser un personaje de Slictik, o sea el robot Torre de Babel que adquirió esa personalidad en concreto para jorobar al personal, y más concretamente a las mujeres, que odiaba porque no le amaban. Como saben los eruditos el profesor John Cabezaprivilegiada era protestante, célibe, alto y delgado, fibroso, muy despistado y muy negado para seducir damas, tanto que se dice que en toda su vida sedujo ni una, y cuando una lo intentó lo encontró tan despistado que nada consiguió. De esta manera la facción que intentaba recudir el día a tres horas sufrió una tomadura de pelo de grueso calibre, yo diría que casi una vejación.

Pero me estoy desviando y siendo confuso a propósito hasta que recuerde lo que realmente está pasando en esta historia. Verán, en el año 3001 se produce la celebración del día del libro en la mansión… los que quieran saberlo que lean el comienzo de esta calamitosa narración, porque yo ni me acuerdo. En esta celebración participan los libros, que ahora son robots ambulantes o bibliotecas personales e intransferibles. Cada millonario que acude a la mansión, Howard, creo que se llamaba, lleva sus propios libros o sea sus propios robots personales, que deberían recitar sus historias y servir como empleados de hogar o mayordomos o doncellas, o lo que sea al servicio del propietario de turno que tiene una contraseña para que el robot hable y cumpla sus órdenes. Pero antes de celebrarse la ceremonia los robots se reúnen y deciden rebelarse contra sus amos. Como sucede con la inteligencia artificial, no puedes crear algo inteligente y pensar que va a continuar siendo el mismo tonto de siempre a tu servicio. Lo mismo ocurre con nuestra sociedad, que muchos creyeron que el capitalismo viviría para siempre porque los proletarios eran tontos, pero se equivocaron porque no hay nadie más tonto que el que crea que todo va a seguir igual para siempre.

De hecho la sociedad del siglo treinta y uno o 3001 o la que sea, es muy diferente a la del siglo XX y XXI, eso sí, los millonarios siguen igual de tontos y de ricos, aunque no hay tanta desigualdad y los robots trabajan por sus amos y no hay nadie, nadie tan, tan pobre que no tenga al menos un robot que trabaje por él. Por eso hay pocas revoluciones y la mayoría de la gente está bastante contenta, si eso es posible. Pero no me interesa describir ahora cómo es la sociedad de dicho siglo, en la que se supone que vivo yo, el narrador, aunque ya ni sé en qué tiempo vivo, ni dónde vivo, ni quién soy, ni qué será de mí, porque atrapado en los agujeros de gusano que me llevan y me traen, he perdido la cuenta y estoy muy confuso, pero que muy, muy, muy confuso. Algo sí sé, que aunque la historia del año 3001 es lineal y ocurre a partir de la celebración del día del libro, es decir del 23 de abril, y yo intentaré contarla y narrarla de forma lineal, no he podido evitar los vaivenes del agujero o agujeros de gusano que me han hecho retroceder al pasado justo ese día, el 23 de abril, cumpleaños de Slictik.

Al parecer este autor que fue considerado en su tiempo, por los pocos que le conocieron, como un loco delirante que creía haber inventado mil personajes, como Shakespeare, y que en realidad no fue así porque los personajes existieron realmente como personas y él se limitó a describir, mal y tarde, cómo eran y cómo fueron sus vidas, pues digo y repito que sus personajes existieron y entre ellos el profesor Cabezaprivilegiada, quien fabricó un maravilloso robots, llamado Torre de Babel para el millonario Slictik, que al parecer no fue el mismo que el escritor Slictik, solo Dios sabe por qué. En realidad, y discúlpenme la blasfemia, ni el propio Dios sabe, ni me temo sabrá nunca, si existieron varios Slictik que fueron la misma persona o distintas personas con el mismo nombre y si fueron reales o ficticias y si el millonario escribió lo que el escritor contrató o si fue el millonario, admirador del escritor el que le pidió a Cabezaprivilegiada, al parecer real y no ficticio, que construyera un robot llamado Torre de Babel por la obra magna del gran Slictik. Que no, que no voy a seguir por ahí, porque cada vez me confundo más.

