Categoría: ANTOLOGÍA POÉTICA

MIS POEMAS FAVORITOS

ANTOLOGÍA POÉTICA IX


CANTO GENERAL DE PABLO NERUDA

https://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_Neruda

Descubrí a Neruda en mi juventud al tiempo que compraba todos los discos de Victor Jara y Ataulpha Yupanqui. El mundo era una mierda, pensaba entonces, y sigo pensando, aunque de otra manera. Entonces quería cambiarlo y hasta creía que podría hacerse. Tenía los ejemplos de los maravillosos rebeldes de mi época, poetas, cantantes, cineastas… Compré el Canto General en el mismo tenderete de aquel amable argentino en Argüelles donde compraría mi colección de novela negra de Bruguera, En Busca del tiempo perdido de Proust, El Ulises de Joyce y tantos maravillosos libros que aún sigo teniendo en mi poder. Leí a Neruda con la calma con que suelo leer toda la poesía, un poema o dos diarios, no más, leídos sin prisas, degustando cada verso, profundizando. Siempre tuve un libro de poesía en mi mesita de noche y solía leer antes de dormirme. Me gustaba mucho la faceta de Neruda como poeta amoroso, Cien poemas de amor y una canción desesperada, pero era su obra rebelde y revolucionaria la que me tocaba una fibra muy profunda. El canto general me entusiasmó y por eso agradecí a Mikis Theodorakis que pusiera música a algunos poemas de este Canto. Neruda sigue siendo uno de mis poetas favoritos, su verso es hermoso, intenso, emocional, fuerte, heroico, un verso muy trabajado, con excelente estilo, sólido, que llega al alma, que golpea tu plexo solar, que no te deja indiferente.

AMOR AMÉRICA

Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales,
fueron las cordilleras, en cuya onda raida
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias.

El hombre tierra fue, vasija, párpado
del barro trémulo, forma de la arcilla,
fue cantaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o silice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero en la empunadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban escritas.

Nadie pudo
recordarlas después: el viento
las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.

No se perdió la vida, hermanos pastorales.
Pero como una rosa salvaje
cayo una gota roja en la espesura
y se apagó una lámpara de tierra.

Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del búfalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final, en las espumas
acumuladas de la luz antártica,
y por las madrigueras despenadas
de la sombría paz venezolana,
te busque, padre mío,
joven guerrero de tiniebla y cobre
o tú, planta nupcial, cabellera indomable,
madre caimán, metálica paloma.

Yo, incásico del legamo,
toqué la piedra y dije:
¿Quién me espera? Y aprete la mano
sobre un punado de cristal vacío.
Pero anduve entre flores zapotecas
y dulce era la luz como un venado,
y era la sombra como un párpado verde.

Tierra mía sin nombre, sin América,
estambre equinoccial, lanza de púrpura,
tu aroma me trepó por las raíces
hasta la copa que bebía, hasta la más delgada
palabra aún no nacida de mi boca.

ALGUNAS BESTIAS

Era el crepúsculo de la iguana.

Desde la arcoirisada crestería
su lengua como un dardo
se hundía en la verdura,
el hormiguero monacal pisaba
con melodioso pie la selva,
el guanaco fino como el oxígeno
en las anchas alturas pardas
iba calzando botas de oro,
mientras la llama abría cándidos
ojos en la delicadeza
del mundo lleno de rocío.
Los monos trenzaban un hilo
interminablemente erótico
en las riberas de la aurora,
derribando muros de polen
y espantando el vuelo violeta
de las mariposas de Muzo.
Era la noche de los caimanes,
la noche pura y pululante
de hocicos saliendo del légamo,
y de las ciénagas soñolientas
un ruido opaco de armaduras
volvía al origen terrestre.
El jaguar tocaba las hojas
con su ausencia fosforescente,
el puma corre en el ramaje
como el fuego devorador
mientras arden en él los ojos
alcohólicos de la selva.
Los tejones rascan los pies
del río, husmean el nido
cuya delicia palpitante
atacarán con dientes rojos.

Y en el fondo del agua magna,
como el círculo de la tierra,
está la gigante anaconda
cubierta de barros rituales,
devoradora y religiosa.

