BREVES HISTORIAS DE OMEGA (EL SEXO VIRTUAL)


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SEXUALIDAD VIRTUAL

Antes de proseguir este magno estudio sexológico, tanto histórico como sociológico e incluso ético, debo pedir disculpas a los pocos lectores que están leyendo esta tesis doctoral que se está imprimiendo en papel-papel, natural, sacado de árboles naturales y con tinta extraída en nuestros laboratorios por procedimientos naturales y que antes ha sido manuscrita por mí misma con pluma de ave, tal como se hacía en los viejos tiempos, antes de la llegada del Mesías de Omega, que todo lo revolucionó y nos impidió la utilización del famoso bolígrafo, tal como se dice han utilizado otras culturas galácticas en la misma fase evolutiva.

Y que me vuelvan a disculpar pero se me ha ido el pensamiento con tanto circunloquio. Debo admitir y confesar con toda humildad que en efecto, durante la redacción del anterior capítulo de esta magna obra, me encontraba un poco traspuesta o ida puesto que me había fumado unas hierbas, eso sí perfectamente naturales y que son muy comunes en esta universidad. Nos las suministran los granjeros rebeldes a un precio módico, puesto que solo admiten como moneda de intercambio libros impresos, ya que todo lo demás les parece pecaminoso y digno de ser destruido en una ceremonia apocalíptica. Hasta ahora había confiado ciegamente en ellos, pero me temo que ahora debo desconfiar, aunque solo sea un poco, puesto que la mezcla que me dieron parecía llevar sustancias alucinógenas desconocidas y que al parecer han sido introducidas en las mezclas destinadas a otros barrios de la capital, Vantis. A nosotros nos trataban con un cierto afecto puesto que de alguna forma somos rebeldes culturales, mientras al resto, diletantes que todo lo quieren probar para combatir el hastio de la vida, son objeto de experimentos de guerra biológica o psicodélica. Tal vez por error me llegara una mezcla a ellos destinada, si bien parte de culpa tengo por gustar de experimentar y probar todo tipo de sustancias naturales, fermentadas o alambicadas, en lugar de emplear todo mi tiempo en el sexo, teórico y práctico, que al fin y al cabo es lo que me van a pedir mis alumnos universitarios que les enseñe.

Tras analizar toda la documentación en poder del bueno de “H” he llegado a la conclusión de que la historia de Omega, en cuanto a sexo y todo lo demás, es tan peculiar que no puede ser ni comparada ni armonizada con el resto de historias planetarias vividas por seres inteligentes en esta parte de la galaxia o en cualquier otra parte o galaxia. Todo iba bien (si algo fue o puede ir bien en un tema tan complejo como el sexo) hasta que el mesías de Omega llegó a nosotros en su nave, tan avanzada incluso para otras naves que surcaban en aquel tiempo nuestros cielos, sin que los omeguianos de entonces se enteraran de lo que estaba ocurriendo. A partir de aquel momento histórico, tan repetido, analizado y manoseado, toda la historia sexológica de Omega cambió para siempre.

Pero hoy les quiero hablar de otro cambio profundo e irreversible que se produjo cuando nuestra inteligencia artificial, el bueno de “H”, tomó las riendas y nos cambió a todos de arriba abajo. El bueno de Helenio de Moroni, su inventor, dejó en el interior del cráneo de “H” una programación tan avanzada como sofisticada. No fue hasta una fase avanzada que la inteligencia artificial puso a disposición de todos los omeguianos que lo desearan el famoso casco virtual, que tanto sirve para la reparación y curación de enfermedades físicas y mentales, como para propiciar sueños de todo tipo y experiencias tan lúcidas y psicodélicas al mismo tiempo como es el sexo virtual.

Este es un tema amplio, por lo que en este capítulo, solo sentaré las bases de un más profundo y meticuloso estudio sobre el tema. Como saben todos los que han aceptado la égida de “H” este maravilloso dios omeguiano nos ha surtido de todo y además gratis. A través del monolito que es el centro de todo hogar y por el que recibimos comida y vestido, así como otros artilugios domésticos, mediante la teletrasportación, también se reciben todo tipo de canales holográficos, tanto informativos como de ocio y divertimento. Todo iba bien y era perfecto hasta que por teletrasportación llegó el casco virtual que tantos quebraderos de cabeza iba a producir.

Con él llegaron las instrucciones y cada aburrido y hastiado omeguiano se dispuso a probarlo el primero. Hubo cierta prudencia y reticencia a la hora de utilizarlo para dormir, puesto que a través de los sueños el bueno de “H” se introducía en nuestras mentes y cuerpos y sin pedir permiso previo (lo que más molestó) se ocupara de “arreglar” todo lo que pudiera ser arreglado en cuerpo y psiquis. Claro que lo que dijo fue lo mínimo, porque todos sospechamos que hay mucho, mucho más.

Para convencernos nos tentó con la zanahoria, a las damas, y con los melones a los caballeros, o al revés o todo junto, según cada gusto y forma de disfrutar del sexo. Se hicieron experimentos antes de que la “navegación” virtual se hiciera libre y de todo punto placentera. Nuestra inteligencia artificial quería probar y experimentar hasta dónde nos llevaría semejante libertad orgiástica y las consecuencias físicas y mentales que tendría esa herramienta de todo punto imprevisible y casi divina.

Como era preciso respetar la libertad de todos y cada uno de los omeguianos, el primer paso para el sexo virtual era el consentimiento previo. Una vez que los participantes se encasquetaban los cascos en las cabezas, recibían la bienvenida de “H” y se procedía a dar los primeros pasos en el protocolo. Algo así como en el matrimonio ancestral, donde aquella vieja fórmula pasó a la historia: ¿Quieres…? Solo que en este caso se preguntaba a fulanito si quería sexo con menganita o a menganito si quería sexo con fulanito y fulanita o fulanitos, etc. Todos daban su aquiescencia que era grabada por si alguno luego no se acordaba o no quería acordarse tras una experiencia desagradable.

La pareja participante o los participantes, en el caso de las orgías, se presentaban, primero vestidos y se hablaban un poco para “entrar en calor”. Luego se presentaban desnudos y aprendían a “mirarse” y “tocarse” de forma virtual, a través del casco que generaba manos y cuerpos virtuales. De esta forma se producía un auténtico encuentro sexual, solo que de forma virtual. La diferencia entre real y virtual pasó a ser “ninguna” una vez que “H” fue ajustando programación y controles. Incluso con el tiempo, no mucho, el sexo virtual llegó a ser tan intenso y “delicioso” que el sexo real hubiera pasado a la historia de no ser porque nuestra inteligencia artificial, convenientemente programada por Helenio de Moroni dejó de premiar con créditos a los participantes en el experimento y a premiar con grandes créditos a quienes siguieran practicando el sexo “real”, que por otro lado ya no era necesario, desde la época del mesías de Omega, para procrear retoños. Pero este es un tema complejo que mejor desarrollaremos en otro capítulo. Mientras voy a probar una nueva hierba que me han dicho que es completamente natural, sin efectos psicodélicos y en absoluto adulterada por los jóvenes terroristas de las montañas negras. Luego les cuento. Y no me sean puritanos que no hay peor droga y más psicodélica que conectarse a los circuitos holográficos del bueno de “H”.

Continuará.

 

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