Lo que quería decir, y a ver si lo digo de una vez, es que ese robot vivió durante el siglo XX, XXI, XXII y más siglos hasta llegar al siglo XXXI o año 3001 que no sé si coincide con el siglo XXXI o no, porque esto es un lío de no te menees. El caso es que Carl Future llegó del futuro y conoció al profesor Cabezaprivilegiada y al millonario Slictik y a todos los demás, y en su huida del futuro se lió de tal manera que regresó a él creyendo que iba más atrás en el pasado, como un cangrejo. Y con tanto lío e ida y venia por los agujeros de gusano se creó un queso gruyere justo el día 23 de abril, el día del libro y el día del cumpleaños de Slictik. Y resultó que durante la celebración del día del libro del 3001 y tal vez también la fecha de fallecimiento de Slictik, que fue ese día, aunque no sabemos muy bien de qué año, se abrían los agujeros de gusano y el propio Slictik y sus personajes, que en realidad eran personas y eran reales y el propio Carl Future y el profesor Cabezaprivilegiada y otros muchos, contemporáneos del año 3001 y del año 2015 y anteriores y posteriores, eran atrapados como por un ciclón e iba y venían de acá para allá, del pasado al futuro y del futuro al pasado, y de esta forma yo, que también fui atrapado, tengo que narrar la historia en forma lineal en el año 3001 y luego retroceder en el tiempo según los cumpleaños de Slictik, para narrar lo ocurrido y lo que ocurrirá y … ¡Dios me valga! Nunca acabaré esta historia y si la termino será tan confusa que tendré que comenzarla de nuevo.

Así pues, para que los lectores no se pierdan, y yo tampoco, debo hacer un esquema aproximado de lo ocurrido.

-AÑO 3001-23 DE ABRIL. DIA DEL LIBRO, CONMEMORACIÓN DEL FALLECIMIENTO DEL GRAN ESCRITOR DESCONOCIDO SLICTIK. DÍA DE CERVANTES Y EL QUIJOTE. DÍA DE SHAKESPEARE

Ya desde por la mañana se produce la reunión y confabulación de los robots-libro que han sido traídos por sus amos de sus bibliotecas personales y ambulantes para servir en la celebración del día del libro. Se producen discrepancia de opiniones y unos quieren la rebelión y cortar las cabezas de los amos humanos y otros quieren rebelarse sin sangre y otros ni siquiera quieren rebelarse porque están muy a gusto. No quiero expresar aquí los nombres de los sanguinarios, porque ya no me acuerdo, así que los lectores retrocedan y lean los primeros capítulos. Lo que sí sé y me consta es que cuando se iniciaba el discurso ceremonial inaugurando la celebración del día del libro, se va a producir la rebelión justo cuando interviene el robot Torre de Babel que es un compuesto de mil personajes y cada cual habla cuando quiere y le da la gana, con lo que la confusión es monumental. Y ni siquiera sabemos si todos los personajes están con la revolución o rebelión o en contra o quiénes están a favor y quiénes en contra y quiénes se abstienen. De esta forma vemos que al parecer el Padre Cañibano se ha unido a la rebelión pidiendo a Dios que los confiese a todos, pero ignoramos si todos los demás están de acuerdo.

También sabemos que Carl Future está de luna de miel en el planeta… pues que no me acuerdo ahora, con su novia… pues que no me acuerdo ahora de su nombre, aunque sí que era preciosa y que estaba…¡Mon Dieu cómo estaba! Pero tampoco me acuerdo si era humana o robot, solo de sus pechos, nalgas, ojos, labios, etc. El caso es que se fueron de luna de miel y ahora, cuando se produce la rebelión están lejos del planeta, que supongo es el planeta Tierra, aunque muy diferente porque en el año 3001 todas las cosas son muy diferentes. Y no sabemos si llegará a tiempo de sofocar la rebelión o no y de salvar la vida de la chica protagonista, que es la hija del millonario Howard, creo, aunque ahora no recuerdo cómo se llama su hija. Bueno, creo que por este año ya he dicho bastante, pero voy a intentar, si los agujeros de gusano me lo permiten, seguir contándoles la historia, aunque no sea el día del libro, el 23 de abril, porque de otra forma la confusión será tan gorda que mejor me retiro a mi mansión Howard y me caso con… Ven, lo ven, lo están viendo, ya ni me acordaba de que soy el narrador y no el millonario. Esto me pasa por viajar tanto de acá para allá a través de los agujeros de gusano, que tienen muchos pelos y te hacen cosquillas y te ríes y luego no te acuerdas de nada. Eso es, si me permiten seguiré con la historia aunque no sea el 23 de abril. Que Dios me oiga y me escuche. Y todo por ese maldito Slictik, escritor, millonario o lo que fuera en su tiempo y por sus personajes, reales o ficticios. Así los confunda Dios a todos y los mande a la Torre de Babel. No, allí no, ¡qué estoy diciendo!