LOS LIBERTADORES

AQUÍ viene el árbol, el árbol
de la tormenta, el árbol del pueblo.
De la tierra suben sus héroes
como las hojas por la savia,
y el viento estrella los follajes
de muchedumbre rumorosa,
hasta que cae la semilla
del pan otra vez a la tierra.

Aquí viene el árbol, el árbol
nutrido por muertos desnudos,
muertos azotados y heridos,
muertos de rostros imposibles,
empalados sobre una lanza,
desmenuzados en la hoguera,
decapitados por el hacha,
descuartizados a caballo,
crucificados en la iglesia.

Aquí viene el árbol, el árbol
cuyas raíces están vivas,
sacó salitre del martirio,
sus raíces comieron sangre
y extrajo lágrimas del suelo:
las elevó por sus ramajes,
las repartió en su arquitectura.
Fueron flores invisibles,
a veces, flores enterradas,
otras veces iluminaron
sus pétalos, como planetas.

Y el hombre recogió en las ramas
las caracolas endurecidas,
las entregó de mano en mano
como magnolias o granadas
y de pronto, abrieron la tierra,
crecieron hasta las estrellas.

Éste es el árbol de los libres.
El árbol tierra, el árbol nube,
el árbol pan, el árbol flecha,
el árbol puño, el árbol fuego.
Lo ahoga el agua tormentosa
de nuestra época nocturna,
pero su mástil balancea
el ruedo de su poderío.

Otras veces, de nuevo caen
las ramas rotas por la cólera
y una ceniza amenazante
cubre su antigua majestad:
así pasó desde otros tiempos,
así salió de la agonía
hasta que una mano secreta,
unos brazos innumerables,
el pueblo, guardó los fragmentos,
escondió troncos invariables,
y sus labios eran las hojas
del inmenso árbol repartido,
diseminado en todas partes,
caminando con sus raíces.
Éste es el árbol, el árbol
del pueblo, de todos los pueblos
de la libertad, de la lucha.

Asómate a su cabellera:
toca sus rayos renovados:
hunde la mano en las usinas
donde su fruto palpitante
propaga su luz cada día.
Levanta esta tierra en tus manos,
participa de este esplendor,
toma tu pan y tu manzana,
tu corazón y tu caballo
y monta guardia en la frontera,
en el límite de sus hojas.

Defiende el fin de sus corolas,
comparte las noches hostiles,
vigila el ciclo de la aurora,
respira la altura estrellada,
sosteniendo el árbol, el árbol
que crece en medio de la tierra.

LA UNIT FRUIT COMPANY

Cuando sonó la trompeta, estuvo
todo preparado en la tierra,
y Jehová repartió el mundo
a Coca-Cola Inc., Anaconda,
Ford Motors, y otras entidades :
la Compañía Frutera Inc.
se reservó lo más jugoso,
la costa central de mi tierra,
la dulce cintura de América.
Bautizó de nuevo sus tierras
como “Repúblicas Bananas”,
y sobre los muertos dormidos,
sobre los héroes inquietos
que conquistaron la grandeza,
la libertad y las banderas,
estableció la ópera bufa :
enajenó los albedríos,
regaló coronas de César,
desenvainó la envidia, atrajo
la dictadura de las moscas,
moscas Trujillos, moscas Tachos,
moscas Carías, moscas Martínez,
moscas Ubico, moscas húmedas
de sangre humilde y mermelada,
moscas borrachas que zumban
sobre las tumbas populares,
moscas de circo, sabias moscas
entendidas en tiranía.
Entre las moscas sanguinarias
la Frutera desembarca,
arrasando el café y las frutas,
en sus barcos que deslizaron
como bandejas el tesoro
de nuestras tierras sumergidas.
Mientras tanto, por los abismos
azucarados de los puertos,
caían indios sepultados
en el vapor de la mañana :
un cuerpo rueda, una cosa
sin nombre, un número caído,
un racimo de fruta muerta
derramada en el pudridero.