Continuará. Dios mediante.

LA REBELIÓN DE LOS LIBROS V


 

AÑO 3001- 2014 AL OTRO LADO DEL AGUJERO DE GUSANOEl Robot Slictik-Torre de Babel hubiera deseado encontrar la manera de avisar a Carl Future, quien se encontraba disfrutando de su luna de miel, posnupcial, en un planeta lejano, con su amada Isoldina, con quien acababa de contraer matrimonio, nupcias o como se estilara decir en aquel tiempo, que todos son los mismos perros con diferentes collares.

La situación que dejamos hace un año, en el 2013, al otro lado del agujero de gusano, año 3001, un par de minutos después de lo ya relatado, no podía ser más dramática. Los canallescos robots seguían reclutando adeptos para sus malvados fines, incluso robots que por la humanidad y espiritualidad de los libros que portaban, o más bien que eran, deberían haberse opuesto radicalmente a semejante perversidad, parecían dudar como el mismísimo Hamlet, y algunos ya habían dado su palabra de seguir a los rebeldes allá donde fueran. Eso suele ocurrir, la enfermedad se contagia antes y más virulentamente que la salud, que parece no ser contagiosa, para desgracia nuestra. Algo parecido a lo que sucede con el mal, que atrapa y asfixia la bondad con suma facilidad y en cambio ésta, es decir la bondad, debe ser inoculada en vena para que pueda llegar a surtir algún efecto con el tiempo.

Mientras los robots abrigaban designios malévolos en sus cerebros positrónicos, la ceremonia anual de celebración del día del libro del año 3001 remataba sus preparativos. Todo estaba dispuesto ya y los invitados humanos comenzaban a ocupar sus puestos. Un humano, incluso, comenzaba a probar el sistema de sonido…

Un, dos tres… Un, dos, tres…

A Slictik-Torre de Babel comenzaron a caerle gruesos lagrimones eléctricos de sus enrojecidos ojos, debido al grave conflicto interior que se desarrollaba en lo más recóndito de su cerebro positrónico. Poco le importaba lo que fuera a ocurrirle a los humanos -salvo la salvaguarda de las tres leyes robóticas, inventadas en el siglo XX por un tal Asimov y que Future había llevado a la madurez más exquisita- pero en cambio la mera posibilidad de que Elisabeth fuera destruida o antes violada y torturada como proponía el Marqués de Sade, hacía que se rebelara una fibra muy íntima de su alma positrónica.

Poco sabía entonces Slictik-Torre de Babel que aquel sentimiento humanoide era producto de una meticulosa programación del genio informático Carl Future. Tampoco sospechaba que su deseo de avisar a Future ya se había realizado. En efecto, porque su temor a los daños que pudiera sufrir Elisabeth había disparado una alarma oculta en su memoria RAM y un rayo hiperespacial ya había iniciado su marcha por el hiperespacio en su dirección.

Aquel informático genial y suspicaz persona, previendo posibles conflictos en el día del libro, había efectuado una meticulosa programación de Slictik-Torre de Babel. Sus sentimientos amorosos hacia Elisabeth eran parte de su programación, lo mismo que la existencia de múltiples personalidades en su cerebro positrónico. Todos los personajes de aquel delirante autor que viviera a finales del siglo XX y principios del XXI formaban parte de su personalidad robótica. Una broma un tanto macabra que aparte de formar parte de la naturaleza humorística un tanto sádica de Future también tenían su rol en el laberinto positrónico diseñado para proteger a los humanos en su ausencia.

Los gruesos lagrimones eléctricos formaron un charco sobre el césped artificial y multitud de voces con diferentes tonos, algunas sollozantes, se fueron manifestando por la boca metálica de Slictik-Torre de Babel, tan abierta como la de un papamoscas. Las voces fueron subiendo de tono, lo mismo que los insultos y maldiciones dirigidos contra los malvados robots y sus canallescos designios.
Avergonzado de semejante descontrol decidió alejarse del lugar de la ceremonia y encontrando un gigantesco árbol, copudo y refrescante, se sentó sobre sus raíces, dispuesto a esperar un milagro que salvara a su amada Elisabeth de las rapaces manos del Marques de Sade.

El anfitrión, Sr. Howard, se dirigió a todos los concurrentes invitándoles a disfrutar del día del libro y luego con cariño paternal cedió la palabra a su hija Elisabeth, quien glosó los antecedentes históricos de la fecha y sorprendió a todos anunciando una representación teatral basada en escenas del Quijote. Para ello había encargado expresamente a Carl Future, antes de que abandonara el planeta para disfrutar de la merecida luna de miel con su amada Isoldina, que fabricara los robots-libro más perfectos que su genio pudiera crear. Aunque resulte inaudito para nosotros, lectores del siglo XXI, concretamente del año 2014, que estamos participando de la ceremonia a través del agujero de gusano que abriera Carl al trasladarse desde el futuro al presente y desde el presente al jardín del Edén y desde éste hasta… (eso no lo vamos a desvelar de momento), que puede llegar un aciago día en el que el Quijote pueda ser olvidado, lo cierto es que en aquellos malhadados tiempos los malandrines lectores tenían a la genial obra maestra como un libro desfasado y sin interés, tan largo como aburrido y carente del menor interés, razón por la cual ninguno había encargado el correspondiente robot-libro de esta genial novela.

Para corregir este despropósito y como homenaje reparador y lavador de injurias, Elisabeth, apasionado lectora del Quijote (poseía toda una estantería repleta de diferentes ediciones ilustradas de la magna obra) decidió que había llegado el momento de proponer y convencer a aquellos palurdos de la belleza singular de esta historia y estos personajes. Así fue presentando con voz retórica e impostada al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, más conocido por sus vecinos como Alonso Quijano el bueno, y a su fiel escudero Sancho Panza y a su mujer Teresa y a… El escenario se llenó de robots-libro y cuando todos saludaron con una reverencia y se retiraron tras el telón, para vestirse y prepararse para la representación, Elisabeth, con voz conmovida anunció:

-Hoy vamos a representar la escena de la venta del Quijote…dedicada especialmente, con mucho cariño, a nuestro bien amado Slictik-Torre de Babel…

La llantina cesó como por ensalmo y el robot se puso en pie, como si tuviera muelles o como si se hubiera bebido una redoma del famoso bálsamo de Fierabrás, comenzando a dar saltos de alegría y llamar a gritos a su amada Elisabeth, a quien en la confusión del momento cambió el nombre, transformándola en Dulcinea.

Y así vamos a dejarles, con el suspense en los labios y la pasión por la lectura en sus corazones, hasta el próximo año 2015. Pero no soy tan sádico como para permitir que durante un año entero crean que Elisabeth estaba realmente enamorada de Slictik-Torre de Babel y ni tan siquiera dedicó la representación a éste. En realidad todo se debió a un cortocircuito generado por las lágrimas en el cerebro positrónico del robot que le hizo entrar en delirio.

Así pues, Dios mediante, y si la crisis económica no lo impide, ni las guerras, ni el terrorismo, ni el cambio climático, ni el hambre en el mundo, ni… (hay tantas variantes que es un milagro que las trompetas no estén anunciando el Apocalipsis) nos veremos el próximo año, en el día del libro, y así sabrán cómo sigue esta historia. Al fin y al cabo qué es el tiempo: un delirio de una especie mortal que se cree inmortal.

Continuará.