AMÉRICA INSURRECTA

NUESTRA tierra, ancha tierra, soledades,
se pobló de rumores, brazos, bocas.
Una callada sílaba iba ardiendo,
congregando la rosa clandestina,
hasta que las praderas trepidaron
cubiertas de metales y galopes.

Fue dura la verdad como un arado.

Rompió la tierra, estableció el deseo,
hundió sus propagandas germinales
y nació en la secreta primavera.
Fue callada su flor, fue rechazada
su reunión de luz, fue combatida
la levadura colectiva, el beso
de las banderas escondidas,
pero surgió rompiendo las paredes,
apartando las cárceles del suelo.

El pueblo oscuro fue su copa,
recibió la substancia rechazada,
la propagó en los límites marítimos,
la machacó en morteros indomables.
Y salió con las páginas golpeadas
y con la primavera en el camino.
Hora de ayer, hora de mediodía,
hora de hoy otra vez, hora esperada
entre el minuto muerto y el que nace,
en la erizada edad de la mentira.

Patria, naciste de los leñadores,
de hijos sin bautizar, de carpinteros,
de los que dieron como un ave extraña
una gota de sangre voladora,
y hoy nacerás de nuevo duramente
desde donde el traidor y el carcelero
te creen para siempre sumergida.

Hoy nacerás del pueblo como entonces.

Hoy saldrás del carbón y del rocío.
Hoy llegarás a sacudir las puertas
con manos maltratadas,con pedazos
de alma sobreviviente, con racimos
de miradas que no extinguió la muerte,
con herramientas hurañas
armadas bajo los harapos.

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ANTOLOGÍA POÉTICA VIII


AGUSTÍN GARCÍA CALVO

https://es.wikipedia.org/wiki/Agust%C3%ADn_Garc%C3%ADa_Calvo

Conozco su poesía solo a través de las canciones de Amancio Prada, que como siempre capta hasta el fondo la poesía del poeta al que pone música, convierte el verso en música con tal belleza y con tal autenticidad que siempre prefiero escuchar sus canciones sobre los poemas a los que ha puesto música que escucharlos recitados. La poesía de Agustín García Calvo, a mi juicio, es sencilla, le gusta cantar al ser humano anónimo y las múltiples facetas de la vida con la fuerza y dramatismo de la sencillez, que te golpea a veces como un puñetazo en el plexo solar, pero no duele porque hay belleza, lirismo, sensibilidad y mucho sentimiento. El filósofo, al convertirse en poeta deja de lado los abstrusos silogismos para transformarlos en verso, en lírica efusión de sangre y sentimiento.

“Libre te quiero”, Agustín García Calvo
Libre te quiero

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Agustín García Calvo

El mundo que yo no viva

El mundo que yo no viva
lo pensé como cosa extraña,
como arca de maravilla.
Ay de mi vida

Allí ¿sonará la lluvia
junto al fuego las noches frías?
¿Tendrá Agosto en el río barcas?
Y tú ¿la gentil sonrisa?

¿Brillará en el papel que siembro
la negra flor de la tinta?
Ay de mi vida

¿Será posible que vengan
los amigos y que “Era” digan
“un hombre, y te quiso mucho”
y “Mucho” llorando digas?

Es el mundo que no conozco,
Atlántida sumergida.
Ay de mi vida.

Allí las palmeras echan
esmeraldas. Allí las crías
del delfín esmeraldas pacen.
Allí no hay noche ni día:
cuando ordeñan a los rebaños,
de púrpura el mar se agría,
Ay de mi vida.

Más limpio que agua de oro
es el mundo que yo no viva:
no hay naves de arar espumas
ni arado para las viñas;
el gran árbol le da su fruto
al que el nombre del fruto diga.
Ay de mi vida.

Ese mundo no es el mío:
es el tuyo: el que en tus pupilas
hundido está desde siempre
y no lo alcanza mi vista.
A ese mundo quisiera entrar,
antes que suene la hora
– ay – de mi vida.

Agustín García Calvo

Que no se despierte

Que no se despierte.
La niña que duerme a la sombra
que no se despierte;
que duerme a la sombra del árbol;
que no se despierte;
a la sombra del árbol granado
que no se despierte;
granado de ciencia del bien,
que no se despierte;
de la ciencia del bien y del mal
que no se despierte.
Que no se despierte, que siga
dormida la muerte;
que siga a la brisa del ala
la muerte dormida;
a la brisa del ala del ángel
dormida la muerte;
del ala del ángel besada
la muerte dormida;
del ángel besada en la frente
dormida la muerte;
besada en la frente del lirio
la muerte dormida;
en la frente del lirio a la sombra
dormida la muerte
que no se despierte, que siga
dormida la niña,
que no se despierte, no.

Agustín García Calvo

“Un poema”
Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
as rosas de leche de luna de Nuruquimagua,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.

Agustín García Calvo

ANTOLOGÍA POÉTICA VII


LUIS CERNUDA

DONDE HABITE EL OLVIDO

NOTA/ A lo largo de mi juventud me hice con antologías de diversos poetas de mi predilección, la mayoría en ediciones de la colección Austral. Luis Cernuda es uno de mis poetas favoritos, junto con todos los demás de la generación del 27, unos más que otros, aunque solo ligeramente. La prueba de lo que me impactó Cernuda está en un poema que escribí con el mismo título que su libro de poemas de 1933, Donde habite el olvido, y que subo a continuación a mi Poemario negro en Algo más que palabras. Es un poeta de la soledad, un tema que a mí nunca me pasará desapercibido porque también es un tema recurrente en mi poesía o como se la quiera llamar, porque nunca tuve claros los linderos literarios. La realidad y el deseo y el amor son temas muy importantes en su poesía, al mismo nivel que la soledad. Como a Lorca su condición de homosexual le marcó y marcó su vida por razones obvias, no eran buenos tiempos para nadie y menos para quienes se salían del camino marcado por los represores del régimen franquista. He releído la antología que tengo un par de veces y creo que ha llegado el momento de hacerlo una tercera vez. Elijo como poema para esta antología precisamente Donde habite el olvido, que siempre me impacta mucho emocionalmente.

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

ANTOLOGÍA POÉTICA VI


DYLAN THOMAS

También fue viendo una película en blanco y negro, hace unos meses, sobre el recorrido que hizo por USA en un viaje de recitales poéticos y alcohol, que me prometí enmendar el terrible lapsus poético que supone para mí no haber leído su obra sistemáticamente. La película se titula Set Fire to the Stars de Elijah Wood. Se dice que Bob Dylan tomó su nombre artístico de este poeta al que admiraba mucho.

https://es.wikipedia.org/wiki/Dylan_Thomas

Y LA MUERTE NO TENDRÁ SEÑORÍO

Y la muerte no tendrá señorío.
Los muertos desnudos serán uno
Con el hombre del viento y la luna del Oeste;
Cuando descarnados y limpios hasta el hueso sus huesos se dispersen,
Tendrán estrellas por codo y pie;
Aunque enloquezcan serán cuerdos,
Aunque se hundan en el mar resucitarán de nuevo;
Aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
Y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Los largamente tendidos bajo las envolturas del mar
No morirán a la intemperie;
Aun retorcidos en el potro, mientras ceden sus tendones
Amarrados a una rueda, ellos no se romperán;
La fe en sus manos ha de partirse en dos
Y los han de atravesar males unicornes;
Escindidos los extremos, ellos no se quebrarán;
Y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Nunca más gritarán las gaviotas en su oído,
Ni rugirá el rompiente de las olas en la orilla;
Donde alentó una flor nunca más una flor
Podrá elevar su rostro a los golpes de la lluvia;
Aunque estén locas y muertas como clavos,
Las cabezas de los personajes martillean entre las margaritas;
Estallan bajo el sol hasta que el sol se apague,
Y la muerte no tendrá señorío.

AMOR EN EL EXILIO

Ha venido una extraña
A compartir mi cuarto en esta casa, mal de la cabeza
Una chica loca como los pájaros

Acerroja la noche de la puerta con su brazo su pluma
Reducida a su cama perpleja
Burla con nubes invasoras la casa a prueba de paraíso

Y burla con sus paseos el cuarto de pesadilla
A sus anchas como los muertos
O cabalga los océanos de ensueño de las salas de hombres.

Ha llegado poseída
La que admite la burla de la luz a través de la pared que rebota,
Poseída por los cielos

Duerme en su estrecha tumba pero pasea por el polvo
Si bien rabia a voluntad
Sobre las tablas del manicomio gastadas por mis paseos de lágrimas.

Y prendido por la luz en sus brazos al largo y querido fin
Podré sin desfallecer
Sufrir la visión primera que prendió fuego a las estrellas.

ANTOLOGÍA POÉTICA V


T.S.ELIOT
Hace unos meses pude ver en un canal de la televisión por pago una película sobre T.S. Eliot, titulada TOM Y VIV (1994) de Brian Gilbert y quedé muy impactado. Es un poeta al que no he leído sistemáticamente, solo algún que otro poema suelto, pero creo que ha llegado el momento de reparar ese olvido poético que es casi una blasfemia.

https://es.wikipedia.org/wiki/T._S._Eliot

Aquí vamos alrededor del cactus

Cactus cactus

Aquí vamos alrededor del cactus

A las cinco de la mañana

Entre la idea

Y la realidad

Entre el movimiento

Y el acto

Cae la sombra

Porque tuyo es el reino

Entre la concepción

Y la creación

Entre la emoción

Y la respuesta

Cae la sombra

La vida es muy larga

Entre el deseo

Y el espasmo

Entre la potencia

Y la existencia

Entre la esencia

Y el descenso

Cae la sombra

Porque tuyo es el reino

Esta es la forma en que acaba el Mundo

Esta es la forma en que acaba el Mundo

Esta es la forma en que acaba el Mundo

No con un estallido, sino con un murmullo.

ANTOLOGÍA POÉTICA IV


MIGUEL HERNANDEZ-NANAS DE LA CEBOLLA

http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Hern%C3%A1ndez

Para mí es uno de los poetas más humanos, más sensibles, que más me han llegado, especialmente este poema al que puso música, de forma magistral, nuestro gran Joan-Manuel Serrat. Siempre que leo el poema me siento conmovido, pero procuro escuchar la canción de Serrat que suelo poner en el pendrive del coche cada cierto tiempo. Me encantan los poemas cantados por grandes cantautores, Serrat para Hernandez y Machado, Pablo Milanés para José Martí, etc.

Miguel Hernández

NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

ANTOLOGÍA POÉTICA III


FEDERICO GARCÍA LORCA

Lorca

No voy a datos sobre este maravilloso poeta del siglo XX a quien todo conoce, más o menos. Tampoco voy a extractar su biografía, que también es muy conocida. En su lugar hilvanaré mis recuerdos personales del descubrimiento de su obra.

Tendría yo unos diez años cuando descubrí su romancero gitano en una maleta de cartón en la que mi padre guardaba algunos libros. Mi padre fue minero del carbón y autodidacta. Sacó el certificado de estudios primarios cuando yo estudiaba en la escuela de un pueblecito de montaña. Era un lector compulsivo aunque poco selectivo, en su maleta pude encontrar desde el romancero gitano de Lorca a Fantomas, pasando por Carmen de Próspero Merimé o así se moría en el frente de Remarque, creo recordar entre montones de libros sin el menor interés. Gustaba especialmente de las novelitas que se compraban en el quiosco, especialmente las de Marcial Lafuente Estefanía, del Oeste, que yo odiaba porque me parecían insulsas y repetitivas.

Leí con asombro el romancero gitano de Lorca. No fue mi primer contacto con la poesía, puesto que en la escuela el maestro nos hizo conocer a Antonio Machado, Jorge Manrique y algunos más. Especialmente me detuve en el poema “la casada infiel” que se convirtió al mismo tiempo en un icono de mi paupérrima y represiva sexualidad adolescente.

Antes de leer poeta en Nueva York, según creo recordar, descubrí el poema Oda a Walt Whitman cantado por Patxi Andion. No he podido encontrar en youtube la primera versión que me gusta más porque recalca con más fuerza los versos. En esta la música ahoga un poco la letra.

Los versos que más me gustan son éstos:

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz, como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un solo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermano Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupadas en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffleurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.